Va la segunda parte, y aquí empiezan las golosuras... ADVERTENCIA: contenido erótico de muy alto voltaje. NO acepto quejas al respecto pues ya se hizo el aviso.

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De repente, Archie toma la mano de Candy y le hace una curiosa propuesta.

-Gatita, ¿recuerdas que hace como quince años se hizo una fiesta en esta casa y te asustaste con el "fantasma"?

-Sí, Archie, y no fue gracioso en absoluto. Aunque Anthony me rescató después, pasé mucho miedo.

-¿Quieres que vayamos a comprobar que eso no existe, Gatita? ¿O aun eres una miedosa?

-Nada de eso, Archibald. Vamos allá y te demostraré que el gallina eres tú.

Después de ayudar a la servidumbre a acostar a Terry en su recámara, quitarle los zapatos y cambiarlo de ropa; Candy sale al pasillo donde Archie la está esperando impaciente.


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Archie y Candy suben las escaleras hacia la tercera planta de la mansión y el joven se deleita mirando el delicioso movimiento de caderas de la señora Grandchester. Se dirigen hacia el ala prohibida de la mansión que continúa estando abandonada y a oscuras. A Candy le recorre un escalofrío por todo el espinazo, pero se dice a sí misma que no pasa nada. Además, Archie la acompaña esta vez. Cuando entran en la sala de las estatuas rotas el elegante hombre discretamente cierra la puerta.

-Archie, ¿estás ahí?

-Por supuesto, Gatita… ¿qué se te ofrece?

El joven se acerca sigilosamente a la rubia y susurra en su oído.

-¿Tienes miedo, preciosa?

-¡Claro que no! ¡Y ya basta de bromas! ¡Quiero volver con mi marido ahora mismo!

-¿Pero por qué tan pronto, cariño? La diversión está a punto de comenzar... Te encantará, cielo...

Dicho esto, Archie besa suavemente el cuello de la chica a la vez que la toca con dulcemente con las yemas de los dedos, transmitiendole una electrizante energía que la hace perder un poco la voluntad, pero no la conciencia. Estará perfectamente despierta para ver, sentir y gozar lo que vendrá.

-Maldición. Cuánto envidio a ese desgraciado bastardo de Terry. Odio saber que él es tu dueño, que puede hacerte el amor cada que se le antoje, saborear tu dulce piel y beber de tu fuente más íntima. Nunca te he olvidado, Gatita: desde que tenía trece años has sido la reina de mis fantasías más calientes…

El seductor primo hacía esta confesión a la rubia rozando su nariz en el tierno oído femenino y sin dejar de acariciarla con ternura y deseo contenido.

-Archie, basta…- la rubia suplicaba, pero sin fuerzas, debido a la ponzoña de la desilusión con Terrence y a que en realidad el toque del elegante hombre la estaba excitando mucho. Había algo muy atractivo en él. De hecho, de vez en cuando se soñaba practicando indecentes actos carnales en compañía de Archie o los difuntos Stear y Anthony, sobre todo desde que se enteró de la infidelidad de Terry.

No supo si fue por el alcohol que llevaban las bebidas que degustó en la fiesta, o por puro deseo carnal, pero todo su ser comenzó a responder a las caricias de Archie. Ya no era aquel adolescente delgaducho, sino todo un hombre con cuerpo estilizado y musculoso, muy alto, de atractivos rasgos masculinos, y sin duda con bastante experiencia sexual, a tenor de cómo la estaba haciendo estremecer.

-¿Te gusta cómo te toco, verdad Gatita? Eres la criatura más hermosa que he visto nunca. Si muero después de esta noche bien habrá valido la pena.

-Hmmmm, sí...- Candy ya no pensaba, sólo sentía.

El elegante joven la despojó de su vestido de seda y empezó a palpar su cuerpo desnudo… ¡cuántos años deseando hacerlo! Encendió una luz de gas que iluminó con un halo mortecino la estancia, suficiente para contemplar con avidez a la diosa desnuda que tenía enfrente.

Y él ya no pudo resistirse más. La tumbó en el suelo alfombrado y tras colocarse un preservativo elaborado con caro látex de la India, procedió a acercarse a ella para amarla como hace tanto tiempo desea. Vio el gesto entre ofendido y extrañado en la hermosa rubia que tanto adoraba, por lo que se vio obligado a explicar el motivo de ponerse esa protección. Ella es enfermera, así que sabe perfectamente que los condones son utilizados principalmente para relaciones con mujeres públicas.

