bien, como dice el titulo esto es un pequeño interludio de la historia original mostrándoles de una manera mas cercana como comenzó la vida de Isabella y Alice y explicaremos algunas cosillas.

Espero les guste tanto leerlo como a mi me gustó escribirlo.

No quise ser tan exacta con la fecha porque eso me limitaría mucho así que lo hice mas amplio.

Un besote y disfruten


Londres durante el año 1800

El vampiro voló por los aires estrellándose contra el edificio de ladrillos, Isabella corrió y lo alcanzo antes de que el cuerpo callera al suelo, levantándolo y metiéndolo hacia las sombras de un pequeño callejón

-Me encanta Londres, siempre encuentro un buen callejón oscuro- gorjeo con un encantador acento inglés mientas el vampiro gruñía e intentaba soltarse de sus manos. Isabella lo miro con desprecio y lo soltó con fuerza haciendo que el cuerpo rebotara en los adoquines y se agacho arrancándole la cabeza de un solo movimiento, terminando con sus gruñidos y maldiciones

-Estas de buen humor hoy- le dijo Jasper desde su lugar en el tajado del edificio, salto dejándose caer quedando a unos pasos de la cazadora de ojos rojos

-Eso creo, cada día es más fácil- le sonrió algo apenada. Le encantaba que su amigo la acompañara pero a solo a dos semanas de haber despertado aún no se sentía cómoda con su nuevo aspecto.

Miro su ropa, pantalones de hombres que se ceñían a sus piernas y una camisa blanca que dejaba ver algo de su camisola interior, y se sonrojo tenuemente, esta era la mejor forma de cazar. Los vestidos de ceda y encaje no servían en una persecución, se recordó y suspiro dejando salir su pequeño bochorno y continúo con lo que estaba haciendo, intentando que sus hábitos de "Leydi" no se interpusieran en esta nueva vida.

-Aun no te acostumbras- Jasper le sonrió con simpatía dándole una mirada significativa a sus piernas y haciendo que el sonrojo volviera con más fuerza

-Supongo que deberá pasar algún tiempo para que eso ocurra- le respondió alzando su barbilla sin demostrar cuan incomoda se sentía en realidad. Una dama jamás demostraba sus sentimientos, debía ser siempre calmada y controlada.

-Oh no te pongas toda formal conmigo- le advirtió Jasper con los ojos estrechados- Al menos no durante las cacerías- todo lo que Isabella había aprendido desde su muy temprana edad se revolvió en resistencia en contra de Jasper, pero Isabella sabía que él tenía razón. La formalidades, salones de té, opera y bailes habían quedado atrás el mismo día en que se cayó del caballo y su cuerpo no recibió más que un par de rasguños hace dos semanas atrás.

Había sido muy confuso, ella sabía que debía haberse como mínimo quebrado el cuello cuando el caballo salió volando asustado hacia el bosque que había en su propiedad, llevándola hacia lo profundo y haciéndola volar por los aires cuando sus manos y piernas cubiertas por su vestido de amazona ya no pudieron afirmarla al animal. Había caído y rodado por la pradera, estrellándose con al menos tres árboles. Ella solo se levantó, se sacudió la ropa y se quedó mirando como sus manos, lo único visiblemente dañado, con algunos rasguños, se sanaba en un abrir y cerrar de ojos.

Había quedado tan impactada que solo se había dado cuenta de que algo estaba detrás de ella cuando la tomaron por el cabello hacia atrás exponiendo su cuello y unos ojos rojos como el vino la habían mirado con directo a los suyos.

No sabía que había pasado realmente, había mirado al vampiro frente a ella, sabía que él estaba hablando y riendo pero solo lo veía mover los labios y su cerebro le decía que en realidad ella debía de estar sintiendo dolor por como su cuello estaba siendo contorsionado cuando el vampiro se acercó con la boca abierta hacia su blanca piel, sabía que debía ser así pero no sentía nada en realidad, solo vio a sus propias manos estirarse hacia el cuerpo de su atacante tomándolo por su ropa y lanzándolo con una fuerza descomunal hacia los árboles que los rodeaban. Mucho de los demás era más confuso, lo había golpeado solo deteniéndose cuando vio su cabeza en sus manos y el cuerpo a sus pies. Poco a poco el sonido había regresado para escucharse a sí misma respirando con normalidad como si estuviera sentada relajadamente en su saloncito tomando él te de la tarde.

