Capítulo 4: nuevas opciones

Nara Shikamaru no era alguien al que se le pudiera llamar una persona común, era alguien bastante haragán y relajado, le gustaba simplificar todo y creía que vivir teniendo lo necesario era suficiente. Pero el tipo realmente llegaba a ser un genio cuando de negocios y planeación estratégica se trataba, quizá era por eso que al llevar el mismo curso con Sasuke, habían terminado haciendo equipo para los proyectos que debían presentar, ninguno hablaba mucho, sólo lo necesario y cada quien aportaba buenas ideas, era simplemente perfecto. Lo que no era perfecto para el chico de cabello castaño, que llevaba en una coleta, y semblante aburrido era ver a su compañero de equipo sentado en el suelo con una botella de licor, sí ese que te mataba las neuronas, según Sasuke le había dicho.

No es que fueran muy buenos amigos pero se conocían lo suficiente como para que el Nara tuviera acceso libre a la suite del pelinegro y justamente esa noche habían quedado para darle los últimos retoques al proyecto que debían presentar la mañana siguiente. Y no es que el hecho de que ambos tuvieran un coeficiente intelectual por encima de la gente común y corriente los hiciera hacer todo a última hora sino que el chico debía trabajar para vivir.

Shikamaru examinó al pelinegro, era la primera vez que veía que el chico expresará emociones ¿qué podía haberlo puesto en ese estado? Realmente no quería saberlo pero se hacía una ligera idea. El Nara sabía muy bien que era lo que hacía que Sasuke cambiara de ánimo drásticamente y ese era nada menos que su novia de rubia cabellera e imponentes ojos azules o bueno lo que él pensó que era hasta que pudo ver una foto del tal Naruto y comprendió que por primera vez no fue capaz de darse cuenta de algo que estaba frente a sus ojos, ya le parecían raras las características de la fémina cuando Sasuke la describía.

Se acercó al Uchiha y se pusó en cuclillas frente a él – está no es la idea que tenía de hacer un proyecto- el pelinegro levantó la mirada tan vacía como hace mucho tiempo no estaba – no estoy de humor, puedes regresar por donde viniste- contestó a manera de orden.

El castaño suspiró mientras quitaba la botella de whisky que Sasuke tenía entre sus manos, se acercó lentamente al lavadero del baño de la habitación y vació el contenido en él. Sasuke lo miró con fastido -¿Tienes idea de cuánto cuesta lo que acabas de tirar?- Shikamaru colocó la botella a un costado y se cruzó de brazos –las cañerías agradecerán tu fino paladar-le respondió.

La mirada inquisidora del Nara lo estaba perturbando –no tengo la más mínima intención de darte alguna explicación – Sasuke se puso de pie como pudo apoyándose en la pared mientras se cogía la cabeza, podía jurar que todo se movía a su alrededor. Shikamaru lo ayudó a terminar de incorporarse y lo llevó hasta su cama –no quiero saber nada, solo mueve ese culo y sé productivo, no queda mucho tiempo para terminar el proyecto-.

No necesitaba ser un genio para darse cuenta que el pelinegro no le estaba prestando la más mínima atención, sentado allí al borde de la cama, con la cabeza recostada entre sus manos entrecruzadas. Sacó el móvil del bolsillo y tomó una fotografía –qué patético te ves, voy a inmortalizar el momento para extorsionarte después- Sasuke intento ponerse de pie para reclamar el aparato pero fue en vano, al instante cayó de nuevo en la cama y terminó mas bien recostado –jódete Shikamaru y déjame en paz- le dijo al fin.

El castaño suspiró resignado, le quedaba una larga noche, tendría que terminar el trabajo solo pero ya se encargaría que el Uchiha pagara su deuda –hazle un favor al mundo y cierra esa boca, duerme que mañana tendrás que memorizar todo lo que expondrás de manera brillante que no pienso arruinar mi perfecto record-. Cogió la portátil de Sasuke y salió de la habitación, encendió el aparato y vio la razón de tanto berrinche, el condenado rubio había malogrado sus perfectos planes.

No es que hubiese traicionado a alguien claro que no pero realmente estaba sintiéndose muy culpable para su gusto. Después de aquel pequeño, casi insignificante, incidente con Sai lo había estado evitando, y por supuesto, había suprimido cualquier intento de conversación con Sasuke ¿qué le iba a decir? Bueno quizá no tendría que decirle nada, era algo que no se iba a repetir además fue una cosilla sin importancia. Suspiró desganadamente, era ya más de mes y medio que no hablaba con el Uchiha, faltaba poco para que regresara y tenía muchas ganas de verle pero no estaba seguro de lo que pasaría si alguien le decía algo del pequeño desliz con Sai, es decir, conociendo a Sasuke era muy poco probable que simplemente sonriera y le dijera que no importaba.