-No es lo que piensas, Gatita preciosa... para mí eres la mujer más valiosa del mundo; y si hago esto es para protegerte a ti. Lo último que deseo es que tengas un problema con tu marido. Pero, a decir verdad, mataría porque me dieras un hijo. Te amo tanto...

Dicho esto, comenzó a hacerla suya, con dulce frenesí, pasión y lujuria; como si de verdad esa misma noche fuera a morir y le estuvieran concediendo como última voluntad el derecho a hacerle el amor a la única mujer que había amado en su vida.

No hubo rincón del níveo y hermoso cuerpo femenino que Archie no besara, lamiera, succionara o tocase, siempre con una ternura preñada de amor sincero y sin dejar de decirle románticas confesiones subidas de tono.

-Te adoro, Gatita… me encanta tu cuerpo, tu boca, el exquisito sabor de tu brote escondido me enloquece. Qué ternura de piel tienes, preciosa…

Ese hombre hasta para hacer el amor era fino y elegante. Ella no respondía nada, pero no sólo se dejaba hacer, estaba demasiado excitada con aquella droga que era el placer que estaba experimentando. Aunque comenzó a acariciarlo con timidez, luego se puso más mimosa y sus toques se volvieron cada vez más atrevidos, cosa que encendió a Archie.

A pesar de la vorágine de enloquecedoras sensaciones, la rubia estaba lo bastante consciente como para sentir la invasión del grueso miembro de su primo adoptivo y gozar de las apasionadas atenciones de Archie, quien ya la estaba penetrando con fuerza pero despacio y profundizando sus envites, a la vez que miraba extasiado los gestos de placer de la chica y el bamboleo de sus lechosos senos al compás de las embestidas del joven. Saber que él era quien la tenía rendida y ruborizada le dio la mayor sensación de triunfo que pudiera experimentar jamás.

Lo que por años había soñado, incluso aquellos tiempos en que se masturbaba junto a su hermano en la habitación que compartían en el San Pablo fantaseando los dos con la preciosa rubia, ahora se estaba haciendo realidad. Y era maravilloso. Esa mujer era simplemente fabulosa, un volcán de hembra que vibraba y lo hacía vibrar, nada que ver con la frígida de Annie, quien simplemente se tumbaba en la cama y le medio dejaba hacer.

Él quería con su alma entera quedarse enterrado en el hermoso cuerpo de Candy para siempre, partirla en dos, tenerla por toda la eternidad, ¡claro que sí! Pero había hecho un trato y era hora de cumplirlo como todo un caballero.

Dio las últimas embestidas con la mayor fuerza que pudo y no sin antes haberle sacado a la chica un orgasmo más, la cogió fuertemente por las caderas para hundirse lo más profundo en la suave cavidad femenina y correrse dentro de ella, gritando su nombre teniendo los gritos de placer de ella como excitante música de fondo. Justo en ese momento, la puerta chirrió espantosamente y el joven se retiró de Candy para desvanecerse al instante sin siquiera poder quitarse el preservativo, como si hubiera perdido el sentido. Candy dio un alarido de terror al ver que entraba una horrible sombra con forma humana.

-No temas, damita de establo. No soy ningún fantasma. Soy de carne y hueso, y tengo un duro rabo pero que muy real para ti que lleva años esperando a tus labios...

Esa voz ronca. Ese mote con el que se dirigió a ella…

-¡Neal!

-El mismo que viste y calza, querida. Y ahora sentirás lo grande que calzo. Tu boquita, tu coñito y tu culito me lo van a agradecer.

Se despojó de la capa y Candy pudo ver un hermoso cuerpo desnudo, moreno, velludo y musculoso, coronado por un pene celestialmente bello y grueso que la calentó de nuevo.

¿Sería el éxtasis vivido con Archie o realmente deseaba a Neal desde hacía tiempo?

El joven Leagan, a diferencia de Archie, no fue delicado: apenas le permitió limpiarse el cuerpo con el paño y el agua perfumada de una jofaina dispuesta en la habitación, e inmediatamente arrodilló en la alfombra a la chica y la penetró por la boca sin más, de una sola estocada salvaje y dura, a la vez que le agarraba la cabeza para marcar el ritmo de la felación. Pero a ella le gustó. Seguía lubricada y excitada, quería más, mucho más… y se lo hizo saber a Neal adorando su miembro y animándole a continuar hundiendo su inmenso trozo de carne, gimiendo como posesa tocándose ella misma intentando obtener la ansiada liberación.

Pero de repente él salió de ella y con voracidad animal se llenó la boca con sus labios, sus pechos, su vientre y su sexo húmedo de mujer hasta hacerla ahora sí estallar de placentera locura, para luego besarla de nuevo apasionadamente mientras aferraba con su mano unos rubios mechones rizados con fuerza, casi causándole dolor, para obligarla a mirarlo a los ojos.

