Hola lectores, antes que nada disculpen la tardanza pero era en serio eso de muchas tareas y trabajos de la escuela, sin contar los exámenes. Aunque tal vez no importa porque ya vi que ni un solo comentario me dejaron la vez pasada (eso me deprime T.T) pero bueno yo escribo porque me gusta así que sigo haciéndolo de todos modos.

Dejando esto a un lado espero que lo disfruten.

Ps. Los personajes de Hetalia no me pertenecen sino alseñor Hidekas Himaruya, así como el de varias referencias que pertenecen a sus respectivos dueños.

Bueno ahora que deje en claro algunas cosas en el capitulo anterior creo que ya puedo empezar con lo mero mero petatero (con lo mejor de lo mejor).

Creo que si la memoria no me falla creo que todo comenzó mas o menos un año después de que Francia ocupara la casa de España (1809) y parecía que todo seguía normal en mi casa pero el Virrey me había pedido viajar por los pueblos a tranquilizar a los peninsulares y gente adinerada de cada uno, pues a mi me conocían como la hermana de un noble español (Antonio) así que si yo les decía que todo estaba bien pues me creían sin cuestionar.

Fue en una de esas ocasiones, cuando estaba en el pueblo de Dolores resolviendo algunos asuntos con los agricultores cuando divise una figura que no cuadraba con el ambiente de ahí. Un soldado realista entre la gente (si, se lo que piensan, eso no tiene nada de raro para ese entonces) y así lo hubiera visto sino fuera por su forma de caminar, a simple vista cualquiera hubiera creído que solo tenía prisa pero para mí, él intentaba pasar desapercibido como si escondiera de alguien, cosa extraña considerando que los soldados realistas formaban parte de la crema y nata de la sociedad en Nueva España por lo que siempre caminaban con aires de superioridad intentando llamar la atención de los demás, incluso se sentían con derecho de empujar a otros para abrirse paso sin importarles si tiraban algo o los lastimaban por lo que cuando lo vi tan sospechoso, esquivando los puestos, evitando empujar o disculpándose cuando lo hacia, que decidí seguirlo después de disculparme con los dueños de las tierras excusándome de tener que resolver algo de suma importancia (y vaya que lo era).

Por un rato lo seguí sin ser vista, afortunadamente traía un vestido sencillo que me permitía camuflaje arme con la gente, al menos hasta que lo vi entrar a un edificio cerca de la iglesia donde casi no había personas. Me sentía insegura de seguirlo ahí adentro pues no sabía que encontraría adentro…y si estaba con un grupo de criminales que planeaban zacear el pueblo, no estaba preparada para eso…NO, con más razón debía entrar para proteger a mi gente.

Cuando abrí la puerta, esta rechino estruendosamente y entre rogando que no se alcanzara a oír donde sea que pudiera estar pero no fue así ya que en cuanto cerré la puerta por adentro, sentí como me tomaban del brazo lo bastante fuerte como para terminar sentada en el piso pero no lo suficiente para lastimarme. No pude ver el rostro de mi atacante hasta después de recuperarme de la caída y cuando lo mire a los ojos podía ver que se trataba del mismo soldado que había seguido a hasta ese lugar.

-¿Quién eres? Y ¿quién te envió?- me pregunto el soldado firme mientras me apuntaba con su espada pero no como si esperara cualquier movimiento mío para poder matarme, mas bien como avisándome que no podía escapar- ¡responde!- dijo subiendo la voz al ver que no respondía.

-Bueno yo…- empecé a contestar hasta que…

-Allende ¿Qué sucede allá abajo?- escucho la voz de un hombre que provenía de la parte superior del edificio.

-Tenemos una intrusa Aldama pero tranquilo, yo me encargo- contesto el soldado sin alejar su vista de mí.

-Tranquilo general, no hay que ponernos agresivos y menos con una niña- dijo de pronto un hombre, más bien un cura por su apariencia, que tomaba al soldado del hombro incitándolo a bajar su arma para que me pudiera levantar.

-Con todo respeto señor cura pero creo que será mejor que yo me encargue de esto- contesto el soldado que si bien me permitió levantarme y dejar de apuntarme con su espada no la guardo en su funda.

-Vamos, no hay que hacer especulaciones, tal vez esta señorita se perdió o algo por el estilo- comento el cura intentando defenderme con una justificación de mi presencia en ese lugar, en ese momento.

