Hoy es un día especial y por eso dejo capitulo especial, por cierto...¡hoy es mi cumpleaños!(de verdad) así que aquí se queda este capítulo más romántico. Al fin se han quedado solos y a ver que hace este par.

Espero que os guste y que (hace tiempo que no lo digo) dejéis reviews :)


La luz todavía entraba por la ventana, solamente eran las dos del mediodía.

-Pf, es de día y Hakkai quiere que durmamos. ¿Cómo?-decía Gojyo mientras intentaba volver a sentarse en la cama.

Después de muchas maldiciones y gestos de dolor, al fin estaba sentado en la cama.

-¿Ya has dejado de hablar y de quejarte? Me estás poniendo dolor de cabeza, y mira que era lo único que no me dolía demasiado.-le reprochó Sanzo.

El monje seguía acostado. Estaba de lado, dándole la espalda a Gojyo.

Gojyo sonrió y mirando lo único que podía de Sanzo, le contestó:

-Así que te pongo¿eh?

Una ya famosa vena se fue hinchando en la sien del monje.

-Eres idiota.

-Jejeje. Vamos Sanzo, no seas así. Era sólo una broma.

-Hm.

Gojyo se estiró un poco para alcanzar la mesita.

-¡Ay! Madre de dios¡que dolor! Pero todo sea por un cigarro.

Al oír esto Sanzo reaccionó y le gritó:

-Ni se te ocu…

Sanzo se giró bruscamente para encarar al que se atrevía a robarle, sin ser consciente de su estado.

Cerró los ojos por el inmenso dolor y se mordió el labio inferior.

-¿Estás bien, Sanzo?-preguntó Gojyo preocupado al ver al otro.

Abrió los ojos y con odio miró al pelirrojo.

-Eres un hijo de…- Sanzo se movió muy lentamente e imitando la postura del otro, se sentó en la cama.

Gojyo encendió el cigarrillo que había conseguido, dejó el encendedor otra vez en la mesita y mirando a Sanzo le dijo:

-Sólo era un cigarro, no hacía falta que te lanzases como un loco. Mira lo que has conseguido, hacerte daño a ti mismo.

Sanzo lo miró con seriedad. Sí, eso era lo que había hecho, hacerse daño, otra vez.

Gojyo dándose cuenta de sus palabras, bajó la cabeza y se disculpó.

-Sanzo, yo…no era eso lo que quería decir.

Sanzo había apartado la vista de su compañero y ahora se dedicaba a mirar por la ventana sumido en sus pensamientos.

-Me refería a…

-Cállate.

Gojyo miró al monje. Vio su cara seria mirando hacia ningún lugar a través de la ventana.

Una especie de fuego empezó a crecer en su interior y sin saber cómo, ni por qué, se vio a si mismo contestándole al monje de una manera en la que nunca se hubiese imaginado.

-¡NO!

Sanzo, sorprendido por la réplica del otro, se giró y lo miró desconcertado.

-No me da la gana callarme.-Gojyo, motivado por él mismo, había dejado el cigarro en un cenicero de la mesita y había retirado las mantas que lo cubrían.

Sanzo por fin pudo ver entero el pecho vendado del otro, las vendas empezaban por encima del ombligo y llegaban hasta el pecho, cubriéndolo. También tenía el hombro izquierdo vendado.

-Tengo derecho a preocuparme por ti. Puedo preguntarte cómo estás-conforme iba hablando se iba levantando poco a poco de la cama.- y puedo disculparme sin que montes en cólera y te aísles en tu mundo de angustia.

Apoyado en la pared avanzaba. Cada paso entre las camas le costaba un mundo, cada movimiento le suponía un nuevo dolor, pero no iba a dejar aquello sin terminar, antes prefería morirse.

-Gojyo...-Sanzo veía al otro avanzar hacia él, y casi podía notar el dolor que sufría. No sabía por qué pero ver sufrir a Gojyo le producía un dolor en el pecho, distinto del que padecía por las heridas. Por eso cogió fuerzas y le gritó:

-¡No te muevas, o te dolerá más, idiota!

