¡Actualiza, puto, actualiza! –se auto-avienta un jitomate-

Dicen que me vengo con excusas, pero pues… ¿Para qué les miento? Es horrible perder a un ser querido y más todo lo que tiene que hacer la familia en ese inter. No he tenido ni ganas ni tiempo para siquiera conectarme al Facebook y pedirle perdón a Yuusei que me arrea como vaca(?) O a Galita que le aseguré que hace tres días actualizaría… afortunadamente todo esto llegó a su fin y de nuevo tendré tiempo para actualizar diariamente.

Este capítulo se lo dedico especialmente a mi amada Itä, porque le gusta el DenSu(?) –No, enserio, no me digas(?)

En fin… ¡Disfruten este capi! :DDD

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Capítulo 2. ¡Kokoelma!

El despertador sonó por demás temprano. Para ser un sábado, un santificado sábado en la mañana con la temperatura demasiado baja como para tener ganas de levantarse sólo para hacerse una taza de chocolate caliente con malvaviscos y volver a dormir. ¿O por qué no? Sentarse frente al televisor, cubierto de mantas calientes para disponerse a mirar un concierto de YOHIO o ABBA de esos que tenía muy bien guardados en sus cajones.

Siguió sonando. Berwald quiso evadirlo, no tomarle importancia y volverse a dormir… pero algo lo sacó de sus casillas cuando volvía a cerrar los ojos.

Su celular comenzó a vibrar para posteriormente sonar con una bonita melodía pop sobre la mesita-buró de su lado derecho. El rubio estiró el brazo y logró alcanzarlo con la mano, trató de mirar quién osaba a despertarle, más le fue imposible.

Maldijo tener una mala vista y con la mano busco y busco entre la mesita, pero fue en vano. Tras escuchar unos segundos la melodía, dejó de sonar, dando así entendido el hacerse acreedor de una llamada perdida.

Berwald se incorporó para buscar bien sus gafas, pues comenzaba a preocuparle no encontrarlas. Ya le había pasado una vez, pero esa vez más que haberlas perdido, había sido parte de una broma que Tino y sus secuaces le habían hecho. Ese día se vio obligado a usar sus contactos, que eran muy molestos y hacían que sus ojos se sintieran adoloridos. Dio un gran suspiro cuando encontró sus gafas en un cajoncito del buró.

El ni siquiera recordaba que las había puesto allí, pero realmente no estaba como para brindarle importancia a aquello. Tomó su celular y como era de esperarse, la llamada era del pequeño de orbes amatista. Berwald le iba a regresar la llamada, de no ser porque en ese instante, volvió a llamar el finés.

Berwald se apresuró a contestar.

-T'no…-Apenas alcanzó a decir con la voz menos grave que pudiese, ya que acababa de levantarse.

-¡Hoy es el día, Berwald!-Del otro lado de la línea, Tino estaba muy despierto. Estaba desayunando algo demasiado provechoso, aún sin cambiarse, pero muy alegre.

-Son las s'ete en p'nto…-Dijo al mirar bien su despertador. El sueco se levantó de la cama por completo, saliendo por la puerta de su recámara para andar por el pasillo hasta la cocina.

-¿Y no es eso genial? ¡Es temprano para disfrutar todo el día!-El finés apenas acababa de introducir un pedazo de pan a su boca, por aquello, el mensaje salió medio inentendible.

-Ah…- "No, no es genial" Pensó el sueco a modo de reclamo, sabiendo que quizá ese día sería el mismo de su muerte.

-Bueno, te dejo porque debo ir a cambiarme y debo ir a comprarte algo de ropa… ¡Nos vemos!-

-E'pera…-Pero era demasiado tarde, Tino había colgado.

Berwald sólo se quedó pensando. ¿No lo haría vestirse como él, verdad? Le restó importancia y fue a llenar la cafetera para desayunar algo.

Se pasó la mano por el rostro, restregándose y tratando de quitarse todo el sueño. Regresó a su habitación sólo para sacar un cambio de ropa bien limpio y la ropa que había elegido para asistir al dichoso evento. Se dirigió al baño, dispuesto a tomar una ducha.

Cerró la puerta tras de sí y puso su móvil en una rendija alta, junto a las toallas. ¿El motivo? Bueno, escuchar un poco de música cuando uno se baña es divertido, relajante y por demás apasionante. Empezó a sonar la música.

