Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

7. COMPLICACIONES

En la carretera

Un convertible rojo se deslizaba por las carreteras de Forks. Sus manos eran blancas, no tenían rastro de haber lavado un plato en su vida; sus uñas estaban pintadas de un color rojo como su auto. Llevaba un vestido de color negro que parecía más taparabo que otra cosa. A pesar del clima nublado de Forks, a Tanya Denali le gustaba mostrar sus atributos. Su cabello rubio rojizo iba volando, dándole el aspecto de un ángel, sus labios estaban pintados de rojo y tras las innecesarias gafas, sus ojos estaban maquillados de manera que ella se viera natural, sus ojos azules resaltaban.

Tanya iba decidida a conseguir a Edward y no importaba si tenía que aceptar ser parte de los juegos retorcidos de Aro Vulturi.

Era muy raro ver a alguien como Tanya en Forks, las personas, en especial los hombres, se quedaban boquiabiertas. Tanya estaba complacida de que los demás admiraran su belleza, era un placer que los hombres la codiciaran con sólo verla. Su sonrisa se ensanchó a sentir esas miradas de admiración, de veneración, porque ella era una diosa y merecía esa devoción, o al menos eso creía.

El auto siguió acelerando por las calles hasta llegar a una mansión.

El aire era pesado en ese lugar, la oscuridad habitaba el lugar, se podía sentir el frío, la soledad y la maldad en ese lugar. Claro, personas como Tanya no sentían eso porque su alma estaba llena de eso.

El portero abrió la puerta de la casa de Aro. Tanya avanzó hasta detenerse frente a las puertas de color blanco.

Si se apreciaba bien la casa, se podría ver que la casa gritaba. Las ventanas tenían la forma de unos ojos bien abiertos y se podía apreciar que las puertas de la entrada eran la boca que gritaba.

El nido de víboras recibió a Tanya. La puerta fue abierta por una mujer de semblante cansado y deprimido. Sin decir palabra, la mujer llevó a Tanya hasta la sala y esta se dejó caer sobre un fino sillón blanco.

―Sulpicia, es un gusto verte ―saludó Tanya a la esposa de Aro.

Sulpicia, quien en otros tiempos se caracterizaba por ser una mujer feliz, noble y con una belleza igual a la de Tanya, se limitó a dar un asentimiento frío.

―Mi querida, querida, Tanya ―saludó Aro desde las escaleras.

―Hola, Aro ―Tanya batió sus pestañas de manera coqueta.

―Sulpicia, vete a tejer o algo ―Aro le hizo un ademán con la mano a su esposa. Su esposa obedeció y desapareció como un fantasma por la puerta de la cocina.

―Aro, deberías de darle vacaciones a tu mujer ―Tanya sugirió con un tono burlón―. Está pálida, sin vida y le urge hacerse algo porque he visto mejores rostros en un funeral, y estoy hablando del muerto.

Ambos rieron del chiste de Tanya.

―Querida, Sulpicia es una yegua vieja y cansada, no tiene remedio ―Aro hizo un movimiento con sus manos en señal despreocupado. Era cruel con sus palabras y Tanya lo disfrutaba.

―Pues deberías conseguirte otra yegua ―Tanya arrugó su nariz.

―No ―negó Aro con la cabeza―. Ya cumplí con mi cometido ante la sociedad, me he casado y no necesito nada más.

Tanya enarcó una ceja y se estiró en el sillón.

―¿Qué planeas? ―Tanya lo miró a los ojos.

―Planeo que te cases con Edward y lo hagas feliz hasta que yo lo diga ―Aro se encargó de dejar claro lo último.

―¿Qué quieres decir? ―Tanya pareció dudar.

―Quiero que Edward te ame con locura, que no conciba la vida sin ti y que se vuelva posesivo, celoso…

―Quieres que lo torture ―Tanya pareció entender.

―Sí, quiero que viva con la duda de perderte ―Aro estaba emocionado con eso―. La cláusula estipula que Edward debe contraer matrimonio antes de que cumpla veinticinco, para su cumpleaños faltan dos semanas. Quiero que te encargues de que él acepte ser tu esposo, que vea que sólo quieres ayudarlo. Desde ese punto, quiero que empieces a engatusarlo. Sé perfectamente que nunca has tenido problemas para que él pase por tus sábanas. No creo que sea algo difícil, ¿o si?

―Acepto ―Tanya se levantó.

―¿A dónde vas?

―Digamos que voy por todo menos por café ―Tanya se encogió de hombros e hizo un puchero "adorable".