-No lo creo cura, a esta joven la conozco, ella vive en casa del Virrey y es hermana de un hombre muy poderoso de España- contesto el soldado, que al decir eso supe de quien se trataba, el general Ignacio Allende, un soldado de elite del ejército realista. Había oído hablar al Virrey de él en varias ocasiones aunque jamás lo había visto en persona- puede que el Virrey la haya mandado a vigilarnos, de seguro ya sospecha de la conspiración-

-¿Conspiración? ¿cuál conspiración?- pregunte interrumpiendo su discusión.

-Creo que ya tienes tu respuesta y tu solo nos delataste- dijo el cura divertido ante el descuido del general.

-Yo no…eso no importa…debe irse…si no quiere salir lastimada- le contesto Allende al cura dirigiéndome la mirada en la ultima parte, como una indirecta hacia mí

-Pues fíjese que no me voy hasta que me diga de que rayos hablas y más le vale que me diga santo y seña o me conocerá enojada y le aseguro que no querrá verme así- le dije (amenace) con una aura azul empezando a surgir de mi por lo furiosa que me estaba sintiendo (o si yo también tengo mi aura aterradora como la te Antonio, Iván y mi hermano).

-Escúchame niña no me interesa quien seas nadie me amenaza de esa manera y se sale con la suya, así que o te vas o yo…

-Ya basta Allende- se oyó la voz de una mujer y no era cualquier mujer… era la mismísima Josefa Ortiz de Domínguez, la corregidora de Querétaro que acababa de entrar al lugar junto con su esposo Miguel Domínguez- ¿por qué haces tanto escándalo?, si sigues actuando de esa manera tan infantil vas a arruinar meses de planeación, ya deja de discutir con la señorita por favor.

-Pero señora corregidora…usted no lo entiende, ella es…-

-Sabemos perfectamente bien quien es, ya la hemos frecuentado en el pasado con tratados políticos y te puedo asegurar que es una chica de buen corazón- dijo la corregidora regañando al general.

-Disculpen pero me pueden decir de que están hablando porque no entiendo- interrumpí nuevamente, nuevamente me habían dejado a un lado para discutir entre ellos y eso era muy incomodo para mí.

-Es clasificado, no pienses que vamos a decir…-

-Nos estamos reuniendo para hacer un movimiento de reforma- dijo el cura interrumpiendo al general.

-No le digas, ahora tendremos a todo el ejercito realista pisándonos los talones para ejecutarnos- se quejo el general de que el cura me contara su plan como si fuera lo más natural del mundo.

-Tranquilo Allende, ya te lo había dicho esta niña es bondadosa y te aseguro que vela por la gente sin importar de que casta se trata- me defendió nuevamente la corregidora.

-Yo digo que se una a nosotros, claro, si eso es lo que ella desea- sugirió el cura dirigiéndome la mirada. No estaba segura de aceptar pues ya me había prometido a mi misma no abandonar a mi hermano Antonio en estos momentos, solo cuidar más a mi gente.

-Hábleme más de eso ¿qué planean con esto?- les cuestione.

-Veras jovencita, a pesar de los buenos tratos que España ha intentando brindar a estas tierras desde que las conquisto hace casi 300 años sigue habiendo muchos problemas e injusticias que la corona no puede o simplemente no quiere solucionar. España intenta aplicar sus leyes al pie de la letra aquí esperando que funcionen también como allá pero me temo que es imposible debido a muchas cosas, entre ellas los tipos de castas, que solo sufren por la inmensa desigualdad entre los peninsulares y el resto llegando incluso a la esclavitud, algo prohibido por la misma España, es por eso que nos hemos unido para hacer un movimiento para que la corona española acepte la creación de un gobierno autónomo, que sean las autoridades locales las que vean por el pueblo y no esperar a recibir la aprobación de quienes no saben lo que sucede mas allá de una carta- me explico el cura.

-¿Entonces se quieren independizar de España?- pregunte para asegurarme de que si había entendido bien.

-No exactamente, seguiríamos siendo parte de la corona pero tendríamos más libertades e igualdad para todos los habitantes de la Nueva España- me aclaro el cura con una sonrisa. Estaba encantada con la idea, era justamente lo que estaba buscando y ahora que lo encontraba no podía desperdiciar la oportunidad.

