Todos los derechos: lugares, personajes y diálogos reconocibles, le pertenecen a J. K. Rowling y sus asociados. Yo solo estoy disfrutando al escribir esta historia sobre el mágico mundo que ella creó. No busco ningún beneficio lucrativo.
Capítulo 02
Caminos separados
Harry se encontraba tratando de ordenar los pensamientos que habían volado en todas direcciones dentro de su cabeza. Nada de esto tenía mucho sentido. Rookwood y Dolohov se encontraban en Azkaban, hasta donde sabía, y aquellas palabras en ese pergamino... Pensaba que las únicas personas vivas que sabían de esa profecía eran Ron, Hermione y él mismo... Luego recordó: habían pasado por la Sala de las Profecías. Pero, ¿cómo la habían podido coger siquiera? ¡Por Merlín!, ¿cómo sabían de su existencia?... Además, ¿regresar a mil novecientos ochenta y uno?... No... No podían evitar la primera caída de Voldemort, ¿o sí?
Muy vagamente, comenzó a escuchar el sonido de una voz llamando. No fue hasta que sintió un zarandeo que se percató que el nombre que Hermione pronunciaba no era el suyo:
—¡Teddy!, ¡Teddy!
Hermione estaba frente a un muy pálido Teddy, quien estaba con los ojos fuertemente cerrados. Eso hizo que la mente de Harry se aclarara.
—¿Qué pasa con él? —preguntó hacia los inefables.
—Todo lo que está sucediendo es algo nuevo para nosotros también, señor Potter —explicó el profesor Croaker, en tono condescendiente—. Sólo hemos hecho unos cuantos viajes de prueba, y obviamente no hemos alterado el flujo del tiempo... Sólo podemos conjeturar...
—Conjeture, entonces —lo apremió Harry.
Fue Rothleen quien habló —Tal parece que el viaje ha sido un éxito y sea lo que sea que hayan cambiado en el pasado está comenzando a afectar el presente: las estructuras parpadeantes, objetos que aparecen y desaparecen...
Así que no había imaginado esa escultura en absoluto, Harry pensó.
—Es lo mismo con las personas —agregó el profesor Croaker con más seriedad—. Si las cosas siguen así, las personas que están sufriendo de esta manera —Señalo a Teddy— se convertirán en no-nacidos.
—¿Q-qué quiere decir? —preguntó Harry, con dificultad.
—Debido a este viaje en el tiempo y al cambio de la historia tal cual la conocemos, lo más probable es que el joven aquí ni siquiera haya podido nacer —explicó Rothleen, forzando su voz lo más suave posible.
Muchas imágenes pasaron frente a los ojos de Harry en una rápida consecución. Todas ellas acerca de Teddy... y todas ellas se estaban esfumando de su mente.
—¡No! —gritó Harry, cerrando los ojos.
Cuando los volvió a abrir miró directamente hacia Rothleen —Hemos perdido suficiente tiempo. Querías hablar sólo conmigo por una razón, ¿no es así?
Rothleen asintió y con un ademán los instó a seguirlo; el profesor Croaker también se adelantó. Harry indicó a Hermione que ayudara a Teddy a avanzar con ellos y, rápidamente, salieron hacia un hall circular. La puerta de la oficina de Rothleen fue cerrada y rápidamente otra se abrió: la Sala del Tiempo. Harry reconoció las luces danzantes y sabía de dónde provenían; curiosamente, fue ahí a donde se dirigieron. Mientras avanzaban Harry miró nuevamente a Teddy, quien se encontraba caminando con lentitud, pero por si mismo, un poco por delante de una frustrada Hermione. Apresuró el paso.
El profesor Croaker llegó primero al lugar donde se encontraba aquel frasco lleno de un brillante y ondulante viento. El pequeño huevo aún se encontraba ahí: subiendo y rompiéndose, dejando salir un colibrí que volaba alto, para luego ser arrastrado por la corriente hasta el fondo de la vasija, donde volvía otra vez al interior del huevo.
—Esta es la sustancia que hemos estado estudiando...