Aun en trance, su cuerpo se movió por su cuenta, encendiendo una fogata y arrojando el cuerpo en él, viendo como las llamas purpuras y rosas teñían el hermoso cielo despejado. Había caminado sin pensar, sin sentir, como solo una muñeca que se movía por invisibles cuerdas. Había caminado a su casa, ordenado a las sirvientas que le prepararan un baño y se durmió hasta el otro día. Solo cuando el sol la despertó al día siguiente había llorado, gritado en su cama hasta que quedo ronca.

Los recuerdos habían empezado a surgir en cuanto sus ojos dejaron de derramar lágrimas. Ahí tendida en su hermosa cama de cuatro postes, comenzó a ver detrás de sus ojos cientos de años de luchas, técnicas y especialidades. Miles de imágenes venían a ella llenado su cerebro de siglos de vidas diferentes, de sabiduría y experiencia.

Dos días después, su mente ya había recuperado casi toda la información que se requería, se levanto, siendo consiente solo en ese momento de los días que había estado inmóvil en su cama. Su madre, padre y sirvientes habían creído que su hora había llegado y les había dado un susto de muerte al verla levantada mirando hacia afuera por su ventana como cualquier día.

Celebraron y lloraron por su pequeña de diecisiete años, que no había muerto. Isabella sin embargo sabía que eso no era totalmente exacto. Isabella, hija del Duque de Swan y única heredera del título, había muerto en ese bosque y durante esos dos días, algo nuevo había nacido.

Isabella lloro dejando caer sus gruesas lágrimas mientras miraba por su ventana y siguió por dos días más cuando entendió esto.

Su siguiente sorpresa había llegado el séptimo día, cuando su amigo Lord Jasper había ido a visitarla.

La madre de Isabella había planificado que ella y Jasper serían perfectos juntos, los había presentado en su debut de ese verano y como solo su madre podía hacerlo los había casi obligado a hablar. El casi era porque solo basto una pequeña sonrisa del lord para hacerla sentir extremadamente cómoda.

Isabella se había sentido en cantada de ver sus ojos de un peculiar dorado, que brillaban cuando estaba feliz y que se oscurecían cuando el enojo se apoderaba de él, pero no había pasado de eso. Jasper era sin duda uno de los hombres más caballerosos y encantadores de Londres en esa época, era, al igual que lo había sido para su madre, un gran objetivo para sus hijas debutantes, aun así se habían convertidos en amigos en solo unas semanas, para el disgusto de su madre, que se había visto sumergido en la nueva búsqueda de pretendientes adecuados para su hija.

El enojo de su madre se había esfumado sin embargo, cuando al igual que muchas habían caído en el encanto del Lord de ojos dorados, lo recibía con los brazos abiertos cada vez que Jasper la visitaba como el hijo que nunca tuvo. Jasper, por su cuenta, había generado un gran cariño por la duquesa con el cabello color caramelo y rostro de corazón, que a pesar de su delicada complexión, era solo comparable con un huracán.

Ese día, el séptimo en la nueva vida de Isabella, Jasper la había visitado preocupado por los rumores de que la próxima duquesa se encontraba en su lecho de muerte. La había encontrado en su saloncito mirando sin ganas el té y las galletas, había sonreído dando un paso adentro y cerrando la puerta, pero en cuanto la puerta se cerró su cuerpo se detuvo en seco al ver como su pequeña y delicada amiga levantaba la cabeza, volcaba la mesa, derramando todo su contenido en la gruesa alfombra y sus ojos, sus hermosos ojos verdes, que habían encantado a todo Londres, estaban rojos como las llamas del infierno.

Isabella supo que algo no era como debía cuando su cuerpo se tensiono como las cuerdas de su piano, levanto la vista sin saber que esperar y al ver a su amigo, ese que la había acompañado durante su debut durante estos meses, se quedaba rígido en la puerta, sus dientes se mostraban como un animal en peligro y sus ojos dorados habían dado paso al más oscuro negro.

