Todos los derechos: lugares, personajes y diálogos reconocibles, le pertenecen a J. K. Rowling y sus asociados. Yo solo estoy disfrutando al escribir esta historia sobre el mágico mundo que ella creó. No busco ningún beneficio lucrativo.


Capítulo 04

La nueva canción del Sombrero Seleccionador

Harry era conciente que tenía que reaccionar pronto, pero se permitió unos segundos más de completo sobrecogimiento antes de obligarse a reponerse. Suspiró audiblemente y trato de concentrarse en una cosa a la vez. Desvió la mirada hasta los alumnos de primer año, todos ellos agrupados frente a la mesa de profesores, esperando por algo. Todos en el comedor estaban esperando por algo: el canto del Sombrero Seleccionador.

Unos segundos después una rasgadura cerca del borde del sombrero se abrió, ancha como una boca:

Cuando se me dio esta misión

yo quedé plácidamente honrado,

pues nunca habría otro sombrero

tan inteligentemente creado.

Sólo yo encontraría

vuestros más recónditos secretos,

sólo yo comprendería

vuestros más caóticos deseos;

pues en mí yace el saber

para siempre otorgado,

del pantano y de la cañada,

del valle y del páramo.

Slytherin ve las ansias, la astucia

y a los que ambicionan la grandeza;

Ravenclaw busca la inteligencia,

una mente dispuesta y muy abierta;

Hufflepuff acepta a todos aquellos

que perseveran hasta lograr sus metas;

y para Gryffindor es importante el valor,

la caballerosidad y las grandes proezas.

Es así como ha sido siempre,

divididos por nuestras creencias

incluso cuando vivíamos en armonía,

creyentes de nuestras promesas.

Más os seré muy sincero,

en aquellos remotos tiempos,

aunque nos unía un solo gran deseo,

nuestras habilidades nos definieron;

la rivalidad cegó el perdón,

dando paso a la vana presunción,

la desconfianza dentro nuestro reinó

y nos rendimos a la decepción.

Nuestro Hogwarts es la prueba

y también vuestro humilde servidor:

nada bueno nace de las afrentas,

nada bueno nace de la separación.

He visto los peligros y los males,

he visto amistades rotas y traición,

he visto culpas y rencores,

y un final lleno de dolor;

y también he visto la esperanza,

lo que puede lograr la compasión,

todos los sueños y los anhelos

ocultos en una sola decisión.

Por lo que os pido que busquéis

dentro de vuestro corazón

todos vuestros errores y miedos,

y os conozcáis tal y como sois.

No hay nada más difícil de cambiar

que nuestras propias creencias,

al igual que los sentimientos

y que nuestras diferencias;

pero ahora existe una oportunidad,

un nueva historia se nos presenta,

para ser mejores de lo que fuimos

y olvidar aquello que nos aleja.

¡Y ya os lo he dicho todo!,

¡ya nada más queda que continuar!,

¡ponme sobre tus orejas y te diré

el camino que has de tomar!

Todo el Gran Comedor estalló en aplausos y Harry intercambió una mirada con Teddy. Algunas de las palabras del sombrero le habían sonado a presagio. Ciertamente, parecía haber visto más en la cabeza de Harry que sólo sus pensamientos.

—Eso fue un poco espeluznante —dijo Sirius. A su lado James resopló.

—A mi me pareció bastante sabio—comentó Lily. Harry se sobresaltó cuando se dio cuenta que estaba sentada casi frente a él—. ¿Dónde vez lo espeluznante, Black?

—Pues en todo el rollo de "amistades rotas y traición, y un final lleno de dolor" —explicó Sirius en voz cantante, haciendo que las brujas a su lado soltaran unas risitas. Colagusano, quien había estado a punto de reír de la misma forma, cerró rápidamente la boca—. Es decir, ¿está tratando de alentarnos o de meternos miedo?

La profesora McGonagall estaba pidiendo silencio, ya que, al igual que ellos, el resto de estudiantes se habían puesto a murmurar.

—Está tratando de aconsejarnos —contestó Remus en voz baja—. Lo que el sombrero quiere es que no cometamos los mismos errores que los fundadores, dejándonos ser separados por nuestras diferencias.

—¿Si eran diferentes para qué se volvieron amigos en primer lugar? —preguntó Sirius, encogiéndose de hombros.

—Eso es lo mismo que yo me vengo preguntando sobre nosotros desde primer año, pero ya vez, aquí estamos —comentó Remus con desconcierto. Colagusano rió a su lado.

