Sé que me ausente por mucho tiempo, lo lamento mucho, en serio, pero luego de los últimos sucesos mi estado de ánimo bajo sorprendentemente, por lo tanto cada vez que trataba de ponerme a escribir terminaba escribiendo sobre mí.

Así que entre la vida social, las salidas y mi flojera me han levantado nuevamente el ánimo, además de que me siento muy bien ¡Es mi cumpleaños! Me desperté temprano para escribir y así entregarles el capítulo después de dos meses sin hacer nada.

¡Disfrútenlo!

Aclaraciones:

o-o-o-o Cambios de escena

N/A: Notas de autora

Flash back, pensamientos o sueños

Disclaimers: Los personajes pertenecen a la saga de The Legend of Zelda y son propiedad de Nintendo.

Sin más que decir, dejo aquí este nuevo capítulo. nwn

Muchacha Putrefacta

Capítulo 2: "Recuerdos"

He dedicado demasiado tiempo, realmente demasiado tiempo en olvidar…en olvidarlo…es inútil pensar y molestarme por el tiempo perdido, por los momentos vividos, porque todo comienza a revivir ahora, porque todos esos sentimientos son un estorbo para mí y mis demás pesares…

¿Qué eso no es suficiente?

¿Qué acaso debo revivir ese dolor nuevamente?

No es eso, porque que ha vuelto, porque puedo verlo, porque…ahora puede estar a mi lado…no, no es eso, ya no se trata de eso, no se trata de ese "Tu y yo" que pudimos haber tenido, de esa relación de amistad que pudo haberse convertido en otra cosa.

Las nubes del crepúsculo ya comenzaban a hacer acto de presencia, una fría y refrescante brisa recorrían el ambiente, estábamos los dos en el mismo lugar, donde siempre, por última vez, ya no faltaba mucho, él…se iría.

La colina de los recuerdos durante años había sido el lugar donde jugábamos y hoy nos tendría a ambos por última vez…ahora ya agotados de tanto jugar, guardamos en una caja nuestros recuerdos, para que algún día uno de los dos pudiera recuperarlos.

- Link…tu volverás, ¿Cierto?- Pregunté nerviosa al saber su respuesta.

- Mamá dice que debemos irnos por un tiempo, pero que será muy poco.

- Ya veo…

Mira, estas fotografías, también deberíamos guardarlas.- Dijo señalando el álbum.

Estaba demasiado triste para animarme, lo abrasé pensando que en cualquier momento podría marcharse.

- Yo….te extrañare demasiado, Link…-Dije al borde de las lágrimas.

Esa era yo, esa era la niña que no tenía miedo de expresar sus sentimientos, aquella dulce y tierna, esa que le sonreía a todos, quien no juzgaba, quien veía lo bueno de todos y que, sin duda, era demasiado inocente como para ver la verdad.

Demasiado inocente como para creer en la tristeza y en la angustia…en las desgracia, en las malas intenciones.

- Te quiero, Zelda.- Se te escapó de los labios… ¿Lo…recordara todavía?

Dentro de mi cabeza aún resuena su voz…incluso ahora mi corazón esta agitado.

Ambos sellamos la caja de los recuerdos y continuamente la enterramos bajo aquel árbol, en la colina…

Los recuerdos después de eso se hacen cada vez más borrosos, recuerdo que... luego de enterrar la caja nos quedamos dormidos y…que cuando desperté, me encontraba sola.

Después de eso, iba siempre que podía a aquella colina, a esperarlo, siempre creí que si yo estaba ahí él volvería, el tiempo paso y dejé de ir.

Lo extrañaba…pero me fui acostumbrando a su ausencia, y ya no fue más el tema exclusivo de mis pensamientos, se fue convirtiendo en papeles y cartas viejas que se esfumaron junto a su promesa de haber vuelto.

A los años después de haber pensado en eso, me di cuenta de lo miserable que era, de lo estúpida que fui al creer que si el regresara todo volvería a ser como antes, me di cuenta….de los patéticos que eran todos, que no todo es como uno lo cree, de que…ya no era esa persona dulce que todos creían y que gracias a esos pensamientos yo…

- ¡Señorita Hyrule!, preste atención a mi clase.

