Hola! un mes más, aquí os traigo un nuevo capi de este fic, como siempre, muchas gracias a las que comentais.
La dama negra, Graciaspor tus plabras,y bueno la muerte de Minato ya se sabía... y aún asísiempres muy triste nee? bueno Aqui sabremos que pasa con Hikari... espero como siempre quete guste lactu y nos leemos proto cuidate y gracias... Salex!Ohaio Nee-chan...bueno jajajacon músicaes mejory si nohay vecionos, más todavía jajajjaja y bueno sip iba aser padre... cambiar pañales dices? jajajaj que bueno ver a Kakashi en esa tesitura nee? y el hijo o hija parecerse a Quien? da igual a quien se parezca al fin y al cabo los dos son pervertidos nee? jajajaj bueno Nee-chan, nos leemos nee? ya me dices que te parece este capi jajajaj cuidate...Maya y Junior, Jajajaj siempre me rio much con los comentarios jejeje... bueno que decir, gracias por acordaros d emi hija y mi hermana... y bueno ella tampoco es muy normal nee? pero eso es lo que ocurre con los hermanos o hermanas no? jajajja pero la quiero demasiado jajajaj .. gracias por vuestras palabras como siempre... la verdad es que aunque Kakashi adulto parezca un pervertido y demás, me imaginé que su primera vez sería más romanticona y tierna jajajaj me alegra que me haya quedado bien.. y bueno respecto a Hikari y el Bonbo aquí en este capi lo explico... nos leemos pronto nee? cuidaros y muchos besito sy abrazos... dewww...
Disclaymer: La historia original de este fic es mio. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, el gran creador del manga de Naruto. Otros personajes son de invención mía, así como lugares, armas y otras cosas.
Summary:El clan Ryūzoku es aniquilado y Hikari termina en Konoha. Kakashi y ella se aman, pero ella desaparece con un secreto ¿Que pasará entonces? Jiraiya, Itachi y Sasuke Uchiha serán reunidos por Iori Sakumo ¿Quién es ese chico de quince años? Muerte, amor, intriga, humor...
5 El legado de Kakashi.
Hikari abrió lentamente sus ojos y sintió un dolor punzante en su pecho. Cuando al fin pudo centrar su vista, se dio cuenta que estaba en una mullida cama. Un sollozo se escapó de sus labios ¿Donde estaba? Sonrió con miedo y acarició su vientre, solo rezaba para que su bebé estuviera bien. Cerró los ojos de nuevo y suspiró ¿Y Kakashi? El miedo se apoderó de ella otra vez, el cristal de Chakra ya no brillaba ¿Estaba sola de nuevo? Se preguntó una y otra vez. Apretó las manos fuertemente contra las mantas y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
-Kakashi.- Susurró.
-¿Estas despierta?- Preguntó una voz medio infantil.- Mi nombre es Miozury, siento todo esto.- Parecía triste.
-¿Donde estoy, qué me habeis hecho?- Hikari retrocedió en la cama y se encogió sobre si misma apretando sus piernas sobre su pecho.- ¿Por qué?
-No puedo decirtelo.- El joven se separó de la cama para dejarle su espacio.- Lo siento.- Tras aquellas palabras, salió de la sala con la cabeza agachada.
Hikari observó detenidamente el lugar donde estaba. No sabía cuanto tiempo había estado inconsciente, sin embargo, sabía que no era demasiado, ya que su vientre no había crecido. Fijó sus ojos en la pared blanca. No había nada que la decorará, excepto un cuadro con dibujos abstractos negro y rojo. Tembló ante aquel dibujo.
Al final de la sala, había una pequeña mesa de madera y una silla. La pequeña luz encima del escritorio, iluminaba aquella tetrica esquina. Hikari siguió observando dandose cuenta que solo quedaba la cama donde ella estaba y un pequeño mueble de dos puertas. Al lado de éste, había una puerta de color negro.
Se levantó despacio maldiciendo aquellos golpes que le habían dado y se acercó la puerta abriendola con manos temblorosas. Un pequeño baño apareció ante sus ojos. Pudo observar una ducha de plato y una pequeña pila de aseo. El retrete estaba casi escondido tras la pila y no había ningún mueble o espejo.