—¡Oi!, ¡nuestras diferencias son las del tipo bonito! —exclamó Sirius demasiado alto, ganándose una mirada severa de Lily y otra de McGonagall.

Luego de pocos segundos se hizo el suficiente silencio para que la Ceremonia de Selección comenzara. "Aubrey, Sophía" fue la primera en ser llamada por la profesora McGonagall. El sombrero le cubrió los ojos y después de pocos segundos se convirtió en una nueva ¡Ravenclaw!

Harry aprovechó la distracción para mirar a su madre. Era aún más hermosa que en las fotografías que tenía de ella, y lucía atenta, mirando hacia la Selección. Tenía la larga cabellera pelirroja amarrada en una trenza suelta y una pequeña manta cubría sus hombros.

Todos alrededor de la mesa aplaudieron cuando "Bennet, Jacob" fue seleccionado como el primer nuevo ¡Gryffindor!... Uno a uno los estudiantes fueron seleccionados, y Harry fue recuperando el control sobre si mismo.

—Cada vez son más pequeños, lo juró —comentó Sirius en algún momento, cuando "Page, Jocelyn" se sentó en la mesa de ¡Hufflepuff!

—Eres tú el que crece, Canuto —afirmó Remus.

—No hablo con traidores —señaló Sirius con altivez.

—Está bien —estuvo de acuerdo Remus—, pero dado que acabas de hablar conmigo, yo no lo soy, ¿no? —Sonrió. Colagusano volvió a reír.

—Listillo —murmuró Sirius—. Y ya deja de reír, Gusano.

Teddy tosió para disimular una risa y Harry sonrió; Sirius y Remus parecían tan despreocupados aquí. Miró a su padre, quien se encontraba sonriendo levemente hacia sus amigos.

—Y a esto me refería —comentó Remus, hacia nadie en particular, cuando Sirius comenzó a abuchear a "Parkinson, Zacarías", quien fue seleccionado a ¡Slytherin!... Colagusano lo animó, y James rió un poco.

—¿Ya no deberías haberte acostumbrado a su comportamiento? —le preguntó la chica al lado de Lily, divertida. Era menuda y tenía el cabello oscuro.

—Créeme que lo he intentado —contestó Remus con seriedad, tanta que Harry no pudo descifrar si era una broma o no.

—No soy tan malo, Macdonald —le dijo Sirius con una gran sonrisa, luego volteó hacia Remus—. ¿Y qué importa que seamos un grupo variopinto, Lunático?, ¡tú sabes que a pesar de todo nos quieres!

—¡Baja la voz, Black! —exclamó Lily en un fuerte susurro.

—Yo no definiría a tu grupo variopinto, Sirius —intervino la chica al lado de Harry, con voz coqueta—. Todos son inteligentes, agradables y bien parecidos.

Sirius soltó una risa que parecía un ladrido. Lily entrecerró los ojos.

—Canuto, ten un poco de consideración con los de primer año —lo regañó James. Lily asintió con aprobación—. Vayan a pensar que hay perros callejeros por aquí.

Sirius volvió a reír. Remus y Colagusano ahogaron unas risas.

—¡Francamente! —exclamó Lily, esta vez un poco más alto—. ¡Si vuelves a decir una palabra más en lo que queda de la Selección, Black, juro que te maldeciré mientras duermes!

—¡Pero, Evan- ¡Ay! —Sirius se quedó callado, mirando hacia James con el ceño fruncido.

Harry observó, discretamente, la charla silenciosa entre su padre y Sirius. Aún se sentía un poco abrumado por tenerlos cerca de nuevo, pero esperaba no seguir actuando tan torpemente. Si quería ganarse la confianza de todos ellos debía comportarse con más soltura. Cuando cesaron los aplausos que daban la bienvenida a "Sloper, Malcom" a ¡Gryffindor!, Harry notó por el rabillo del ojo que Remus lo observaba y, muy lentamente, desvió la mirada hasta llegar a él. Remus le sonrió con amabilidad y Harry le devolvió la sonrisa.

Ese gesto pareció llamar la atención de James —Entonces, aún no sabemos sus nombres —comentó, claramente refiriéndose a Harry y Teddy.

—Eh... me llamo Harry White... —Se presentó Harry, dándole una rápida mirada—, y él es mi hermano Ted —agregó señalando a Teddy.

—Que hay —saludo Teddy por inercia y luego hizo una mueca. Harry reprimió una sonrisa.