Filosofía.

El Sr. Rauru era quien daba estas clases, había olvidado donde estaba, me ensimisme, tenía ambos codos sobre la mesa, las manos sosteniendo mi cabeza y la mirada gacha.

Sinceramente detesto filosofía, preguntas tan simples "¿Quién eres?"

- Zelda Hyrule

O alguna otra como: "¿Por qué existimos?"

- Porque mi mamá y mi papá decidieron tener un hijo y formar una familia.

"¿Qué razón tenemos en la vida?"

- La que nosotros decidamos.

Es así como debe ser, nosotros decidimos que hacer, pero no todos tenemos el lujo de decidirlo…

El señor Rauru al ver que continuaba sin prestarle atención a pesar de haber recuperado la conciencia sobre mi entorno se dirigió hacia mi banco y dejo caer el pesado libro sobre mi mesa haciendo que toda la clase espabilará…todos menos yo que seguía demasiado ocupada pensando en que tan patético era hacerse preguntas como esas, en que tan inútil era cuestionarse por cosas tan irrelevantes.

No es como si todo ya estuviera previsto, como si todo hubiera sido marcado, y si es así, nunca seremos capaces de saberlo, de descifrarlo por completo, solo el tiempo podría decirlo, pero, si lo supiéramos, de todas formas, no lograríamos cambiarlo.

- Ahora, a menos que quiera irse de mi clase, dígame su definición de la "nada".- Dijo observándome fijamente.

- La ausencia de algo.- Respondí rápidamente sin subir la mirada.

- Muy bien, se ha ganado su estadía en la sala de clases, prosigo con mi lectura.- Agarro el libro de mi puesto y busco la página para finalmente continuar leyendo mientras caminaba por lo pasillo observando que no hubiera nadie más provocando alboroto, en silencio era tal que pareciera que nadie respiraba.

Es por esta razón por la cual no me va bien en filosofía, a diferencia de la gran mayoría, doy una pequeña idea de mi punto de vista, son definiciones demasiado simples, como si fueran sacados de un diccionario.

No comparto la complejidad al pensar en preguntas como esas, no entiendo porque la gente se complica tanto respecto a su existencia, si tiene algún propósito, yo solo continúo viviendo sabiendo que la mía es miserable y que por muchos será utilizada a conveniencia.

- Que fría te has puesto…

- ¿Y eso qué?- Respondí cortante.

- Yo podría haber jurado que seguías tan dulce como siempre. ¿Qué le pasó a esa niña?

- Fue enterrada con la caja…- Susurré observándolo, su sonrisa se desvaneció rápidamente dando lugar a una mueca de disgusto, esta era la primera vez en la cual me sentía intimidada por él.

- ¿Vas a desenterrarla?

- Ya que estas aquí, probablemente.

Apartó su mirada de mí y comenzó a ver hacia la ventana, lucia sereno. Ciertamente también había cambiado en estos siete años, ya no era la persona inquieta y optimista, ahora se comportaba mucho más serio y callado. Se había convertido en alguien completamente misterioso… hasta para mí.

- Señor Link, como usted tampoco ha estado prestando a mi clase, dígame su definición de la nada.

- Nada…- Respondió sin apartar su mirada de la ventana, ni siquiera parecía una respuesta, es como si estuviera tan atrapado en sí que repitió lo único que escucho.

Todos los murmullos se callaron para dar lugar a un incómodo y sepulcral silencio, seguramente lo siguiente que ocurriría sería una llamada de atención, una visita a la oficina de la directora, una expulsión por dar una respuesta mediocre y me libraría de el por tres días, no me sonaba para nada mal, es más, sería exactamente lo que necesitaba… lo que necesitaba.

El silencio continuaba para pronto ser remplazado por los aplausos y aclamaciones de todo el curso.

- ¡Brillante, señor Link!.- Dijo el Señor Rauru aplaudiendo, esta era la primera vez que lo oía felicitar a un estudiante.

