Hola! aquí está el 13, q no por ser un número algo gafe significa que el capítulo sea malo, jeje, espero q os guste, ya se acerca el final!
Gracias a Kashu-chan por su comentario, no importa q sea corto, me encanta que te gusten los capítulos. Siempre es bueno saber que opináis.
Gracias también a lady-gojyo por su comentario y por preocuparse. Estoy bien, estuve resfriada pero nada que no se arregle en 4 días, he tardado más por eso y por las fiestas.
Por cierto, para que quede claro, Sanzo no tiene la regla, es por si quedaba alguna duda :p. Es un hombre, muy hombre, que tiene problemas y no está del mismo humor siempre, creo que hacerlo siempre igual sería un rollo, y no quedaría realista, la gente cambia de humor como de camisa, algún comentario te puede sentar mal y ponerte de mala leche, y luego estar más feliz q unas pascuas. Bueno pues ahí queda eso, ahora a disfrutar de este capítulo hecho con cariño.
"Mierda mierda mierda ¡MIERDA!" Cada palabra iba acompañada de un puñetazo en la puerta, hasta que con el último pensamiento la abrió de golpe y salió al pasillo.
-¡GOKU!
Lo único que vio del muchacho eran sus pies girando por el pasillo mientras oía sus rápidas pisadas.
Apoyó la espalda en la pared y miró al techo. Tras unos segundos mirando a ningún punto en particular y con su mente perdida en el infinito, se decidió a caminar. No siguió al muchacho, sino que avanzó en dirección opuesta, hasta llegar al balcón que momentos antes le había dado cobijo.
Abrió la puerta y no le sorprendió ver que la lluvia caía incesantemente. Salió fuera y un escalofrío recorrió su espalda al contacto con las primeras gotas. Otra vez fue hasta la barandilla y allí descansó.
No sabía cuánto tiempo llevaba allí, estaba sumido en sus pensamientos y algo lo había sacado de ellos. Se giró y encontró el motivo. Hakkai lo miraba desde la puerta. Bajó su mirada, incapaz de mirar a los ojos de su amigo y volvió a fijarla en la calle, donde una pareja caminaba bajo un paraguas y unos niños corrían a resguardarse de la fría lluvia.
-Creo que tú deberías hacer lo mismo.- dijo Hakkai colocándose a su lado y observando a los niños correr.
Miró al rubio y vio cómo las gotas caían por su cabello hasta alcanzar la cara e ir bajando por su cuello hasta desaparecer al encontrarse con la ropa. El pelo le cubría los ojos y parecían lágrimas las que surcaban su rostro en lugar de lluvia. Tenía la ropa empapada y temblaba levemente.
-Vamos, Sanzo.
-Hakkai…
El rubio fijó sus ojos violetas en los verdes del otro, y abrió la boca para continuar pero un movimiento de cabeza y un gesto con la mano se lo impidieron.
-No, Sanzo. Está bien.
Los ojos del rubio se cerraron en señal de asentimiento y juntos, abandonaron el balcón.
Por el pasillo, los charcos de agua delataban su recorrido. Al llegar a la habitación de Sanzo, Hakkai se despidió.
-Buenas noches, Sanzo.
Sanzo asintió y giró para entrar pero algo pasó por su mente y frenó a su compañero que avanzaba camino de su habitación.
-Espera.
Hakkai lo miró con interés. Vio como el monje entraba y después de revolver en su mesita, salió con una bolsa de papel.
-Toma.
Hakkai la cogió y la abrió y no pudo más que sonreír al monje al ver el pastelito de carne reposando en el fondo de la bolsa.
-Seguro que le encanta.- terció el de ojos verdes.
-Lo guardaba para una emergencia.- dijo Sanzo sin darle importancia. Pero para él por supuesto que la tenía. Nunca había tenido intención de herir a Goku, y esperaba que con esto, el otro así lo entendiera.
-Tranquilo. Ya verás que todo acaba bien.- Hakkai se volvió y siguió el camino hacia su cuarto.
-Gracias, Hakkai.- con un tono más bajo de lo habitual, Sanzo agradeció al otro su comprensión.
Hakkai se volvió y con una gran sonrisa se despidió.
La habitación seguía tal y como la había dejado. Gojyo no había vuelto y eso lo tranquilizaba, ahora no quería más discusiones, estaba muy cansado.
Se deshizo de su ropa mojada, quedándose solamente con los pantalones, y se secó un poco el pelo con una toalla, para después acercarse a la mesita y tomarse las pastillas que tanto había insistido Hakkai. Retiró las sábanas y se dejó caer en la cama, durmiéndose al instante.
Una cabeza pelirroja apareció al cabo de una hora por la puerta. Por suerte, aunque la luz estuviese apagada, las cortinas estaban abiertas y la luz de la calle iluminaba tenuemente la habitación. Avanzó hasta las camas y vio la figura de Sanzo encima de la cama. Las sábanas a sus pies y él, encima de la cama sólo con sus pantalones.
Una sonrisa apareció en sus labios. Le encantaba ver así al rubio, su piel a la luz de la luna era más blanca si cabe, dándole un aspecto de estatua griega. Sus músculos marcados y el rebelde pelo tapándole la cara.
Se inclinó para apartar aquel mechón que no le dejaba admirar a Sanzo en su totalidad y al tocarlo sintió su suave piel. Su mano tembló sólo con aquel sencillo roce. Miró su cara despejada y sintió deseos de besarla, de recorrerla con sus labios y saciar su sed, pero en lugar de eso, siguió admirándola unos segundos más, hasta que un movimiento del rubio lo despertó de su fantasía. Se apartó un poco para no molestarlo y vio cómo Sanzo se encogía y su respiración se alteraba. Con mucho cuidado cogió las sábanas que reposaban a sus pies y las tendió sobre él. El monje dejó de temblar y volvió a respirar calmado.
Gojyo lo miró con cariño y fue hasta su cama, se deshizo de su chaqueta, de las botas y calcetines y se acostó.
-Buenas noches, Sanzo. Mañana no te me escapas.-susurró Gojyo sonriendo al dormido Sanzo.
Un rayo de sol se coló por la ventana y cayó en la cara del rubio. Abrió los ojos con pereza y se giró para ver si su compañero de habitación había vuelto.
Allí estaba, durmiendo de cara a Sanzo. Tapado hasta el cuello y con una sonrisa en los labios.
"¿Este tío siempre duerme sonriendo?" Sanzo se levantó sin hacer ruido, retiró las sábanas y se puso de pie. Iba descalzo para no hacer ruido, ya se pondría los zapatos fuera. No quería despertar a Gojyo o tendría que hablar con él, y eso era lo único que no le apetecía esta mañana. Antes de coger su ropa, se dirigió a la puerta, y con mucho cuidado cogió el pomo. Comenzó a girarlo, y un chirrido se empezó a oír. "Mierda de puertas."
Un gruñido lo alertó, miró al otro y vio cómo se removía entre las sábanas. Redobló sus esfuerzos en no hacer ruido y consiguió girar el pomo entero. Lo único que faltaba era abrir la puerta.
-¿Dónde te crees que vas?
Sanzo miró al otro con el ceño fruncido y vio cómo se levantaba de la cama. "Me la juego" Abrió la puerta de golpe e intentó salir. Pero antes de que pudiera siquiera sacar un pie al pasillo, la puerta volvió a cerrarse con fuerza y un pelirrojo cabreado le cerraba el paso.