—Apellido agradable—dijo Sirius, ganándose otra mirada de Lily, lo que hizo que levantara las manos en señal de rendición.

—¿En dónde han estudiado hasta ahora? —preguntó Remus con curiosidad.

—Salem —respondió Teddy, aunque sin mirar a Remus.

—Pero son de aquí, ¿no? —preguntó James—. Digo, por el acento.

—Sí, nuestra familia es británica —respondió Harry, esta vez sosteniéndole la mirada—, pero nos mudamos de chicos por el trabajo de nuestro padre.

—Es extraño que no se nos informara de ustedes —comentó James, algo confuso—. ¿Creí que para ese tipo de cosas estábamos los Premios Anuales?

—Estamos para velar por las buenas relaciones entre profesores y alumnos, Potter —comentó Lily en voz baja—. Orientamos a los alumnos dentro de sus actividades escolares y permitimos que los profesores se concentren en el aprendizaje...

—¿No iba más por el camino de hacer cumplir las normas? —preguntó James, alzando las cejas—. Después de todo somos jefes de los perfectitos.

—Prefectos —lo corrigió Remus, un poco exasperado.

—A ustedes me refería, sí —afirmó James, como si no entendiera la acotación.

—Pues claro que velamos por el cumplimiento de las normas —dijo Lily con cansancio—. Eso es justo lo que quería decir cuando dije... ¡Oh, olvídalo!

James sonrió cuando Lily miró hacia otro lado, y, por un momento, se quedó totalmente absorto. Al mismo tiempo que "Wood, Pamela" fue proclamada una ¡Gryffindor!, Sirius le dio un fuerte puntapié a James, haciéndolo gritar. Los aplausos acallaron la exclamación y las risas de alrededor.

—Fue nuestra culpa que no les avisaran, creo —dijo Harry con confianza, tratando de retomar la conversación—. No era para que llegáramos aún. De hecho, no tenemos ni los libros ni nada de lo necesario para comenzar las clases —Se frotó detrás del cuello, pareciendo apenado—. El viaje se adelantó, y como no tenemos dónde quedarnos, el profesor Dumbledore dijo que bien podíamos adelantar también nuestros planes.

—Oh, ya veo... Sí, eso lo explica —James asintió con una sonrisa que Harry devolvió lo mejor que pudo.

—Van a cursar séptimo año, ¿no? —preguntó Remus.

—Sí, esa es la idea —contestó Teddy, está vez mirándolo.

—¡Entonces serán nuestros compañeros! —exclamó Sirius y, rápidamente, señalo a Lily que la Ceremonia de Selección ya había terminado. Lily frunció el ceño.

Todo el comedor se quedó en silencio cuando Dumbledore se puso de pie en la mesa de profesores, con los brazos abiertos y expresión radiante.

—¡Bienvenidos! —saludó con entusiasmo—. ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! Sé que ya os he hecho esperar más de lo debido, por eso no me dilataré, pero les pido que no os dejéis embotar completamente los sentidos por nuestra exquisita cena, ya que después quisiera compartir unas cuantas palabras importantes con todos vosotros. Por ahora, ¡a rellenar!

—¡Ya era hora! —Sirius comenzó a llenar su plato de todo lo que podía alcanzar. Colagusano lo siguió un segundo después.

Harry no había comido nada desde el desayuno, y, a pesar de su conmoción y nerviosismo, se sentía muy hambriento y sediento. Cogió algo de puré y pollo, pero deseaba más que nada un poco de tarta de melaza.

—Um... tal parece que nadie aquí nos va a presentar, Very —dijo la chica al lado de Harry a su compañera—. Un gusto, me llamo Lubmilla, Brown.

Harry parpadeó un poco. ¿Brown?... Bueno, se parecía un poco a Lavender —Un gusto —Teddy repitió el saludo.

—Por aquí está Verenice Frobisher, o Very para los amigos —presentó Lubmilla a su amiga y luego, echando una ojeada al frente, continuó—, y por allá están Mary Macdonald y Denise Williams.

Harry y Teddy asintieron con cortesía hacia cada una.

—A Lily ya la presentaron —agregó Lubmilla en un tono que dejaba entrever una pizca de envidia—, pero ojo, ya está tomada por James.

Lily tosió un poco y miró a Lubmilla. Su rostro estaba un poco sonrosado, aunque Harry no pudo definir si era por vergüenza o por el acceso de tos.

—¡Nada de estar tomada por nadie! —exclamó Lily un poco demasiado agudo—. ¡Por favor, Lubmilla!, ¡ya no estamos para estas niñerías!