¿Pero cómo iba a ser posible? Sé que cuando lo desea puede ser de pocas palabras…pero ¡¿Esto?!

¡No lo entiendo! ¡¿Cómo una respuesta tan simple y mediocre puede causar tanta conmoción en cosa de segundos?!

- ¿C-cómo lo conseguiste?- Pregunte observándolo, estaba demasiado tranquilo, casi soñoliento, ahora que lo observaba con más claridad debido a la luz que dejaba entrar, se podían divisar unas muy marcadas ojeras.

- Si das una respuesta concreta no te queda mucho por reflexionar, en cambio en pocas palabras generas más ideas y eso es lo que reflexionas.- Sonrió, seguramente sabía que estaba disgustada por lo que acababa de suceder, esa era si respuesta.

- Que patético…

- Lograrías más si digieras lo que piensas de vez en cuando.

- Sí, claro, no es como si yo dijese definiciones complejas.

- Son cortas, pero concretas.

¡RIIING!

- Queridos estudiantes, hemos terminado por hoy.- Esas eran las palabras más hermosas que podía escuchar de parte de este caballero que se hace llamar "Maestro de Filosofía" pues lo único que ha logrado en mí es hacerme ideas más y más complicadas de mi miserable existencia.- Por cierto, antes de que se levanten de sus asientos.- Fue ahí cuando todos disgustados volvieron a sentarse.- No podrán salir al patio durante el horario de los recreos debido a las remodelaciones que se están haciendo, por lo tanto, lo estudiantes deberán quedarse en la sala de clase durante este periodo de tiempo hasta nuevo aviso.

¡Perfecto! Ahora debía soportarlo por más tiempo…

El señor Rauru tomo sus cosas y salió de sala, solamente cuando todos estaban seguros de que estaba lo suficientemente lejos los escasos murmullos fueron remplazados por el parloteo.

- ¡Oye! ¡Di otra vez lo que acabas decir!

- ¡Lo que oíste!- Dos inútiles al principio del pasillo ahora se encontraban golpeándose.

No entiendo eso, eso de golpearse con tal de probar algo, si tan poco te interesa, entonces por qué le sigues, despreciar tu tiempo escuchando las palabras huecas de alguien sin ningún valor, de alguien tan aburrido que lo único que hace es involucrar a los demás para asegurar su entretención.

Aunque no se puede culpar a nadie…pues en esos instantes, la ira es quien nos guía.

- Es…patético.

Durante esos instantes en que ambos imbéciles se peleaban, me acordé de Link, siempre que alguien se peleaba resolvía el conflicto, lo miré y vi que estaba acurrucado, con los ojos entrecerrados y la vista en los dos bastardos, seguramente estaba demasiado cansado como para interferir.

- Mátense…- Susurró-. Muérdanse, tritúrense…no es problema mío.-Dijo eso…y cerró los ojos.

o-o-o-o

Viernes durante la tarde, luego de volver a casa.

Los detesto, tanto las peleas como discutir, pero lastimeramente no en todas las ocasiones te puedes quedar como si nada, sobre todo si te vez involucrado en más allá de una consecuencia física.

Aún si parara, no lograría absolutamente nada, menos si se trata de papá y sus problemas con la empresa.

- Eso…no te incumbe, papá.- Dije dirigiéndome a la puerta.

- ¿Qué hay del anillo? ¿Lo…haz perdido?- Preguntó mientras se sentaba en su escritorio

- Pues claro que lo he perdido…por eso es que estoy aquí.

- No puedes ser así de desorganizada, cuando yo muera, tu heredaras la compañía, y ahí no se te puede perder nada.

- No me interesa la compañía, ¿Por qué no se la das a tus "sobrinitos"?

- Porque ellos no son mis hijos, Zelda. ¡¿Qué no te das cuenta de lo importante que era ese anillo!?- Exclamo completamente alterado.

- ¡¿Qué tiene que ver eso con la compañía!?- Exclamé volteándome.

- ¡Qué eres demasiado desorganizada y así no lograras nada como futura heredera!