Sus pasos eran seguros, sabía que podría encontrar a Edward en la cafetería de Garret. Llegó hasta su preciado auto y aceleró.

~oOo~

Edward POV

Podía notar el cansancio de Bella, ella se estaba esforzando mucho.

Habían pasado tres días desde nuestra cena romántica. Al día siguiente me sorprendí al notar la plaza que había en la habitación de mi ángel. Había apuntes y libros regados por todos lados. Al preguntarle a Bella por la situación me respondió que estaba en época de finales y que estaba nerviosa. Me senté junto a ella y la observé devorar cada libro, pero de vez en cuando ella me daba miradas coquetas al sentir mi mirada.

De alguna forma entendía sus nervios; Alice estaba igual o peor. La enana se la pasaba leyendo sus apuntes y estaba de un humor de perros, siempre se estaba quejando y una vez se quedó dormida en su plato. No pude contener mi risa ante esa escena a lo que ella se despertó con la cara llena de cereal, Alice me dio una mirada envenenada y juró vengarse.

No había visto a mi ángel y había quedado con ella en recogerla después de la escuela. Así que por eso me encontraba al lado de mi auto, esperando a que la multitud se dispersara y me diera la dulce visión de mi ángel. Por lo lejos pude ver a Alice que estaba que se caía de sueño, por un momento me pregunté si es que Alice y Bella se conocían. Iban en la misma escuela, tal vez se conocían de vista o algo, pensé en preguntarle más adelante a mi Bella. Me daba miedo que ella me conociera, que supiera quién era y que sus palabras de amor eran motivadas por el interés, pero me recordaba a mí mismo una y otra vez que conocí a Bella de una manera casual, ella no sabía quién era.

Desterré esos pensamientos y me concentré en mandarle un mensaje a Garret, pidiéndole que tenga ya listo un chocolate caliente con bombones para mi Bella. Pasaron unos minutos antes de que me llegara su respuesta.

Tal vez deberías cambiar eso por café por vodka o tequila. Te sugiero tal vez un ruso negro.

Iba a preguntarle por su respuesta hasta que tuve frente a mí a mi adorado ángel. Se veía cansada y sus ojeras hacían notar lo poco que había dormido. Me molestó un poco el hecho de que había dormido poco, no me gustaba ver a Bella sufrir o pasarlo mal, me recordé que sólo eran exámenes finales.

No pude evitar recordar que yo le pagué a alguien para que hiciera mi examen, las ventajas de tener dinero me ayudaron en ese entonces. Aún podía recordar sobre mi estadía en el instituto de Forks, los maestros no sabían qué hacer conmigo y yo me encargaba de hacer desastres junto a Emmet.

Tal vez debería visitar de sorpresa a mis antiguos maestros, tal vez el profesor Varner y el profesor Berty siguen traumados por las miles de bromas que Emmet y yo les gastamos. Sonreí ante esos recuerdos.

Me apresuré a salir de mis recuerdos y le abrí la puerta a Bella, no sin antes depositar un suave beso en sus labios.

―Hola, princesa ―le cerré la puerta y me apresuré a llegar al volante.

―Hola ―sonrió tímidamente cuando estuve en el volante.

Arranqué el auto y me puse en marcha a la cafetería de Garret. Me seguí preguntando el significado de su mensaje, no podía dejar de pensar en ello.

―Te ves preocupado ―la voz de mi ángel se oía cansada.

―Bueno, creo que Garret hizo una de sus bromas ―traté de justificar el hecho de que sentía que algo iba a pasar, pero ¿qué?

―Garret me agrada ―Bella se recargó en el asiento y cerró los ojos mientras hablaba.

―A mí igual ―sólo si no supiera tantas cosas de mí, pensé con temor.

Debía de ser honesto, había hecho muchas cosas malas en el pasado, pero Bella me motivaba a querer ser mejor. Pero eso no bastaba, eso no borraba todo lo que había hecho e incluso sentía temor de que alguna de mis conquistas se topara con Bella y conmigo. Había pasado por tantas mujeres, había poseído tantos cuerpos y había sacado tantas lágrimas. Era por eso que me contenía con Bella y trataba de no llegar a más allá. Sí ella iba a ser mía en cuerpo y alma, sería el día en el que me casara con ella. No podía hacerle a ella lo que le hice a las otras, a ella no.

―Sabes, ayer tuve un sueño extraño ―se quedó pensativa por un momento y abrió los ojos―. Soñé que estaba en la cima del mundo, que iba a caer y por más que gritara nadie oía mis palabras.