James estaba observando toda la conversación con mal disimulo. Sirius, Remus y Colagusano compartieron algunas sonrisas.

—No lo decía con mala intención, Lily —replicó Lubmilla con soltura—. Sólo no quiero que Harry, o Ted, se enemisten con nuestros chicos por falta de información —Lily la miró con seriedad y Lubmilla se encogió de hombros—. De todas formas, va a ser emocionante tener nuevos compañeros de curso... Sobretodo, si son tan lindos como ustedes.

Sirius soltó una risa ahogada, la cual parecía muy similar al sonido que hace un perro al estar atorado con un hueso.

—¿Hay algún problema, querido Sirius? —preguntó Lubmilla con una sonrisa.

—No, para nada —negó Sirius—, pero creí que yo era tu preferido, Lub.

—Las cosas cambian —comentó Lubmilla, misteriosamente, y luego compartió una risita con su amiga.

Sirius movió los labios casi imperceptiblemente y un segundo después James, Peter y él comenzaron a reír estrepitosamente. Incluso Remus parecía estar tratando de sofocar su risa embutiéndose un pedazo de pan.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Lubmilla, frunciendo el ceño. No obtuvo respuesta.

—Ignóralos, Lub —dijo Verenice Frobisher y ambas comenzaron a comer en silencio.

Varios minutos pasaron entre charlas aisladas. James y Sirius sólo intercambiaron unas cuantas palabras, enfocados en comer, pero Remus y Lily estaban hablando animadamente con Mary Macdonald y Denise Williams. Los postres no tardaron en aparecer.

—¿Qué clases van a tomar? —preguntó Remus a Harry y Teddy; parecía que ese había sido el anterior tema de conversación.

—Eh... Bueno, sólo tomaremos Encantamientos, Defensa, um... Transformaciones, Herbología y Pociones, ya que son las más parecidas a nuestras anteriores mejores asignaturas —contestó Harry, sirviéndose un pedazo de tarta de melaza.

—Nosotros llevamos todas esas —comentó James, señalando a Sirius y a Remus con un tenedor, rociándolos con migajas; estaba comiendo una porción de pastel de zanahoria.

—Yo estoy en la clase de Estudios Muggles, también —dijo Sirius con una sonrisa divertida.

Harry tomó un sorbo de su zumo de calabaza para ocultar su sonrisa. Apostaba que Sirius había decidido llevar Estudios Muggles por pura rebeldía.

—Lily y yo estamos en Runas Antiguas —indicó Remus. Lily asintió—. ¿En Salem enseñan alguna de esas asignaturas? —Harry asintió—. Entonces, podrían continuarlas aquí. Nosotros los ayudaríamos.

—No lo sé —comentó Teddy con una mueca—. No es que nos desagrade el estudio, pero creo que las clases aquí son más exigentes y no quisiéramos fallar por tomar demasiado.

—Sobretodo siendo el último año —coincidió Harry.

—Eso es inteligente —aprobó Lily. Harry no pudo evitar sonreír—. Es mejor tratar de esforzarte en lo que sabes y desarrollarte en ello, que pasar una clase a duras penas sólo por hacerlo.

—¡Ha hablado nuestra Premio Anual, señores! —exclamó Sirius con seriedad—. ¡Honren sus palabras!

James, Remus y Colagusano alzaron sus copas con grandilocuencia, haciendo que muchas de las chicas alrededor rieran. Lily sólo sonrió un poco, esforzándose por no parecer divertida. Las sobras de los postres desaparecieron unos minutos más tarde y el pro fesor Dumbledore se puso nuevamente de pie.

—Ahora que todos estamos más que satisfechos y muy contentos, les daré los avisos habituales de cada año —dijo en tono jovial—. Como ya sabéis los antiguos estudiantes, el bosque dentro del área del colegio está prohibido para todos ustedes, y se les pide, por sexta vez, cesar en sus intentos por esquivar las ramas de nuestro Sauce Boxeador.

Remus estaba mirándose las manos con atención. James y Sirius intercambiaron miradas de satisfacción.

—Es necesario también recordarles que no debéis hacer magia fuera de clases y que nuestro celador, el señor Filch, al igual que vuestros prefectos, están para hacer cumplir esta y el resto de prohibiciones, por lo que deben respetar su autoridad.

Sirius susurró algo sobre "perfectitos" y Harry resopló.