The taste of love, is bittersweet

I can't compete, with a memory

You gave your heart, to someone else.

I've been here for sure

One too many times before

It's harder everytime to ignore

Oh Heartbreak Hotel.

Comenzó a cantar mientras se despojaba de sus prendas. Aquella voz grave y autoritaria ahora trataba de mezclarse con el ambiente cerrado, para crear un eco que retumbaba en formas de leves vibraciones por toda la piel.

Su piel, blanca y apenas bordeada en exquisitos tonos tostados, aunada a esos orbes siempre gélidos, daban la impresión que mayormente derivaba a la melancolía. Se quitó las gafas con delicadeza, dejándolas a un lado del móvil.

Se metió al cancel transparente y abrió la regadera para ducharse a consciencia, dejando que poco a poco sus cabellos rubios dorado se mojaran por completo con agua que al principio era fría, pero conforme pasaban las líneas de canción, se volvía cálida. Todo el, todo su cuerpo se contorsionaba sutil bajo la caída de agua, a veces siendo interrumpido por alguna que otra complicación de jabón en los ojos.

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Salió del amplio cuarto de baño bien vestido y con su cabello rubio un tanto húmedo y desparpajado, fue hasta la cocina y dirigió manos a la cafetera, para apagarla. Una taza se fue llenando hasta el tope con café negro, humeante y antojable para el frío que se sentía después del baño.

Berwald fue para sacar posteriormente algunas de las sobras de la cena de anoche, las puso en un plato para el microondas y las calentó. Espero unos dos minutos y cuando hubiere estado listo, se sentó a la mesa para desayunar y que los sustos que seguro se enfrentaría lo agarrasen al menos bien comido. (No quería desmayarse…)

Pasó el desayuno bocado, bocado y un largo sorbo a su taza, sirviéndose un poco más de café y mirando la hora para ver si realmente estaba bien, como era bastante temprano, se destinó a meter los platos al lavavajillas, hacer un avance de sus proyectos e incluso poner música bien fuerte en su casa, después de todo, llevar una vida solitaria de estudiante en una casa bien establecida era genial. Difícil, pero genial.

Recibió un mensaje de texto:

"¡Berwald! ¿Puedes venir ya por mí? ¡Quiero ser de los primeros en llegar a la reunión. ¡Gracias!"

-T'no…-Suspiró y guardó su celular en un bolsillo de su pantalón.

Tomó su cartera, sus llaves, sus lentillas de contacto por si las dudas, un libro bien grande para no aburrirse, su mp3 y audífonos, para tratar de ignorar a los fanáticos disimuladamente. Se miró por última vez al espejo, resopló y salió de su casa cerrando bien.

La camioneta negra que había sido regalo de mayoría de edad, era su máximo orgullo. Bien grande, bien cuidada, bien lavada y con esa preciosa estampa de YOHIO pegada en la parte trasera. Al entrar y acomodarse, lo primero que hizo fue poner el estéreo y meter un cd. Arrancó y en cuestión de nada, ya andaba por las amplias calles solitarias de país ajeno.

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-¡Berwald!-Fue lo primero que gritó Tino cuando vio descender del vehículo a su buen amigo. Detrás de él, una mujer rubia con preciosos ojos violetas con una mirada que se repartía entre el enojo y la emoción –Y bien… ¿Nos vamos?-El rubio menor tomó bien fuerte del brazo a Berwald, arrastrándolo hacia la camioneta.

-T'ngo que s'ludar…-Susurró quien estaba siendo salvajemente arrastrado.

-No, no tienes que… -Le habló al oído –Esta jodidamente enojada, horriblemente enojada ¡Sácame de aquí cuanto antes! Por favor… -Tino logró su cometido, pues de inmediato las facciones medio molestas del sueco cambiaron por unas más tranquilas, y de esas que saben las situaciones.

-N's v'mos-Apenas dijo alto el de gafas cuando subió a la camioneta.

-¡Hasta luego, Berwald…! mientras que a ti, Tino Väinämöinen… ¡Te quiero en casa antes de que anochezca!-Su voz dulce había cambiado a una de amenaza. El rubio pequeño sólo le dirigió una mirada excusadora a su compañero, quien no entendía a la perfección pero se solidarizaba.