—Esto ya estaba aquí en mil novecientos noventa y seis —le cortó Harry.
—Sí, lo estaba —afirmó el profesor Croaker—, pero sólo fue hasta la pérdida de nuestros giratiempos que se nos permitió estudiar su uso en los viajes temporales.
Harry sintió una familiar, y casi olvidada, sensación de culpabilidad. Él había sido el causante de la destrucción de esos giratiempos y ahora, por ello, el mundo pacífico que había ganado en estos últimos años se estaba desmoronando.
—Logramos encapsular la sustancia en un dispositivo que llamamos orbitador, el cual nos permite controlar cuantos años queremos viajar —continuó el profesor Croaker—. Años exactos, me temo... Y, al contrario de los giratiempos, el envejecimiento no es un problema, ya que el portador no se ve afectado por el tiempo que transcurre durante el viaje. Sin embargo, hay que ser cuidadoso.
El profesor Croaker insertó su dedo anular dentro del brillante frasco, traspasándolo, donde rápidamente comenzó a rejuvenecer.
—Los giratiempos sólo eran capaces de afectarte al viajar hacia adelante, pero esta sustancia puede hacerlo en cualquiera de las direcciones si el orbitador no se usa de forma correcta —Sacó su dedo, el cual aún se encontraba joven y terso—. En el momento en el que el orbitador se activa una burbuja te envuelve y eres transportado a un espacio desligado de esta realidad... Es una especie de limbo, si se quiere llamarlo de alguna manera, que básicamente está compuesto de esta sustancia. La burbuja te mantiene indemne, por lo que no debes salir de ella, al mismo tiempo que te transporta alrededor de otra mayor, orbitando según las veces que hayas girado el dispositivo... Las otras características del viaje son las mismas que las de un giratiempos, salvo que sólo una persona puede viajar por cada orbitador.
—¿Cuántos otros orbitadores existen? —preguntó Harry.
—¡¿Hay más?! —exclamó Hermione, entre temerosa y esperanzada.
—De otra manera toda esta explicación no tendría sentido —dijo Harry, mirando directamente hacia Rothleen.
Rothleen miró hacía el profesor Croaker y asintió —Existen otros dos —afirmó el profesor Croaker —, aunque estos no han sido probados aún...
—Eso no interesa —dijo Harry—. Necesito toda la información que posean sobre viajes temporales y que me pueda ser útil... Hermione —Se volteó hacia ella— ve por Kingsley; necesito todo lo que pueda encontrar acerca de los años de la primera guerra contra Voldemort.
—¡Espera un momento! —exclamó Hermione, mirándolo con los ojos llenos de preocupación—. ¡Harry!, ¡no deberíamos precipitarnos! Sé que seguirlos es la mejor opción que tenemos, pero... ¡Por Merlín!, ¡podríamos terminar estropeándolo todo aún más y...!
—¡¿Y qué propones?! —le preguntó Harry, sulfurado—. ¡¿Quedarnos aquí, sin hacer nada, viendo como todo lo poco que nos quedó después de la guerra se nos es arrebatado?!
Hermione miró hacia Teddy. El joven estaba mirando al colibrí subir y volver a bajar. Se veía más estable que hace sólo pocos segundos atrás, tal vez resultado de la dedición de Harry.
—Creo que eres más que inteligente como para saber lo que Rookwood y Dolohov se proponen, Hermione —dijo Harry, más calmado—. Quieren evitar la primera caída de Voldemort, y si lo piensas un poco es algo fácil de hacer con el conocimiento que ahora tienen... No hay otra opción.
Hermione se estrujó las manos y luego asintió —Bien... pero yo iré contigo.
—No —se negó Harry, con firmeza—. Y no está en discusión. Te necesito con nuestras familias —agregó, deteniendo la replica de Hermione—, protegiéndolas de cualquier caos que venga de alguno de estos viajes.
—Entonces, Ron... —intentó Hermione, cada vez más angustiada.
Harry negó con la cabeza —A Ron lo necesito aquí, en el Ministerio. En mi ausencia el tendrá que hacerse cargo del cuartel y de las misiones.
