Ohayo! bueno esta vez diré...
¿DONDE ESTAIS TODOS?
Salex, Nee-chan este capi va dedicado a ti... jajajajaj...tú sabes por que jajjaa.
No te respondo ni a tu review, ya que te tengo en el escritorio de al lado.. espero que este capi te guste mucho...mucho...mucho jajajaj nos leemos Nee-chan...
Disclaymer: La historia original de este fic es mio. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, el gran creador del manga de Naruto. Otros personajes son de invención mía, así como lugares, armas y otras cosas.
Summary:El clan Ryūzoku es aniquilado y Hikari termina en Konoha. Kakashi y ella se aman, pero ella desaparece con un secreto ¿Que pasará entonces? Jiraiya, Itachi y Sasuke Uchiha serán reunidos por Iori Sakumo ¿Quién es ese chico de dieciseis años? Muerte, amor, intriga, humor...
6 Jiraiya.
Iori miró a su madre divertido, ella siempre tenía historias divertidas que contar. Hikari se emocionaba cada vez que hablaba de la villa que la vio crecer. Sin poder evitarlo, le habló de Minato "El rayo amarillo de Konoha y Yondaime Hokage" y de Kushina, la esposa del famoso rubio. Iori empezó a admirar a aquella pareja por sacrificar sus vidas en el ataque de aquel horrible monstruo de nueve colas.
-Mamá.- Iori miró a su madre mientras ella cocinaba un delicioso pastel.-¿No notas extraño a Miozury?
-Ultimamente está muy pensativo y no para de anotar cosas en esa pequeña libreta.- Hikari sonrió a su hijo.- Hoy cumplo treintaidos años.- Sonrió a su hijo.-¿Te gusta el pastel?
-Me encanta.- Iori sonrió a su madre.-Gracias, mamá.
Hikari metió el pastel en el pequeño horno que consiguió Miozury tiempo atrás y, se dispuso a esperar la media hora de horneado frente al aparato.
-Iori.- Miozury se acercó al joven.- Tienes el cabello muy largo ¿Te apetece que te lo recorte un poco?
-Esta bien.- Iori sonrió a su tio adoptivo y se sentó en la silla en medio del salón.- Pero después, me dejas peinarte tu melena.
-De acuerdo.- Miozury se había dejado el cabello largo y Iori le encantaba peinarselo, aun que debía admitir que era por culpa de su madre, ya que ella era la aficionada a hacerlo todos los días.- Y probaré a hacerte perinados diferentes.
-Trato hecho.- Miozury se colocó tras la silla y empezó a recortar las puntas del pelo de Iori.- Me encanta el color de tu pelo.- Dijo con una sonrisa.
-Lo tiene mezclado.- Hikari les prestó atención.- Las mechas grises de la parte de arriba, son del color del pelo de su padre, así como la capa gris de debajo.
-Me ha parecido escuchartelo alguna vez, la verdad es que es llamativo, si no fuera porque la capa de arriba es negra, se vería extraño.- Miozury recortó el flequillo de Iori, le encantaba taparle el ojo derecho echandoselo hacía ese lado.
Tras sacar el pastel del horno, Hikari se colocó tras la silla y cogió el cepillo del pelo de la mano de Iori.- Ya le has peinado suficiente, ahora dejame a mi.- Y sonrió a su hijo.
-Tu también tienes esa cabellera negra muy larga.- Miozury miró a Hikari.- Tal vez también deba cortartela un poco y dejartela por arriba de la cintura.
-Mañana.- Hikari terminó de peinar a Miozury y le hizo una coleta alta dejandole los dos mechones largos sobre los lados del rostro.- Así estás más guapo.
Miozury sintió que su corazón latía a gran velocidad, desde que conoció a esa mujer dieciseis años atras, se había sentido atraido por ella. Llevaba bastante tiempo controlando los movimientos de los Anbu que los vigilaban, había robado algún material shinobi de ellos. Si sus calculos estaban bien hechos y nada fallaba, pronto Iori y Hikari serían libres.
-Gracias.- Miozury sonrió con sinceridad.- Iori y yo, te hemos hecho un regalo.- El joven de cabellos azulados, le tendió una caja de zapatos.
-No quería darselo ahora, se supone que ella debía creer que no le ibamos a regalar nada...- Iori gimoteó como un niño de cinco años.- Eres un fastidio.
-Gracias.- Hikari se sonrojó y cogió la cajita entre su smanos.- De verdad, no teniais que hacerme nada.
Al abrir la caja, se encontró con un marco hecho a mano de madera y un retrato de los tres dibujado por Miozury y pintado por Iori. Las lágrimas empezaron a resvalar por su rostro y una débil sonrisa se dibujó en sus labios.
-¿Te gusta?- Preguntó Iori en un susurro.
-Es...hermoso.- Hikari abrazó a sus dos muchachos y depositó un suave beso en sus frentes.
Miozury sintió como su corazón latía a mil por hora, al sentir los labios de su amada sobre su frente. Sus mejillas se sonrojaron y sus ojos negros como el carbón, se fijaron en ella.
-No ha sido nada.- Dijo avergonzado.
-Pronto harás tú los dieciseis.- Hikari miró a su hijo.
-Es Junio.- Iori miró a su madre negando con la cabeza.- Exactamente veintinueve de Junio, así que aún faltan casi tres meses para ello.
-Creo que este año te gustará mi regalo.- Miozury sonrió a Iori.- Y espero que te guste mucho.- Tristemente miró la pequeña ventana de barrotes situada arriba de la cama.
-Ahora me dejas ansioso.- Iori hizo un puchero y agachó la cabeza.- Pero así desearé que llegue antes.- Y sonrió al hombre que consideraba su tio.
-Estas sudando mucho.- Hikari acarició la nuca de Miozury.
-No pasa nada.- El joven se sonrojó.- Ya es verano y es normal.
