Aquí está el segundo capítulo de esta historia que espero que os guste.
Abrió lentamente los ojos. El dolor de cabeza lo estaba matando. Incluso ese leve movimiento le incomodaba sobremanera. Vio el techo de una habitación. Giró la cabeza y tuvo que entornar los ojos ante la avalancha de luz. Desde la ventana se veía el limpio y claro día. Un cielo de un azul precioso. Sin nubes que mancharan la inmensidad de ese cielo.
-¿Cómo te encuentras?
Se sorprendió al oír aquella voz.
Giró su cabeza hacia la izquierda y allí, sentado en una silla, con cara de haber dormido mal y una sonrisa de alivio, estaba Goku.
Miró más allá del pequeño. Sólo una puerta marrón que, supuso, daba al pasillo.
Goku siguió su mirada y sonrió.
-Hakkai está de compras y Gojyo durmiendo, insistió en pasar la noche contigo.
Los ojos del joven monje se abrieron con sorpresa. Volvió a mirar al techo. Definitivamente la cabeza lo iba a matar.
Se incorporó y cuando intentó quitarse las mantas de encima, Goku lo detuvo.
-¡Ey¿Dónde te crees que vas?
Sanzo lo miró ceñudo.
-Me duele la cabeza. Voy a tomarme algo.
Goku meneó la cabeza con desaprobación.
-¿Para qué te crees que estoy yo aquí?
Sanzo, renegando, accedió a estarse en la cama, pero sentado.
Goku se levantó y llenó un vaso de agua en el lavabo del baño que había en la habitación. Se acercó a la mesilla y cogió una de las muchas cajas que allí estaban.
-Toma.-dijo tendiéndole una pastilla y el vaso.
La puerta se abrió, y dio paso a un sonriente Hakkai cargado de bolsas.
-Bien. Veo que te has despertado. ¿Qué tal estás?-preguntó dejando toda su carga en la mesa que había al fondo.
-Bien.-respondió escueto Sanzo.
Hakkai sonrió. Al menos había vuelto a ser el de siempre.
Se acercó a tocarle la frente para ver si seguía con fiebre. Ante el movimiento del otro, Sanzo se apartó hacia un lado.
-¿Qué pretendes?
-Jajaja. Sanzo, tranquilo. Sólo intento ver si tienes fiebre.
Sanzo arqueó una ceja y colocó su mano en su frente.
Meditó unos segundos y dijo convencido.
-No tengo fiebre.
Hakkai sonrió ampliamente.
-Vale. Lo que tú quieras. Pero tómate las pastillas que ha dicho el médico.
-Pero¿qué jaleo me traéis?-preguntó Gojyo haciendo acto de presencia en la habitación.
-Hombre, el que faltaba.-le saludó Goku.
-¿Cómo está nuestro Sanzo-chan?-preguntó Gojyo con la voz con la que se le habla a un niño.
Sanzo lo miró con odio y le respondió:
-En cuanto me dejen levantarme, Sanzo-chan no sé cómo va a estar, pero Gojyo-kun estará muerto.
Gojyo se rió con ganas. Al fin el Sanzo de siempre estaba otra vez de vuelta.
Estuvieron hablando durante mucho rato. Goku y Gojyo sentados en sillas al lado de la cama de Sanzo, éste dentro de la cama y apoyado contra el cabecero y Hakkai en un pequeño fuego que había al fondo, cocinando. No hablaron de nada en concreto, pero para todos fue la mejor conversación de toda su vida.
La cara de Sanzo había perdido todo rastro de tristeza y tenía mejor color y aunque en su interior todo fuera como siempre, no dejaba que eso traspasase hasta el exterior, no quería que sus amigos se preocupasen por algo que sólo le concernía a él. Escuchaba a los otros y discutía de vez en cuando alguna tontería, o tenía que hacer uso de su abanico, ya que la pistola la habían alejado demasiado, "por su salud" habían dicho.
Los otros veían contentos cómo el monje se había recuperado. Nadie había mencionado nada sobre lo que Sanzo había dicho o hecho cuando estaba con fiebre. Suponían que él no se acordaba y creían que era mejor dejarlo así.
Cuando la comida estuvo hecha, todos se sentaron a la mesa. Hakkai había insistido en que Sanzo se quedara en la cama y comiera allí, pero el testarudo monje lo amenazó con el abanico y al final el de ojos verdes accedió a que se levantara.
-Sanzo, deberías comer un poco más.-le dijo Hakkai al ver que el otro retiraba un poco el plato.
-No quiero más.
-No importa yo me lo comeré.-dijo Goku con una cara de inmensa alegría.
-Míralo, siempre sacrificándose por los demás. Es un santo.-se burló Gojyo.
-Déjame. Si no quiere más no vamos a tirarla.-le contestó Goku cogiendo el plato de Sanzo.
Hakkai se le adelantó y le arrebató el plato de las manos.
-Goku, deja su plato. Sanzo tiene que comer algo más. Ha estado muy débil y necesita reponerse.-intervino con autoridad.
El pequeño bajó la cabeza y asintió. Sabía que su querido monje debía comer, pero en cuestiones de comida a veces se olvidaba de todo y de todos.
-Hakkai, no voy a comer más.
Y diciendo esto Sanzo se levantó, cogió el periódico y sus gafas, y sentándose en la cama comenzó a leer. Sin darle oportunidad a nadie de réplica.
Hakkai se quedó con el plato en la mano. Gojyo lo miró y sintió lástima de él. Sólo pretendía que el otro se recuperara lo antes posible, pero no había nada que hacer cuando el monje se ponía terco.
Gojyo cogió el plato y se lo tendió a Goku.
-Toma. Ya puedes comer.
Éste miró el plato y a Sanzo.
-Se me ha quitado el hambre.
Incluso Sanzo levantó la vista del periódico ante las palabras del menor.
Al notar las miradas de sorpresa de sus compañeros clavadas en él, sonrió y rascándose la cabeza añadió:
-Tal vez luego…