—Pero...
—¡Hermione, no hay tiempo! —la cortó Harry—. ¡Necesito que hagas lo que te dije!, ¡¿de acuerdo?!
Hermione tenía los ojos llenos de lágrimas contenidas, pero asintió con firmeza. Sin mirar hacia atrás se encaminó fuera de la sala.
—Lo que vas a tratar de hacer es tan peligroso como lo que ellos han hecho —dijo Rothleen. No había apartado la vista de Harry en ningún momento.
—¿Me vas a detener? —preguntó Harry, serenamente—. Creí que querías verme por que sabías que esto terminaría así.
—Lo sabía —graznó Rothleen—. Y no te detendré, aún así quiero advertirte. Tienes dos opciones una vez llegues ahí. Una es tratar de frustrar sus planes sin que la historia difiera mucho de la original, la cual es la opción más segura, pero la más difícil, ya que te deja poco margen de maniobra... Dos es hacerte parte del pasado, inmiscuirte en lo más profundo, y de esa manera tratar de planear cada paso; lo que, irremediablemente, resultará en un cambio drástico de la historia... para bien o para mal.
Harry asintió con seriedad.
—Y sé que una de tus prioridades será que este incidente no vuelva a ocurrir —dijo Rothleen, suavemente—. Sin embargo...
—Lo sé... —afirmó Harry—. Sé lo que me podría pasar... o mejor dicho, no sé lo que me podría pasar, pero no me importa. Estoy dispuesto a correr el riesgo.
—Yo también lo estoy —dijo Teddy, desde detrás de ambos hombres. Harry lo miró—. Sabes que no puedes ir solo; no si eres listo, lo cual sé que eres. Tienes que tener a alguien que cuide tu espalda, alguien que tome dediciones sobre ti, alguien que tome decisiones por ti... —Teddy hizo una pausa y luego sonrió—. ¿Y quien mejor que yo? Sí, sí, bueno, Ron y Hermione, pero ya están tomados, así que...
Harry se quedó pensativo. Sabía que era imprudente ir a este viaje solo, de hecho había considerado la posibilidad de llevar a alguien con él, simplemente no había podido encontrar a la persona correcta para ello. Pero, Teddy era perfecto, ¿por qué no había pensado en él?
Era, aparte de Ron, Hermione y Ginny, quien más lo conocía. A él le había contado todas sus aventuras, todos sus logros, todos sus errores y todos sus miedos... Sí, lo había hecho... Tal vez por que ambos compartían una historia familiar similar y rasgos de personalidad parecidos... Tal vez por que era el último vínculo, aunque lejano, con la familia que pudo haber tenido. Por otro lado, Teddy estaba tan bien capacitado como cualquier auror completamente formado, ya que él mismo, Harry, le había enseñado siempre todo lo que podía; una especie de retribución por el gran maestro que Remus fue para él... Sus habilidades metamorfomagas también le podrían ser de gran ayuda.
Sin embargo... era Teddy, su ahijado, aquel niño que había visto crecer y quien lo había encaminado a ser un adulto responsable, listo para tener su propia familia. No quería verlo en medio de la guerra, menos en una que les había quitado tanto a ambos. No quería verlo lastimado. No quería verlo sufrir... Además, aún no sabía que les podría suceder una vez que todo esto hubiera llegado a su fin.
—Harry, sé que puedo ayudarte —dijo Teddy—. Por favor, déjame ayudarte... Si hay alguna posibilidad... Yo sólo... sólo quiero ser capaz de luchar esta vez.
Harry entendió muy bien cada una de sus palabras y, sin siquiera ser conciente de su decisión, asintió. Esperaba nunca llegar a arrepentirse de eso.
—Saul —llamó Rothleen al viejo profesor—. Dales a ambos toda la información que tengas de los viajes temporales, y no sólo al respecto de los orbitadores, sino también sobre los giratiempos.
El profesor Croaker asintió levemente y se dirigió al otro extremo de la sala.