-Cortate el pelo.- Iori cogió las tijeras.- Dejame que te lo corte muy corto.
-¡No!- Hikari cogió el cabello del joven con su mano.- Yo se lo arreglaré.- Tras situarse tras él, sacó algo de su bolsillo y empezó a rodar el cabello sobre la goma del pelo que llevaba puesta el joven.- Llevas una goma roja.
-La voluntad de fuego.- Iori alzó sus brazos al aire.- Revindicando las enseñanzas de mamá.
-La voluntad de fuego.- Hikari se entristeció al escuchar esas palabras.- La goma es roja como el fuego.-Tras terminar de hacerle el moño en el pelo, lo envolvió con una redecilla negra.- Así estarás más cómodo.
-Vamos a comer ese pastel.- Miozury se levantó rapidamente y cortó el pastel.- Ya esta frio y tiene muy buena pinta.
-Si.- Iori le dio la razón.- Mamá cocina excelente.
-Lo echaré d emenos.- Susurró el joven peliazul.- Mucho.
Tras pasar la tarde haciendo juegos de palabras y ayudando a Iori a entrenar, los tres decidieron irse a dormir, la verdad es que allí encerrados, no tenían mucho que hacer. Tras quedarse dormidos madre e hijo, Miozury se incorporó del suelo y salió de las sábanas que hacían de cama para él.
-Espero que todo salga bien.- Susurró mirando a la parejita dormir.- Pronto dejaré de observar esta bella imagen.- Cogió la pequeña libreta entre sus manos y siguió garabateando en ella.
El tiempo pasaba muy deprisa, demasiado deprisa para Miozury. Cada noche, rezaba para que todo saliera bien y cada mañana, rezaba por verlos un tiempo más. Sin embargo su tiempo ya se había agotado, era el momento de llevar sus planes a cabo. Miró el calendario una vez más y sonrió, los meses pasan volando, ya estaban a veintiocho de agosto.
Tras coger el hilo transparente que había guardado con mucho recelo en un cajón del baño, se aupó sobre la silla y cogió un barrote de la diminuta ventana. Si sus calculos no fallaban, tanto Iori como Hikari cabían por ella. Con cuidado pasó el hilo por el primer barrote y empezó a serrarlo despacio, no quería despertar a su pequeña familia.
Tras cuatro horas de oscuridad y casi tres caidas de la silla, al fin consigió dejar medio sueltos seis de los ocho barrotes de la ventana. Con un ligero golpe, estos caerían al exterior y abrirían un hueco para dejarlos escapar. Cuando el sol empezó a alzarse, dejó la silla y el hilo en su lugar y se recostó sobre las sábanas del suelo con una sonrisa en sus labios, su deseo de verlos libres pronto se cumpliría.
-Miozury.- Un ligero movimiento en su cuerpo lo alertó.- Despierta vago, son las diez de la mañana.- El joven de cabellos azulados se revolvió entre las sábanas.- Levanta.
-Buenos días.- Dijo entre bostezos.
-¿No has dormido bien?- Preguntó Hikari preocupada.
-Si.- Mintió.- Solo es un poco de cansancio, hace mucha calor.
-La verdad es que si, este agosto es agotador.- Hikari le tendió un vaso de leche fría.
-Solo quedan catorce días para tu cumpleaños.- Miozury sonrió a Iori.- ¿Ansioso?
-¿Por mi regalo?- El peliazul asintió con la cabeza.-Si, la verdad es que si.- Iori se frotó las manos.
-Ven aquí.- Miozury le tendió sus brazos al levantarse del suelo.- Dame un abrazo.
-Ya soy mayor para esas cosas.- El joven hizo un mohín .- Ya no tengo seis o siete años para eso.
-Solo un abrazo.- Pidió agachando el rostro.- Solo pido eso, te prometo que no lo haré más.
-Esta bien, pesado.- Iori sonrió al peliazul y lo abrazó con cariño.- Pero no te acostumbres.
Miozury lo estrechó fuertemente entre sus brazos, ese día, sería el último que lo haría. Tragó pesadamente y trató de sonreír con alegría, pues no quería que ellos se dieran cuenta de nada. Tras aquel abrazo, decidió que lo mejor era divertirse por última vez todos juntos.
El reloj parecía que iba en su contra, cada vez que lo observaba , habían pasado horas... Miozury suspiró abatido y se acercó a Hikari despacio, no quería asustarla. La joven de cabellos negros y ojos púrpura se giró lentamente y sintió que su corazón se estrujaba hasta casi reventarse. Los ojos negros de Miozury estaban muy tristes.
-¿Sucede algo?- Preguntó preocupada.
-No.- Miozury negó con la cabeza.- Solo quiero que me prometas algo.- Miozury acarició dulcemente la mejilla de Hikari.
-Claro.- La joven cogió la mano del muchacho entre las suyas.- Lo que sea, solo pidelo.
-Prometeme que nunca vas a perder tu sonrisa, es hermosa.- Miozury sintió que sus ojos empezaban a escocerle. No quería llorar, allí no...- Prometeme que algún día, le enseñarás la voluntad de fuego a tu hijo.
-¿Que ocurre, Miozury?- Hikari sintió las lágrimas descender por sus mejillas.
-Shhtt.- Miozury limpió aquella agua salada con sus pulgares.- No estes triste, pronto esto acabará.- Y le sonrió con tristeza.- Solo quería escuchartelo decir. No pasa nada, te lo prometo...
-Entonces...- Hikari cogió las manos de su mejor amigo entre las suyas.-¿Por qué estas promesas?
-Solo quiero asegurame de ello, nada más.- Miozury miró a Iori que acababa de salir de la ducha.- Solo quiero estar seguro de que seguiremos juntos siempre, de que siempre cuidarás a Iori como lo haces y de que nunca perderás tu sonrisa.
-Lo haré.- Prometió la joven de ojos púrpura.- Te lo prometo.