La camioneta se puso en marcha. La canción del cd de Berwald fue cortada de tajo por el finés que alargaba uno de sus dedos para expulsar el disco. Con el rabillo del ojo, el sueco lo veía, alcanzaba a mirar bien cómo uno de sus discos favoritos ahora tenía huellas de un muchacho que parecía que no cuidaba bien cosas ajenas, o que realmente no le importaba.

Tino colocó un disco. Se leía en la cajita "Indica". El sueco ya estaba preparado para cualquier cosa, para cualquiera después de escuchar bandas como Children of Bodom, Ensiferum…respiró hondo para evitar maldecir o decirle algo a Tino, ya que bien sabía que se emocionaba mucho y comenzaba a cantar, practicar guturales y demás…

Pero no. Nada de sonidos pesados, nada de nada. Es más un sonido que incluso parecía agradable. No distaba mucho de lo que Berwald escuchaba.

-¿Y bien? ¡Te presento a mis amores!-Tino se colocó el cinturón de seguridad y bien feliz, comenzó a tararear, para después cantar verdaderamente fuerte, apasionadamente.

Berwald de vez en cuando volteaba a verle, ciertamente feliz. Aquel muchacho hace algunos ayeres se había ganado su corazón de la noche a la mañana y también hace algunos ayeres era quién había roto el noble corazón del sueco. Tino no lo llegó a tomar como una gran cosa. ¿Qué se le podía pedir a alguien que actúa con inmadurez de vez en cuando?

-¡Canta conmigo, Berwald!-Le gritó, sacándolo de sus pensamientos.

¡Entä jos elämän ikuinen virta

katkeaa kuin lahonnut silta

entä jos eksyn matkalla laivaan

voinko mä rakentaa tuhkasta taivaan!

-¿Por qué no cantas?-Le movió la mano con cuidado, para no distraerlo de más.

-No la c'nozco…-Se excusó, apenas mirándole de reojo.

-¡Indica, Berwald! ¡Indica! Una de las más increíbles bandas de Finlandia de Rock… ¡Ellas son hermosas, son preciosas…! ¡Son mi vida, mi todo! Sirkku es preciosa y… y Heini… y… y… ¡Para ahí!-Las últimas dos palabras hicieron que de golpe, Berwald frenara el movimiento de la camioneta.

-¡¿Qué s'cede?¡-Preguntó exaltado. De haber venido un auto detrás p adelante hubiese pasado un accidente. Pero bueno, se trataba de Finlandia, un país en el que a duras penas es un milagro sacar un coche de un atasco de nieve…

-Quiero comprar una bebida ahí-Tino señaló una tienda de conveniencia al lado de una gasolinería. -¿Tú quieres algo?-El de gafas negó enérgico con la cabeza. Después de semejante frenón apostaba todo a que un movimiento más y devolvía algo de comida. –Entonces espérame un segundo. ¡Ah! Y abre la mochila que he traído, hay algo para ti.-Sonrió y bien tranquilo bajó de la camioneta.

Berwald suspiró entrecortadamente y fue la primera vez que recordara en su vida, que había deseado reprender a su compañero por aquel susto. Pero hay algo que se llama culpabilidad espontánea y nuestro querido Sueco la padecía con frecuencia; se maldijo internamente por sus pensamientos y quiso dar con algo para sentirse bien consigo mismo.

La canción seguía sonando. El coro era fácil. ¿Qué tal si la cantaba? Pasaron cinco minutos. Diez, quince, veinte y se desesperó. Tomó el teléfono para marcarle a su amigo, pero no contestó.

Al cabo de media hora, estaba de vuelta. ¡Debió suponerlo! Al subir a la camioneta lucía sólo una simple sudadera. Conociendo a su buen amigo… bueno, ahora se veía bastante bien. (Extrañamente bien a ojos del rubio mayor) Pantalón negro bien pegado a la pierna, botas de hebilla altas, una camisa roja y una gabardina que le llegaba hasta poco más debajo de la rodilla. Su cabello estaba revuelto, descendiendo como delicados piquitos de trigo.

Berwald ya estaba acostumbrado a verlo así pero incluso si lo hubiere visto millones de veces, aún le dolía no saber el porqué de que se sintiera inquieto al verle. ¡Desde hace un buen tiempo ya no eran más que amigos!

-¡Oxenstierna!- Le gritó, con una bonita sonrisa pintada en los labios, con un pequeño atisbo de carmesí por el frío -¡No te has cambiado!- Agregó.