La mesa salió volando, siendo considerada por esta nueva persona que habitaba en ella, como solo un estorbo y todo en su mente le había dado la forma más facial, rápida y silenciosa de matar al hombre que estaba parado en su habitación.

Se abalanzo, llegando fácilmente hacia Jasper, tomándolo por el cuello y azotándolo contra el suelo, estaba a punto de cortar su cabeza cuando entre la madeja de recuerdos que aún estaba en su mente, sin desenredar, apareció un hombre con ojos iguales a los de Jasper. Emma, la anterior mujer que tenía este trabajo, había guardado el recuerdo de este hombre con toda la información que Isabella debía saber, él no era como todos, a él debía dejársele vivir, él era diferente.

Recorrió los recuerdos de una década, que ella tenía de Carlisle Cullen y salto hacia atrás, soltando a Jasper y saliendo de ese extraño trance al que había entrado igual al del bosque hace una semana.

Jasper respiro aunque innecesario profundamente y se levantó rápidamente sin saber cómo actuar. Ella era Isabella, la niña que su madre había presentado en su casa confiada de que sería su esposa, era Isaeblla la próxima Duquesa de Swan , que el queria como la hermana que nunca tuvo, ella, la pequeña y tímida, aunque con un excelente y un poco macabro sentido del humor, que hacia brillar un poco sus noches interminables en este mundo. ¿entonces por qué su cuerpo estaba aterrado como nunca, poniéndolo en un estado frenético por escapar?

-¡Eres un vampiro- le dijo Isabella mirándolo asombrada y luego su rostro se contorsiono en furia- ¡Eres un vampiro y no me lo dijiste!- grito y Jasper pestaño asombrado. Esa, que estaba haciendo un pequeño berrinche, era su Isabella, sus ojos estaba de nuevo verdes, aunque brillosos con ira.

-Si, yo soy un vampiro- asintió lentamente en schok, acercándose a ella y tomándola por los hombros cariñosamente a pesar de que su cuerpo grito de pánico- ¿pero que se supone que eres tú?

Isabella se había lanzado su brazos llorando por fin encontrando alguien a quien explicarle lo que le estaba pasando y Jasper había escuchado todo con la boca abierta. Habían estado horas intercambiando historias y si hasta el momento no había quedado claro su amistad, ahora era para toda la vida.

Jasper le había prestado la ropa, la esperaba afuera de su ventana y ambos ocultos por la noche se escapaban sin restricciones corriendo hasta llegar a donde Isabella sentía que debía estar. Su trabajo había comenzado sin preguntarle pero eso no significaba que ella podía darle la espalda. La sensación, que algo asechaba la noche poniendo en peligro a los seres humanos la embargaba de tal forma que solo podía correr hacia donde su instinto le indicaba, recorría las calles parándose justo donde debía y ellos venían a ella, se lanzaban sin preguntar nada y ella los acababa en segundos. Ella había sido creada para defender a los seres humanos, poniendo en equilibrio la balanza de la cadena alimenticia, ella los protegía siendo el depredador de sus cazadores.

Cada día de esa semana corrió con Jasper por las calles de Londres matando a todo vampiro escondido en las catacumbas que había debajo de la ciudad, hasta que una sensación de vacío la había golpeado en el pecho casi dejándola sin respirar, Jasper siendo empático la sostuvo controlando el dolor de ambos, Isabella se había levantado y había corrido seguida de los gritos de Jasper.

Una hermosa casa en la parte más adinerada de Londres se erguía ante ella y la sensación pálpito con furia en su pecho haciéndola saltar hacia los árboles y mirar hacia dentro de la casa. Dentro, alrededor de cincuenta personas, se sentaban en una gigante mesa de roble y comenzaban con la gran cena, los ojos de Isabella se dirigieron hacia una pequeña dama sentada casi a la cabeza con el rostro un poco pálido como si algo estuviera molestándole, su cuerpo reacciono como si un hilo se anudara y su mente, naturalmente, como todo en ella, lo supo.

-Oh no- susurro mientras una solitaria lágrima recorría su rostro lamentándose por lo que sabía le ocurriría a la pequeña morena.