-Esta bien.- Miozury observó a su sobrino.- Iori.- Lo llamó.- Ya es tarde, acuestaté.
-Si.- Iori besó la mejilla de su madre.- Buenas noches, mamá.- Se acercó a Miozury y besó también su pálida mejilla.- Buenas noches, tío.
-Descansa.- Miozury observó detenidamente al muchacho.- Lo necesitas.
Tras aquellas palabras, se sentó en su silla de siempre y miró aquella pequeña y patética habitación. Durante mucho tiempo había sido su dulce y reconfortante hogar. Suspiró cansado y sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
-Será mejor que tú también te acustes.- Se dirigió hacía Hikari.- Ya es tarde y mañana debemos enseñarle a Iori los tipos de armas y para que sirve cada una.
-Buenas noches, Miozury.- Hikari le dio un pequeño apretón sobre su hombro y se acostó al lado de su hijo.
Tras asegurarse de que los dos estuvieran bien dormidos, recogió las dos pequeñas mochilas que había preparado con comida, unas mudas de ropa y un par de kunais que había robado a los Anbu con anterioridad. Había llegado la hora... se adentró en el baño y sacó una vez más el hilo.
-Espero que te guste mi regalo.- Susurró acariciando los cabellos de Iori.- Me ha costado mucho tomar esta decisión, pero es lo único que puedo darte a estas alturas.
Las lágrimas volvieron a formarse en sus negros ojos y a rodar deliveradamente por sus mejillas. Su corazón se acelero al acercar su rostro al de Hikari.
-Ojala encuentres a tu amado.- Por una vez en la vida, se permitió sentir los suaves y cálidos labios de ella sobre los suyos.- Ojala seais felices los dos.- Tras aquella despedida, se encaramó de nuevo en la silla y repitió el proceso de la noche anterior. Debía terminar de serrar los barrotes y dejarlos salir en el silencio de la noche.
Miozury había tardado más de un año en trazar aquel plan. Había pasado noches en vela contando a escondidas cuantos Anbu vigilaban la puerta y la pequeña casa. Otras veces, contaba el cambio de turno y lo apuntaba en su pequeña libreta. Había perdido algo de peso al no dormir bien y eso le estaba pasando factura. El peliazul sonrió tristemente a la luna y una lágrima volvió a empañar su rostro.
Desde que la vio por primera vez en aquella misma habitación, no pudo evitar enamorarse de ella. A sus doce años, sintió que su cuerpo entero ardía al cruzarse con los ojos púrpura de la joven raptada. Algo dentro de él se rompió al ver que los demás lo abandonaban en aquella habitación con ella, pero ahora no se arrepentía de ello. Hacía mucho tiempo que había dejado de estar solo...
-Ya casi está.- Susurró al sentir el barrote ceder bajo sus dedos.- Solo falta uno y serán libres. Si tengo algo de suerte, podré salir también de aquí.- Observó el hueco y rezó porque él también pasara por allí.
No quería alejarse de ellos, eran su pequeña familia, y los únicos que le habían dado cariño en toda su vida. Negó con la cabeza y suspiró, por eso hacía todo aquello, porque los amaba, por que eran su familia y quería que vieran el mundo. Sonrió nuevamente con tristeza y tiró del último barrote, ya casi estaba. Sin darse cuenta golpeó los demás con el brazo y estos cayeron hacía fuera. Casi no hicieron ruido gracias a la hierba que los rodeaba, pero el penúltimo barrote chocó contra el borde la casa impidiendole que cortara el último.
-¿Que ocurre?- Escuchó a un Anbu fuera.- Mierda, han corado los barrotes de la ventana, te dije que traería problemas.
-¿Miozury?- Hikari se despertó al escuchar el alboroto.-¿Que ocurre?
-Levantate.- Hikari se sorprendió ante el tono frio y cortante de su voz.- Despierta a Iori y preparaos.
-¿Para qué?- En ese instante la puerta se abrió de golpe y cinco Anbus aparecieron armados ante ellos.-¿Qué?
-¡Que hagas lo que te he dicho!- Iori se despertó ante ese grito.- Salir de aquí.
-No entiendo nada.- Iori miró a Miozury con pánico en su rostro.
-¡Que salgais!- Y les señaló la ventana.- Yo los retengo aquí.
-Avisar a los del punto tres.- Dijo un Anbu acercandose a Miozury.
-A ellos no los tocareis.- Ante aquellas palabras, Hikari sintió que su corazón se rompia en mil pedazos.- Jamás.
Miozury se acercó en un hábil y rápido movimiento y alzó a Iori contra la ventana.- Pasa.
-¿Y tú?- Iori sentía el pánico en aquella escena. Sus ojos se empañaron.
-No os preocupeis por mi, solo hacer lo que os digo. Por ahora solo hay cinco y están aquí. Debeis daros prisa antes de que llegen los demás.
Iori se dejó resbalar por la ventana y cayó al verde pasto de fuera. Al hacerlo, sintió las dos pequeñas mochilas bajo su cuerpo. Tras cargarlas en su espalda, miró hacía el hueco. Desde dentro parecía otra cosa.
Miozury respiró tranquilo al ver al niño fuera. Tras golpear a un Anbu en el estómago y dejarlo tendido en el suelo, dio un puñetazo en el rostro a otro que intentaba coger a Hikari del brazo.
-¡Sal tú también!- Miozury miró a su amada.- O lo cogerán fuera y lo matarán.
-¡No!- Hikari se aupó contra la ventana y miró a Miozury por última vez.- Gracias, te esperaremos.
-Ser felices.- Miozury sonrió a Hikari mientras veía como poco a poco salía por la ventana.
Iori observó la ventana y vió los cabellos de su madre asomarse. El joven se sintió ansioso al escuchar los golpes que provenían de la casa.
-Vamos, mamá.- Iori trató de darle ánimos.- Un poco más.
