Sobre verdades
Si existía alguien de su estirpe que fuese más insufrible que su hermano mayor, indudablemente se trababa de su primo Obito.
Todos creían que Sasuke se irritaba con su sola presencia debido a que, en contra de la naturaleza propia de un Uchiha, no era reservado, diestro ni reflexivo, pero sí risueño, torpe y precipitado. Patrañas. La razón verídica del agravado desagrado que nuestro príncipe de hielo presentaba, se debía a que él podía observar más allá de la fachada de evidente idiotez que exponía su pariente. En realidad la espesa y contaminada sangre de su familia no podía tener mayor pináculo que en Obito.
Su primo, un par de años menor, no era para nada el odioso chico bueno que con tanto ahínco pregonaba, sino un joven verdaderamente vengativo, manipulador y con un cruel sentido del humor, a un punto que a los demás les resultaría sencillamente reprobable. Y eso era mucho decir para la mentalidad retorcida que se podía llegar a considerar normal en las esferas más elevadas del clan.
La buena noticia es que pronto sería enviado a un pintoresco internado en algún remoto país del viejo continente, donde esperaba que le cambiasen sus manías psicópatas; la mala, es que mientras los trámites se llevaban a cabo, y debido al escaso tiempo de los padres del chico, su madre se había ofrecido a cuidarlo por un par de semanas.
— Que aburrido es por aquí —declaró el huésped siendo descubierto in-fraganti husmeando en el cuarto de su huraño anfitrión; sonriendo con cinismo mientras observaba como Sasuke se quedaba de piedra aún sin despegar la mano del picaporte. Y pese a que la cara del mayor se iba trastornando en una mueca de cólera pura, y la lechosa piel comenzaba a adquirir un tono peligrosamente rojizo, Obito tenía la plena conciencia de que Sasuke no pondría un dedo sobre él por dos importantes razones; Mikoto ladearía la balanza a su favor al saber de la mala leche que su hijo se cargaba de forma casi imperecedera, y no menos importante, dudaba que su primo quisiese terminar en la sala de urgencias por una misteriosa intoxicación con anticongelante.
— ¡Lárgate de mi habitación! —rugió Sasuke, conteniéndose de demostrarle al menor que tenía lo que hacía falta para romperle la cabeza, y luego enterrarlo a la mitad de su jardín para que los gusanos se lo comieran, conteniéndose únicamente porque su mamá cuidaba con fanatismo a las delicadas flores ahí sembradas.
— Vamos primo —rio el chico, acomodándose unas estúpidas gafas que nunca se despegaban de su cráneo, en un intento por sentirse cool—. Sólo quería buscar entre tus tesoros, algo para calentar el espíritu —dijo en lo que se sentaba en el alfeizar de su ventana ¿Acaso ese subnormal insinuaba que…?
— No tengo porno, imbécil —aclaró por demás ofendido—. Como si necesitase esas porquerías. Con razón a tus padres les urge sacarte de la casa, han de estar asqueados de convivir con un parejo como tú —¡Ese infeliz! Claro, como el cabrón carita podía aspirar a hermosuras de carne y hueso, no tenía la necesidad de fantasear con chicas impresas ¡Pero no todos…! Entonces en la mente -atestada de hormonas cabe destacar- de Obito surgió la idea que pondría fin a sus desventuras amorosas y corporales.
— Te propongo un trato, Sasuke —su primo arqueó elegantemente una ceja, instándolo a proseguir—. Respondes a mis preguntas únicamente por esta ocasión, pero con absoluta sinceridad, y te juro que te dejo de fastidiar durante todo lo que queda de mi estancia.
— ¿Y si me niego?
— Te jodo la existencia ininterrumpidamente por los siguientes trece días —y aquello era una garantía.
— Tienes quince minutos —¡Finalmente! Sacaría provecho de esa odiosa incursión a la casa de sus tíos, y con algo de suerte, inclusive sabría como declarársele a Rin sin quedar como un completo tarado en el proceso. O sin que ella sospechase de lo muy trastornado que en realidad estaba.
— ¿Cómo abordas a las chicas? —ya sabía de que iba la charla.
— Son ellas las que generalmente me persiguen —no, aquello no era presunción, a juzgar por su tono más bien se podría definir como desagrado. Bastardo suertudo.
— ¿Entonces qué haces para atraerlas?
— Te puedo contestar que ser yo mismo, pero obviamente eso no te resultaría —sí, se estaba burlando descaradamente. Asi que el niño malo únicamente rogaba por algo de cariño y una dosis de carisias, patético.
— Cabrón —ese susurro había sido perfectamente audible, pero a Sasuke no le importó. Ahora que el fastidiado era otro, las cosas estaban en orden de nuevo—. ¿Cómo les gusta que las traten?