—Haré algunas gestiones por mi cuenta —le dijo Rothleen a Harry—. Aunque este departamento solo busca el conocimiento y trata de no inmiscuirse en las acciones, es nuestra investigación la que causo toda esta conmoción, así que creo que puedo tomarme la licencia de darles cierta ayuda —Sonrió, enigmáticamente, y se encaminó fuera de la sala.
—Espero que estés pensando en un buen plan —dijo Teddy al cabo de varios minutos durante los que Harry se mantuvo en silencio.
—En varios de hecho —afirmó Harry—. Aún no sé cuál es el más conveniente.
—¿Puedes compartirlos? —preguntó Teddy, tentativamente.
Harry lo miró —¿Escuchaste la advertencia de Rothleen? —Teddy asintió—. ¿Qué opinas sobre ello?
—Sinceramente, ambas opciones tienen sus ventajas —dijo Teddy—. Yo... bueno, podrimos terminar la guerra más rápido y con menos pérdidas —Se detuvo y luego suspiró—. Pero, como dijo Hermione, también podríamos echar a perder las cosas aún más... Sin contar que podría llegar un momento en el que al haber cambiado tanto la historia nuestro conocimiento se vuelva inútil.
—Eso es lo que yo temo también —dijo Harry con pesadumbre—. Todo podría tomar un rumbo nuevo y desconocido para nosotros, y eso podría ser fatal. Sin embargo, no encuentro forma alguna de lidiar con esto si llegamos horas después que Rookwood y Dolohov... Tendríamos un máximo de dos meses y a ninguna mano amiga para ayudarnos.
—En cambio si vamos dejando un margen de tiempo podríamos lograr entrar a la Orden del Fénix —sugirió Teddy.
—Entrar a la Orden sería muy arriesgado —negó Harry—. Sea lo que sea que hagamos, tenemos que mantener un perfil bajo... Claramente, ni Rookwood ni Dolohov saben de la existencia de otros orbitadores aparte de aquellos que se llevaron, o los habrían, cuanto menos, destruido, para que no tuviéramos posibilidad alguna de seguirlos. Así que por ningún motivo nos inmiscuiremos en la guerra activamente... No debemos dar pie a ninguna clase de sospecha o sabrán que estamos ahí tras ellos... Es importante que entiendas eso, Ted.
Teddy asintió y Harry se dejó caer en una de las sillas cercanas. Pasaron algunos segundos más en silencio, donde sólo se escuchaba el golpeteo de los cajones siendo abiertos y cerrados por el profesor Croaker y el suave "pop" de un pergamino cayendo sobre otro.
—Y si por ahora cubrimos ¿ambas opciones? —dijo Teddy, entonces.
—¿De que forma? —preguntó Harry, alzando las cejas.
—Regresando lo suficiente para observar tanto como podamos —explicó Teddy—. Ninguno de los dos es muy conocedor de la primera guerra contra Voldemort, así que esa sería la mejor forma de darnos una idea propia. Después, con ese conocimiento, podrás tomar una mejor dedición sobre qué hacer o no hacer.
Esa era una idea muy buena y tentadora, pensó Harry. Aunque tenía que reconocer que el hecho de pasar tiempo en el pasado, con sus padres y otros seres queridos para ser más preciso, lo inclinaría a querer cambiar radicalmente las cosas, sobretodo en lo referente a sus muertes...
—Aún están aquí —dijo la voz de Hermione desde la puerta de la sala y poco después entró junto a Ron y Kingsley.
—¡¿Estás demente?! —exclamó Ron, quien parecía dividido entre el horror y la preocupación—. ¡¿Viajar en el tiempo?!, ¡¿a mil novecientos ochenta y uno?!... ¡Este es el peor plan de todos los que alguna vez te he escuchado, Harry!
—Gracias Ron —dijo Harry, medio irritado. Los labios de Teddy temblaron.
—¿Estás seguro de lo que vas a hacer, Harry? —le preguntó Kingsley con profundo e incierto tono.