Un grito ahogado hizo que Hikari volviera dentro de la casa. Al girarse, pudo observar como dos de los Anbu tenían cogido a Miozury cada uno de un brazo.
-Da igual que ellos salgan.- Uno de ellos golpeó el estómago de Miozury fuertemente provocando que se doblara sobre si mismo.- Los alcanzaremos, pero a tí te mataremos por traidor.
-Nunca.- Miozury sintió ese odio crecer en su interior.- Nunca permitiré que les hagais daño.
-Eres un traidor.- Los dos Anbu que antes había golpeado, se levantaron del suelo y escupieron sangre por la boca.- Las vas a pagar una a una todas tus traiciones.
Los ojos de Miozury empezaron a aclararse y un color ambarino apareció en ellos. Sus pupilas se rasgaron y tomaron la apariencia de un felino. El joven de cabellos azules gruñó a los Anbu y sus colomillos se alargaron.
-¿Que coño te pasa?- Preguntó el Anbu que estaba frente a él.
-Tiene la rabia.- Rio otro acercandose al joven y dandole una patada en el pecho.
-Morireis.- La voz de Miozury se volvió ronca y tenebrosa.- Todos vosotros morireis.
Tras aquellas palabras, los dos Anbu que sujetaban a Miozury, salieron despedidos hacía la pared de enfrente. Hikari se tapó la boca por el susto. Miozury estiró su pierna izquierda hacía delante y flexionó su pierna derecha. Sus ojos ambarinos se clavaron en cada Anbu que había en aquella sala.
-¿Miozury?- Hikari se pegó a la pared intentando no gritar por aquella postura tan rara del joven que los había cuidado durante tanto tiempo.-¿Que te ocurre?
Los gruñidos del pecho de Miozury eran guturales. Sus ojos ya no enfocaban nada en particular y su brazo derecho se había alzado tras su cabeza, el codo lo había flexionado formando un arco y con un giro de muñeca, estaba canalizando el Chakra. Su brazo izquierdo estaba extendido hacía delante y la palma de la mano extendida como escudo.
-Algo aquí no encaja.- Dijo un Anbu alejandose de Miozury.
-Vosotros.- Miozury giró sobre si mismo y apoyó la palma de la mano derecha envuelta en Chakra, sobre el pecho del Anbu.- Dije que moririais.
El Anbu empezó a gritar desesperado y de pronto los gritos cesaron. El pecho del enmascarado se había reventado ante los ojos de todos.
-Es un monstruo.- El Anbu más joven, trató de huir de la casa, pero Miozury se abalanzó sobre él en un abrir y cerrar de ojos.- No quiero morir, solo tengo dieceis años.
-Eso se piensa entes de atacar.- Miozury sonrió con un deje de malicia en sus labios.- A mi familia, no los daña nadie.
-¡Nosotros somos tu familia!- Gritó otro Anbu tirandole una ráfaga de Kunais acertando en su pecho.- Y nos has traicionado.
Miozury sintió la sangre correr por su pecho y salir de su boca.
-No me importa morir.- Su voz seguía sonando ronca y de ultratumba.
Sin previo aviso, volvió a la postura anterior y cargó nuevamente su mano derecha con Chakra.
-Miozury.- Hikari lloraba contra la pared.-¿Que te pasa?
-¡Mamá!- Iori empezó a rodear la casa desesperadamente ¿desde cuando era tan grande?
El joven de cabellos azulados, saltó sobre el otro Anbu y tras apoyar su mano derecha sobre su cabeza, esta reventó como el pecho de su compañero minutos antes.
-Maldición.- Los tres Anbus restantes, se separaron y cada uno fue hacía un rincón de la habitación.- Coger a la chica de escudo.- Sugirió el Anbu más mayor.- Si ella está delante, no atacará.
Antes de que pudieran hacer nada, Miozury ya se había abalanzado sobre el mayor girando sobre su propio pie izquierdo y cambiando la trayectoria de su golpe. Sus uñas se alargaron y enterró su mano derecha en el estómago del Anbu.
-Uno menos.- Y sonrió de una forma extraña dejando ver sus colmillos puntiagudos.- Revienta.- Dijo divertido. Y el Anbu reventó ante los ojos de Hikari.
La puerta volvió a abrirse y aparecieron tres Anbu más. Miozury sonrió al verlos, la pelea continuaba.
-Hemos avisado al punto dos.- Dijo una chica Anbu, su pelo rojo estaba atado en una coleta, en la parte alta de su cabeza.- ¿Que está pasando aquí?- La chica miró tras su mascara a los tres Anbu muertos.
-¿No era de los nuestros?- Preguntó otro Anbu de cabellos blancos y puntiagudos con mascara de lobo.
-Se enamoró el muy imbecil.- El Anbu rió a carcajada limpia.
-No servías para nada.- La chica se acercó a Miozury haciendo unos sellos con sus manos.-¿Que te ocurre en la cara?- Preguntó mientras le lanzaba un chorro de agua al pecho.
-Inútiles.- Miozury saltó hacía arriba y con un rápido movimiento de brazos, degolló a los tres Anbus que acababan de llegar.-Solo quedan dos.
Después de pronunciar aquellas palabras, un dolor agudo se apoderó de Miozury y cayó de rodillas al suelo. Sus ambarinos ojos volvieron a su negro habitual.
-Miozury.- Hikari se acercó corriendo a su protector y camarada.-Tú no. No puedes abandonarme.
-Cuando los mate.- Susurró escupiendo sangre de la boca.- Corre, corre con Iori hacía Konoha lo más rápido que tus piernas te permitan, sin descanso.
-No te dejaré aquí.- Los ojos de Hikari se nublaron por las lágrimas.
-Que conmovedor.- Un Anbu aplaudió al ver la escena de los dos despidiendose.- este es vuestro final, traidores.- El Anbu sacó su Katana y atravesó el pecho de Miozury ante los ojos de Hikari.