El sueco no había siquiera sido capaz de abrir la mochila, pero por el efecto atontador de la magia de Tino y su cambio de personalidad, funcionó como una orden a las neuronas. De una abrió por el cierre y sacó lo que había dentro.

Sacó las cosas con cuidado y miró con detalle la camiseta que había allí.

-¿N'ghtwish?-Bufó medio decepcionado -¿No es I'dica?-Miró breve a su amigo.

-Nope. No porque ponga a mis amores significa que la reunión sea de mis otros amores. ¿No?-El chico de gafas se llevó una mano a la nuca, intentando rehuir a ponerse esa ropa –Anda. Póntelo, te quedará de maravilla. ¿Sabes? Ayer y hoy fui de compras especialmente para ti, pensé que te encantaría-Berwald no pudo contener una leve sonrisa. ¿Hasta qué punto llegaría la persistencia del rubio? –También hay un pantalón de esos del tipo que usa tu cantante favorito… es negro, pero es bonito. ¡Duro encontrar tu talla! Pero espero que te gusten.-Finalizó dando un sorbo a su bebida.

-G'acias, v'elvo en un m'mento…-Pero el finés le detuvo.

-Cámbiate aquí, no creo que haya mayor problema-Berwald le devolvió una de esas miradas extrañadas combinadas con… ¿Cierta pena? –¿Quieres que me voltee?

El sueco haciendo gala de su sorprendente tranquilidad y paciencia asintió ante Tino y comenzó a cambiarse. Lo hizo lo suficientemente rápido como para que alguien le clavara los ojos y lo suficientemente eficaz como para evitar congelarse.

-L'sto-Dijo cuando terminó.

-Te falta esto-Aventó una gabardina de terciopelo.

-Es b'nita-Susurró, acariciándola.

-¡Genial! Otra vez, Eduard dio en el clavo- "Un balde de agua fría" Así que toda esa ropa…

Tino no lo hacía con ganas de hacer sentir mal a Berwald, simplemente era bastante inocente, honesto, transparente. Siempre léase, siempre había sido así y quizá era su rasgo característico pero las cosas como son, suelen confundirse con imprudencia.

-T'ene b'en g'sto…-Sólo agregó, poniéndosela de una vez, volteando la vista a otro lado y arrancando la camioneta, como si así pudiera sacar su frustración.

Por primera vez en todos sus viajes juntos, el finés había caído en cuenta que había metido la pata. Se quedó callado todo el trayecto, escuchando el disco de Indica.

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-Llegamos, es ahí…- rompió el silencio el finés, avistando la construcción donde se vería con sus amigos; una plaza.

El rubio mayor entró por el sótano para el estacionamiento, dejando la camioneta impecablemente estacionada en un cajón.

-Gracias, Berwald. Te lo agradezco mucho-El aludido asintió y ambos descendieron -¿Sabes? Nosotros hacemos nuestras reuniones a veces hasta acá, porque es un lugar increíble para quienes amamos estos tipos de música. Ya lo verás –Ese "ya lo verás" era una pequeña señal de peligro para el acompañante del menor pero… ¿Qué más daba?

Entraron a la plaza y todo era de lo más normal. Tiendas de ropa, de discos, de comida… pero el de ojos violetas señaló un elevador cristalino. Entraron junto a un montón de chicas que parecía les agradaba el estilo de ambos muchachos.

-Berwald… ¿podrías apretar el último? –Indicó mientras era salvajemente empujado hacia atrás. El aludido asintió y apretó el botón. En el siguiente piso entraron más chicas y eso dio pie a que alguna atrevida le diera un buen pellizco en el trasero. En el siguiente, subieron más. El sueco optó por irse a la parte de atrás junto a su amigo quien parecía incómodo pero sabía llevarlo a la perfección.

Finalmente, las puertas se abrieron en el último piso.

El último piso tenía sólo grandes locales, entre ellos el "Kokoelma" un sitio que de fachada parecía un bar que parecía a propósito de mala muerte, con adornos excéntricos y sobre todo, de un color negro predominante.

-¡Ya viste, ya viste! ¡Es ahí!-Canturreó el menor y echó a correr tomando de la mano al sueco hasta situarlo delante de la entrada. Allí mismo, pasó a través de las puertas automáticas y se topó directo con el chico recepcionista, quien estaba vestido en su totalidad de vinilo negro y llevaba un collar de sumiso.