Jasper llego a su lado justo cundo la mesa salía volando, ambos vieron con pequeñas sonrisa como en hombre de aspecto refinado salía volado cuando la pequeña lo levantaba del suelo, las personas gritaban y en medio del caos vieron como la joven corría hacia a las escaleras

-Ella también lo es ¿verdad?- le pregunto Jasper con los ojos pegados a la figura que se perdía por un corredor

-Si- susurro Isabella y salto por los arboles hacia donde sabia se encontraba la joven de pelo negro- es algo así como mi hermana- le dijo mientas llegaban al gigante árbol debajo de la ventana por donde se escuchaban los jadeos histéricos- somos gemelas- Isabella lo sentía tan claro como si alguien se lo hubiera explicado, era como si la voz de Emma le estuviera susurrando las palabras en su oído. Su regalo era que no solo estuviera una cazadora, serian dos, una completando a la otra, fuego y hielo unidos para siempre. El por que de no pudo verlo, pero se preocuparía de eso luego.

Le ordeno a Jasper que se quedara y ella salto a la habitación aterrizando justo para ver como su nueva hermana sostenía, con el rostro lívido, la puerta de su vestidor. La chica ahogo un grito demasiado asustada para gritar de verdad y ella deseo poder hacer esto más fácil, pero sabía que eso no sería posible. Ella estaría ahí, como Jasper estuvo para ella, la sostendría y le ayudaría a entender que su vida había cambiado.

Así se lo dijo, pero la chica le grito que se fuera. Isabella, entendiendo lo difícil que sería esto, se fue sin palabras por la ventana pero permaneciendo cerca tanto como le fue posible

Todos os días se asomaba por la ventana para ver como Alice, había escuchado su nombre, se enterraba en su cama, hasta el cuarto día.

El cuarto día Isabella vio como una anciana muy parecida a ella llego y le entrego un libro con solemnidad.

-¿Porque me das esto?- Alice amaba a su abuela, ella era especial. A pesar de ser ella la que había portado el título de condesa hasta que su padre había podido tomarlo, no era como la aristocracia consideraba normal. Tenía un estudio repleto de libros con extrañas portadas y en diferentes idiomas, se entretenía leyendo sobre mitos extraños de hombres bebedores de sangre y otras cosas tenebrosas que a Alice siempre le habían dado pesadillas por días. Y ahora, llagaba con el más gordo y grande de todos. Alice estaba tan asustada por lo que le estaba pasando que al tomarlo casi lo lanza por la ventana al ver como la imagen de un hombre succionando el cuellos de una chica igual al que ella había visto en sus sueños (porque debían ser sueños) estaba dibujada con las palabra Vampiros en grande y rojo.

Su abuela le había sonreído con dulzura y cepillo su cabello con sus mansos arrugadas de una forma que Alice quiso llorara más fuerte

-Porque sé que ahora esto te servirá mucho más ti que a mí- le respondió y Alice se dejó llevar por las lágrimas. Ella lo sabía, su abuela sabía lo que ella era ahora, un fenómeno lleno de fuerza, y sueños tétricos bañados de sangre y se sintió feliz de poder decirle todo. Su abuela solo ser rio y comenzó a explicarle.

Su abuela había recolectado durante toda su vida cientos de formas que distintas culturas habían usado para repeler a estos bebedores de sangre, pero principalmente, como le había dicho ella, estaba esta mujer fuerte y hermosa que recorría el mundo defendiendo la raza humana de los vampiros, había registrado cada historia de esas mujeres que estaba por todos lados destinadas a defender su mundo. La abuela no sabía claro está, que solo era una cazadora inmortal que recorría el mundo hasta dejarla el pazo a otra elegida.

Alice leyó primero con temor y luego con un gran asombro las historias que ella había creído ser pesadillas que habían estado entrando en su mete desde hace días, algunas no encajaban, pero otras eran extremadamente exactas

Para cuando Isabella volvió, Alice ya había asumido su destino, esa noche Isabella apareció por su ventana y ambas ojearan el libro de su abuela, Alice también la sentía como su hermana, la conexión se hizo tan rápido y fuerte que ambas se abrazaron como si en vez de ser desconocidas, solo hubieran estado separadas por un largo tiempo.