—No mucho, realmente —contestó Harry, sintiéndose extrañamente tranquilo—. Aún ni siquiera he decidido lo que vamos hacer llegando ahí, pero lo que sí sabemos es que vamos a viajar un poco más lejos... ¿Tienes la información que pedí?
—Lo hago —afirmó Kingsley, moviendo su varita y haciendo aparecer una pila de archivos sobre el escritorio más cercano—. Y creí que podrías necesitar esto también —agregó, sacando una de las carpetas de encima de la pila y entregándosela: era un archivo de la Orden del Fénix—. Lo recopilé en la segunda guerra, pero tiene información de la primera también. Podría ser útil.
—Gracias —dijo Harry—. Seguramente me será muy útil.
Kingsley asintió —Ahora, si me disculpas, me tengo que marchar. Sólo quise venir personalmente para desearte buena suerte. Aún tengo que resolver algunos problemas que han surgido... —Sonrió—. Por lo menos la estructura ya está menos caótica.
Harry estuvo tentado a preguntar cuales eran esos problemas, pero al final sólo asintió y sacudió la mano que le tendía.
—Confío en que lograras salir de esta bien, Harry, como siempre lo has hecho—dijo Kingsley, poniendo la otra mano encima de su hombro derecho—. Sé que si alguien puede hacerlo ese eres tú.
Harry volvió a asentir, sintiéndose muy agradecido por sus palabras. Con leves inclinaciones de cabeza Kingsley se despidió de Ron y Hermione, y partió a toda prisa.
—Es sobre todo el lío en Azkaban —aclaró Ron, rápidamente.
—¿Cómo? —preguntó Harry; necesitaba saber cómo Rookwood y Dolohov habían logrado escapar.
—Es algo un poco inexplicable —Ron dudó—, salvo alguien los haya ayudado.
Harry se peñiscó el puente de la nariz con fuerza. Si había algo que ponía a prueba su temperamento era una traición. Odiaba cómo lo hacía sentir: herido, despreciado, solo.
—¿Cuándo te irás? —preguntó Hermione, y Harry agradeció el cambio de tema.
—Nos iremos al anochecer —contestó, comenzando a ojear la carpeta en su mano. Teddy se encaminó hacia el resto de archivos.
—¿Iremos? —preguntó Ron, confuso—. Pensé que rechazaste la idea de Hermione de que uno de nosotros...
—Me llevaré a Ted —explicó Harry sin levantar la mirada.
—¡¿Que!? —gritó Ron, mirando de Harry a Teddy.
—Eso no es gracioso Harry —dijo Hermione con voz ahogada.
Harry levantó la vista para ver ambas miradas de incredulidad, aunque también pudo atisbar cierto temor.
—Eso duele, Hermione —habló Teddy por sobre la carpeta que había estado leyendo—. Sé que soy joven, inexperto... y un poco torpe, pero no es para que me tomes como una broma.
Hermione parpadeó muy rápidamente y Ron abrió y cerró la boca varias veces, incapaz de decir algo. Harry avanzó hacia el lado de Teddy y comenzó a revisar uno a uno los archivos.
—Harry —lo llamó Hermione, temerosa, después de un momento—. Confío en las habilidades de Ted, de verdad lo hago, y entiendo que su metamorfomagia te pueda ser de ayuda... Sólo quisiera que recuerdes que Teddy ha crecido en un mundo pacífico, nunca ha estado en medio de una guerra, en medio de las desconfianzas y el temor —Le dio una mirada de disculpa a Teddy—. Insisto en que debe ser uno de nosotros...
—Es cierto que Ted no ha conocido los horrores de la guerra —la cortó Harry, aún mirando con interés una carpeta que decía "Personas desaparecidas"—, pero conoce mi historia y eso es suficiente para mi.
—Harry...
—Hermione —la detuvo Harry—, necesito leer todo esto para armarnos una cubierta creíble. Así que te pido no interrumpirme más.
Hermione se cruzó de brazos.
—¿Estás seguro, compañero?—dijo Ron—. Es decir, no tengo nada en contra de Ted y creo que es una muy buena opción, pero... es Teddy.