La joven de cabellos negros se tapó la boca y volvió a sollozar ¿Que querían de ella? Miró su vientre otra vez y lloró más fuerte volviendo a la cama. Tras acostarse con cuidado y taparse hasta la cabeza, la puerta se abrió nuevamente dejando ver a los tres hombres que entraban en la habitación, seguidos por el joven de hacía unos minutos.
-Os dije que había despertado.- Dijo con el rostro enrojecido.
-Bien.- Uno de ellos se acercó a la cama y terminó de destapar a Hikari.- ¡Levanta!- Le ordenó con voz fuerte.
Hikari tembló ante aquella voz ronca y muy adulta. Cerró sus ojos por un instante y se levantó temblorosamente.
-Al fin te hemos encontrado. Supongo que sabes que eres una descenciente del clan Ryūzoku.- El Anbu con mascara blanca y lineas negras la cogió del brazo y la zarandeó.- Sabes que el dragón de tu pierna vale miles de vidas...las mismas que murieron en el día del exterminio de tu clan.
-Casi no me acuerdo.- Dijo ella recordando aquel día perfectamente dentro de su mente.- Era demasiado pequeña.
-Entonces eres Hikari, la hija pequeña del clan.- Otro Anbu con mascara amarilla y negra se acercó a ella y le cogió uno de sus mechones negros entre sus largos y asquerosos dedos.
-Mi nmbre es Hikari.- Ella levantó el rostro y posó su mirada púrpura sobre aquellos hombres.- Pero no sé nada más.
-¿Me estas diciendo que no sabes usar tu dragón?- Dijo otro con tono furioso.
-No.- Ella apretó sus dientes.- No nos lo enseñan a no ser realmente necesario. Tenemos un sello.
-¿Un sello?- El joven de antes era el único sin mascara.
Hikari lo miró con ojos sorprendida ¿Por qué no ocultaba su rostro? Asintió con la cabeza y miró nuevamente su vientre.
-Al nacer, nos ponen un sello. Las habilidades del clan se van despertando conforme vamos creciendo. Si no te encuentras en esa situación donde el sello puede romperse, no valemos para nada.- Dijo con miedo y temblando de pies a cabeza.
-Bien.- Uno de ellos se acercó demasiado a ella y tiró del colgante de su cuello.- ¿Que es esto?- Lo agarró entre sus dedos sin llegar a arrancarselo del cuello a ella.
-Es un buscador.- Dijo intentando aparentar tranquilidad.- Coges un poco del Chakra de la persona que quieres rastrear y el cristal te dice donde está, y si sigue vivo.
-Buena habilidad.- Dijo el muchacho joven de ojos negros y cabellos azulados.
-Nosotros queremos todas las habilidades.- Dijo el único Anbu que no había hablado.- No creo ninguna de tus palabras. Y mientras no quieras colaborar con nosotros, no te dejaremos libre.- Alzó la mano para golpearla, pero ella gritó al instante.
-¡No lo hagas!- Cogió su vientre con ambas manos.- No mateis a mi bebé.- Dijo con temor.
-¿Bebé?- Preguntó el Anbu que había estado a punto de golpearla.- Esto es algo... nuevo.- Dijo riendo extrepitosamente.- Nos largamos, tenemos algo mucho más importante que verle la cara a esta desgraciada.- Dijo mirando a sus camaradas.- Tú te quedas.- Y señaló al joven sin cubrir.
-Si, mis señores.- He hizo una reverencia.
La puerta se cerró y Hikari cayó de rodillas al suelo agradeciendo que el Shinobi se hubiera detenido ante sus plegarias.
-Lo siento.- Dijo el joven de nuevo.- Solo obedezco ordenes...si no quiero morir.- Agachó su blanquecino rostro.
-Entiendo.- Dijo la joven llorando de nuevo.
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Hikari abrió los ojos y sonrió al rincón de siempre. Miozury seguía dormido en la silla apoyado contra la pared. Desde que había caido en las manos de aquellos viles seres, él era su única luz, no creía que alguna vez, pudiera querer a alguién como una vez quiso a sus verdaderos hermanos. Aquel muchacho, era realmente como si fuera de su pequeña familia.
-Buenos días.- Dijo levantandose de la cama como podía y dejando un suave beso en la mejilla del joven.
-Bu-buenos dí-días.- Él era muy vergonzoso y desde que ella se tomaba esas libertades con él, había empezado a tartamudear sin poder evitarlo.