Esa noche, Isabella que se encontraba sin Jasper, prefirió esperar para hablarle a Alice de él. Muy a su pesar, Jasper había tenido que irse al campo por un problema con una de sus propiedades y había dejado a Isabella con la promesa de volver en tan solo tres días.

Había sido como si todo estuviera planeado, al segundo día de la ausencia de Jasper ella y Alice al fin se encontraron, comenzaron a leer el libro de su abuela y comprometiéndose a visitar pronto la casa de Emma, que tenía en su interior los libros que ahora serian ellas sus guardianas.

La casa tembló, Isabella se levantó y su cerebro comenzó ver todo más lento, entrando en el trance. Alice se levantó a su lado y ambas sabían que algo había entrado en la casa, algo que no era humano

Para cuando bajaron, la familia de Alice estaba muerta, en lo que les llevo bajar, los veinte vampiros en su interior habían acabado con todos en la casa.

Ambas, aun inexpertas, temerosas de sus nuevos poderes y sin nadie que las guiara, como lo había hecho Jasper con Isabella, tardaron demasiado en reaccionar para detener la masacre que estaba a sus pies.

Alice enloqueció, su mente se desconectó y comenzó a matar a todo lo que se movía pero aun así, era demasiado tarde, no había mucho que pudiera hacer por sus padres tendidos en el suelo sin una gota de sangre en sus cuerpos, solo su abuela parecía viva pero cuando Alice acerco solo alcanzo a escuchar sus últimas palabras

-Te amo pequeña Alice- le susurro con un hilo de voz- cuida de mi libro. Me alegro de que tú puedas usarlo- le sonrió con amor y sus ojos se opacaron para siempre.

Alice lloro y grito, rugió y sollozo sin querer detenerse. Se vengaría, encontraría al que había planeado esto y lo mataría, entretanto disfrutaría con el dolor de cada animal rastrero y nauseabundo que se hacía llamar vampiros, mataría a cada uno de ellos hasta encontrar al que había matado a su sangre, lo encontraría aunque tuviera que levantar cada piedra en el mundo. Se vengaría y se divertiría mucho haciéndolo.

El ataque había sido bien planeado, las cazadoras eran vulnerable en su primeras semanas, sus mentes repletas de imágenes y secretos aún no se calmaba lo suficiente para serles de completa utilidad a las jóvenes recién nacidas

Isabella tembló llena de pánico al ver como Alice lloraba en lo que había sido su salón y corrió como solo una cazadora podía hacerlo hasta llegar a su hermosa casa y detenerse sin poder entrar. Sabía lo que en contraria adentro, lo sentía en su interior, en su alma.

Si luego de haber nacido como cazadora, aun le quedaba algo de la Isabella que había sido sus cortos diecisiete años, ella supo en ese instante había muerto, su alma se rompió y murió al ver los cuerpos de sus padres y su casa destruidos, todo estaba muerto, sin vida, todo lo que ella había conocido había acabado para siempre. Sin saberlo, ella había albergado la esperanza de que pudiera llevar estas dos vidas, ser Isabella, la dama de sociedad llena de luz y felicidad y ser Isabella, la cazadora de noche, protegiendo anónimamente a la raza humana en la oscuridad. Ahora, mientras gritaba de dolor en medio de los cuerpos inertes de su familia, se había dado cuenta de que nada de eso podría ser ahora. Su vida se había acabado para siempre, ya no tenía que vivir bajo las convenciones sociales, no tenía que ser una dama pues ella no existía ya, seria solo una sombrea, una "tal vez la vi", una aparición ocasional en la vida de los ingenuos humanos ignorantes a lo que había en la oscuridad.

Sería una cazadora, seria cruel y mataría sin compasión, les sacaría los ojos para que vieran ellos mismos como su cuerpo era desmembrado parte por parte, sería una cazadora sí, pero no solo eso, sería Isabella, la asesina más grande que la asquerosa raza de los vampiros tuviera la desdicha de conocer, antes de que ella los cortara parte por parte y encontraría al que había hecho esto.


¿Y, que les pareció? ¿merezco algún reviews?

los espera con ganas. besitos a todas...

atte vale