-¡No!- Hikari tembló al ver caer a Miozury al suelo indefenso, con un hilo de vida escapandose entre sus labios.
-¡Mamá!- la voz de Iori se escuchó dentro de la casa.
-¡Corre!- Hikari negó con la cabeza y miró horrorizada a sus captores, ella sabía que debían llegar más Anbu en cualquier momento.
-¡No grites, zorra!- El Anbu alzó su espada y la dejó caer contra el cuello de Hikari.
Iori entró en la sala observando como el cuello de us madre se abría y la sangre empezaba a brotar desangrandola. La risa de los dos Anbu inudaba el lugar y eso enfureció a Iori. El cuerpo de Hikari cayó al suelo junto a Miozury, Iori había perdido a su madre y a su tío.
-¡Malditos!- Gritó con la ira contenida y el miedo.
Una luz blanca inundó la sala. En la lejanía del bosque se podía oir el ruido de cientos de pájaros. Un trueno cegador salió de cada rincón de la casa. Iori abrió los ojos y pudo observar como el dragón de su pierna volvía a anclarse a él. Los dos Anbu habían desaparecido completamente, lo único que quedaba era una mancha de sangre en el suelo.
Iori observó los cuerpos de su madre y Miozury y las lágrimas invadieron su rostro. Había demasiada sangre en el suelo y ya no los oía respirar, estaba completamente solo. Iori salió corriendo de la casa, iría a Konoha, correría tan fuerte como Miozury se lo había dicho a su madre, al fin y al cabo, su padre perteneció a aquella villa.
Al salir fuera, escuchó los pasos de otros Anbu acercarse. Su respiración se agitó nuevamente y antes de que el miedo lo consumiera, echó a correr bosque abajo. Por un instante pudo ver una sombra tras él. Iori sintió que las piernas le pesaban, los pulmónes le dolían en cada inspiración y su boca empezaba a secarse.
Un Anbu apareció ante él y se dio cuenta que era una mujer, ya que su chaleco de Anbu estaba bien abultado en el pecho. Iori cerró los ojos pensando que iba a morir, en ese mismo instante, un calor invadió su pierna derecha y escuchó el grito de aquella Anbu. Al abrir los ojos, vio horrorizado como la mujer ya no llevaba mascara y de su cuerpo salín sus organos destrozados.
Al verla caer al suelo, empezó a correr de horas y horas corriendo, sintió que ya era hora de parar. El sonido del agua lo atrajo rapidamente. Al ver el cristalino líquido, se adentró en el del rio y metió las manos para beber agua y mojarse el rostro. El miedo aún inundaba su cuerpo y los jadeos resonaban en el atardecer.
-¿Cuantas horas he estado corriendo?- Iori observó el cielo.-Espero que no me sigan.- Y miró hacía atrás con el miedo surcando sus ojos púrpura.-Joder, mojé las mochilas.
Iori salió del agua y tiró las mochilas contra la hierba. Se sentó en el suelo y abrió uno de ellas, para observar que la ropa que llevaba para cambiarse, estaba completamente empapada, al igual que las bolsas de la comida y unos pergaminos.
Al levantar el rostro y observar nuevamente el rio, distingió el cuerpo de un hombre. Aquel sujeto de cabellos blancos estaba ebganchado entre unas ramas de árbol. Iori se lanzó al agua y se acercó nadando hasta el hombre. Al llegar, comprobó que estaba lleno de sangre y muy gravemente herido, tal vez incluso muerto.
Iori lo arrastró hasta la orilla y lo cargó como pudo sobre su espalda. Al tenerlo tan cerca de su rostro, pudo sentir un pequeño indicio de vida en él. Cargó las mochilas en sus brazos y arrastró el cuerpo adentrandose en el bosque. En su descenso por la montaña, había divisado una pequeña cueva que le serviría de refugio. Iori se adentró y recostó al hombre boca abajo, ya que llevaba unas barras de metal clavadas en su espalda.
-Ya hemos llegado.- Iori se arrodilló junto al hombre y observó los daños.-Te han dado una páliza ¿Eh?
Iori abrió la mochila buscando algo de comida para recuperar fuerzas. Tras comer un par de manzanas, volvió a observar al hombre.
-Realmente debe haberte dolido mucho.- Iori buscó su brazo izquierdo sin éxito.- Te han arrancado el brazo, llevas cinco barras de metal atravesandote, te han partido la garganta, vas descalzo... y aún sigues con vida.- Iori juntó sus manos he hizo los sellos que su madre le había enseñado tiempo atrás.-Eien no yume no naka.-Susurró dejando así al hombre entre el sueño eterno.-Si funciona como dice mi madre, dentro de poco estarás recuperado.
Iori posó sus manos sobre la espalda del peliblanco y sacó las cinco barras incrustadas. Tras dejarlas en el suelo, cerró los ojos y concentró Chakra en sus manos. Poco a poco el dragón de su pierna se desprendió, iluminando la cueva con una luz blanca cegadora. El dragón envolvió al hombre y comenzó a sanar sus heridas una a una.
Tras unas cuantas horas, el cansancio ya se hacía notable en Iori. Su concentración empezaba a decaer ¿Estaría ya el hombre en perfecto estado? Se preguntó mentalmente. Iori deshizo el jutsu y lo observó. Su brazo izquierdo se había reconstruido por completo, su garganta había sanado, y parecía que dormia en plena calma.
Iori volvió a realizar sellos con sus manos y lo sacó del sueño eterno. Poco a poco los ojos de aquel hombre, se fueron abriendo dejando ver la espesura negra de su interior. El joven sonrió al observar que el hombre fijaba la vista en él ¿Había hecho bien en permitir que no muriera? El miedo se apoderó por un instante de Iori y retrocedió hacía atras.
-¿Estoy en el infierno?- Preguntó el hombre con voz ronca.-Yo quería tener a muchas mujeres y buena comida, no esperaba un techo de piedra y sentir frío.-Intentó incorporarse.