-Hoy me siento pesada.- Dijo observando su muy abultado vientre.- Creo que ya no tardará en venir al mundo.
El rostro de Miozury se volvió aún más pálido y miró la barriga enorme de la chica.
-N-no es-estoy pre-preparado.- Dijo casi a punto de desmayarse.
-Confio en ti.- Dijo ella acariciando los cabellos azulados del joven.- Hoy quiero el vestido rosa que me tragiste.- Dijo sonriendole.- Me encanta.
Desde el día en que ella había llegado a aquella extraña habitación, le habían dado la orden al muchacho de cuidarla. Él era un simple subordinado que había estado a punto de morir, no era bueno con sus habilidades ninja y no deseaba matar a nadie. Aquello le trajo graves problemas, pero cuidar a Hikari, era su única distracción ahora.
Miozury había estado pendiente de darle de comer, de ayudarla a hacer ejercicios para no aburrirse ninguno de los dos y sobretodo, había aprendido a amarla. Cada vez que le dejaban salir para buscar lo necesario para Hikari, él se había ocupado en traerle ropa y cosas para el bebé.
Hikari estaba muy agradecida con él, ya que sin su ayuda...ya se hubiese vuelto loca. Algunas veces, los Anbu enmascarados y sin ningun tipo de identificación, entraban para ver sus progresos y estar atentos al día del parto para robarle a la criatura. Ella vivía con miedo y lloraba cada vez que el joven se dormía...o eso creía ella.
Miozury se levantó de su silla y se quejó del dolor de cuello y espalda. Al fin y al cabo llevaba siete meses allí durmiendo. Hikari lo miró con cara de perro degollado e hizo un puchero con sus carnosos y sonrojados labios.
-Podrías acostarte un rato en al cama.- Dijo ella señalandola.- No creo que vengan hoy, lo hicieron ayer.
-No.- Dijo él agachando el rostro y sonrojandose como siempre hacía, cuando ella le decía eso.- Es tu cama y tu intimidad, no tengo porque invadirla.
-No me sirves de nada.- Dijo ella acercandose a él y cruzando graciosamente sus brazos encima de su abultado vientre.- Si estas enfermo y con dolores ¿Quien me ayudará a traer este bebé al mundo?- Y sonrió como solo ella sabía hacer. - Voy a ducharme y a vestirme, cuando salga del baño, quiero que estes dormido en la cama, si no, te haré la tortura china.
Miozury ya sabía que era eso de la tortura china, así que asintió antes de que ella se pusiera a quitarle los pelos de las piernas uno a uno con sus uñas.
-Esta bien.- Dijo bostezando y sobandose el cuello.- Pero solo un ratito.
Hikari sonrió y entró al baño con su vestido rosa entre las manos. Tras darse una rápida ducha y vestirse, salió del baño y abrió el armario tratando de no hacer ruido. Miozury le había traido muchas cosas durante estos siete meses. Cogió unos pequeños peucos rojos entre sus dedos y sonrió con tristeza.
La joven de cabellos negros, recordaba que ese mismo día en que la raptaron, se acababa de enterar que iba a ser madre del hijo de "Su Kakashi" tal era su alegría, que antes de ir al despacho del Sandaime, entró en una tienda y compró unos iguales a esos, guardandolos en su bolsa ninja.
Negó con la cabeza y suspiró cansada ¿Kakashi la abría buscado? Una lágrima salió de su ojo derecho y resbaló por su mejilla hasta llegar a sus labios. Hikari la limpió son su lengua sintiendo el sabor salado en ella ¿Estaría vivo? Esas eran las preguntas que más pasaban por su mente.
Un dolor punzante atravesó su vientre mientras admiraba de nuevo toda aquella ropita de bebé y la pequeña cuna que había en el rincón escondida. Hikari se encogió sobre si misma y gritó desesperadamente al ver que sus piernas se mojaban bruscamente. Miozury se levantó de un salto de la cama y observó como ella se retorcía de dolor, mientras hacía un sello con sus manos.
-¿Q-qué ha-haces?- Preguntó nervioso.
-Por favor.- Suplicó Hikari.- No permitas que le hagan daño.- Pidió desesperada.- Ya viene.