—Quiero que le den la bienvenida a nuestra nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Meadows, a quien, personalmente, considero la bruja más inteligente de su generación.

Algunos estudiantes aplaudieron con calidez, sobretodo los Ravenclaws. Harry reconoció a Dorcas Meadows de la foto que Moody le había enseñado años atrás. Era una mujer mayor de aspecto refinado, pero de semblante pacífico. La profesora Meadows inclinó levemente la cabeza cuando fue presentada y luego fijo su atención en las siguientes palabras de Dumbledore.

—Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los interesados deben ponerse en contacto con sus respectivos Jefes de Casa.

—¡Y no se confundan de casa, por favor! —exclamó James, lo suficientemente alto para que el profesor Dumbledore lo escuchara. La mayor parte del comedor rió, incluyendo el director y unos cuantos profesores.

—Muy buena acotación, señor Potter —dijo Dumbledore con ojos brillantes. Luego se puso totalmente serio—. Ahora, un anuncio más alarmante. Como todos sabemos, Lord Voldemort y sus seguidores están ganando fuerzas...

Los murmullos se esparcieron por todo el comedor. James y Sirius compartieron miradas solemnes y Remus no se movió ni un centímetro de su lugar. Sin embargo, Harry notó que Colagusano temblaba. Desvió su mirada hasta Teddy, quien tenía una arruga débil entre las cejas.

—No voy a dejar de repetir lo importante que es el que todos permanezcamos unidos, en lazos de hermandad y compañerismo, para que podamos batallar y resistir con fuerza lo que el futuro nos traiga... Sé que actualmente es difícil disfrutar de las cosas simples de la vida cuando vemos y leemos la peligrosa y triste situación actual, pero les pido que gocen, y sonrían y vivan, sin temores y sin conflictos, teniendo esperanza en que el bien siempre triunfa al final, por muy oscuro que el camino hasta allí sea.

Harry respiró con profundidad, perdido en las palabras.

—Los instamos, también, a acatar las restricciones de seguridad que desde el año pasado se han dispuesto, en particular, la regla que prohíbe estar fuera a deshoras. Sé que son jóvenes y sólo desean tener una aventura tras otra, pero piensen que tanto nosotros como sus seres queridos lo único que deseamos es verlos bien y felices... Por último, si alguno de ustedes se percatara de cualquier cosa extraña o situación sospechosa, por favor, repórtenlo a alguno de los profesores sin demora —Por un instante el Gran Comedor quedó en completo silencio hasta que Dumbledore sonrió—. Ya los he cansado lo suficiente hoy y ya es muy tarde, por lo que muy buenas noches y que descansen placenteramente. ¡Al colchón!

Los alumnos se pusieron de pie como uno solo, haciendo rechinar con estruendo las bancas; Lily se adelantó para ayudar a los prefectos con los estudiantes de primer año. Harry hizo tiempo para que el resto de alumnos pasaran, y para tratar de acostumbrarse al hecho que de nuevo era un estudiante y que pronto se dirigiría a la Sala Común de Gryffindor. A pocos asientos de distancia James y Sirius tampoco tenían intenciones de marcharse.

—Señores White, señor Potter —escuchó a la profesora McGonagall llamarlos y se volteó para verla acercarse entre el tumulto de estudiantes—. Señor Potter, veo que ya conoce a nuestros nuevos estudiantes, así que espero que no haya ningún inconveniente en que les muestre el camino a la Sala Común y mañana los guíe a sus clases.

—Ninguno, profesora —afirmó James, dándole una amplia sonrisa—. Sólo déjelos en mis manos.

La profesora McGonagall lo miró con cierta desconfianza.

—Nosotros ayudaremos, profesora McGonagall —dijo Remus, llegando a ese lado de la mesa.

—Gracias Lupin, si usted ayuda me sentiré más segura —dijo la profesora McGonagall con seriedad—. Muy buenas noches —Y se marchó.

James frunció el ceño —¿Si no me tiene confianza por qué aceptó mi nombramiento?... —Se tocó el pecho con dramatismo—. Me siento herido.

Sirius resopló.

—El por qué te hicieron Premio Anual se ha convertido en uno de los grandes misterios del mundo mágico, Cornamenta —contestó Remus—. Te aseguro que yo mismo he buscado una respuesta plausible y no he podido encontrarla.

—Gracias, Lunático —refunfuño James—. Tus palabras me inspiran.

Remus sonrió y luego miró hacia Harry y Teddy.