―¿Qué pasó después? ―era un sueño extraño.

―Caí y s-ssolo me miraste caer ―parecía evaluar si me había enojado.

―Jamás te dejaré caer, amor ―busqué su mano y la llevé a mis labios.

―Te creo ―me sonrió.

Llegamos a la cafetería y al lado había un convertible rojo. Bajé del auto y le abrí la puerta a Bella mientras le ofrecía mi mano. Bella la tomó y me sonrió. Caminamos tomados de la mano hasta la puerta de la cafetería.

―¡Eddie! ―un grito que jamás pensé volver a oír resonó en el lugar.

Me quedé congelado.

~oOo~

Bella POV

No sabía cómo reaccionar ante la escena que acontecía frente a mí. Una rubia rojiza se lanzó a los brazos de Edward y se colgó de su cuello. Debía de admitirlo, era bastante guapa y eso hacía que la sangre me hirviera.

―Eddie, te he extrañado ―depositó un beso en sus labios.

Me quedé con la boca abierta, eso era como un balde de agua helada. Sentí una punzada de dolor.

A mi lado estaba Garret con una taza humeante.

―Le dije que ibas a necesitar esto ―me ofreció la taza.

La tomé sin vacilar y le di un trago.

Grave error, el líquido era amargo y me quemaba a su paso.

―¿Qué es esto? ―pregunté haciendo una mueca y dándole la taza a Garret.

Al parecer rompí la burbuja de Edward y la lagartona que estaba trepada en él.

―Es café con tequila ―Garret parecía despreocupado.

―Sabe horrible ―lo miré de reojo antes de poner mis manos sobre mi pecho y darle una mirada envenenada a Edward.

―Bella, te presento a Tanya, mi mejor amiga ―Edward sonreía, para mi indignación―. Tanya, te presento a Bella, mi novia.

Tanya me dio una mirada asesina, pero compuso su cara y me dio una sonrisa hipócrita.

―Eddie, ¿es que no vas a parar de andar dejando corazones rotos por todos lados? ―el tono de Tanya parecía juguetón, pero yo sabía que dijo eso para molestarme.

―Tanya ―Edward pareció incómodo por un momento.

―Lo sé, lo sé ―Tanya sonrió y se apresuró a abrazarme.

Traté de no poner una cara de asco, era como abrazar a una víbora. Pero en el juego de la hipocresía se podía jugar de a dos.

―Mucho gusto, Tanya ―escupí su nombre.

―El gusto es mío ―era obvio que esa tipeja quería con mi Edward.

Caminé hasta posarme al lado de Edward y no iba a permitir que Tanya se acercara. No la quería cerca de Edward y me enfermaba que él se relacionara con víboras.

Garret me volvió a ofrecer la taza.

―La vas a seguir necesitando ―me susurró para que sólo yo pudiera escucharlo.

Tomé la taza de mala gana y le di un sorbo más. Vaya que lo iba a necesitar…

Edward nos condujo hasta una mesa cercana. Tanya parecía un chicle que estaba colgada y pegada al brazo de Edward. Me recordé a mí misma que debía de inhalar y exhalar… inhalar y exhalar.

―Eddie, tenemos mucho que hablar ―la voz de Tanya era empalagosa―. Fui a ver unos diseños exclusivos para mí que hizo un reconocido diseñador…

Tanya se enfrascó en su relato sobre sus diseños y con lujo de detalles. Edward parecía divertido por las cosas que salían de la boca de Tanya; yo, por mi parte, me limité a seguir dando sorbos a mi café con piquete. Miraba las miradas que ellos se daban, eran miradas de complicidad y en el transcurso de la conversación, que Tanya me mantenía excluida, entendí que ellos se conocen desde que iban al jardín de infantes. Sentía celos ante esa complicidad y pude darme cuenta de que esa zorra estaba interesada en Edward y le coqueteaba en mi cara. De vez en cuando podía ver las miradas glaciales que Tanya me dedicaba, eran de puro odio, pero se las ingeniaba para parecer dulce frente a Edward.

Sentí mi cuerpo ligero, un mareo me hacía ligera y de pronto sentí que estaba sonriendo a pesar de que no tenía motivos para hacerlo.

Me excusé un momento y fui directo a Garret…

―Garret ―canturreé―, creo que estoy mareada.

Garret dejó de prestarle atención a su revista, me dedicó una mirada escrutadora y sonrió.