-¡Arthur! ¡Tiempo sin verte!-Saludó al chico, quién le devolvió el saludo muy apropiadamente. –Vinimos por la reunión, ya sabes…-

-¿Y él?- Preguntó, ajustando su collar.

-Él es un gran amigo, es Berwald Oxenstierna. Es de Suecia…-

-¿Qué no ese era tu novio?-Tino movió la cabeza de un lado a otro, haciendo negativas desesperadas –Perdón, lo confundí entonces…-Arthur se levantó de su lugar y le dio la mano al rubio más alto –Yo soy Arthur Kirkland, recepcionista de Kokoelma. Si necesitas algo, no dudes en llamarme a mi o a cualquiera de mis compañeros, ¿De acuerdo?-Terminó el saludo inicial y Berwald sólo asintió.

-¿No es increíble que él sea de Inglaterra y haya aprendido finés más rápido que tú? Bueno, creo que sólo aprendió porque el dueño fue incapaz de hacerlo...-Bromeó Tino, tratando de aminorar el ambiente.

-Sólo se lo necesario. Además, cuando voy a beber contigo… –El recepcionista señaló a Tino –lo de menos es entenderte…-Esta vez, Berwald rio apenas perceptible –Eres un ebrio de lo peor, Väinämöinen…-Agregó y después dijo algunas cosas en su idioma natal.

-Bueno, no vinimos sólo a hablar contigo. ¿Ya hay alguien?-Preguntó el rubio menor.

-Yeah. Källväast, Joona, Mathias y un par de chicas que andan perdidas-

-¡Genial! ¡Ya llegó ese tipo! La otra vez me ganó bebiendo… ¡No, no, no! Imperdonable… -Arthur sólo asintió y le dio una palmada.

-Más vale que entres de una buena vez, porque hay más queriendo entrar…-

-De acuerdo, nos vemos…- Y sin más, Tino hizo pasar a Berwald a las entrañas del recinto.

Todo dentro estaba oscuro, las ventanas que debería tener todo bar o establecimiento de comidas estaban cruelmente tapadas con terciopelo rojo, las mesas eran de estilo gótico derivando a lo antiguo. Había una barra, pero lejos de donde Tino se estaba metiendo.

En las mesas del centro, había movimiento, Tino se echó a correr hacia quienes ya estaban allí alumbrándose a luz de candelabro (aunque parecía jodidamente exagerado porque había una lámpara encima de ellos sin prender y eran las dos o tres de la tarde…) Berwald a paso más tranquilo llegó hasta allá.

-¡Hola, hola!-Los tres que estaban en la mesa ya sentados le hicieron alguna seña con las manos -¡Somos los primeros! ¿Listos para pasarlo en grande?-Preguntó y los tres asintieron, uno de ellos se levantó de su asiento y se lanzó hacia el chico de ojos amatista, despeinándolo con cariño.

-¡Basta Mathias, basta!-Habló regresándole el saludo intentando alcanzarlo, siendo en vano aún con sus botas. Berwald se preparó para saludar cuando en un movimiento ese "tal" Mathias lo alcanzó a ver de reojo.

-¿Quién es ese, Koirikki?- Preguntó, haciendo una cara extrañada.

-¡Ven acá Berwald!-Habló Tino para acercar más a su amigo, cuando lo hubo tenido bien cerca, prosiguió- Ellos son amigos del Street team de Nightwish, esos dos de allá-Señaló a un castaño extra-claro y un rubio casi albino que levantaron sus vasos de bebida –Son fans normalitos, como tú y como yo- En la mente del sueco, resonó el "Tú" tal vez quería que sus amigos creyeran que Berwald era un fan -¡Pero él! ¡Él es un representante del Street team de Dinamarca! Vino sólo a este país por la banda…- Mathías sonrió ampliamente cuando Tino lo mencionó.

-¡Mucho gusto! ¡Mathias Kohler a tu servicio! Desde Dinamarca para cantar con todos ustedes "Sleeping Sun"-Dio la mano al sueco, quien la tomó con fuerza.

-Hej… Berwald Oxenstierna-Se presentó, sonriendo ligeramente.

-¡Ustedes deben llevarse bien! Es decir… a ambos les gustan los bollos de canela-Los tres rieron.