Teddy miró de nuevo por sobre unos papeles con una arruga débil entre sus cejas —¿Y qué se supone que significa eso?... ¿Crees que estoy muy vinculado con la misión como para ser objetivo?, ¿acaso Harry no lo está también?
—¡N-no!, ¡no es eso! —negó Ron, rápidamente— ¡No es eso lo que quise decir, Ted!... Yo sólo...
Ron miró hacia Harry y él supo exactamente a que se refería, ya que hace pocos minutos el mismo pensamiento había llegado a su mente.
—De una manera u otra la vida de todos está ligada a este viaje, Ron. Ya no ha habido fenómenos extraños desde que me decidí a ir, ¿no es así?... Y si fallo nada será como antes —Miró hacia Teddy antes de continuar—. Sé lo que se siente querer haber podido hacer algo, y si esta vez existe la posibilidad de poder hacerlo, Ted tiene todo el derecho de estar ahí.
Después de un par de segundos Ron le dio una mirada que claramente decía "Oh, está bien" y Hermione descruzó los brazos, limpiándose la nariz con un pañuelo.
—Y por sobre todo, confío en él —afirmó Harry—. Sé que me seguirá y tomará las decisiones correctas en caso de que yo no pueda hacerlo.
—No lo sé —dijo Ron, intentando un tono burlón—, es un Lupin después de todo. Y ya nos ha demostrado lo cabezota que puede llegar a ser.
Teddy sonrió tímidamente y fue a sentarse en una de las sillas ubicadas detrás de la pila de papeles, ocultándose así de la vista.
—Puedo manejar eso —dijo Harry con una extraña sonrisa divertida—, después de todo crecí con ustedes dos como mejores amigos
—¡Oi! —Ron fue quien se cruzó de brazos esta vez, ofendido, y Hermione emitió un sonido que estaba entre un sollozo y un resoplido.
—Lamento interrumpir —Era el profesor Croaker, quien se acercaba—. Tengo toda la información que necesita, señor Potter.
—Muchas gracias —dijo Harry, haciéndose con un atado de pergaminos. Abrió uno de ellos y se dio cuenta que estaba lleno de tecnicismos demasiado complicados para entenderlos en ese momento—. Eh... ¿Algo importante que crea que pueda afectar nuestro viaje, profesor Croaker?... Aparte de, ya sabe, salir de la burbuja.
El profesor Croaker mantuvo su mirada fija en él hasta que habló —El viaje en sí, no. Sin embargo, incluso con el nuevo dispositivo se ha podido observar una peligrosa alteración en el propio tiempo si la estadía se prolonga demasiado.
—¿Cuanto? —preguntó Harry, preocupado. El ambiente creció tenso.
—No sabemos exactamente...
—Conjeture —pidió Harry.
Teddy resopló, enviando al aire uno de los papeles que estaba leyendo —Lo siento.
—Cuatro, puede que cinco... años —afirmó el profesor Croaker.
—¡Eso es bastante! —dijo Ron en un tono demasiado agudo—, ¡por un momento ahí pensé que diría cuatro o cinco horas!
Harry y Teddy se sonrieron, aliviados. Hermione suspiró audiblemente.
—Me parece que el señor Potter está planeando una estadía prolongada, así que es mejor que sepa con cuanto tiempo cuenta —señaló el profesor Croaker, desviando su mirada hacia Ron, quien se encogió visiblemente—. ¿Hay algo más que pueda hacer por usted, señor Potter? Si no, tengo que ir a preparar todo para el viaje.
—No, nada más. Muchas gracias, nuevamente —dijo Harry con torpeza.
Ron agachó la cabeza cuando el profesor Croaker pasó a su lado. —Por Merlín... Ese profesor me hace sentir como un niño otra vez.
—Sé lo que quieres decir —murmuró Harry antes de recoger otra carpeta.