-Si yo hubiera sido Terry Grandchester, ni volviéndome imbécil mental te habría engañado, y mucho menos por esa zorra actriz de quinta…- el Señorito hablaba a la chica jadeando y con la voz sensualmente enronquecida por el deseo.

Neal tomó uno de los preservativos que había en una lujosa bandeja de plata puesta sobre la mesita de esa sala, se lo puso y volvió a penetrar a la chica de un solo golpe, ahora por la vagina para continuar con su ardiente vaivén tras el orgasmo femenino.

Candy ella sintió un dedo que acariciaba circularmente su perla íntima estimulando aun más su placer. ¿Neal? Imposible, él estaba muy ocupado estrujando con las dos manos los pechos femeninos, chupando con frenesí sus pezones mientras la clavaba sin parar con su grueso miembro. ¿Será Archie? No, él seguía desvanecido al lado de ellos.

Se asustó de verdad. Pero Neal no podía atender a su terror porque estaba en una especie de trance, embistiéndola frenéticamente como un poseso, hundiéndose hasta la base del pene, chocando sus testículos contra el suave perineo femenino, totalmente perdido en la humedad de esa mujer y las sensaciones increíblemente placenteras largamente anheladas.

Además ella misma se estaba volviendo loca de placer, alucinando en colores chillantes, saboreando la exquisita ambrosía de los besos de Neal, que se reveló como un magnífico besador. Estos hombretones han resultado ser unos maravillosos amantes. Uno tierno y el otro violento, pero ambos muy ardientes. Incluso se olvidó de Terry y del que ella creía espléndido sexo que le brindaba porque lo de estos machos era algo más: fuego puro. Lava quemante. Y porque en cada embestida, en cada beso y con cada roce, le estaban diciendo que la amaban por sobre todas las cosas.

-Candy… - Neal articuló palabra con dificultad entre gemidos- desde el día que llegaste a mi casa me toco pensando en ti. Estoy casado, tengo amantes, voy al mejor prostíbulo de Chicago, pero siempre que estoy haciéndomelo con una mujer me la cojo pensando en ti, imaginando tus deliciosas tetas, tu interior apretadito, tu boca sensual…

-Oh… sí, dime más, Neal…- las calientes confesiones del Señorito encendían más, si cabe, a la rubia, aunque se desconocía a sí misma. Ni siquiera sabía que pudiera ser tan ardiente.

-Me corro en esas mujeres creyendo que es a ti a quien riego con mi licor y te imaginado ruborizada haciendo esa cara de viciosa que estás poniendo ahora que me tienes entero clavado hasta el fondo, comiéndote esas tetas tan ricas que posees, comiéndote el ahí abajo y metiéndome caliente por todas tus entradas.

-Empuja, no pares, y cuéntamelo todo… cómo te pongo caliente- la voz ronca y jadeante de Candy casi hace explotar a Neal, pero aun no era el momento y el Señorito apenas pudo contener su orgasmo.

-¿Sabes que todos los hombres que te hemos conocido hemos querido follar contigo? Odio a ese cabrón de tu marido porque el maldito actorsucho de cuarta bien que te puede coger cuando quiera, como quiera y por donde quiera; y sobre todo porque te engaña con esa estúpida actriz que no te llega ni a los talones... Es una cualquiera que se acuesta con el primero que vea que tenga dinero. Hasta yo me la he tirado.

«Vaya, al parecer la infidelidad de Terry es de dominio público» pensó la rubia. ¿Se estaría exhibiendo con Karen por Nueva York antes de que llegara ella, su esposa legítima? Seguramente.

Neal embestía como poseso murmurando las palabras más sucias que Candy había escuchado jamás, y finalmente inundó el preservativo con su ardiente semen que ella sintió a través del látex. Luego la besó largo rato, sin sacar su miembro de ella y con una inusitada ternura le dijo al oído algo que no pensó escuchar nunca de él.

-Quiero que sepas que te amo con toda mi alma, Candice. Siempre te he amado y nunca dejaré de hacerlo. No lo olvides jamás.

Con una expresión de sincero pesar nunca vista por la rubia, el Señorito se retiró de Candy. Al igual que Archie, parecía que tenía el tiempo contado, y en cuanto se alejó un poco de su cuerpo, cayó desvanecido al lado de ella.

