Agosto

– ¿Estás demente? ¿Acaso quieres matarnos a todos?

Puedes ver que debajo de aquella máscara de inmutabilidad que lleva todo Slytherin, Theodore Nott está estupefacto. Claramente no esperaba tal respuesta.

Por tu parte, no lamentas las palabras severas. Tú tampoco esperabas aquel plan suicida.

– Una vez que logremos infiltrarnos, no habrá peligro…

Lo interrumpes, incapaz de controlarte:

– Si logramos infiltrarnos, querrás decir –y agregas, determinante–. Seguir ese plan es una sentencia de muerte.

Se hace un silencio tenso alrededor de la mesa sobre la que están trabajando. En la punta, Harry tamborilea sus dedos sobre la madera. Bill se remueve incómodo en su asiento. A tu izquierda, la rigidez en la mandíbula de Draco delata lo que su expresión estoica intenta ocultar.

– Por sí no lo has notado, Granger, te tengo noticias: nos arriesgamos y hacemos sacrificios porque esto es una jodida guerra –Nott sisea, el desprecio evidente en sus palabras.

– Lo que no significa que voy a mandar a tres magos, a tres personas, a una muerte segura sólo porque ti te parece que llegó el tiempo de hacer sacrificios. Todos, y escúchame bien Nott, todos hemos hecho sacrificios –piensas en tus padres y se te espesa la voz– y estaré dispuesta a hacerlos de nuevo con mucho gusto cuando valgan la pena.

– Merlín Granger ¿por qué de repente eres tan determinista? Tú fuiste la primera en apoyarnos cuando llegamos. A Malfoy y a mí. Convenciste a todos de qué no había razones para–

– ¡NOTT, MÍRANOS! ¡MIRA ESTE LUGAR, MIRA CUÁNTOS SOMOS!– levantas la voz en la desesperación por que entienda.

Son siete. Hay sólo siete personas reunidas en la cocina de Grimmauld Place. El resto de la Orden (y no quedan muchos) está disperso por el país, ya sea en alguna misión o esperando órdenes.

Piensas en Luna, lozana y querida Luna, agonizando por una fiebre que no saben controlar. Neville, el constante cuidador que veló por ella desde el primer momento, cree que no logrará sobrevivir la noche.

Notas el temblor en tus manos cuando tomas el vaso de agua sobre la mesa. Das un trago largo. Cuando hablas nuevamente, tu tono ha vuelto a la normalidad.

– No voy a cargar más vidas sobre mis hombros –continuas, mirándolo fijamente–. Me niego a hacerlo.

– Votemos – tercie Harry. Es él quien, al fin y al cabo, toma las decisiones –. Aquellos a favor…

Nott es el primero en levantar la mano. Lo siguen Seamus y Ron.

– En contra.

Harry, Bill, Draco y tú.

– Púdrete Malfoy –escupe Nott, levantándose de su silla con rabia –, sabes que es un buen plan. No eres el mismo desde que te tiras a Granger, ella te domó amigo, y ni siquiera te diste cuenta. Debe tener pezones de oro para–

Draco se le abalanza tan rápido que no lo deja terminar la frase, tomándolo con fuerza del cuello.

– Si sabes lo que te conviene mejor te callas– sisea, su rostro convulso a meros centímetros del de su amigo.

Nunca lo viste perder el control de esta manera. Al menos entre los suyos.

– Malfoy, Malfoy –intervienes pues tienes miedo de lo que puede resultar–. Draco –tocas con suavidad su hombro tenso–, no vale le pena.

Largas el aliento que ignorabas contener cuando lo suelta.

– Vete a la mierda Malfoy– masculla Nott antes de salir furioso de la habitación.

El portazo tronador que da la puerta principal un instante después es el único sonido que se escucha por un buen rato.

– Bueno –Harry se aclara la garganta–. Ok.

Draco, todavía de espaldas al resto, murmura con voz ronca:

– Hay que buscar otra manera de hacerlo.

La discusión comienza de nuevo. Tú poco escuchas. Vuelves a tu asiento y miras a Ron, gesticulando exageradamente frente tuyo, pero sin verlo. Estás atónita: te ha defendido.

Notas de reojo que Draco vuelve a sentarse a tu lado. Por debajo de la mesa, apoyas tu mano sobre la suya, encima de su rodilla, y aprietas. Gracias, intentas decirle. Te late el corazón completamente desbocado cuando al cabo de un instante, él de devuelve el gesto.

Por nada.

Pretendes esconder tu sonrisa tomando otro trago de agua.