-No estas en el infierno.- Iori siguió cada movimiento del hombre.- Estas en Hi No Kuni, en una cueva para ser exactos.
-¿Quién eres?- Preguntó el peliblanco apoyandose contra la pared más cercana.-¿Por qué estoy aquí? Debería estar muerto.
-Yo te salvé.- Iori clavó su mirada en los ojos de aquel hombre.-¿Me vas a hacer daño?
-¿Daño?- Una risa jovial se escuchó en la cueva.- ¿Por qué debería hacertelo?- El hombre observó todo aquello que le rodeaba antes de mirar de nuevo al joven.-¿De donde eres?
-De todas partes y de ningún lugar.- Contestó Iori.-¿Y tú?
-Qué bien que lo preguntes- El hombre se levantó y rió de nuevo, en un instante, estaba haciendo un baile ridiculo ante él.- Soy el monje del espiritu de la rana del monte de Mioboku, también conocido como el hermitaño sapo.
-Eres un viejo chalado.- Iori se pegó a la pared.- Creo que he salvado a un loco que se escapó del manicómio.
-Mi nombre es Jiraiya.- Jiraiya lo miró con una sonrisa.
-Yo soy Iori.-El joven de ojos púrpura se acercó a Jiraiya.- Y te acabo de salvar la vida.
-Gracias.- Jiraiya se miró de arriba a abajo.- El traje esta un poco roto ¿No? Además, voy descalzo.
-Yo sano el cuerpo humano.- Iori entrecerró los ojos.- No soy costurero.- Y ensanchó la sonrisa.
-Bien.- Jiraiya se dio la vuleta y caminó hacía la entrada de la cueva.- Me marcho, debo conseguir ropa nueva y encontrar mi royo de pergamino.
-Viejo.- Iori lo siguió.- ¿Te vas a marchar así?- Preguntó dudoso.
-Si.- Jiraiya salió al extrerior y observó el lugar.
-Bueno viejo, tu haz lo que te de la gana, yo me piro a Konoha ha buscar ha mi padre- Iori lo adelantó y empezó a bajar nuevamente al montaña
-¿Tu padre, es de Konoha?- Jiraiya lo detuvo por el borde de su camiseta.-¿Como se llama?
-No lo sé.- Iori se soltó del agarre y lo miró a la cara.-Mi madre siempre decía que si me decía su nombre, pondría mi vida en peligro.- El joven se encogió de hombros.- Pero ella me lo describió muchas veces, por lo tanto cuando lo vea, sabré quien és.
-Yo soy de Konoha.-Jiraiya ladeó la cabeza.- Si me lo describes seguro que podré ayudarte.
-Pues... es un hombre de pocas palabras- Iori trató de recordar las descripciones que Hikari hacía sobre su padre.
-Sasuke Uchiha- Jiraya negó con la cabeza divertido.
-¿Quién?- Iori no había escuchado ese nombre nunca.
-Era una broma, sigue- Jiraya lo alentó con una sonrisa.
-Respeta las reglas- Iori hizo el mismo gesto que hacía su madre alzando la mano y apuntandolo con el dedo índice.
-Ibikki Morino- Jiraiya se estaba divirtiendo mucho con aquel acertijo.
-¿Perdona?- El joven cada vez estaba más confuso ¿Acaso no podía escuchar toda su descripción en silencio?
-Nada, nada, sigue.- Jiraiya se sentó en el suelo con las piernas cruzadas.- Me gusta este juego.
-Es muy inteligente, y un gran estratega- Iori se sintió orgulloso tal y como lo hacía su madre cuando lo describía en el pasado.
-Shikaku Nara.
-Me estas mareando- El joven se sentó de la misma forma que el hermitaño sapo.
-Sigue, esto se pone interesante.-El viejo alzó la vista al bosque y se levantó alejandose al encontrar el royo de pergamino de considerable tamaño.
-¿Donde vas?- Iori se levantó para seguirlo.-Todavía no te he dicho que tiene su rostro oculto bajo una mascara.
-Doscientos posibles Anbus- Jiraiya se agachó y recogió el pergamino.
-¡Tu padre!- Iori se enfado al ver que el viejo lo ignoraba mientras observaba aquel estúpido royo.
-Te aseguro que mi padre, no es el tuyo- Jiraiya se giró dramáticamente y sonrió al joven mientras se colgaba a la espalda el pergamino.
-Bien, fue un niño prodigio- Iori ya empezaba a cansarse de aquello ¿realmente aquel chalado podría ayudarle?
-Itachi Uchiha- Jiraiya volvió a reirse a mandíbula batiente.
-Ya van dos Uchihas- Iori se dio la vuelta indignado.-No te lo estas tomando en serio.
-No te convienen ninguno de los dos- Jiraiya se posó a su lado y le indicó que siguieran caminando.
-Ni que fuera ha cenar con ellos esta noche- Iori apartó la mano del hermitaño de su espalda.
-Olvidalo, prosigue- Jiraiya empezaba a estar ansioso, realmente deseaba saber quién era ese chico.
-¡Ya lo tengo!, se graduó en la academia a los seis años, a los siete fue Chunin, y con doce fue ascendido a Jounin, después fue uno de los mejores Anbu de Konohagakure. Su maestro fue uno de los Hokages mas jóvenes de Konoha- Iori se cruzó de brazos satisfecho de recordar aquella información.
-¿Ese vago tuvo un hijo?- El viejo miró el cielo y sonrió.
-¿Ahora no sueltas un nombre al azar?- Iori se paró en seco y arrugó su ceño.
-No, porque ya se quien és- Jiraiya revolvió los desordenados cabellos del joven.
-¡Pues dilo de una maldita vez, viejo loco!-Gritó desesperado.
-Antes... responderme una cosa.- El hermitaño lo miró seriamente.-Dijiste que eras Iori sin apellido, ¿Pero es Iori a secas o tienes otro nombre?