Candy se estaba pasando de nuevo el paño empapado con agua perfumada por todo el cuerpo y vistiéndose para salir a toda prisa del lugar, aunque su intimidad seguía palpitando, deseando aun más atenciones ardientes. Cuando estaba a punto de salir de la habitación, oyó unas voces que la llamaban por su nombre. Unas voces muy conocidas, pero que hacía mucho tiempo que no escuchaba.

-¿Acaso no nos has extrañado, preciosa?

Era imposible. Ellos estaban muertos. Candy había visto morir a Anthony y formó parte del equipo médico que reconoció el cadáver de Stear recuperado del mar. ¿Qué estaba pasando?

Un espantoso miedo recorrió su cuerpo, paralizándola.

-No temas, mi dulce Candy. Estamos aquí para cuidarte y amarte.

-¿Anthony? ¿Stear? Dios, ¡noooooooooo!

La joven se desmayó por el terror, la impresión y el cansancio. Despertó sintiendo el cálido aliento de Anthony besando su boca tiernamente y los hábiles dedos de Stear explorando su intimidad. No podía ser real, pero lo era. Esas manos aprisionando sus pechos y aquellos dedos masajeando dulcemente su palpitante intimidad no eran otro más de sus sueños eróticos: la humedad y los espasmos que estaba empezando a sentir de nuevo le decían que ellos eran auténticos.

Se atrevió a mirarlos. A pesar de la primera impresión de espanto por ver a unos muertos revividos, tuvo que aceptar que estaban guapísimos, seguramente ese sería el aspecto que tuvieran si siguiesen vivos. Hermosamente varoniles, altos, con una figura de ensueño… y unos arietes fabulosos que reclamaban con sus tremendas erecciones entrar en el cuerpo de la bella rubia.

Y vaya si entraron en ella. Se turnaron para introducirse en sus carnes trémulas y mojadas, aunque eran un poco más torpes que Neal y Archie debido a que habían fallecido en plena adolescencia sin poder adquirir experiencia sexual. Anthony perdió la virginidad esa noche, y para Stear fue su tercera vez. Sólo se había acostado un par de veces con mujeres públicas cuando estaba en la guerra en Francia, y lo hizo con chicas rubias pensando precisamente en su deliciosa prima adoptiva.

Mientras Stear la penetraba dulcemente y probaba sus endurecidas crestas rosadas, ella vio a Anthony con suma ternura. Era tan parecido a Albert, pero con una mirada mucho más inocente. Por fortuna se había ido de este mundo sin conocer la maldad. Lo hizo venir al lado de ella y tras acariciarlo un rato, se llevó su miembro a la boca -tal como le había enseñado Terry hace años-, lo que provocó en el rubio una increíble sensación que jamás había conocido. Los cada vez más intensos jadeos de los tres jóvenes reanimaron a sus primos "vivos", quienes se unieron a la caliente ceremonia de sensual adoración a su única diosa, brindándole caricias y sinceras palabras de amor.

-Siempre te he amado, Candy... gracias por el hermoso regalo de tu piel y tu dulzura- ¿quién dijo que los ratones de biblioteca eran fríos y aburridos? Stear era tan apasionado como cualquier hombre, y lo demostraba con sincero ardor.

Estando los muchachos completamente atrapados en aquel maravilloso mar de emociones la puerta volvió a chirriar. Todos se sobresaltaron, pero más la rubia, porque vio aparecer una silueta demasiado familiar rodeada por un halo de luz procedente del pasillo. Era un hombre alto, de cabello largo y figura imponente.

-¿T...Terry?- la rubia apenas si pudo articular esa palabra.

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©Eli_Andrew_Cornwell/Stear's_Girl/MorenetaC


Hola! Me alegro que esté siendo de su agrado! Paso a contestar reviews.

Lady Lyuva Sol.- También tengo mis ahorrillos para comprar la fórmula y agenciarme a mi Gafitas hermoso, jejeje...

AmiAzu.- Muchísimas gracias por tus hermosos comentarios, me animan mucho a seguir, pues soy nueva en esto de escribir ficciones. Lo mío son presupuestos e informes.

CandyFan72.- Pues mira, aquí tienes el fic ya completo... Verás que el señor Grandchester se queda sin plato y sin mujer, pero pues como que no le da mucho apuro.

Clau Ardley.- Igual de primero lo hizo por cabrito, pero me gusta pensar que en realidad se enamoró de la Klaisse... yo no odio al señor actor, así que le doy su chance de amar y ser amado de verdad.

Sayuri1707.- ¡Espero que tus dudas queden resueltas con este capítulo y el siguente! ¡Y también que sea de tu agrado y me dejes un review!

Muchas gracias a todos por leer y por sus reviews bienintencionados, son mi aliciente para seguir.