Gracias a todos los que leéis esta historia, espero que os guste este capítulo, personalmente es uno de los que más me gustan, a lo mejor un poco OOC, pero...
Gracias a lady-gojyo por su comentario, fui un poco mala al dejarlo así, pero era el momento perfecto :p
Dejad vuestras opiniones, críticas, halagos, etc. Contestaré a todo.
A leer!
-¡SANZO!
Llegaron a la puerta y empezaron a golpearla.
-¡SANZO, ABRE!
Todos estaban muy nerviosos, Hakkai y Gojyo golpeaban la puerta desesperados. Goku se había quedado unos pasos atrás, aterrado. Estaba muy asustado y temblaba descontroladamente, tenía los puños cerrados en torno a las mangas y daba pequeños tirones de ellas.
-¡Aparta!-dijo al fin Gojyo.
Hakkai se colocó al lado de Goku. Gojyo tomó impulso y de una patada abrió la puerta.
Allí estaba. Dándoles la espalda, apoyado en la pared y con la cabeza gacha. En la mano derecha tenía la pistola; la izquierda apoyada en la pared por encima de su cabeza.
La sangre brotaba desde la mano y bajaba hasta el suelo, tintando la blanca pared de un color carmesí.
El primero en entrar fue el pelirrojo. Impresionado por lo que veía se quedó estático, cerca de la puerta, sin poder pronunciar nada salvo…
-San…zo.
Hakkai apareció detrás de él. Ante la escena sólo pudo bajar la cabeza apenado.
-Deja que te cure eso.
Se acercó al monje que no se había movido de la pared. Sin llegar a rozarle, colocó sus manos alrededor de la de Sanzo y su energía comenzó a sanarlo.
-Después tendré que vendártelo.
Lo miraba pero no podía verle la cara. Mechones rubios la cubrían, ocultando cualquier expresión.
Goku no se había movido del pasillo. Aquella imagen, la sangre, la pistola…Todo eso daba vueltas en su cabeza. Los monjes, la discusión, las lágrimas…Abrió los ojos de golpe, como si de pronto todo cobrase significado. Y…corrió. Corrió para librarse de aquel peso que le oprimía de manera tan cruel el pecho. Corrió para no ver al ser que más quería romperse de esa manera. Corrió porque no sabía de qué manera ayudarlo. Corrió para olvidarse de todo.
Hakkai vio al más joven echar a correr.
-¡Goku!
Miró a Sanzo. Seguía sin moverse. Su mano ya estaba casi curada, pero tenía que vendarla. Entonces miró a Gojyo.
-Gojyo, Goku…
Se calló. El pelirrojo no se había movido de su posición. Lo único que había cambiado era su rostro, dos solitarias lágrimas caían por sus mejillas.
Hakkai cerró los ojos, suspiró y saliendo por la puerta dijo antes de cerrarla:
-Cuida de él.
Se quedaron los dos solos en la habitación. El silencio lo inundaba todo. Un silencio incómodo. De pronto algo empezó a moverse. Sanzo apoyaba la cabeza en la pared y poco a poco se deslizaba hasta llegar al suelo. La sangre fue dejando su huella temblorosa conforme el monje descendía por el muro. Fue entonces cuando Gojyo reaccionó. Se acercó lentamente a Sanzo. Se arrodilló detrás de él y apoyó la cabeza en su hombro. Al notar que el otro no oponía resistencia, fue rodeándolo con sus brazos. Quería transmitirle su calor, su apoyo. Quería que supiese que él estaba allí para ayudarle.
Pequeños espasmos empezaron en el cuerpo del rubio. Un llanto silencioso que para ellos era un grito desesperado.
-Sshhh. Tranquilo.-le dijo suavemente Gojyo al oído del rubio.
Como un huracán, Sanzo se giró y con un brusco movimiento agarró al otro del cuello y se levantó.
-¿Tranquilo?
Sus ojos rojos de llanto e ira.
-Tranquilo dices. ¿Acaso sabes de lo que estás hablando?. ¿Sabes lo que se siente?. ¿SABES POR QUÉ ME HE DISPARADO?
Gojyo no dijo nada. Por supuesto que no sabía nada de eso. Lo único que sabía era lo que se sentía al ver al rubio sangrando, llorando y desesperado.
Sanzo mantenía su agarre, que había obligado a Gojyo a levantarse también y con cada palabra que decía, empujaba más y más a Gojyo, hasta que lo aprisionó contra la pared.
-¿Lo sabes?. ¿Sabes lo que es tener sentimientos que no puedes demostrar?. ¿Lo que es que día tras día, año tras año, tu cabeza te machaque con una muerte que no pudiste evitar?. ¿LO SABES?. ¿Lo…
Sin poder soportarlo más, se dejó caer contra el pecho de Gojyo y dejó que sus lágrimas brotasen libremente. Gojyo lo abrazó y dejó que ambos cayeran otra vez al suelo.
Apoyado en la pared, el rubio descansaba en su pecho, mientras él acariciaba su cabello, y besaba suavemente su cabeza.
-Si…si me dejases que te ayudara. Si compartieses un poco de tu dolor, sería más fácil llevarlo.
Sanzo levantó la cabeza y lo miró a los ojos, unos ojos que lo miraban con un brillo especial, unos ojos que desprendían calor.
-Quiero ayudarte. Y no quiero verte sufrir así. Si al menos me dejases ayudarte un poco, ya no sentirías tan solo y a mí no me importaría sufrir contigo.
Sanzo pareció meditarlo un momento, luego se incorporó, y los brazos de Gojyo se apartaron de él. El monje se levantó. Gojyo agachó la cabeza con tristeza, había estropeado un momento precioso entre los dos.
Una mano apareció delante de él. Alzó su mirada.
-¿Vas a ayudarme a vendarme o no?
Allí estaba el monje, la mano extendida hacia él y una expresión mucho más tranquila en su cara.
Gojyo sonrió y cogiendo esa mano contestó:
-Por supuesto.
Del pequeño baño de la habitación Gojyo salió cargado de vendas, gasas, alcohol, y un largo etcétera. Sanzo esperaba sentado en una silla, con el brazo de la herida apoyado en la mesa. Estaba cabizbajo y con aire de tristeza, por eso cuando Gojyo salió del baño intentó animarlo.
-Venga. Vas a tener la suerte de que te vende Sha Gojyo, el mejor enfermero del mundo.
Sanzo al verlo con tanto cachivache abrió los ojos sorprendido y al oír los adjetivos que se ponía arqueó una ceja.
-¿Dónde vas con eso? Sólo es un tiro en una mano, no me tienes que vendar todo el cuerpo.
Gojyo sonrió.
-Ya lo sé. Pero hay que hacerlo bien.
Dejó todas las cosas en la mesa y tomó asiento en una silla enfrente de Sanzo. Cogió unas gasas y yodo.
-Primero te desinfecto todo esto, que Hakkai no ha terminado de curarte y aún te sangra un poco.
Con cuidado cogió la mano de Sanzo y limpió toda la zona afectada.
-No duele¿verdad?
-Por supuesto que no.-dijo Sanzo ofendido.
-Jeje. Vale vale.
Dejó la gasa y cogió otra limpia. La colocó con suavidad encima de la herida y acto seguido empezó a vendarla.
-Tampoco te pases.-le dijo Sanzo al ver cómo ya estaba bien vendada y el otro seguía.
Gojyo hizo una mueca y cortó la venda para fijarla con un esparadrapo.
-Voilà. C'est fini.-y contempló su obra con orgullo.
Comenzó a recoger todo cuando la puerta se abrió.