Miozury abrió la puerta y miró al Anbu que estaba a solo dos metros de la puerta.
-Esta de parto.- Dijo sonrojado.
-Iré ha avisar a quién ya sabes.- Dijo mirando dentro de la habitación y observando como ella se acostaba en la cama.- Tú ocupate de ella y del bebé.
-Pero yo no soy médico.- Dijo con miedo.- Pueden morir.
-No lo harán.- Dijo el Anbu apretando bruscamente el hombro del joven.- De lo contrario, tu muerte será muy dolorosa. Debes dar gracias que él se apiadara de ti en su día.
-Si.- El joven de cabellos azulados, cerró la puerta temblorosamente y se acercó a la cama. Hikari estaba sudada y su rostro demostraba todo el dolor que estaba sufriendo. - Es-estoy a-aquí conti-contigo, no me iré.- Le dijo tratando de sonreirle.
-Confio en ti.- Repitió Hikari apretando sus dientes.
En aquel instante, su único deseo era que no le hicieran nada a su bebé, que Kakashi pudiera estar con ella y que no le pasara nada a Miozury.
La puerta se abrió de golpe y dos Anbu entraron en la habitación. La cama estaba llena de toallas y en la mesa había un repiciente con agua, unas tijeras, y unas pinzas para el ombligo del recién nacido.
El joven de cabellos azulados trataba de limpiar la sangre que salía de Hikari y ver la cabeza del niño tras tanto liquido rojizo. Miozury temblaba de miedo cada vez que ella gritaba. Tras un empujón más, al fin vio como la cabeza del niño se abría paso y podía ver la piel de su frente.
-Un po-poco más.- Dijo en tono de apoyo.- Ya le veo los ojos.
-No puedo más.- Dijo Hikari entre gritos.- Me hace mucho daño.
-Ya queda poco.- Dijo un Anbu acercandose y dandole la toalla más grande al joven.- No seas tan quejica.
-No seas así.- Dijo Miozury.- Parir duele.- Se pasó el reverso de su mano por la frente.- Nunca la había visto gritar tanto y con esa palidez.
-Trabaja y calla.- Le ordenaron.
Al fin tras dos empujones más, el bebé salió de Hikari y pudo escucharse el llanto en toda la habitación. Miozury colocó la pinza en su cordón y lo cortó conforme había aprendido en los libros que le habían ordenado leer. Tras observar embobado unos segundos los ojos púrpura del niño, se levantó de la cama y se acercó al recipiente de agua.
-Esta fría.- Dijo con la voz ronca.- Tendré que cambiarla de nuevo.
-¿Para que la necesitas?- Dijo uno de los Anbu.
-Para limpiar a la criatura.- Y levantó al bebé ensangrentado.
-Yo lo haré.- Tras las palabras del Shinobi, se lo arrebató de las manos.- Debo comprobar algo.
-¡No!- Gritó Hikari al sentir un nuevo dolor en su interior.
-Vamos, ahora debes alumbrar la placenta.- Le dijo el peliazul.- Ya queda menos.
-Que no le hagan daño, por favor.- Pidió entre sollozos.
-Solo lo están aseando.- El joven le sonrió y habló con entereza por primera vez sin tartamudear.
-Se lo que quieren.- Dijo limpiando las lágrimas de su rostro.- Quieren a mi pequeño por su sangre, su barrera de sangre.
-No tenía nada en su pierna, si es a lo que te refieres.- Dijo con una sonrisa.
-¿No?- Hikari sonrió satisfecha, su Genjutsu había funcinado.
-¡No!- Gritaron los Anbu en el baño.- No nos sirve para nada. Tendremos que forzarla para que los sellos de ella se rompan.
Miozury se levantó de la cama una vez comprobó que todo había terminado y ella podía descansar. Al escuchar a los Anbu, el miedo se apoderó de él ¿Que iban a hacer?
-No le hagais nada al bebé.- Pidió cogiendolo entre sus brazos ya vestido y arreglado.- Él no pidió nacer.
-No seas tan sentimental.- Rió uno de ellos.-Además, lo necesitaremos en un futuro no muy lejano.
Tras aquellas palabras, salieron de allí.
o-o-o-o
El tiempo seguía pasando deprisa. Aquella mañana, el pequeño Iori cumplía cuatro añitos. Sus cabellos negros con mechones grisaceos, caían por su rostro. El niño se había despertado pronto y corría por la habitación tirandose cada dos por tres encima de su tio Miozury.