-Sakumo, Iori Sakumo- Ladeó el rostro en busca de algo nuevo.
-Indudablemente, tu padre es Kakashi Hatake, ¿Pero... quien es tu madre?-Jiraiya intentó recordar alguna novia del peligris sin éxito.
-Esa pregunta es fácil.- Iori sonrió al viejo.- Hikari, mi madre se llamaba Hikari- Al pronunciar su nombre en voz alta, sintió que algo estrujaba su pecho. Se llamaba... ya no iba a volverla a ver, aquellos Anbu la habían asesinado frente a sus ojos junto a Miozury.
-¡¿Esa lunática tuvo un hijo?!- Jiraiya se detuvo al entender las palabras del joven.-¿Murió?
-Hoy.- Iori agachó el rostro.- Pero no quiero hablar de ello, solo quiero encontrar a mi padre.
-Bien.- Jiraiya reanudó el paso.- Iremos hacía Konoha a buscarlo, de paso anunciaré que estoy vivo.
Los dos emprendieron el camino hacía la villa de Konoha, cada uno tenía un nuevo interes de regreso y eso los hizo caminar bastante rápido. Una luz extraña en el camino, los hizo detenerse ¿Por qué el sol se había ocultado? Al alzar la vista, unas llamas negras invadían parte de aquel bosque ¿Que estaba ocurriendo?
Sin saber porqué, dos Anbu aparecieron ante los ojos del viejo Jiraya. El Sannin sonrió de medio lado y con su brazo derecho, empujó a Iori tras su espalda. Aquellos Anbu, los reconocería a cien kilometros, ellos eran Anbu Raíz de la villa de Konohagakure.
-¿Qué haceis aquí?- Jiraiya alzó la ceja y preguntó con tono jovial a sus oponentes.
-Solo queremos al chico.- Señaló uno de ellos tras su espalda.- No deseamos hacerle daño.
-No sea terco, anciano.- Pronunció el otro Anbu colocandose en posición de ataque.
-Me van a matar.- Iori se aferró al Haorí rojo que llevaba Jiraya.-Ellos mataron a mi madre.
-¿Ellos?- Jiraiya susurró para que solo lo aoyera el muchacho.
-Si.- Iori tembló al recordar como habían golpeado y apuñalado a Miozury una y otra vez.-Y a mi tío.
-Ya veo.- Jiraiya miró fijamente a los dos hombres.- Así que quereis a este joven.- Confirmó.
-Si.- Los Anbu atacaron con varios Kunais explosivos.
-¡Alejaros de mi!- Gritó Iori desesperado.
-Rasengan.- De la mano del viejo Jiraiya, apareció la esfera de chakra que un día le enseñó su alumno.- No os daré al chico.- Y la impactóen el estómago del primero que llegó a alcanzarlos.- Y de regalo te llevas esto.- El Sannin rió sin mucho esfuerzo y clavó un kunai en la garganta del Anbu.
-¡Jiraya!- Iori gritó de nuevo al verse cogido entre los brazos del otro Anbu.
-Espera muchacho.- El Sanninfrunció el ceño y saltó hacía la posición de ellos.
-¡Ah!- Iori gritó al sentir de nuevo aquella descarga eléctrica extraña sobre su cuerpo.
Una luz blanca cegadora, los atrapó por unos segundos. Al despejarse aquella luz, Jiraiya pudo observar un dragón de chakra blanco atravesar el cuerpo del Anbu, éste cayó sin vida al suelo hecho pedazos.
-¡Tú!- El Sannin miró asombrado al niño.- Esto es un poder incleible, y por lo que veo no sabes ni controlarlo.
-Lo siento.- Iori cayó de rodillas al suelo y observó los pedazos ensangrentados de lo que antes había sido un ser humano ante sus ojos.- Es la segunda vez que me pasa.- Pronunció asustado.
-Bien.- Jiraiya apiló los pedazos del Anbu y les prendió fuego ante los ojos asustadizos del muchacho.- Y este nos lo llevamos a la villa, les gustará saber que te persegían.
-¿Y que hacemos ahora? Iori miró casi desorientado al Sannin.
-Acerquemonos despacio.- Jiraiya señaló las llamas negras antes de invocar a un pequeño sapo.- Ven conmigo.- Y sin darle tiempo a responder al joven, lo introdujo con él y el cadaver en el sapo.
-¿Donde estamos?- Iori toco las paredes con asco.
-Dentro de uno de mis sapos.- Jiraiya lo mandó cayar.- Solo observaremos que es lo que sucede.
Al llegar al lugar, los ojos del hermitaño se abrieron de par en par ¿Eran los dos únicos Uchiha peleando?
-¿Que es eso?- Preguntó señalando una gran bola de fuego que se elevaba hacía el cielo.
-Es el Katön.-Jiraya observó con atención.- Va en el linaje de los Uchiha, tan solo observa y caya.
-¿Uchiha?- Iori trató de recordar donde había escuchado ese apellido antes.-¿No me preguntaste si ese era mi padre antes?
-Tan solo dejalo correr.- Jiraiya rió suavemente y fijó su vista.
Al fin el hermitaño sapo, pudo distingir la figura de un chico joven alzarse ante aquel fuego. El cielo se oscureció rapidamente y el joven alzó la mano. Aquella técnica sería digna de ver.
-Kirin.- Pronunció el Uchiha menor.
Un rayo cayó del cielo empicado hacía el Uchiha mayor. Aquello tenía una forma extraña ante los ojos sorprendidos del Sannin. La figura de una bestía con cabeza de dragón, cuernos de ciervo, cuerpo de león y recubierto de escamas bajó a una velocidad vertiginosa y se estreyó contra un chakra rojizo.
-Susanoo.- Susurró el Sannin emocionado.-Esta técnica es...-Y las palabras se ahogaron en su garganta cuando vio algo sumamente asqueroso aparecer ante sus ojos.-¡Orochimaru!