Fruncí el ceño y me largué de ahí.

-Ya no importa…

Ya no me importa eso, ni lo que diga o lo que pueda aparentar… ¡¿Qué se cree el desgraciado ese!?

Al salir de la habitación todo parece lastimarme… ¿Por qué…por qué me afecta?

Tal vez sea…por esa idea de no ser la persona que quiere que sea, de haberle fallado, aunque sea en lo más mínimo.

- Criada para ser un poco más que perfecta.- Susurré ya al llegar a la sala de estar.

Tal vez estuve mal al pretender no darme cuenta de sus pesares.

- "¿Nunca quisiste que alguien te felicitara aunque sea una vez en tu vida?"

Esa es la soledad de la gente ambiciosa…

Salí, cerré la reja y vi a Saria a Midna, esperándome como desde hace media hora.

- Lo lamento, tuve un problema.

- Mmm….Batiste un record en gritos, se escucharon hasta aquí.- Dijo Midna acercándose.

- Zelda… ¿E-estas bien?

- Pues claro.- Afirme.

- Entonces vayamos de compras, para que te distraigas un poco.- Dijo Saria claramente animada, solo en ocasiones como esta luce como alguien infantil en otras ocasiones es una persona muy madura y sensata.- ¡Vamos, vamos! ¡La pasaremos muy bien! Y….¡Compraremos helado y también quiero que pasemos a la librería de mi primo! Vamos, di que sí.- Parecía una niña de cinco queriendo que le compraran un dulce.

- No, gracias, no estoy de ánimo como para eso.- Y yo parecía la persona que le quita su postre.

Sonreí ante la petición.

Me encanta ver a ambas tratando de animarme, es lindo ver como alguien se preocupa de mi estado de ánimo en estas situaciones, una cálida sensación de regocijo rodeo todo mi cuerpo, como si fuera algún tipo de aura abrazándome y alejándose todo rastro de amargura de mí…es…reconfortante esa sensación.

- Bueno, ¿vas o no? ¿Qué acaso vas a quedarte aquí encerrada toda la tarde?- Preguntó Midna.

- Vayamos.- Afirmé.

- ¿Necesita que la lleve a algún lugar, señorita Hyrule?- Ciertamente no me había dado cuenta de que Henry tenía el auto estacionado en frente, estaba acomodado en el asiento del conductor, leyendo el periódico…fumando.

- ¿Qué te he dicho de fumar en el auto?

- ¿Te llevo o no?- Preguntó molesto.

- Que cordial…- Susurré subiéndome al vehículo.- Deja esa cosa.

- Como usted desee.- Y dejo el cigarrillo, doblo el diario y comenzó a conducir sin menor prejuicio.- ¿Hacia dónde se dirigen?

- Al centro comercial.- Respondió Saria con su actual ánimo.

Son pocas veces en las cuales fuma…al parecer, no soy la única con problemas.

Durante todo el camino nadie hablo, Henry se mantuvo serio todo el camino, Midna estaba demasiado ocupada observando sus uñas, Saria observaba el muy interesante piso y yo…yo me dedique a observar por la ventana tratando de recordar la razón por la cual me sentía frustrada, tal vez…luego de pensarlo un poco, no tenía razones para sentirme así.

o-o-o-o

Muy bien, hagamos un resumen para no tener que aburrirme dando explicaciones.

Me duelen los pies, la cabeza me mata, muero por unas gotas de agua, tengo un humor que hasta asusta tener que nombrarlo ¡Y estas dos estúpidas lo único que hacen es parlotear y dejarme como burro de carga para todo lo que compran! Además de que seguramente mañana voy a amanecer con fiebre.

- ¿Me puedo ir?- Pregunte con tono mordaz.

- ¡No!- Exclamo Saria sin captar la indirecta.- Primero quiero mostrarte la librería en donde trabajo mi primo.