-Tú no eres finés… ¿Verdad?-El de gafas asintió –Bueno, pues para mí que eres uno de esos suecos renegados que se vienen a vivir a Finlandia huyendo de la fiebre del pop y los muebles. ¿Acerté?-Berwald frunció el ceño ligeramente.

-No d'l t'do-Afirmó-Al m'nos soy s'eco…-Vio que el danés se interesaba en la plática, mientras que Tino sonreía y tomaba asiento junto a los demás.

-Y entonces… ¿Es verdad eso que dicen acerca de IKEA?-Mathias se acercó a él, específicamente a su oído –que si no encuentras la salida de uno de esos te hacen… Al-albóndiga-Berwald se separó abruptamente de él, haciéndole tambalear.

-No es v'rdad…-

-¡Lo sé, sólo bromeaba! ¡Anda, anda, vamos a beber algo y a esperar que los demás lleguen!-El sueco volteó hacia donde estaba Tino, quien ya estaba saludando a quienes iban llegando.

Lo veía tan feliz siendo quien era, que realmente se cuestionó si en verdad sería de gran ayuda el acompañarle. Si sólo quería que lo llevara y lo trajera haberlo dicho antes.

Berwald se sintió decepcionado porque realmente había alcanzado a comprender las cosas y decidió que antes de echarle a perder el ambiente a su reunión tan importante, él sólo lo checaría de vez en cuando para que no se metiera en problemas.

Se apartó de la multitud, yendo a parar a la mesa más escondida de todo el recinto. Un chico rubio se acercó hacia él, para decirle si tomaría algo, Berwald sólo pidió una soda italiana de manzana para preparar la espera que se veía cansada.

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Pasaron cerca de dos horas y ya estaba puesto el ambiente en la reunión. Muchas personas hablando de cosas realmente entradas en la banda, platicando de sus gustos o si extrañaban a la anterior cantante. La soda de Berwald estaba a la mitad y ya había perdido efervescencia.

Podía ver que Tino era algo así como el centro de atención, algo así como la luz entre toda la oscuridad del establecimiento. Llamando la atención con esa singular voz de preadolescente que se cargaba a pesar de ser ya un adulto. Ni un momento buscó con la mirada a su amigo, ni un momento se preocupó por su acompañante.

-¿Por qué no estás con nosotros?-Una voz invadió los pensamientos que se aglomeraban. -¿Te sientes bien?-Agregó esa voz singular, una voz cálida.

-E'toy b'en-Sólo respondió, sin siquiera mirarle.

-Realmente no te ves muy bien que digamos. ¿Puedo hacerte compañía?-Mathias tomó asiento frente al sueco que había asentido con anterioridad -¿Qué piensas? Estás bien distraído. ¡En estos momentos debatimos acerca de nuestra amada Tarja! Deberías tomar partido…-Pero el danés calló cuando el sueco le miró directamente a los ojos.

-Ah… Tarja…-Repitió el nombre el sueco, como si estuviera enterado de quién era esa persona.

El silencio se hizo presente. Más allá de su mesa empezaban todos a comer lo que habían ordenado con anterioridad para el evento.

-¿Vas a comer?-Preguntó Mathias, para salvar la conversación –Este establecimiento tiene la mejor carne de venado que he comido en mi vida…-

Berwald se preguntó si "eso" parecía un local para vender objetos para sadomasoquismo contaba como un restaurante familiar como para que en una mesa pusieran los platillos para comer.

-T'l vez-Respondió.

-¡Entonces espera, iré por lo tuyo y por lo mío!-Y sin más, el danés salió disparado a por la comida.

El chico de gafas se quedó pensando en el muchacho que incluso entre una reunión de fans le había dado un espacio pequeño. Bastante ruidoso, bastante espontaneo y expresivo.

Lo contrario a él.

Pero intentar platicar con un tipo desconocido, a estar siendo eternamente (o al menos hasta que la dichosa reunión acabara) ignorado por Tino.

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¿Qué tal?

NO ODIEN A TINO ;w; Ya verán que hace cosas buenas por Sve.

¿Dan ya le echó el ojo a Berwald? O simplemente le cayó bien (O vio que Tino lo ignoró)

¿Qué bandas les gustan de Finlandia? Personalmente me agradan todas las bandas que he mencionado, pero más INDICA. Son mis amores ;w;

¿Qué será de Tino y Berwald? ¿Y Dan?

Adivinen quien es el dueño de Kokoelma y les doy una galleta.

Yael &' DenSu-staff fuera!