-Le vas ha hacer daño.- Dijo Hikari poniendole la camiseta negra con mangas rojas.- Hoy hace un poco de frio aquí.
-Me aburro.- El pequeño de ojos púrpura alzó sus manos hacía su madre.- Hoy no quiere enseñarme a andar por la pared.
-Lo haré yo.- Hikari le sonrió.
-¿Sabes hacerlo?- Dijo sorprendido Iori.
-¡Claro que sé, Iori Sakumo!- Hikari colocó cómicamente sus manos en las caderas.
-Solo me enseñas cosas raras.- Le dijo el niño.
-No son cosas raras.- Hikari se sentó en el suelo al lado de su pequeño.- Son cosas importantes para ti.
-Vamos.- Miozury se levantó del suelo y se acercó a ellos dos.- Al fin y al cabo, te gusta sacar a pasear a tu dragón de tu cuerpo.
-Sobretodo curar tus heridas.- Dijo Hikari sonriendo tapandose la boca con la mano.
-El no me hiere adrede ¿O si?- Dijo mirandole con el ceño fruncido.
-Puede.- Dijo el niño riendose.
-Serás.-Miozury lo levantó del suelo y le dio un golpe en la nuca.- Eres igual que tu madre.
-Y muy orgullosa estoy de ello.- Dijo ella riendo de nuevo.
-Quiero andar por la pared.- Dijo el niño sobandose la nuca.
-Esta bien, observa con atención.- Hikari cargó el Chakra en sus pies y subió por la pared.
-Es asombroso.- Dijo el niño abriendo la boca de par en par.
-Lo és.- Dijo el peliazul.- Al igual que tú.
Miozury había aprendido a admirar y a amar a esa joven. Desde que lo habían encerrado con ellos hasta nuevo aviso, había visto crecer al niño y como poco a poco se iban haciendo una pequeña familia. Hikari le había dejado claro desde el principio que ella solo amaba al padre de su bebé. Algunas veces les contaba que él era un niño de Konoha muy listo y reconocido. Sus cabellos eran grises y su sonrisa era fabulosa, aun que la escondía bajo una mascara.
Miozury había visto como ella le explicaba al pequeño las técnicas del clan Ryūzoku, y como el niño las iba aprendiendo poco a poco... Ya que él no llevaba el sello de impedimento. También había descubierto que el niño si llevaba el dragón en su pierna, pero que ella lo había ocultado antes de nacer con un Genjutsu.
Las habilidades de Iori eran muy buenas y él se estaba quedando atrás al ver como un pequeño niño de cuatro años, podía hacer casi todo lo que se proponía. Muchas veces, el pequeño sacaba una cadena de Chakra cristalizado y jugaba a lanzarlo contra todo lo que podía para practicar puntería.
También había sido participe en la técnica de seguimiento, y el pequeño había cristalizado un poco de su Chakra para poder seguirlo y saber que estaba vivo. En un principio le pareció absurdo, ya que él no salía de aquella habitación, pero al final entendió que solo era para practicar.
Iori abrió sus ojos y se los restregó con sus manitas. Sonrió al blanquecino techo y se levantó de la cama de un golpe. Hacía cuatro días que había cumplido siete años y ya sabía todas las técnicas de su clan, todas excepto una que no había tenido la oportunidad de practicar... La más importante de todas ellas, la técnica por la cual estaban encerrados entre aquellas cuatro paredes.
-Tio.- El niño se acercó al peliazul.- Anoche volvierona abrir la puerta y ha dejarnos alimentos, ropa y utensilios.
-Lo sé.- Miozury suspiró mirando la puerta.- Es mejor así.- Y frunció su ceño.
-Vuelves a tener esa mirada de miedo en tus negros ojos.- Dijo el niño acariciando la mejilla del joven.
-Tranquilo, no pasa nada.- Miozury miró la puerta.- No pasa nada.- Repitió más para él mismo, que para el niño.
-Hoy han dejado Ramen instantaneo.- Dijo Hikari sonriendo.- Menos mal que han traido una pequeña cocina nueva, estaba cansada de comer pan y fruta.
-Si.- Miozury se frotó la nuca con preocupación.