- ¿Y dónde está?- Pregunté ya sabiendo que deberíamos hacer un viaje de tres horas en bus para llegar al pueblo kokiri, adentrarnos en los bosques perdidos y utilizar un código que solo ciertos kokiris saben para llegar a una enorme cueva en donde podremos ver un enorme barrio comercial y justamente la librería se encontraría al fondo…

- Estas frente a ella.- Respondió Midna seguramente sabiendo en lo que estaba pensando.- Esa imaginación que tienes terminará matándote algún día.

- ¿Ahora lees la mente?

- No, pero tu expresión lo dice todo.- Comenzó a reír.

- Vengan, entremos.

Una librería mucho más espaciosa de lo común, muy bien iluminada, con inmensos estantes, tan grandes que podrías pensar que al caer podría aplastarte, el mostrador, un lugar de ventas e intercambios, el gerente y uno que otro empleado además de la clientela se encontraba en el lugar.

- ¡Auruo!- Exclamó Saria dirigiéndose a su primo que se encontraba frente al mostrador, este luego de haber escuchado a Saria comenzó a sonreír, probablemente reconocio su voz e inmediato.

- ¡Saria!.- La abrazó.- ¿Cómo has estado, pequeña?

- Saria, ¿Segura que es tu primo?- Preguntó Midna a verlo, eran demasiado distintos como para que alguien pensara que fuesen familiares.

Debía tener sobre los veinticinco años, tez blanca, cabellos negros alborotados y ojos celestes.

- Es un primo lejano…- Dijo aclarando la situación.

- ¿Y estas señoritas quiénes son? Amigas tuyas supongo.

Si sabe ¿Por qué pregunta?

- Lo son, ella es Midna y ella es Zelda.- Dijo señalándonos.

- Zelda… ¿Hyrule?- Dijo inclinando un poco la cabeza y abriendo desmesuradamente los ojos

- Sí.- Contesté alegremente, es aquí en donde entro a mi papel de la persona encantadora que la gran mayoría cree que soy.

- Un gusto conocerte, a ti también Midna. Ambas son muy lindas.

- Ni creas que tienes oportunidad con ninguna, Auruo.- Dijo Saria en un tono amigable.

- Hey, Zel, mejor nos vamos, este profanador de cuna ya nos hecho el ojo.

- ¡Jaja! Claro que no, solo bromeaba, enana.

Al menos se lo tomo bien, cuando Midna se pone así lo primero que se le viene a la mente es tener la posibilidad de fastidiar.

- Y… ¿Cómo te ha ido, primo?

- ¡Demasiado bien!- Comento muy animado.- Hace un mes contrate un nuevo empleado y gracias a él las ventas han subido significativamente.

- ¿ah? ¿Sí?- Pregunto Midna interesada por saber quién era.

- Por supuesto, es alguien como de su edad joven, ¡Link, ven acá, hay unas muchachitas que quieren conocerte!- Exclamó.

- ¡Mande!- Exclamó el recién nombrado al final del pasillo, traía puesto el uniforme del lugar.

De todos los lugares en los cuales podría encontrarme a este tipo… ¡¿Tenía que ser este?!

- No puedes tratarlo mal porque está el primo de Saria observando, tendré que ser cortes con él…

Como pueden ver, este es mi trabajador estrella.

- ¡¿Trabajas aquí!?- Exclamo Midna sorprendida.

- ¿Eh? ¿Se conocen?

- Vamos en el mismo curso.

- Ya veo.- Sonrió.

- Que gusto encontrarte aquí.- Sonreí, no tardó en confundirse, aun así siguió mi farsa, seguramente no perdería la oportunidad de aclararlo más tarde.

- Ya que estas aquí, Link, muéstrales tu truco de venta, jeje.

- Como quiera.- Dijo simplemente, con su actitud seria.

Fue hacia el pasillo, se puso en frente de uno de los estantes y espero, la clientela no tardo ni tres segundos en aparecer.

- Muy bien, Link, ¿Qué me recomiendas para este mes?- Una joven rubia, de unos dieciséis años, usaba aún el uniforme escolar, se notaba que solo venía aquí para hablarle.

- Veamos…- Dijo sin tomarle mucha atención, comenzó a buscar entre los estantes hasta sacar el libro indicado.- Este.- se lo entrego.