El timbre de su casa sonó y se le hizo raro, su padre y madre trabajaban hasta tarde y ese día él se había dado unas merecidas vacaciones y no fue a la facultad nada más porque no quería. Bajó las escaleras y abrió la puerta. Empezó a sudar frío cuando vio a Sai parado allí, todas las mañas de evasión y justo iba a buscarlo a su casa, forzó una sonrisa antes de saludar – hola-.

El pálido chico alzó una ceja notando el nerviosismo del rubio -¿puedo pasar?- miró al ojiazul y vio como asentía levemente, entonces entró, camino hasta la sala y se sentó allí en el primer sofá que alcanzó -¿estás enfermo?-

Naruto lo miró tratando de leer algo en ese rostro inexpresivo –no, es sólo que tenía otras cosas que hacer-

-oh, ya veo, sólo vine a traerte lo que avanzamos hoy –

-gracias-

El silencio incomodo se apoderó de la residencia Uzumaki. Sai se puso de pie y camino lentamente hasta el rubio, acercó su rostro al de él - ¿por qué has estado evitándome?- Naruto se separó lo más que pudo -¿yo? ¿Cuándo hice eso?- rio nerviosamente.

-si es por lo que pasó….-quiso continuar el pelinegro pero fue interrumpido –lo que pasó no debió pasar sólo olvídalo- replicó el rubio –tú y yo somos amigos nada más, verás yo no siento ese tipo de cosas por ti –

Sai sonrió con una de esas típicas sonrisas falsas de él –me gustas demasiado como para que algo como eso me detenga- lo miró fijamente antes de continuar -¿Hay alguien que te gusta verdad Naruto kun?

El ojiazul asintió – lo único que puedo ofrecerte es mi amistad, así que lo que pasó simplemente hagamos como que nunca ocurrió-

-si eso te hace feliz, está bien. Pero no me rendiré contigo- Sai se dispuso a irse y el rubio lo siguió para cerrar la puerta. Fue a la cocina y rebuscó en refrigerador, encontró algo comestible, lo calentó y se dispuso a cenar solo.

Había pasado bastante tiempo desde que Sasuke había roto cualquier conexión con Naruto, después de aquel incidente Shikamaru pasaba por él todas las mañanas alegando que debía pagarle el desayuno ya que al final obtuvo una nota relativamente gratis gracias a él. Esa era la última semana del famoso curso y sólo había que asistir a algunas conferencias. Shikamaru ojeó el programa y se mostró algo emocionado al ver el nombre del ponente de aquel día –Fuji Minamoto, es uno de los mejores haciendo negocios ¿no lo crees?- le preguntó al Uchiha que iba pensando en cualquier cosa. –ajá – fue la corta respuesta del chico – si creo que un ajá resume todo lo que podrías pensar de él – Sasuke lo miró con fastidio – Es bueno, es el encargado de las empresas de mi familia aquí en París- Shikamaru resopló con fastidio – oh lo había olvidado, el señor todopoderoso Uchiha es un niño rico – dijo para molestar más aun al pelinegro.

El auditorio de la Universidad de Paris se encontraba repleto ese día, Fuji Minamoto era un empresario de renombre, el mejor del país y también era una de esas personas que lograba dar una conferencia sin obtener gente dormida o aburrida, podía capturar la atención de todos sin problemas, ese era el motivo por el cual tanto alumnos como catedráticos se encontraban como parte del público. El hombre de unos cincuenta años, y cabello canoso ingresó con paso imponente y seguro, se colocó en el podio y echó un vistazo. Reconoció al hijo de su entrañable amigo Fugaku sentado en primera fila y le hizo un movimiento de mano a modo de saludo que instantáneamente fue respondido. Miró su reloj, esperó la orden, se presentó y empezó la dichosa conferencia.