―Se te subió ―buscó entre el frigorífico que tenía al lado y me tendió un panqué con chispas de chocolate―. Debes de comer esto, te ayudará y mantente firme. Creo que ya te diste cuenta de que tienes competencia, pero debes de saber que tienes las de ganar. Edward jamás se ha dado cuenta de lo que Tanya siente por él y no creo que lo haga.

―No la conozco y ya la odio ―tomé el panquecito y me lo metí a la boca.

―Es la competencia y se nota que te va a declarar la guerra ―Garret miraba la escena de esos dos. Parecían íntimos y hasta me hacía sentir como una intrusa.

―Lo noté ―dije con la boca llena, al parecer el mareo hacía que me olvidara de que no se habla con la boca llena―. Quiero agarrarla de los pelos y alejarla de Edward.

―Estás mareada y no creo que tengas las de ganar ―siguió centrando su atención a su revista.

―Esperaré a que se me pase ―arrastré las palabras.

El mareo había aumentado, todo me daba vueltas y caminé a trompicones al otro lado de la barra, donde me derrumbé a los pies de Garret, no quería que Edward me viera en ese estado. Garret continuó con su lectura y yo me limité a apoyar mi mejilla contra el frio mármol de la cafetería. Las vueltas seguían ahí y sólo esperaba a que se me pasara. Pude contemplar que Garret llevaba unos pantalones color beige y sus converse negras tenían una carita feliz chimuela y la frase "Sonríe, no te cuesta nada" en la parte blanca.

Reprimí una risita.

De repente, estaba relajada, contemplando lo que había a mi alrededor y en la parte interna de la barra. No supe cuánto tiempo estuve en ese estado hasta que un ansioso Edward preguntó:

―Garret, ¿has visto a Bella?

―Créeme, ella está muy cerca ―no quería que Edward me viera así por lo que pellizqué a Garret―. Ow…

―¿De qué estás hablando? ―Edward demandó―. ¿Qué quieres decir con qué está cerca? ¿Dónde está?

No escuché la respuesta de Garret, pero sentí movimiento y los zapatos de Edward quedaron frente a mí. Edward se puso a mi altura y me escrutó con la mirada. Me limité a darle una sonrisa y lo saludé con mi mano. Más bien, sacudí mi mano de manera infantil y una risita tonta salió de mis labios.

―Garret ―la voz de Edward parecían cuchillas―, ¿qué le diste a Bella?

―Te dije que iba a necesitar café con alcohol ―la respuesta de Garret salió con tono aburrido e incluso podía jurar que habló mientras seguía leyendo su revista.

―¡¿Emborrachaste a Bella?! ―explotó Edward― ¡¿Pero en qué estabas pensando?!

―¿Todo bien, Eddie? ―preguntó la bruja.

―Todo bien, Tanya ―se levantó Edward para mirarla y me quedé viendo sus zapatos―. Garret, lleva a Tanya hasta su auto.

―Claro, jefe ―escuche un suspiro extenuado por parte de Garret.

―Eddie, no creas que te vas a librar de mí ―la voz de Tanya trataba de ocultar el tono reclamo por uno juguetón―. Tenemos mucho que hablar y no puedes evadir el tema por mucho tiempo, el tiempo está contado.

¿De qué rayos hablaba la Zorranya?

―Lo sé, Tanya ―la voz de Edward era tensa.

―Pues actúas como si no lo supieras, sabes que en el momento menos indicado él se aprovechará y ganará. Como tu mejor amiga ya he cumplido con avisarte sobre lo que está pasando, si quieres hacer oídos sordos, es tu problema.

―Tanya, no me malinterpretes, pero estoy con Bella y eso es todo lo que me importa ―Edward parecía frustrado, pero sus palabras sonaron firmes.

―Lo sé, pero ¿te das cuenta de que ella vive en un engaño? ―la voz de Tanya destilaba veneno.

―Ella me entenderá…

¿Entender qué?

―Eso espero, no me gustaría verte con el corazón roto ―dicho esto, escuché unos tacones alejarse.

―Garret, ¿qué esperas? ―la voz de Edward se elevó, su furia estaba en el ambiente―. Acompaña a Tanya. Luego vamos a aclarar cuentas.

Escuché a Garret alejarse y me encontré con los ojos de Edward.

Ya sé me han de querer matar pero es que he estado desaparecida porque he tenido nuevos proyectos, un tonto ex novio… Han pasado tantas cosas que de verdad que ni he notado el tiempo… Como prometí, haré actualizaciones para las historias que llevo los lunes, miércoles y viernes…

Agradezco a las que se han preocupado por mí y a las que me han maldecido en más de una ocasión por PM.

Nos leemos el lunes!