-Acepto unirme a su movimiento- dije emocionada, a lo que todos asintieron y me invitaron a subir donde se encontraban otros hombres que estaban esperando la llegada de los corregidores entre ellos otro soldado español.

-Es verdad no nos hemos presentado como es debido, soy el cura Miguel Hidalgo, el nombre del general que la recibió en la entrada en Ignacio Allende, supongo que ya debes conocer a los corregidores de Querétaro y este caballero es el general Juan Aldama- me los presento el cura.

-Es un gusto conocerlos mi nombre es María Guadalupe y es un honor formar parte de su plan- me presente lo mas cortes que pude.

Esa fue la forma en que conocí a los que se volverían a los héroes del inicio de mi independencia. Después de explicarme con más detalle cómo se llevaría a cabo el movimiento decidí irme a vivir con los corregidores (que por cierto no tuvieron problemas en aceptarme en su casa) para estar más al pendiente de las reuniones y evitar ser descubiertos por el Virrey (que me tenia vigilada desde el incidente del gobierno provisional), solo tenía que llevar un pequeño plan para hacerlo.

Plan en práctica

-Señorita María ¿se podría saber que está haciendo con ese uniforme?- me pregunto el Virrey al verme con un uniforme realista puesto frente al espejo completo que teníamos acomodándome el collar que Antonio me había regalado a modo de que me quedara como un broche para ajustarme el saco que era una talla más grande al mío (era lógico, después de todo no había uniformes para mujeres).

-No es un poco obvio- conteste sin dejar mi labor.

-Me refiero al motivo que la lleva a una jovencita con clase y sin nada de qué preocuparse a usar un uniforme que se usa solo para las guerras ¿a caso está planeando algo de lo que me deba preocupar?- dijo el Virrey con intenciones de sacarme información.

-En lo absoluto señor Virrey…yo…estado pensando en lo que me dijo el otro día…cuando me pidió que viajara para tranquilizar a la gente, creo…que tiene razón y quiero llevar este uniforme conmigo como símbolo…de que sin importar quien seas puedes servir a tierra cuando se necesite…tendré la confianza de la gente, cosa que no lograría con un vestido de alta costura, que para el pueblo representa superioridad y desprecio hacia ellos…es algo que ya no quiero transmitir- dije esperando que me creyera.

-Aun así señorita, no se ve bien que una mujer use esa...ropa- contesto el Virrey

-No es solo por eso, no olvide que también se pelear (cortesía de Antonio) y nunca se sabe, podría necesitarlo para pelear alguna vez…digo, ya sabe con algún ladrón o un rebelde, use su imaginación Virrey- intente componer lo ultimo pues conteste sin pensar (como odio cuando me engañan así) y me fui antes de revelar más cosas creyendo que el Virrey no sospechaba nada.

Por un tiempo todo marcho tranquilamente hasta que una noche...estando con la corregidora en su cuarto leyendo una carta de mi hermano Miguel (ex-imperio azteca) contándome que iría a Dolores y que si podríamos vernos allá, cosa que me alegro mucho ya que la siguiente junta seria justamente en ese lugar, cuando de pronto ambas oímos un sonido extraño en la puerta, la corregidora se levanto pensando que sería su esposo intento abrir la puerta pero esta estaba cerrada con seguro y cuando llamo al corregidor este nos conto que habían descubierto la conspiración y que ya iban grupos realistas a arrestar a nuestros compañeros pero como no sospechaban de nosotros aun decidió encerrarnos para evitar que hiciéramos una locura. Aun que tratamos de pedirle que nos dejara salir él solo se disculpo y se fue sin decir más.

En cuanto dejamos de oír sus pasos buscamos la forma de escapar, bueno en realidad yo lo hacía mientras que la corregidora hacia ruido para que alguien viniera a sacarnos .No pasó mucho cuando uno de sus sirvientes llego a ofrecer su ayuda a lo que de inmediato Doña Josefa le pidió que buscara al general Aldama y le avisara a nuestros compañeros que el plan había sido descubierto cosa que de inmediato hizo, sin embargo no me sentía menos angustiada, cualquier cosa podía pasar por lo que se me ocurrió la idea de salir por la ventana (aunque estuviera en el segundo piso)

-Espéreme un momento Doña Josefa, en cuanto baje volverá por usted- le dije mientras abría la ventana.