— Supongo que como a caprichosas reinitas —¡¿Qué no se suponía que era algo asi como el sex-simbol de su colegio?!
— Sasuke —pronunció lento, temblando de cólera ante la infructuosa y desesperante plática—. ¿Tienes o has tenido novia?
— Sinceramente, no —listo, ese era el colmo.
— ¡Bastardo malnacido! ¡Las mujeres se mueren por ti, y tú las alejas como a las moscas! ¡¿Qué eres frígido?! —¡Él muriéndose por una sola chica, y a su infeliz primo -en palabras de Mikoto- le llovían las proposiciones!
— No sé en que momento intuiste que mi pasatiempo era andar flirteando; pero te aseguro que hay pocas cosas más insoportables que una melindrosa niña enamorada acosándote—concluyó con su pose de chulo y su sonrisa ladina, mientras el lacio y sedoso cabello negro se balanceaba enmarcando sus finos rasgos de principito, dispuestos sobre la blanquísima y lozana dermis. Si tan sólo sus jodidos genes estuviesen tan bien sincronizados como los de…
— Un sano chico de diecisiete; metrosexual, inteligente y atlético —pensó en voz alta, cambiando su mirada de furia y envidia a una de extrañeza—. Cuyo gusto por las damas nunca sale a relucir —de nuevo no le gustaba el rumbo de esas palabras—. Eres gay ¿No? —un incomodo mutismo se extendió entre ambos por unos segundos tras la pregunta con tintes de afirmación.
— Vete a la mierda —¡¿Cómo se atrevía a considerarlo…?!
— Ahora todo me queda claro ¡Por eso siempre tienes la cara de estreñido! No has encontrado quien te dé.
— Escúchame engendro, yo jamás…
— ¿Has besado a alguien? —le interrumpió apuntándolo desdeñoso—. Buenas fuentes me han asegurado, que si al morrearte con una chica candente no se te levanta ni la moral, es que le tiras a la acera opuesta.
Y estaba punto de defender a capa y espada su heterosexualidad -o la suposición de la misma- cuando entonces una ola de bochornosos recuerdos, súbitos y brutales, asolaron a su mente. Era cierto, hasta el momento no se había besado con ninguna chica pero…. sí con un tipo, varias veces. Y aquello no lo había hecho vomitar hasta desfallecer.
Siempre le había gustado su piel blanca; excepto cuando está se teñía de un discreto pero fatal carmín, que delataba con soltura su vergüenza.
— Jajaja podrás ser un tempano, primo, pero te aseguro que tus arrebolas mejillas no mienten.
— ¡Perfecto! Tus quince minutos terminaron, ahora haz el favor de abandonar mi pieza antes de que tu cara conozca a mi puño —o su cabeza se dé de encontronazo con la pala, porque a esas alturas definitivamente ya no le importaban los crisantemos de su madre.
Obito, aún con la expresión de simio plasmada en su rostro, se levantó de su asiento en la ventana y por un momento, cuando estaba enderezándose, apreció el paisaje que su primo tenía a disposición siempre. Aquello explicaba muchas cosas—. La vista es buena, supongo que por eso te van los tíos —comentó cantarín, dando saltos mientras esquivaba la de proyectiles que atentaban contra su integridad física, cortesía de Sasuke. Quizás la próxima, iría mejor a pedirle consejo a Itachi.
Nuestro gatito, ya libre de su detestable pariente e intrigado por su indirecta final, se dirigió al ventanal para ver a que demonios se refería el menor.
Como siempre Naruto. Se había olvidado que la vista de su habitación daba directamente al pórtico de los Uzumaki, y que como todos los domingos donde el clima era generoso, aquel rubio imbécil no tenía mejor idea que ayudar a su padre a lavar el auto, apenas cubierto por unas escasas prendas que de todas formas terminarían empapadas.
Odiaba a Obito, a sus familiares, a la generosidad de su madre, al rubio, a su suerte ¡A todo el jodido universo! Y a sus estúpidas mejillas que no dejaban de colorearse.
Notas
¡Y así comienza mi mes de SasuNaruSasu XD! No se olviden de que en Octubre nuestra parejita manda jojojo, por lo que me estoy apurando para tener un número considerable de actualizaciones.
Spoiler Alert! Basándome en los hechos más recientes del manga, he concluido que por mucho sufrimiento que haya pasado Obito, ya tenía algo bastante malo cocinándose en su interior. No de la nada sale menudo psicópata. Por lo que espero que su participación no esté tan OoC, de cualquier forma me gustó mucho trabajarlo desde esa perspectiva XD.
¡Infinitas gracias a quienes siguen apoyándome con sus lindos comentarios!:
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