¡Hola a todos! he actualizado prontito, eh? es q habrá algunos días de parón y mientras os dejo esto q espero q os guste mucho, ya q hay una escena q a mí me encanta(a ver si adivináis cuál es, jeje)
Muchísimas gracias a lady-gojyo por su comentario tan bonito, me alegra q t esté gustando, y sí, habrá lemon, pero al final, no hay q precipitar acontecimientos, primero voy a hacer sufrir un poquito más a esta gente¡me encanta! Por cierto yo misma he dejado un comentario para aclarar cosas, estoy muy agradecida a lady-gojyo por sus comentarios pero no quiero que nadie se ofenda y si tenían intención de dejar su opinión que ahora por eso no lo hagan.
Por cierto, he visto que en el capítulo anterior esta cosa me quitó algunas exclamaciones e interrogaciones, lo siento, ahora creo q está todo bien, después de revisarlo mil veces, en fin, todo sea porq quede bien.
Espero que disfrutéis y q paséis un feliz fin de semana porq yo eso es lo que pretendo hacer :) (madre mía, q rollo he soltao)
Hakkai parecía algo fatigado, correr detrás de Goku no era fácil. Abrió la puerta y vio a Gojyo y Sanzo mirándolo. El rubio todavía tenía los restos del llanto en su rostro, y se le veía más deprimido de lo normal, pero desde luego no estaba en el estado en el que lo habían encontrado. Hakkai sonrió. Gojyo había hecho un buen trabajo. También pudo notar que tenía la mano vendada y que el pelirrojo llevaba las vendas.
Sanzo se cansó de esperar a que el otro hablara.
-Deja de mirarme. ¿Dónde está Goku?-preguntó con tono enfadado, intentando ocultar su nerviosismo por el pequeño.
Hakkai se apartó y detrás de él apareció el más joven.
Sanzo respiró aliviado. Lo último que quería era que a Goku le pasase algo.
Goku miraba al suelo, no se atrevía a entrar a la habitación. Estaba avergonzado por haber huido cuando Sanzo estaba tan mal. Quería disculparse pero no sabía cómo.
Al final, Sanzo habló.
-Goku. Ven.
El monje se levantó y se acercó un poco al castaño.
Goku levantó la mirada y vio los ojos violetas de siempre y el cabello rubio de su querido Sanzo. Miró su mano y la vio vendada, como si de un impulso se tratase sus ojos viajaron hasta la pared llena de sangre.
Sanzo sabiendo lo que el menor estaba mirando, se adelantó hasta quedar frente a él, tapándole la vista carmesí.
Goku volvió a fijar su mirada en la del otro.
-Sanzo…
Sus ojos comenzaron a empañarse, los cerró con fuerza y sacudió su cabeza.
-¡SANZO!
Se lanzó al cuerpo del monje que lo recibió con cariño.
-Vamos, no llores. No ha pasado nada. Estoy bien.
Lo cogió de la barbilla y alzó su cara.
-¿Vale?
Goku se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y asintió.
-Hm.
Sanzo se soltó de él y ante las miradas de expectación de los demás, se dirigió al baño.
Hakkai miró a Gojyo y le hizo un gesto con la cabeza "¿Dónde va?". Gojyo levantó los hombros "Y yo que sé".
Sanzo salió del baño. Estropajos en mano se dirigió a la pared manchada. Sacó los brazos de la túnica, quitándosea del torso y la dejó descansando en su cintura. Se dio la vuelta y con precisión fue lanzando estropajos a sus amigos y volviéndose a la pared otra vez, empezó a restregar las manchas.
Gojyo, Hakkai y Goku se habían quedado con la boca abierta. Sanzo…¿limpiando? Miraron lo que les había tirado.
Gojyo sonrió y fue corriendo al baño. Dejó todas las vendas y salió. Se colocó al lado de Sanzo y comenzó a limpiar.
Hakkai los miró a ellos, miró el estropajo, y contento, anduvo hasta la pared.
Sanzo al notar que faltaba uno se dio la vuelta.
-Tú ¿qué?
-Vamos Goku. Ayúdanos a limpiar esto.-le dijo Gojyo.
Goku, mostrando su mejor sonrisa, corrió a ayudar a sus amigos.
-o-o-o-o-o-
-Aaaay. Por fin hemos acabado.-dijo Gojyo sentándose pesadamente en una silla.
-Estoy…molido.-bostezó Goku tomando asiento en otra y, colocando la cabeza encima de la mesa, se quedó dormido.
Hakkai recogió los trapos y cubos que habían utilizado y los metió otra vez al baño.
Sanzo estaba de pie, apoyado en la pared que habían limpiado. Sacó el paquete de cigarrillos de su bolsillo y se puso uno en la boca. Rebuscó en su túnica y no encontró el encendedor.
-'Ch.
Gojyo se giró y lo miró.
-¿Qué pasa?
-El maldito encendedor…¿dónde coño…?
Seguía rebuscando por la tela.
Gojyo sonrió y metió la mano a su pantalón.
-Toma.
Gojyo sacó su encendedor y se levantó. Se acercó a Sanzo hasta estar casi pegado y encendió el cigarrillo sin dejar de mirar sus ojos violetas. Cuando estuvo encendido, guardó el encendedor en el bolsillo y sin apartarse ni un milímetro del rubio, cogió el cigarrillo que pendía de sus labios. Se acercó muy lentamente, mirando esos ojos del color del más bello atardecer, y cerrando sus ojos carmesíes, besó los labios de Sanzo.
-Gojyo…-fue lo único que pudo decir antes de que aquellos labios carnosos se encontrasen con los suyos.
