Todo parecía ser normal. Daniel escuchó la puerta cerrarse detrás de él y sonrió al ver a la muchacha.
No te hagas esperanzas – dijo Maia cruzando los brazos – no te voy a dejar solo por el instituto.
Vale, anda, ayúdame a buscar.
Se alejaron de la entrada. El chico fue a revisar las aulas del piso de arriba, mientras que Maia se quedó por abajo. No veía nada raro. Entonces vio una luz parpadear. Se acercó. Estaba al lado del departamento de filosofía. Con un poco de miedo, abrió la puerta. La sala estaba totalmente oscura. Afinó el oído y pudo escuchar a una niña llorando. Se armó de valor y consiguió entrar "Venga, no puede ser lo peor que te haya pasado hoy" pensaba. Los llantos cada ver sonaban más alto. Pudo distinguir la figura de una niña pequeña sentada en un rincón de la sala.
¿Estás bien?
Por algún motivo se arrepintió de haber dicho nada. La niña dejo de llorar y levantó la cabeza.
¿Cómo te llamas pequeña? – dijo un poco menos asustada.
La niña gateó un poco y se levantó. La expresión de Maia cambió de nuevo a terror. Estaba ensangrentada y manchada de barro y llena de heridas. Sostenía un osito de peluche en los brazos.
Soy Sally…
La chica avanzó pasito a pasito con esos calcetines llenos de barro.
Juega conmigo.
Maia retrocedió y tropezó. Soltó un grito y Sally se alarmó retrocediendo un paso, poniendo de nuevo expresión de llanto. Se levantó e intentó salir corriendo a por Daniel, pero Sally le agarró de la camiseta.
Juega conmigo, estoy sola…
Maia intentó soltarse, y justo entonces apareció Daniel. Sacó un bote del bolsillo, como una especie de spray, y roció a Sally por todo el cuerpo. Esta gritó y calló al suelo.
¿Estás bien? – preguntó Dani.
Si… ¿Qué le has hecho?
Esto es una poción. Convierte las cosas paranormales en comunes.
Ambos miraron a Sally. Estaba asustada. De repente, el barro desapareció y sus heridas se empezaron a curar. Se miró las manos, parecía sorprendida. Sonrió y se levantó de un salto.
¡Wii! ¡Era cierto! Jajaja - exclamó la niña.
¿Eh?
Había oído hablar de una poción en el mundo de los humanos que hacía esto, ¡pero mola muchísimo! Después de dos años, me siento de nuevo humana. Tengo que contárselo a…
Cambió su expresión a preocupación.
Y… ¿Cómo te llamabas?
Soy Sally, Sally Williams.
¿Y a quien se lo tenías que contar? – preguntó Maia
A… un amigo, pero ya no está aquí. Antes de que el portal se empezara a abrir, desapareció. Esperaba verlo aquí. ¿Lo habéis visto? Es un chico muy majo, majísimo. ¡Es mi mejor amigo! Se llama Ben.
¿Ben?
Si, un chico rubio. Pero es más alto que yo, y un poco más mayor, jeje. Tiene los ojos… bueno… Ya le encontraré.
Por ahora, vas a venir con nosotros – dijo Daniel con una sonrisa. – Te ayudaremos a encontrarlo.
¿Qué? – exclamó Maia sorprendida - ¿Cómo que vamos?
Bueno, la has encontrado tú, por lo tanto, también es cosa tuya.
¡¿De verdad me vais a ayudar?! Siiiiiiii – rio Sally.
Mejor nos vamos a casa.
Así salieron del colegio con Sally, como si nada hubiera pasado.
