En lo cotidiano

Para nadie era un secreto el hecho de que los compañeros de Sasuke, en general, lo detestaban.

Con más frecuencia de la que al niño Uchiha le gustaría, los comentarios mordaces y el latente desprecio en contra de su maravillosa humanidad eran exteriorizados. Y pese a lo que uno podría sospechar, en realidad nuestro gatito negro no tenía la culpa -casi nunca- de atraer tal rencor.

Que si la novia de algún perdedor había roto con dicho sujeto para volverse parte del club de fans de Sasuke; obviamente no era su asunto. Jodido el tipo que no la supo complacer. Que si te la pasaste estudiando meses, aspirando a ser por fin el mejor alumno del instituto, para que al final un maldito presuntuoso que no repasó ni la noche anterior te superara en el examen; es tú culpa por nacer tarado. Que nuevamente Sasuke recibía alguna medalla o trofeo en alguna competencia deportiva, aunque no perteneciese a ningún club de la escuela; si tenían que hacer uso de sus capacidades es porque los demás eran muy mediocres.

Y asi, con cada uno de esos simples hechos, el recipiente con rencor se iba colmando poco a poco, envenenando las almas de aquellos infelices que no tuvieron la dicha de nacer con tal superioridad genética.

Era habitual en la vida del princesito de hielo, que cada cierto tiempo, a lo sumo unas dos veces al mes, algún patán quisiese arreglar alguna inexistente cuenta con él, haciendo gala de la violencia. Cuestión que resultaba un tanto irónica, porque liarse a golpes llegaba a ser terapéutico para el Uchiha. Y de cualquier manera no es como si fuese a perder contra uno de esos idiotas. No, jamás uno de ellos lo derrotaría, pero diez tenían una alta probabilidad de lograr ese objetivo.

Lo habían emboscado cobardemente en un descampado camino a su casa, la peor parte es que se había dado cuenta de las intenciones ajenas desde antes de verse físicamente comprometido, entonces… ¿Por qué demonios no había corrido cuando tuvo la oportunidad? ¡Oh claro! Su orgullo se lo impedía, casi como si este llegase a bloquear su lógico sentido de la auto-preservación. Lamentablemente ahora, con el labio roto y el resto de su precioso cuerpo cansado y magullado, y viendo que no importaba cuántos estúpidos golpease, siempre salía otro para reemplazarlo, la confianza comenzaba a menguar de manera alarmante.

— ¡Ja! ¿No que podías contra todo, Uchiha de porquería? —amedrentaba uno de sus atacantes, mientras que sus cobardes palabras inspiraban al resto. La peor parte, es que ellos se podían dar mínimo un respiro entre cada porrazo recibido, a diferencia de él. Por lo que si quería salir caminado de ahí, tenía que aprovechar cada error de sus oponentes. Como en ese momento, en que por mofarse como hienas bajaron el suficiente tiempo la guardia, para que nuestro chico de hebras carbón le diese un buen puñetazo en las costillas al aparente líder.

— Pues me parece que todavía me defiendo bastante bien —ahora fue su turno para burlarse.

Con aquello se había acabado oficialmente el jueguito; y si antes se estaban turnando para agredirlo, ahora lo único que les quedaba era arrogársele en manada. Bueno, si iba a perder al menos lo haría con estilo, mandando mínimo a la mitad de esos bastardos a urgencias.

— ¡Jajajaja! —pero antes de que cualquier acción fuese efectuada, una burbujeante y clara risa irrumpió con el silencio previo a la tormenta—. ¡Te ves terrible, teme! —la vida es curiosa, hace cinco segundos lo único que quería era partirles las caras -y si se podía el resto del cuerpo- a los infelices que le estaban dando tal paliza épica, y ahora sólo deseaba que alguno de ellos lo golpease con la suficiente fuerza como para dejarlo inconsciente. Porque asi creería que su encuentro con Naruto únicamente era una horrible alucinación inducida por un leve coma.

— ¡Uzumaki! Que sorpresa —saludó malintencionado uno de los presentes, mientras el zorrito se iba acercando a paso lento pero seguro a la escena del crimen, adentrándose al círculo de gamberros que mantenían en jaque al Uchiha—. ¿No quieres unirte a la fiesta? —ofreció socarrón aquel nefasto tipo.

Los ojos índigos del rubito se conectaron con la iracunda mirada carbón, luego se pasearon por toda la maltrecha estampa del de cabello obscuro.

— Sabes Sasuke, te odio —eso era de conocimiento público. Las risas estallaron una vez más, ahora que tenían al blondo de su parte, el Uchiha saborearía la amarga derrota—. Pero si hay algo que no tolero en este mundo… —Naruto se aproximó hasta quedar al lado de su enemigo número uno y luego sólo le quedó sonreír—. Son los abusos y a los abusivos —y tan pronto como dijo aquello, no se la pensó dos veces antes de tirarle tremendo golpe a la persona más cercana a él… y que obviamente no era Sasuke.

El sol se estaba poniendo, y en el parque que se tenía que atravesar para llegar a su residencia, en un bebedero junto a un gran roble, nuestro chico de obscuras mechas, procuraba limpiarse el exceso de mugre y sangre de las partes más visibles de su cuerpo. A un costado, tirado en el fresco césped se hallaba un rubio al que no se le despegaba la sonrisa bobalicona de su bronceado rostro.

— ¡Tú sí que sabes meterte en problemas, bastardo! —exclamó el áureo, todavía tratando de tranquilizar su acelerado corazón y bajar los niveles de adrenalina. Parte de su rutina incluía meterse en cierto número de riñas, pero recordaba escasos líos que le hubiesen adjudicado tanto dolor, al igual que tanta satisfacción. Su ego heroico estaba colmado—. Mira que nunca pensé encontrarte en plan de damisela en apuros.

— Nadie te pidió ayuda, usuratonkachi —le contestó arisco Sasuke, al tiempo en que se dejaba caer al lado del blondo para, igualmente, apaciguar un poco su pulso.

— No es como si hubiese querido dártela —refunfuñó el Uzumaki, mostrándole infantilmente la lengua—. Yo también tengo que pasar por ahí de camino a casa y a diferencia de otros, poseo la costumbre de brindarle mi auxilio a los desvalidos—comentó con cierto matiz jocoso en su timbre; estirándose bajo la agradable sombra de aquel inmenso árbol, compartiendo el sabor de la victorial al lado de la persona que más detestaba del colegio, pero a quien no había dudado en brindarle su ayuda. Porque Sasuke era un digno adversario, y él como un fiel amante de los justos duelos, jamás permitiría tales actos de cobardía.

Y pese a todo y aunque el Uchiha nunca lo fuese a decir, estaba de verdad agradecido con ese remedo de imbécil confeccionado en dorado.

Se estaba volviendo una cotidianidad un tanto chocosa el recibir apoyo de Naruto. Aunque era algo a lo que podía terminar acoplándose.


Notas

Actualizo luego de años, y con un capítulo escasamente divertido. Bueno, al menos esos dos van progresando.

Como siempre mi infinito agradecimiento a quienes siempre gustan de mostrarme su increíble apoyo;

DSRH; okashira janet; atashi-hime; Joshihita H. K; milk goku; jennita; Tomoe91; Sephy black; Violet strawberry; camiSXN; Luz Adilene; shameblack; TheRusso; Susana Mode; Soy YO-SARIEL; Yuki-2310; Saku-Aya; winny-wika3; Hohenheim x3; Amazona Verde; Aoi-Hikawa y Hazael Requiem.

¡Cualquier error me avisan y espero de verdad poder leernos pronto!