-No María, no debes volver por mi- dijo firme pero con dolor.

-Pero señora- repele, no quería dejarla sola.

-Es lo mejor, volver por mi solo sería un riesgo para ti, si Miguel te ve afuera del cuarto no me quiero imaginar lo que hará por eso debes ir directo a las caballerizas, debes alcanzar a Aldama y avisar a nuestros camaradas antes de que sea tarde…corre pero, por favor, con mucho cuidado…VE- me dijo antes de empujarme hacia la ventana- anda yo estaré bien, los que ahora te necesitan son ellos- me insistió cuando voltee a verla antes de salir.

Salí por la ventana y baje con extremo cuidado y haciendo el menor ruido posible llegue a las caballerías donde estaba Luna y rápida como un rayo la prepare y salí de ahí. Por varias horas no encontré señales del mensajero de la corregidora o de Aldama hasta casi llegar a Dolores, donde lo encontré frente a la iglesia volteando a todos lados esperando que nadie lo viera, al acercarme a él fue cuando el cura Hidalgo y Allende nos abrieron y nos dejaron pasar para contarles lo sucedido.

-Debemos huir o pronto nos arrestaran y ejecutaran, si eso pasa de nada habrá servido tanta discreción- comento Allende.

-Eso ni soñarlo, no podemos huir como ratas tratando de salvar nuestro pellejo y abandonar a compañeros a su suerte…debemos empezar el movimiento al amanecer, con eso al menos tendremos la ventaja de tomar a los realistas por sorpresa- dijo el cura.

-El cura Hidalgo tiene razón, si huimos solo retrasaremos esto y le daremos ventaja al enemigo de prepararse para lo que sea que hagamos, aunque no sea por mucho estaremos iguales al tomarlos desprevenidos- apoye al cura.

-Que así sea entonces- dijo resignado Allende y Aldama solo asintió como aprobación.

Al amanecer los generales tocaron las campanas de la iglesia lo más fuerte que podían llamando la atención de la gente que empezaba con sus labores diarias que al ver al cura frente a la iglesia se acercaron a escucharlo hablar sobre levantarse contra la injusticia que sufrían por parte de los peninsulares y ahora también de los franceses si lo permitían, la gente concordó con el cura y lo demostraron cuando empezó a gritar todos lo seguían incluso cuando menciono "viva el rey Carlos IV" a lo que yo dije para mis adentros "viva mi hermano España".

Mientras todos tomaban lo que tenían para luchar yo distinguí una sombra familiar entre la gente y lo seguí hasta que se detuvo en un callejón vacio y lo pude distinguir mejor.

-Hermano- grite al correr a abrazar a Mixcoatl (ex–imperio azteca).

-Veo que por fin decidiste hacer algo- dijo cuando me vio con el uniforme después de abrazarme.

-Algo así…no quisiera pelear pero…si es necesario lo hare- dije firmemente.

-En ese caso vas a necesitar un arma digna con la cual defenderte- dijo mientras sacaba una caja que traía consigo.

-¿Qué es?- pregunte incrédula del contenido de la caja.

-Deberías saberlo, después de todo tú me ayudaste a crearla- dijo al abrir la caja que mostraba una espada en su funda pero no era cualquier espada, era una espada de oro (única en su tipo) que mi hermano creo como ultima defensa de su imperio contra las tropas de Antonio- sin importar bajo que circunstancias, esta espada fue hecha para la pelea, úsala bien-

Un gracias fue lo único que pude decir antes de irme con el #ejercito" que teníamos, mi hermano no interferiría pues no era su batalla pero me ayudo de la mejor forma que pudo. Pasó el tiempo y las batallas eran más frecuentes, así como las victorias que no disminuyeron, incluso aumentaron con la Toma de la Alhóndiga de Granaditas aunque pareciera lo contrario.

-No podemos entrar con los tiradores, seria suicidio ir- dijo Allende

-Yo puedo entrar sin ser lastimado- dijo un hombre fuerte que se acerco a nosotros.

-¿Y tú quien eres?- pregunto Allende al misterioso hombre.

-Me dicen el Pipila señor y yo conozco una forma para que puedan entrar a la alhóndiga- respondió el hombre.

-Eso es imposible, tendrías que tener piel de piedra para que eso pasara- dijo Allende escéptico.