Desde hacía unas horas, los Anbu habían reaparecido en la habitación y lo habían sacado fuera. Mientras uno dejaba las cosas dentro, el jefe de ellos le había comunicado que ya era hora de trabajar. El niño había crecido y la madre ya debía entender que la paciencia se les había agotado. Desde esa misma tarde, les harían sufrir lo que no estaba escrito.
Cada hora que pasaba, era un infierno para el joven de cabellos azulados. Deseaba que solo fueran palabras de amenazas y no hechos, pero todo se confirmó cuando entraron en la habitación sin avisar.
Hikari fue más rápida que ellos y realizó el Genjutsu para ocultar el dragón de su hijo. Uno de los Anbu se acercó al niño y lo golpeó en el rostro haciendolo caer.
-¿Ya te has encariñado con tu hijo?- Preguntó riendo.- Ya es hora de haceros la vida un infierno. Esta vez no te librarás.
Hikari lo abrazó contra su pecho y rezó para que no volvieran a golpear a su pequeño. Miozury trató de defencerlos una y otra vez. Los Anbu se reían de ellos y golpeaban al joven sin piedad. Miozury cayó inconsciente a los pies de la cama sangrando por la boca y por la ceja.
-¡Mami!- Iori quería defenderlos, pero ella cada vez lo aprisionaba más y más contra su cuerpo.
-Dijiste que los sellos se rompian conforme los fueras necesitando.- El Anbu volvió a reir.- Pues ha llegado el momento. Ahora tu hijo ya sabe suplicar por su vida, así que abstente a las consecuencias.
Los Anbu arrancaron al crio de sus brazos y le quitaron su pequeña camiseta. Tras dejarlo contra la mesa de la sala y golpearlo en la espalda haciendolo sangrar, ella se levantó del suelo y sacó un pequeño bastón de Chakra cristalizado. Hikari se sentía vulnerable y solo alcanzó a uno de ellos atravesando su hombro de parte a parte.
-Esa técnica no nos vale.- Y la empujaron hasta que cayó al suelo de golpe.- Queremos más.
-Kakashi.- Susurró Hikari abrazando la bandana que le había quitado tiempo atrás en la villa.- Protegenos.- Pidió entre sollozos.
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Habían pasado casi ocho años desde la desaparición de Hikari. Kakashi observaba a la anciana que lo había ayudado en la casa desde que nació. La mujer estaba en sus últimos momentos de vida en el hospital de Konoha.
-Ya tienes veinte años.- Le dijo la anciana al peligris.- Ya va siendo hora que pases página de tu vida.
-Anciana.- Kakashi apretó la mano de la anciana entre las suyas.
-Cambia tu vida, Kakashi.- La mujer le sonrió.- No puedes estar solo para siempre.
Tras aquellas palabras, la anciana falleció con una sonrisa en sus labios. Kakashi sintió que perdía lo último que le quedaba en la vida. Al llegar a su solitaria casa, decidió que la anciana tenía razón. Tras cerrar la puerta, subió las escaleras y se adentró en la habitación de Hikari. La última vez que había entrado allí, hacía ya demasiado tiempo. Recordó el por qué y abrió el armario. Kakashi abrió un cajón y sacó la bolsa ninja de ella. Estaba manchada de sangre seca y olía extraña.
Aquel día, no pudo abrirla y la escondió para no seguir recordandola. Ahora, a sus veinte años, destapaba la caja de pandora de nuevo. La abrió despacio y sus ojos se abrieron como platos. Kakashi se quitó su bandana y se bajó la mascara. No podía creer lo que estaba leyendo y lo que tenía en sus manos.
Hikari había desparecido estando embarazada. Los peucos que llevaba entre sus manos y el papel de confirmación, se lo decían claramente. Kakashi sintió que su miserable vida volvía a reirse de él. Cuando al fin consiguió salir del estado de Shock, bajó las cosas de Hikari al piso de abajo y las acomodó en la habitación que había cerca de la suya, al lado de la de su padre.
Kakashi había decidido cerrar el piso de arriba para siempre y tan solo ocupar el de abajo. Desde aquel día, cambiaría su futuro, aceptaría la oferta del Sandaime y se haría maestro de los nuevos Gennin.
o-o-o-o
Hikari no soportaba más aquella presión, desde aquel día, los golpes hacía el pequeño Iori, y Miozury, no cesaron. Cada tarde entraban a golpearlos hasta dejarlos inconscientes. Hikari tenía que aprender las técnicas a la fuerza... y lo hizo. Hikari aprendió todas las técnicas menos la que ellos querían.