-Bueno esto ya está.-dijo Hakkai saliendo del baño.
Al oír a su amigo, Gojyo se alejó de Sanzo y como si lo estuviera apartando, puso una mano en su pecho.
-Bah, Sanzo. Dame una caladita que a mí se me han terminado.
Hakkai sacudió la cabeza.
-Es que fumáis mucho. ¿Cuándo lo vais a dejar?-dijo Hakkai creyendo el truco.
Sanzo no había dicho nada. Tenía las mejillas encendidas e intentaba tapar su cara agachándola y dejando que el pelo la cubriera.
Gojyo dio una profunda calada y se lo devolvió.
-Gracias, Sanzo-chan. Me ha sabido a gloria.
Sanzo lo miró y se sonrojó aún más si cabe.
Gojyo le dedicó la mejor de sus sonrisas y se dirigió a la puerta.
-Venga, Goku. Tenemos que dormir que mañana hay que madrugar.-Hakkai zarandeó suavemente al pequeño, que se levantó medio dormido.
-….ta…ñana…nzo.-le dijo saliendo de la habitación conducido por Hakkai.
-Hasta mañana, Sanzo. Descansa. Y si necesitas algo llámame¿vale?-le dijo Hakkai mirándolo preocupado.
-Sí sí. Adiós.
Hakkai salió guiando a Goku.
-¿Vienes, Gojyo?-llamó Hakkai desde fuera.
Haciendo una mueca de disgusto contestó:
-Sí.- y en voz más baja de despidió- Duerme bien, Sanzo.- pero antes de cerrar la puerta, añadió.-Y ya sabes, todo, al compartirlo, es mejor.
Sanzo cerró la puerta con seguro después de que el pelirrojo se fuera. Se apoyó pesadamente en ella y llevó una mano a su cara.
-Dios mío.
Suspiró y se dirigió a la cama. Retiró las mantas y se sentó. Comenzó a quitarse los zapatos y se deshizo de su túnica. Se levantó de nuevo y la dejó en el respaldo de una silla, y encima, su camiseta negra y el guante que no se había quitado cuando lo había vendado Gojyo.
Sin poder evitarlo se quedó mirando las vendas de su mano. Miró la pared que aún tenía un tono rosado. Otra vez todos aquellos pensamientos vinieron a su cabeza, apretó los puños con fuerza, notaba el dolor en su mano izquierda, eso lo ayudaba, mientras pensaba en el dolor físico no pensaba en el que su mente y su alma sufrían. Notaba cómo la sangre volvía a salir de la herida, la venda pronto se tornaría color carmín. Carmín. Unos ojos de ese precioso color sustituyeron las imágenes de los monjes en su pensamiento. Sonrió levemente y al recordar el suave besó un tono rojizo subió a sus pálidas mejillas.
Como si el misterioso destino hubiese cruzado por allí, un golpe proveniente de la pared en la que estaba la cama lo sacó de sus dulces pensamientos.
-¿Sanzo?
Aquella voz…Sanzo se acercó curioso a la pared.
-¿Estás dormido?
-No…Gojyo. No estoy dormido.
En la otra habitación un pelirrojo sentado en la cama y apoyado en la pared sonreía.
-¿Hay algo en lo que no puedes dejar de pensar?
Sanzo, sin saberlo, se colocó en la misma postura que el otro.
-Sí. Algo acababa de venirme a la cabeza antes de que me interrumpieras.
-Jeje. Bueno, espero haber interrumpido pensamientos malos.
-Hm.
Gojyo estaba preocupado por Sanzo. No creía que fuera bueno dejarlo solo después de…bueno, del percance que había tenido con la pistola. Quería estar seguro de que estaba bien, de que nada lo atormentaba y de que, por una noche, descansaba en paz.
-¿Cómo va tu mano?
Sanzo miró su mano izquierda. Ya se distinguía un pequeño círculo de sangre.
-Bien.
-No pareces muy convencido. ¿Está bien? No habrás hecho ninguna estupidez¿verdad?
-'Ch. Baka. ¿Por quién me tomas? –después de un pequeño silencio, añadió- Aunque mañana tendrás que ayudarme a cambiar las vendas.
Gojyo volvió a sonreir.
-Claro que sí, Sanzo. Claro que sí.
El pelirrojo quería hablar de lo que había pasado antes entre ellos. Impaciente, se arrodilló en la cama mirando a la pared, sabiendo que Sanzo estaba al otro lado, que sólo los separaba un muro.
-Sanzo.
-¿Hm?
-Yo…
Sanzo adivinó, por la forma en que el otro no atinaba a encontrar las palabras, de lo que iba a hablar.
-Gojyo.-se adelantó el rubio.
Gojyo se sorprendió.
-¿Sí?
-Buenas noches.
El joven monje no quería hablar de eso. Tampoco había querido ser tan brusco pero, en esos momentos no sabía, o no podía, expresarse mejor. En su cabeza todo estaba confuso y no sabía qué es lo que quería. Todas sus ideas mezcladas, sus sentimientos desbordados. Los muros que lo rodeaban y aislaban del mundo y de la gente, resquebrajándose a pasos agigantados por todas esas ideas, sentimientos, temores, odios, y recuerdos que cada vez se hacían mayores y que lo estaban ahogando. No, ahora no podía hablar de aquello. Quería dormir y olvidarse del mundo y sus desgracias por unas horas.
El pelirrojo se había quedado de piedra ante las palabras del otro. Al parecer hoy no era un buen día para hablar. Desilusionado bajó la cabeza y contestó.
-Buenas noches, Sanzo.
;)