-Deja que vaya general- dije apoyando al Pipila, no sabía porque pero algo me decía que debía confiar en ese hombre.

-Si quiere arriesgar su vida por mi está bien- acepto de mala gana Allende

Para su sorpresa y la de todos, el hombre se puso una losa de piedra en la espada y se encamino hacia la puerta de madera con una antorcha en mano, con la loza evito los disparos que le atacaban y pudo quemar la puerta con la antorcha que tenia permitiéndonos entrar y vencer en ella.

Lo que habíamos prometido se estaba volviendo realidad, el cura Hidalgo abolió la esclavitud que tanto detestábamos incluso habíamos creado un gobierno en Guadalajara donde puso a cargo a su discípulo Ignacio López Rayón, nuevamente me encontré a mi hermano Mixcoatl, que se alegraba de verme sana y salva, el sentimiento era mutuo no quería verlo pelear por lo que le pedí que se quedara ahí, donde estaría a salvo y aunque delego finalmente me hizo caso.

Acabábamos de tomar Valladolid y dirigiéndonos a la Ciudad de México cuando tomando un descanso en el campamento un misterioso hombre con un paliacate en la cabeza entro en la tienda, un conocido del cura Hidalgo.

-Señor cura, me alegra volver a verlo- saludo el hombre al cura de muy fraternal.

-Amigo Morelos, hace mucho que nuestros caminos no se cruzaban- respondió el cura su saludo- compañeros, dejen les presento a mi buen amigo José María Morelos y Pavón, nos apoyara en nuestra causa en el sur- nos presento al misterioso hombre.

Hasta aquí lo dejo, para crear suspenso, como les dijo Lupita lo bueno llego pero se pondrá mejor en el siguiente ¿Qué les pareció, eh?, espero ir por buen camino.

Aclaraciones:

Bueno creo que de hecho María ya explico lo importante pero de todos modos.

Santo y seña significa que les den hasta los detalles más insignificantes de algo (por si no lo sabían).

Aunque ustedes no lo crean, el inicio de la independencia no fue tal cual lo dicen en la escuela, verán los criollos y demás clases estaban cansadas de los excesivos privilegios de los peninsulares por lo que deseaban un gobierno autónomo, que los criollos manejarían pero sin dejar de formar parte de la corona española, pues no les convenía independizarse (perderían sus privilegios).

Como se dieron cuenta o no jamás mencione alguna traición por parte de ninguna persona, esto es porque ahora se cree que en el lecho de muerte de uno de estos hombres que revelo la conspiración a un sacerdote para no morir con culpas y este fue quien aviso al Virrey pero no es seguro.

En verdad Miguel grito "viva el rey Carlos IV" por las razones que dije.

La espada de oro la describí mejor en mi primer fic y Mixcoatl dice que Lupita lo ayudo a crear porque desde chica ha sido lista XD

Y si se preguntan porque puse al general Allende tan desconfiadote, bueno eso es porque es militar y ellos son muy precavidos con lo que hacen, sin olvidar de que era él quien estaba detrás de los pasos de la conspiración, tal vez Hidalgo era el rostro del movimiento al transmitirle confianza a la gente pero era Allende el cerebro de todo por su entrenamiento aunque eso no duro, ya que fue Hidalgo el que tomo el liderazgo justo donde termina este capítulo.

Por lo que dice mi libro España ya había recuperado control sobre Nueva España para ese entonces pero creo que todavía estaban vigilados por Francia (el rey seguía en la cárcel y Antonio también XD) por lo que todavía había miedo de que llegaran los franceses.

El pipila fue un minero (de ahí que tuviera la fuerza para cargar la loza) que se unió al ejercito insurgente y fue gracias a él que se venció en la alhóndiga de granaditas, aunque también hay muchos que dicen que no existió pues no se sabe con certeza su verdadero nombre.

Ignacio López Rayón fue discípulo de Hidalgo y de hecho tras su la muerte de este se convirtió en rostro del movimiento hasta la llegada de Morelos, si fue un personaje importante pero no pienso hablar mas profundo de él, por eso se los digo ahora.

Ya saben si tienen alguna duda, queja o sugerencia soy toda oídos solo dejen sus comentarios. Si les gusta háganmelo saber sino también (solo que sin ser groseros plis) :3

Esta historia es mía y si tiene relación con otra es mera coincidencia

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