Los Anbu siempre llevaban un pergamino donde apuntaban lo que ella aprendía nuevo. Siempre le preguntaban el nombre de las técnicas y las apuntaban allí con todo detalle. El miedo en ella, cada vez se hacía más y más palpable. Sabía que si no aprendía la técnica más importante, algún día se cansarían de ellos y los matarían a los tres.
Hikari miró a su pequeño hijo. Había crecido demasiado, pronto cumpliría los doce años y cada vez, temía más por su vida ¿Hasta que edad llegaría? Iori sonreía sin demostrar el sufrimiento que allí dentro sufría. Miozury cada día era más y más callado y había dejado de entrenar con ellos. Cada mañana se sentaba en un rincón de la habitación, y permanecía allí hasta la noche.
El día de su décimosegundo cumpleaños llegó como si fuera otro día normal. Los Anbu entraron y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, al igual que a Miozury. Hikari lloraba con su niño entre sus brazos y deseaba que aquello acabara pronto, que alguien fuera a rescatarlos y volviera a ver la luz del sol.
-Iori.- Susurró Hikari tras curar sus heridas.- Tengo algo para ti.
-Mamá.- Iori se sentó a su lado en el suelo y miró a Miozury.
-Ya lo he curado, pero no despierta.- Dijo tristemente.- Le habrán golpeado en la cabeza.
-¿Que tienes para mi?- Dijo él sonriendo.
-Esto.- Hikari sacó algo azúl de debajo de la cama.- Era la bandana de tu padre en la villa.
-Mamá.- Iori abrió sus ojos con asombro.
Iori sabía que eso era muy importante para su madre, ya que era el único recuerdo que tenía de él. Muchas veces la había pillado abrazandola por la noche y llorando en silencio. Incluso una vez, observó como tallaba las iniciales de su padre y de ella en la plancha de metal, junto al simbolo de Konoha.
-¿Te gusta?- Hikari le sonrió con tristeza.
-Gracias.- Iori besó la mejilla de su madre.- Cuentame algo de papá.
-Siempre me gustaba hacerlo rabiar.- Dijo ella sonriendo con un brillo extraño en sus ojos.- Él era bastante tímido y le costaba tomar la iniciativa en muchas cosas.
Hikari miraba la bandana suspirando y sonriendo. Parecía que hubiese rejuvenecido unos años y realmente ella no estubiera encerrada allí.
-Recuerdo una vez que antes de irme de misión, estabamos besandonos.- Hikari se sonrojó.- Es algo muy personal.
-Cuentame.- Le pidió él con una suave sonrisa.
-Verás, un día salimos a tomar helado y él estaba muy contento, era su cumpleaños y salimos a celebrarlo. Él no se quiso bajar su mascara para comer el helado, y me enfadé mucho. Así que le restregé el helado de banana por la mascara que siempre ocultaba su rostro.- Hikari sonrió con tristeza al recordarlo.- Le canté una canción estúpida, me pasé casi todo el día diciendole...banana, banana, banana...- Y sonrió con nostalgia.
-Vaya con la banana.- Dijo Iori divertido.
-Al día siguiente, antes de irme a una misión, le canté la misma canción...eso fue pervertido, le cogí su...ya sabes...- Y miró la entrepierna de su hijo.- Eso.
-Ahora eres vergonzosa.- Se rió el niño.
-No, el vergonzoso era tu padre.- Hikari rió ahora en voz alta.- Cada vez que lo ponía nervioso, me llamaba de una forma muy divertida.- Hikari rodó sus ojos.- Bueno, siendo sinceros, no solo lo hacía cuando se ponía nervioso, también lo hacía cuando teniamos sexo, era algo así como... Hi...Hikari.
-Vale, tu no tienes vergüenza alguna.- Dijo el niño sonrojandose.- ¿Y como decía?
-Hi...Hikari.- Dijo ella agachando el rostro.
-Hi...Hikari.- Dijo el niño intentando imitar a su madre.