Gojyo casi había llegado a su cama. Un par de pasos más y estaría a su lado.

-Voy a seguir, y voy a ayudarte con todo lo que te ocurre, porque quiero que sepas que puedes confiar en mí, y que no estás solo en el mundo. Que aunque tu maestro muriera, tienes a otra gente que se preocupa por ti, que sufre cuando tú sufres y… –al fin había llegado hasta él. Sanzo lo miraba desde abajo y con horror y nerviosismo vio como Gojyo se acercaba más y más a su cara, hasta que suavemente le cogió la cabeza y le dijo- y porque te quiero.

Sanzo abrió los ojos ante aquella declaración pero antes de que pudiera decir nada, Gojyo se había apoderado de sus labios y los besaba con delicadeza pero con una pasión inconmensurable. Vio los ojos cerrados del otro y lo único que pudo hacer fue cerrarlos también ante aquel torrente de sensaciones que lo embargaban.

El corazón de Gojyo latía con fuerza contra su pecho, se había olvidado de sus heridas y sólo sentía aquellos labios tímidos que poco a poco correspondían a su beso. Quitó la mano que lo sujetaba a la pared y la colocó en el cuello de Sanzo, acariciándolo. Mientras que la otra seguía en su cabeza, notando cómo el sedoso pelo rubio se deslizaba entre sus dedos. Se acercó más al cuerpo de Sanzo, y se sentó en el borde de la cama, sin despegarse en ningún momento de aquellos labios que tanto deseaba. Cuando estuvo sentado deslizó la mano que acariciaba su cuello por su hombro y fue bajando hasta descansar en su cintura, la que asió con fuerza. Abrió los labios y dejó que su lengua sintiese los de Sanzo, los recorrió hasta que estos también se abrieron, al principio tímidamente, dejando entrar su lengua. Aquel encuentro le provocó un vuelco a su ya alterado corazón, en su estómago parecía que habían anidado millones de mariposas y una profunda felicidad lo invadió.

El beso se volvió más pasional y las manos de Sanzo también habían reaccionado y se aferraban a Gojyo, impidiendo que se separara. Era la primera vez que se sentía así, su respiración estaba alterada, su corazón latiendo imparable y su mente sólo centrada en la persona que tenía abrazada y a la que besaba con absoluta entrega.

Sus lenguas se separaron y sus labios dejaron de tocarse, pero sus cuerpos seguían muy juntos. El beso había acabado y Gojyo por fin abrió sus ojos para encontrar a aquellos violetas con los que tantas noches había soñado.

-Sanzo, yo sólo quiero estar contigo.

Sanzo cerró los ojos y apoyó su cabeza en el pecho del otro. Nunca había sentido tantas cosas a la vez y estaba muy confuso.

Gojyo recibió a Sanzo y lo abrazó, colocando su cabeza en la del otro y acariciando nuevamente sus cabellos.

-Yo…no sé.-la voz de Sanzo sonó apagada y débil. La cabeza le daba vueltas y no sabía muy bien qué había pasado, Gojyo y él se habían besado, y…le había gustado, pero… no sabía qué debía hacer, no sabía qué era lo que sentía ni si era lo correcto.

Gojyo sabía que no debía presionar a Sanzo. Eran muchas cosas las que habían pasado estos días y muchas las heridas que el monje llevaba en su interior, pero quería estar con él y no había podido aguantar más. Ahora lo único que podía hacer era acariciar su pelo e intentar que descansase para que sus pensamientos dejaran de atormentarlo y pudiera ver que estaba junto a él, que lo quería y que siempre lo haría.

-Está bien, Sanzo. Duerme.

Se apartó del monje y dejó que reposara en la cama.

Miró cómo su respiración poco a poco se volvía más lenta, hasta que acompasada y rítmicamente su pecho subía y bajaba. Le dio un beso en la frente y con cuidado se levantó de la cama, para, con ayuda de la pared, volver a la suya, sentarse en ella, y quedarse dormido viendo cómo lo hacía Sanzo.


:D