Las horas pasaron con lentitud y Harry se sentía cada vez más inquieto. Las extrañas visiones habían regresado con más fuerza mientras más se acercaba el tiempo de partir, y no sabía si esa era una buena o mala señal. Hermione y Ron, quienes se habían mantenido yendo y viniendo, lo ponían al tanto rápidamente de los acontecimientos.
La investigación sobre Azkaban no estaba llevando a ningún lado, y con tantas cosas apareciendo por todos lados y personas sufriendo debilidad, Kingsley había tenido que tomar medidas arriesgadas y dejar salir a un grupo de aurores para que pudieran ayudar a controlar lo que sucedía en el exterior. Después de eso el Ministerio había vuelto a ser bloqueado y Ron llegó con noticias de la familia Weasley, sobre todo de Percy, quien se había indignado al no poder acceder al Ministerio, y de Andrómeda. Todos estaban ansiosos por saber de los cuatro, y también por recibir información de lo que estaba pasando. Pero, ni Hermione ni Ron habían dado muchas explicaciones; sólo habían mandado una respuesta en la que decían que el problema tenía que ver con el Departamento de Misterios y que Harry y Teddy se encontraban ahí, investigando.
En algún momento, seguramente antes que recibiera noticias de Ron, Harry había recibido un patronus de Ginny queriendo saber si se encontraban bien, ya que por alguna razón se sentía muy angustiada. Una gran tristeza lo había embargado desde entonces. No había querido pensar en todas las consecuencias que este viaje tendría sobre él, y sobre Teddy también, pero estaba claro que al inmiscuirse con la historia y, tal como quería, tratar de evitar la misma creación de los orbitadores, se pondrían entredicho sus actuales existencias.
Una nueva historia sería creada, pero tanto él como Teddy ya no tendrían cabida en ella, ya que sus nuevas vidas se mantendrían tranquilas y sin ningún tipo de misión caótica para salvar el pasado. ¿Qué sería de ellos?, ¿desaparecerían?, ¿continuarían por siempre viendo todo lo que les había pertenecido ser de su otro yo? Era un destino trágico de cualquier manera. Harry sonrió con tristeza. Sí, tragedia, igual que gran parte de su vida., pero por lo menos podría crear una historia donde un Harry Potter sería criado por sus padres en ves de por sus tíos, y muy, muy lejos del número cuatro de Privet Drive si podía decir algo al respecto... Era mejor no recordarse a si mismo que aún no decidía si era una buena idea hacer cambios tan drásticos.
—Sé nos acaba el tiempo —dijo Teddy. Estaba recostado sobre sus brazos cruzados, releyendo por tercera vez los archivos sobre la cubierta que iban a usar una vez en el pasado. La carpeta decía "Caso Hitchens".
Fue una gran sorpresa para toda la comunidad mágica cuando los Hitchens aparecieron casi de la nada y generaron un pequeño y muy publicitado caos, justo después del final de la segunda guerra. No obstante, ahora Harry agradecía mucho que no hubiera sido de otra manera, o en otro momento. Ser miembros de esa familia les daría un pasado conveniente del cual poder partir, y esperaba que la poca información que se tenía de esta en aquel entonces los ayudara a hacer sus disfraces creíbles.
Teddy no había hecho ningún comentario sobre lo que había leído de los Hitchens, ni había hecho pregunta alguna sobre el año al que Harry había dicho que irían o sobre lo que harían al llegar ahí. Sólo había asentido y había comenzado a leer con avidez todo lo que este le alcanzaba. Sabía que las explicaciones podían esperar y Harry estaba agradecido por eso.
—Lo sé —dijo Harry, un poco tardíamente, y su mirada vagó hasta la brillante burbuja.
Hermione se encontraba frente a esta hablando con el profesor Croaker sobre el funcionamiento de los orbitadores. Hace una hora les había traído una mochila llena de ropa y cosas varias adecuadas para su misión, así como una buena cantidad de galeones, sickles y knuts hechos en la acuñación de mil novecientos setenta, y desde entonces no había tenido intenciones de irse de ahí. Ya estaba anocheciendo.
Ron llegó cinco minutos después —Los encontré, Hermione —dijo con entusiasmo, enseñándole dos galeones.