- ¡Link!- Otra joven más, esta tenía el cabello negro y ojos verdes además de vestir el mismo uniforme que la otra.- ¿Cuántos libros tendré que comprarte para que me des un beso?- Preguntó segura.

- Si logro vender todo un estante quizás te de uno.- Comenzó a rascarse la nuca he hizo una mueca que se asemejaba a una sonrisa forzada.

- Ja,ja, no bromees.

- Es impresionante…- Comento Saria.

- Este chico es todo un galán, solo sigan observando.

De todas formas, en el mes este ha sido el que más me ha gustado.- Sacó otro libro del estante.- Cuando me lo recomendaron, admito que no me agrado mucho, pero luego de comenzar a leerlo, estuve toda la noche pegado a él y…me gustaría que lo leyesen para saber si les agrada.- Sonrió dejando a ambas impresionadas con un tono de voz que hasta lo hacía ver tierno.

- ¡Seguro!- Exclamaron ambas.

- En ese caso, aquí tienen.- Les paso uno a cada una.

- Que facilidad.- Comente.

- Ese libro nadie lo toma ni por curiosidad.- Dijo Auruo.- Pero cuando lo lees te resulta bastante interesante, claro, si eres capaz de descifrarlo, es por eso que no a muchos les agrada, pues te confunde con facilidad.

- ¿Nunca ha recibido quejas porque lo que recomienda no es cierto?- Preguntó Midna.

- Eso es la otra cosa buena de este muchacho, no recomienda nada que no se le sea interesante, así que nunca he recibido ninguna por el momento.

- Ya veo…- Respondió.

¡RIIING!

- ¿eh? D-disculpa, Auruo, es mi teléfono.-Dijo Saria contestando el aparato.- ¿Hola?, ¿Mamá?- Se alejó del grupo para poder hablar.

- Je, je, esa chica.- Comento Auruo.- Se nota que ha crecido.- Dijo con cierta nostalgia en su voz.

Me pregunto…hasta qué punto uno puede indagar en la vida de las personas, ¿Qué tanto puedes saber de alguien?

- Emm…lo lamento pero debo irme, mi mamá me está esperando para ir a cenar.- Dijo Saria.

- Mmm…En ese caso te acompaño, Zel, ¿No tienes problemas, verdad?

- No, no hay ningún problema.- Dije segura y con voz comprensiva entregándole a cada una sus bolsas dejándome a mí con una única y pequeña.

- En ese caso, nos vamos, lamento que te tengamos que dejar sola…- Dijo Saria notablemente apenada.

- No te preocupes.- Sonreí.- Luego verán que si me afecta…

- Si así lo dices, adiós Zel, adiós Auruo.

- Hasta luego chicas, vengan a pasarse cuando quieran.

- Adiós…

Vi como ambas se iban y luego de unos segundos aparte la vista de la puerta de la librería y dirigí esta hacia Auruo que me sonreía amigablemente.

- ¿Por qué no te das una vuelta? Tal vez allá algo que te interese, si vez algo que te llame la atención dímelo y te lo llevas como regalo.- Dijo tal vez notando mi desanimo.

- E-está bien…- Dije comenzando a caminar por los pasillos hasta encontrar lo que quería, no quiero que malinterprete ese cálido saludo que le di hace poco.

- ¿Qué haces aquí?- Pregunté aunque su respuesta era obvio…solo gasto saliva.

- Trabajo aquí, idiota.- Dijo subiendo los hombros.- ¿Por qué tan cálida de repente?- Pregunto acomodando algunos libros en su respectivo orden alfabético.

- Es eso de lo que vengo a hablar.

- Por ahora como verás estoy ocupado, pero en diez minutos termina mi turno, por el momento puedo ayudarte a escoger en un libro.

- Tienes buen oído.- Susurré.- ¿Qué me recomiendas?

- Sígueme.

Fuimos tres pasillos más adelante y en la última columna de este tomo un libro de portada gruesa color rojo, en este se podía leer "Last Night" escrito en dorado sobre la portada. El hecho de que haya caminado con tanta seguridad me hacía pensar que se sabía de memoria la ubicación de cada libro.