Después de tres largas horas por fin el evento había concluido. Sasuke había tratado de escabullirse para no saludar al amigo de su padre, no es que se le hiciera grato andar conversando con el hombre de avanzada edad. Sin embargo cuando casi había logrado su cometido sintió una mano posarse en uno de sus hombros –Sasuke ¿cómo has crecido?- el pelinegro se forzó a curvar un poco sus labios, esa forma que tenían los Uchihas para sonreir, –Fuji-san ¿cómo ha estado?- preguntó sin más. El viejo lo miró con cariño – ya sabes, viajando mucho y haciendo negocios. Me sorprende verte acá- Sasuke entrecerró los ojos recordando la razón de su estadía en París – ya conoce a mi padre, siempre obtiene lo que quiere- El mayor empezó a reír –Fugaku no cambia. ¿Y bien, te apetece almorzar conmigo? Así podríamos charlar de algunas cosas de la empresa, ya sabes…..- Sasuke dejó de escuchar en ese momento, era lo último que le faltaba un almuerzo con el vejestorio, no se encontraba de humor para eso y rogaba que Shikamaru apareciera inventando cualquier cosa para salvarlo.- entonces ¿vamos?- preguntó el mayor. Sin embargo una voz femenina perturbó la conversación –Padre, ¿ya terminaste?- una chica pelirroja vestida con botas, una minifalda y una blusa de diseño se acercó a ellos –no lo puedo creer, Sasuke kun que guapo que te has puesto- dijo la chica antes de saltar a abrazarse del cuello del chico. Sasuke apartó a la pelirroja –Hola Karin- La chica le sonrió –porque no avisaste que venías, yo te hubiera hospedado en casa- Fuji aclaró su garganta apartando un poco a Karin –lo siento Sasuke, ya sabes cómo es esta niña-. Karin volteó a mirarlo y le sacó la lengua a su padre –Oto-san déjame llevarme a Sasuke a pasear por París-. Allí estaba cavilando si era mejor ir con el viejo o con la ruidosa, ninguna opción lucía buena. Al final decidió irse con Karin, era más fácil deshacerse de ella pensó.

El viento agitaba los cabellos de ambos chicos que iban en el deportivo rojo de Karin. Sasuke siempre pensó que la pelirroja era molesta, pero hasta el momento se había comportado decentemente, no había vuelto a saltarle encima ni a intentar besarlo, quizá había madurado un poco con los años ya que no la veía desde que eran unos adolescentes. Karin volteó a mirarlo de reojo, no podía despegar los ojos de la pista –Sasuke kun, ¿te pasa algo malo?- el pelinegro la miró con sorpresa -¿por qué lo preguntas?- la chica le dedicó una sonrisa sincera –tus ojos, se ven vacíos, ya sabes te conozco de toda la vida así que me doy cuenta-le contestó. Sasuke no dijo nada sólo desvió la mirada y Karin entendió que debía callarse, ya luego le sacaría más información.

La semana había pasado rápido, Karin había invitado a salir a Sasuke por todo París, prácticamente le obligo a conocer la ciudad incluso algunas veces también había invitado a Shikamaru y le había presentado a unas amigas. Fue entonces que el Uchiha entendió que su semblante de aburrimiento perfecto ya no funcionaba con Karin. A decir verdad no se la había pasado tan mal y después de haber sido arrastrado de un lado a otro tuvo menos tiempo para deprimirse. Estaba arreglando unos cuantos papeles para que le entregaran su certificado de asistencia al curso y esa noche iba a cenar con la pelirroja para despedirse, su boleto de avión estaba programado para el día siguiente, estaba a poco tiempo de regresar a Japón.

La música suave adornaba el bello ambiente del fino restaurant donde se encontraban. Sasuke vestido elegantemente de traje acompañado de Karin en un vestido negro que favorecía su figura. El servicio era de primera, no tardaron nada en atender su orden y recomendarles el mejor vino para acompañar la deliciosa comida. La chica tomó una de las manos del pelinegro –Sasuke kun te voy a extrañar- le dijo. Sasuke rodó los ojos –puedes ir a Japón cuando quieras- le contestó, diciendo aquello más por educación que por otra cosa.

Karin suspiró –Sasuke kun pero creo que en Japón se encuentra lo que te hace sentir triste- Sasuke se atragantó al escuchar a la chica –bingo- dijo la pelirroja al tanto que esbozaba una sonrisa. –que te hace pensar eso-preguntó el Uchiha. Karin lo miró intensamente –es que lo único que te puede poner así es un problema del corazón o de lo contrario te peleaste con el molesto y ruidoso de Naruto-.

Cuando vio como Sasuke se volvia a atragantar y llevaba la copa de vino a sus labios tratando de evitar sus ojos, Karin supo que había dado en el clavo otra vez, es decir, ella sabía del tipo de relación "especial" que tenía el pelinegro con el rubio, eso y que Naruto siempre trataba de apartarla del lado de Sasuke cuando ella de manera inocente tomaba una de sus manos o besaba una de sus mejillas –Problemas del corazón por Naruto, eso si no me lo esperaba- sonrió.

Sasuke la miró con sorpresa -¿tú lo sabías?-

La chica asintió despacio –desde siempre- tomó un poco de vino –pero siempre pensé que era porque no habías probado una buena mujer – se carcajeó.

Una gota de sudor rodó por la frente de Sasuke, nunca sabría cuando estaba hablando en serio con ella. De pronto sintió la mano de Karin tomar la suya – Sasuke, quédate en París conmigo- la chica le sonrió sinceramente – porque no pruebas olvidarte de la persona que te causa dolor, te prometo regresar a Japón contigo cuando lo hayas superado.