-¡Ahhhhhhhhhhh, que emoción!- Dijo ella gritando.- Lo haces igual que tu padre, con la misma voz. Dilo de nuevo, perezoso.
-Hi...Hikari.- Dijo él sonrojandose.
-Ahora si te pareces a él, maricón.- Dijo ella apretandole las mejillas.
-De maricón nada.- Dijo él con el ceño fruncido.- Miozury no me gusta.
-A mi no me metais en vuestras cosas.-Dijo Miozury levantando la vista del libro.-Yo solo es ver, oir, y callar.- Dijo el shinobi mirando de nuevo el libro que llevaba en las manos.
-Sigue con la historia.- Dijo el niño.
-Bueno, la cuestión es que se la cogí, se la canté y luego me fui.- Hikari se acercó a su hijo.- Y cuando volví de misión, le regalé un peluche de una banana.
-Vaya.- Iori sonrió.
-Él solía ser muy serio. Algunas veces distante... pero se que me amaba. Sus cabellos grises siempre llamaron mi atención, pero lo que más lo hizo, fue su mascara.- Hikari acarició los mechones grises que se divisaban entre la cabellera negra del niño.- Heredaste mechones grises, y tu cara es muy parecida a la suya.
-Lo deviste querer mucho.- Iori tocó un mechón gris de su cabeza.
-Lo querré hasta la muerte.- Dijo ella abrazando a su niño.-Si estuviera vivo...- Hikari suspiró con pesar.
-¿Esta muerto?- Preguntó el niño bajando su mirada al suelo.
-No lo sé.- Hikari miró con tristeza y dolor a su hijo.- Yo salí a buscarlo al enterarme que había sido atacado en una misión. Tuve miedo, tal vez no lo volvería a ver más y necesitaba decirle que ibamos a ser padres.- Hikari abrazó a su hijo contra su pecho.- Ese día, me alejaron de la villa y jamás volví.
-Algún día, descubriré si sigue vivo.- Iori acarició el rostro de su madre.
¿Si estuviera vivo, que estaría haciendo en aquellos momentos? Se preguntó Hikari para si misma.
o-o-o-o
Kakashi estaba sentado frente a Gai. Un escalofrío recorrió su columna y sintió como si alguien hablara de él. Dejó el vaso con Sake en la mesa y miró a su eterno rival. Realmente los muchachos habían crecido mucho y aquello lo hacía sentirse orgulloso. Aún que en aquellos instantes, Sasuke Uchiha le estubiera dando algún que otro problema de más.
-Nunca pensé que estuvieramos en este lugar hablando de estas cosas.- Dijo Gai divertido.-¿Que te ocurre?- Preguntó alzando una de sus pobladas cejas.- Kakashi.
-Esos tres son una parte importante de mi vida.- Dijo al fin Kakashi derrotado.- Naruto y Sasuke han pasado a la siguiente fase.- Cogió el vaso entre sus manos de nuevo.- Nunca pensé que llegaría tan lejos como maestro.
-Eres un maestro excelente.- Le dijo Gai golpeando su hombro.- Y si tuvieras tus propios hijos, serían un padre maravilloso.- Gai no sabía porque le había dicho aquello, pero relmente lo pensaba.
-¿Sabes?- Dijo Kakashi con un brillo extraño en su único ojo visible.- En estos momentos, yo debería tener un niño o una niña.- Gai abrió su boca de par en par.- Estaría graduandose en la academia como Gennin.
-¿Como?- Gai dejó el vaso de golpe en la mesa.
-El día que Hikari desapareció, llevaba con ella su bolsa de Kunohichi.- Kakashi supiró.- Es lo único que encontraron. Cuando decidí aceptar por fin mi vida, encontré un papel en su bolsa y unos peucos... iba a ser padre.
-Lo siento.- Dijo Gai realmente apenado por su amigo y gran rival.
-Ahora tendría doce años.- Kakashi se levantó de su asiento.- Tengo que enseñarle unas cosas a Sasuke antes del combate contra Gaara.
-Nos vemos.- Gai le guiñó el ojo y alzó el vaso.- Suerte.
Kakashi se diriguió al lugar donde se había citado con Sasuke, tenía pensado enseñarle su mayor técnica "El Chidori" y tenía muy poco tiempo para hacerlo...ayudarlo sacaría de su cabeza aquel recuerdo durante largo tiempo.