Harry supo inmediatamente que no eran monedas comunes: eran dos de los galeones encantados del Ejército de Dumbledore.
—Excelente —comentó Teddy. Al parecer él también sabía lo que eran.
—Son para su comunicación —dijo Hermione—. Ambos eran míos... Siempre es bueno tener un respaldo... Creen códigos para emergencias o algo así.
—Gracias, Hermione —dijo Harry, sujetando ambos galeones—. Por todo.
Hermione asintió, mirándolo con ojos que poco a poco comenzaron a humedecerse. A su lado, Ron envolvió sus hombros con un brazo. Harry miró hacia el suelo, sin saber qué decir. No sabía cómo despedirse.
—Señor Potter, señor Lupin —llamó el profesor Croaker.
Harry miró hacia arriba y vio que Rothleen, quien había llegado en algún momento, le tendía un cofre muy pequeño —Para un momento de emergencia. Es necesario que lo guardes donde sólo tú puedas acceder.
—No hay problema —dijo Harry.
Rebuscó en uno de sus bolsillos para sacar la bolsa de piel de moke que Hagrid le había dado por sus diecisiete, y metió el cofre dentro junto a los dos galeones falsos. Era bueno que tuviera bastante capacidad, ya que ya habían unas cuantas cosas ahí, incluido su propio galeón del Ejército de Dumbledore.
—Muy bien —aprobó Rothleen, complacido.
—¿Puedes guardar esto también? —preguntó Teddy, pasándole a Harry una pequeña caja forrada en seda plateada. —Son los anillos de boda de mis padres —explicó ante su mirada interrogante—, y de los padres de mi padre... Los llevo encima desde que me decidí a darme una oportunidad con Victoire, como un recordatorio. No quiero apartarme de ellos, pero serían un problema si alguien los ve.
Hermione reprimió un sollozo y luego lanzó los brazos alrededor del cuello de Teddy, quien sonrió tristemente y le dio unas palmaditas en la cabeza.
Ron llegó al lado de Harry y le palmeó la espalda —Estaremos a tu lado pase lo que pase... Eso lo decidimos hace mucho, Harry, y sé que nunca va a cambiar.
Harry sólo asintió levemente, comprendiendo el significado de sus palabras. Hermione se separó de Teddy y, con labios temblorosos, abrazó a Harry también —Harry... Eres un gran mago, ya lo sabes.
—No soy tan bueno como tú —contestó Harry.
Hermione lo soltó y le dio una pequeña sonrisa, y luego se alejó junto a Ron hasta quedar a cierta distancia. Harry colocó la caja con los anillos y, fue bueno que Teddy le recordara los objetos que podrían ser problemáticos, el reloj que una vez le había pertenecido a Fabian Prewett en la bolsa de piel de moke y la guardó dentro de la mochila.
—Nos vemos —murmuró Harry, mirando alrededor, despidiéndose así de todo tal y como lo conocía. Hermione y Ron asintieron.
El profesor Croaker se acercó y le dio a Harry una cadena, haciendo lo mismo con Teddy, de la cual pendía una pequeña esfera de cristal. Dentro Harry pudo ver, flotando en la gaseosa sustancia, dos burbujas blancas, donde la más grande ocupaba el centro del espacio, cómo un diminuto sol.
—Giren el orbitador cuantos años quieran regresar —señaló el profesor Croaker.
—Recuerden que si salen de la burbuja el tiempo los afectará —les recordó Rothleen, mirando hacia Harry, quien no pudo evitar sonreír.
Harry se colgó el orbitador al cuello, la mochila al hombro, y asintió hacia Teddy. Con un último vistazo a Ron y Hermione, quienes estaban abrazados en silencio, comenzó a girar el orbitador una... doce... veintitrés... cuarenta veces...
Harry y Teddy fueron tragados por una tintineante luz.
Nota: Fragmentos de la conversación final entre Harry, Ron y Hermione extraídos de Harry Potter y el misterio del Príncipe y Harry Potter y la piedra filosofal, respectivamente.