-¿Quién coño es ese?- Iori miró al viejo con el ceño fruncido.
-Calla.- Susurró Jiraiya al ver el Susanoo de Itachi ergirse y tragar dentro de lo que parece ser una calabaza, a su antiguo compañero de equipo.
El Uchiha menor, abrió sus ojos desmesuradamente y atacó al mayor con un kunai explosivo. El Susanoo protegióal genio Uchiha una y otra vez, puesto que el menor no se rindió facilmente y lo atacó con kunais una y otra vez, mientras el mayor se acercaba poco a poco él.
-¿Eso que ha tosido es sangre?-Iori miró con asco al viejo hermitaño.
-Si.- Jiraiya asintió y por alguna extraña razón, comprendió que el mayor no quería matar al menor ¿Qué estaba ocurriendo allí?- No entiendo lo que esta pasando ante mis ojos.- Frunciósu ceñoItachi devería haber matado a Sasuke sin piedad alguna, sé a ciencia cierta que el mayor supera al menor con creces.
El Sannin observó como Itachi colocaba su dedo índice y medio en la frentede su hermano y acto seguido sonreía al menor. Aquello no estaba bien, no podía estar pasando aquella escena ante sus ojos. Acto seguido, el Uchiha mayor cayó al suelo desplomado y Sasuke Uchiha se desplomó ante el simbolo de su clan. El Pai-pai de los Uchiha yacía erguido detras de los hermanos, como si con ello les indicara que ese era su destino.
El Amateratsu se descontroló en aquel mismo instante prendiendo fuego sin piedad a todo aquello que los rodeaba. Jiraya miró de reojo el cadaver del Anbu Raíz y suspiró resignado. Debía hacer aquello, debía entender el porqué de las cosas y del comportamiento de Itachi.
-Vamos ha hacer un cambiazo.-Pronuncióen voz alta.
-¿Un qué?-Iori miró con cara de loco al hermitaño.
-Tan solo prestame tu chakra.-Y tras aquellas palabras, el hermitaño cogió el cadaver del Anbu acercandose a los hermanos Uchiha.- Debemos hacerlo en cuestión de segundos, la conmoción de Sasuke Uchiha no durará mucho.
Tras aquellas palabras,cogió la mano de Iori e hizo unos sellos, el cadaver del Anbu se transformó en el Uchiha mayor, dejando a Iori cansado e impresionado.
-¡Dos!- Iori observó al Uchiha y se apartó de un salto dentro del sapo.-Estas loco.
-¡Cállate, nos van a descubrir!- Jiraiya se acercó más al cuerpo del verdadero Uchiha y en cuestión de segundos, lo introdujo dentro del sapo y dejó caer el cuerpo falso.
-Se darán cuenta.- Iori miró el cuerpo maltrecho del verdadero Uchiha.
-Hazle la misma técnica que a mi.- Jiraiya miró duramente al muchacho.- No tenemos demasiado tiempo.
-Eien no yume no naka.-Y colocó sus manos sobre el cuerpo de Itachi.- Está entre el sueño eterno.- Y sonrió satisfecho al hermitaño sapo.- Ahora vayamos a un sitio y salgamos de este sapo, si continuo aquí vomitaré, esto apesta.
-Bien.- Jiraiya miró complacido al muchacho, tenía un diamante en bruto entre sus manos.-Vayamos a un lugar a salvo, ha comenzado a llover y no creo que tarden en aparecer para llevarse el cadaver y a Sasuke, e visto al hombre planta alejarse sapito.
-¿No se darán cuenta que no es el muerto éste?- Iori pateó la pierna del Uchiha.-¿Hombre planta?- Arrugó su ceño.
-Si no manipulan su cuerpo, no deberá fallar.- Jiraiya miró con duda a Itachi.- Si lo entierran, no habrá problema. El hombre planta se llama Zetsu y es una historia muy larga.
-¿Y si lo manipulan en algún momento?-Iori miró horrorizado a Jiraiya.- Verán que es un Anbu Raíz de Konoha.
-Si.- Jiraiya revolvió los largos y mugrientos cabellos negros de Iori.- Y supongo que Konoha estará en aprietos.
-Ya veo.- Iori tragó pesadamente.
-Asíque debemos acercarnos lo máximo posible a Konoha, despertar a éste de ese sueño e interrogarlo.- Y golpeó suavemente la frente de Itachi.- Hay muchas cosas que no me cuadran.
-Estas loco.- Iori se encogióde hombros y salió del sapo en cuanto se detuvo.-¿Estamos cerca de Konoha?- Preguntó emocionado.
-Así es.- Jiraiya señaló una montaña lejana donde se veían a lo lejos el rostro de cinco personas gravada en ella.- Aquella villa es Konoha.- Y sonrió satisfecho.
-Vaya.- Iori olfateó el aire.- Ya tengo ganas de conocer a mi padre.- Y sonrió.
-Primero arreglemos este problema.- Y señaló a Itachi.- En cuanto despierte y si es como creo, estará en plenas facultades para matarnos a los dos, así que tenemos que ser previsores.
-Ya.- Iori se encogió de hombros.- Yo confié en ti, hermitaño loco.
-Este muchacho es muy diferente, él mató a todo su clan en una sola noche y se fugó de Konoha, se adentró en la organización de Akatsuki, e incluso se infiltró en la villa una vez.- Y arrugó su ceño calculando como podría retener al Uchiha una vez sanado su cuerpo.
-Empecemos.- Iori se arrodilló al lado del Uchiha y el chakra blanco que lo caracterizaba, empezó a emanar de su cuerpo. El dragón de su pierna salió despacio, desprendiendose de su piel y envolvió al Uchiha con su cuerpo blanco.
-Impresionante.- Susurró el Sannin.- Realmente impresionante.
Ahora solo quedaba esperar a que el Uchiha estuviera sando por completo.