- ¿Last Night?

- ¿Quieres saber de qué trata?

- Me lo llevo.- Dije arrebatándoselo.- Te espero afuera.- Dije ya caminando en dirección al mostrador, yo tampoco quería perder la oportunidad de aclararle todo.

o-o-o-o

Sentada en una banca frente a la librería, deje la pequeña bolsa que traía de antes en el suelo y agarre la otra en la cual se encontraba el libro que Auruo me regalo. Solo hasta entonces sentí curiosidad por saber de qué trataba.

Vi detenidamente la portada y luego la parte trasera, no había ninguna descripción ni el nombre del autor.

Abrí el libro, ahí el nombre del autor tampoco estaba impreso, tampoco el típico "anónimo" continué avanzando hasta dar con la lectura, más de cinco páginas en blanco y antes de comenzar con el primer párrafo, una dedicatoria "A mi amado".

- ¿Será un error en la edición?

- No, no lo es.- Susurró alguien frente a mí.- ¿Por qué no lees un poco?

Era Link, parecía entusiasmado porque comenzara a leer.

- "La tranquilidad te envuelve al soñar mientras tu perfil esta bañado en luz del llanto en tus mejillas. Resplandor de cristal agrietado frente a las ventanas, casi invisible y de pronto…mi alma grita liberando mi callado corazón"

- Bastante lindo, ¿no?

- ¿Qué quieres decirme con esto?

- ¿Por qué no hablamos un momento? ¿Tienes hambre?

Durante todo este rato estuve ignorando los gruñidos de mi estómago por algo de comer, no había ingerido nada desde el almuerzo. Al pensar en ello no pude evitar sentir vergüenza, probablemente lo habría notado.

- Yo invito, ¿Te parece?- Dijo extendiéndome su mano y sonriendo encantadoramente.

- Está bien.- Me Paré, agarre la pequeña bolsa del suelo y deje el libro en la otra para luego comenzar a caminar a su lado.

Caminamos callados, avanzamos dos cuadras y luego doblamos a la derecha, ya comenzaba a oscurecerse y el viento a esta hora del día se hacía presente.

- ¿Tienes frío?

- No te preocupes.- Es increíble el hecho de pensar en todo lo que he pensado sobre el este día y que ahora lo esté acompañando por un hecho tan absurdo.

- ¿Estás segura?

- Sí.- Dije con desanimo.

Bueno, si tenía algo de frío, pero quería que se preocupara por mí.

Traía puestos unos shorts negros, unas sandalias sencillas del mismo y una polera azul, Link en cambio estaba más abrigado, una sudadera gris, jeans y unas zapatillas además de traer un consigo una mochila negra.

- Es aquí.

Nos detuvimos frente a una cafetería, entramos y nos sentamos sin compartir ninguna palabra en una mesa junto a la ventana.

- ¿Qué vas a querer?

- No quiero nada.

- Si quieres estar aquí tienes que pedir al menos un té, toma en cuenta eso.

- Como quieras.

Me miró por unos instantes sin esperar respuesta, ¿Estaría molesto? Si tal fuera el caso no recuerdo haberlo visto jamás alterado o de mal humor, resignado se paró y comenzó a caminar en dirección hacia la caja no sin antes decir "Vuelvo en un rato"

¿Qué pretendía?

Como fuera, como hubiese sido, aproveche ese momento para plantearme con precisión lo que iba a decir, solo lo necesario sin necesidad de revelar más de lo necesario.

Me preguntaba…si solo eso debería saber, que otras cosas podía estar preguntándose, que tipo de interés y finalidad tenia resolver un malentendido producido por un simple e insignificante saludo amigable, que tipo de reacción causo esto.

Patético.

Mire hacia la ventana, ahogada, el cielo ya estaba completamente oscurecido, las calles iluminadas y la gente iba y venía, agotada, pareciera como si de repente todos aquellos que caminan frente a mi mientras observo estuviesen en un estado de completo bochorno.

- Aquí tienes.- Puso en frente mío un vaso de café.

- ¿Por qué tienes que aparecerte así de repente?- Pregunté dando el primer sorbo quemándome la lengua.

Me sentí avergonzada da tal forma que sentí como mis mejillas se acaloraban, comenzaba a sonrojarme, pero tenía la esperanza de saber que él no lo sabría ya que podía pasar desapercibido gracias al calor que emanaba la bebida.

- Oye, cuidado con eso, deberías esperar un poco antes de beber.- Rió.

- ¿Qué quieres saber?- Fui al grano, no quería andar enredos, vi como su expresión cambio alguien risueño a alguien serio fácilmente, mirando hacia la ventana.

- Primero interpreta lo que creas que debas decir.

- Lo diré directamente pero que después no salgas con dudas, digamos que hay una diferencia entre mi aptitud publica y lo que verdaderamente soy yo, ¿Cómo te sentirías si alguien reconocido actuara de tal forma?

- Ya veo…

- Lo mismo pasa con todos los de la empresa…Cómo se sentiría si la persona que pronto estará a cargo no tuviera el menor interés.

- Supongo que defraudados.- Comenzó a observarme.

- Se sentirían disgustados y finalmente no tendría a nadie que me apoyara con los siguientes proyectos…aunque yo misma disgusto, aunque realmente no me importaría si eso ocurriera, yo…odio a esas personas.- Agache la mirada.

- Entonces ¿Por qué te preocupas tantos si hasta ellos mismos te disgustan?

- Porque eso no me perjudicaría a mí, sino a papá.

- Aun no comprendo.

- ¿Qué cosa?- Lo mire, tenía la miraba puesta en la ventana nuevamente.

- Hay cosas que te disgustan pero a pesar de eso continuas con ellos, tienes tus propias conclusiones respecto a quienes te rodean, pero las tratas como si nada, te deprimes y encierras en un rincón cuyos pensamientos no te llevan más que presionarte a ti misma, pero continuas…eres increíble si lo pones de cierta forma. Dime…si esto es lo que ocurre, por qué no dices nada.

- Mis palabras callaran…aunque las quiera gritar.- Murmuré, sentía como mi voz se tornaba cada vez más sombría.

- ¿Nunca has sentido que lloras internamente por esto?

- Llorar solo hace que me sienta más cansada.

Un incómodo silencio nos invadió por unos momentos hasta que un recuerdo vino hacia mí y me permitió romper la tensión.

- ¿Cómo esta Arryl?

- ¿Eh?- Seguramente no se lo esperaba.- Pues bien, es alguien muy linda, se parece un poco a ti, sus ojos.- Sonrió ante el recuerdo.

Link ante la pregunta su entusiasmo mucho, su sonrisa volvió mágicamente.

Termine mi café, nos levantamos, pagué la cuenta, poco me importo que el haya invitado y salimos del lugar acompañándome hasta casa.

Realmente jamás a nadie le había dicho con tanta facilidad "eso".

Lo que viene a continuación es bastante borroso pues ni yo pude comprender con exactitud lo que estaba pensando o lo que ocurrió, solo sé que termino en algo bastante incómodo.

Caminábamos en medio de la calle, era tarde por lo tanto ningún vehículo circulaba hasta esas horas.

Me preguntaba…que es lo que había visto a través de mis palabras.

"Si mi propia voluntad se volviera realidad…." ¿Qué pasaría si de repente sucediera? ¿Quiso decirme eso?

Ya llegábamos, frente a la reja que daba la entrada, me voltee para verlo, sonreía.

La verdad aún no sé qué quería expresarle, pero me abrace y agache la mira moviendo mis labios levemente para articular la siguiente palabra:

- Gracias…

Continuara…

¡Y aquí termina!

Nuevamente lamento la mega ausencia, pero intentare actualizar pronto, ¡Lo juró por la diosas!

Realmente no tengo mucho que decir, solo una invitación a que dejen sus comentarios y un agradecimiento a todos aquellos que los dejaron en el capitulo anterior, me motivan mucho :'3

¡Hasta el próximo capitulo, se cuidan!