—Sólo sígannos... y traten de ir aprendiendo el camino —les dijo, avanzando junto a James y Sirius. Colagusano los estaba esperando en las puertas del comedor.

—Se lo aprenderán —dijo Sirius con complicidad—. Les enseñaremos el camino más corto.

—Sólo si juran solemnemente no revelar el secreto —agregó James con extrema seriedad. Harry y Teddy sonrieron.

Salieron del Gran Comedor y subieron por las escaleras de mármol, en silencio. Por un momento a Harry le pareció extraña tanta quietud; no creía que sus presencias les incomodaran y sabía que no eran del tipo tranquilo, aparte de Remus... Colagusano no le importaba, de todas formas sólo parecía perezoso, pero su padre y Sirius eran otra cosa. No fue hasta que vio a Sirius mirando disimuladamente a James con una leve preocupación que se preguntó qué se estaba perdiendo.

Llegaron a un pasillo y corrieron un tapiz que Harry sabía llegaba al cuarto piso. Subieron por una estrecha escalera y, con una previa advertencia de Remus, Harry y Teddy saltaron un escalón falso. Harry le agradeció con sinceridad; había olvidado por completo que ese escalón estaba ahí. Después de llegar al cuarto piso subieron hasta el quinto y llegaron a una puerta que sólo se abrió cuando Remus le pidió, amablemente, que lo hiciera. A los pocos minutos se encontraban en el corredor que conducía a la sala común de Gryffindor.

—¡Electricidad! —le dijo James a la Señora Gorda.

—¿Ustedes saben lo que es eso? —preguntó la Señora Gorda, sin abrirse.

—Es un invento muggle —explicó Sirius, sonriente—. Sirve para que muchas de sus cosas se puedan mover o funcionar... ¡Es como magia!

La Dama Gorda sólo le dio una mirada escéptica y los dejó pasar.

—La contraseña cambia cada tanto —les dijo Remus a Harry y Teddy, mientras iban entrando por el agujero del retrato—, así que les recomiendo revisar el tablón de anuncios de vez en cuando.

—¿A quien se le ocurrió "electricidad"? —preguntó Sirius con curiosidad.

—Charity Burbage —respondió James—. Es la nueva prefecta.

Al entrar Harry miró alrededor. La Sala Común era tan acogedora como recordaba: repleta de sillones esponjosos y viejas mesas desvencijadas. La chimenea le daba una calidez reconfortante y Harry estuvo tentado a quedarse ahí, junto al fuego, toda la noche.

—¡Bienvenidos a nuestra humilde morada! —exclamó Sirius, extendiendo los brazos. Sólo había unos cuantos alumnos ahí, de los cursos superiores—. ¿Qué les parece?

—Genial —respondió Harry con sinceridad.

—Excelente —comentó Teddy, sonriendo—. Sin duda más medieval que Salem, pero mucho más acogedor.

—Nuestros dormitorios están detrás de esa puerta —explicó Remus, señalando una de las dos existentes—. La otra conduce a los de las chicas... Cada curso comparte un dormitorio, así que seguramente ya deben haber agregado un par de camas al nuestro.

Harry asintió, luciendo atento.

—Por ahí está el tablón —Remus lo señaló—, y la chimenea está conectada a la Red Flu... Eso es todo.

Sin decir nada, James encabezó la marcha hacia los dormitorios. No estaban del todo cansados, pero deseaban ponerse sus pijamas y tirarse en sus camas cómodamente. Subieron hasta el final de una escalera de caracol y llegaron a la misma habitación en la que Harry había dormido sus siete años en Hogwarts. Curioso...

—Te han arrinconado, Colagusano —se burló Sirius y Harry vio que, efectivamente, una de las camas estaba pegada a la pared que conducía a los baños.

Colagusano dijo algo entre dientes y cogiendo su pijama se fue al baño a cambiarse. Remus se acercó a la cama del costado y rebuscó en su baúl por su propio pijama, mientras James y Sirius se tiraron con todo y túnica sobre las suyas.

—¿Eso es todo lo que traen? —preguntó James.

Harry había encontrado un baúl en una de las camas desocupadas y lo había abierto para descubrir su mochila, su bolsa de piel de moke, su ropa y su dinero acomodados dispersamente en el amplio espacio.

—Eh... sí, esto es todo —contestó, pasándole un pijama a Teddy, quien de inmediato se empezó a cambiar.

—¿No tienen túnicas para el colegio? —preguntó Sirius saltando de su cama y acercándose.

—No, aún no —respondió Harry, sacándose las botas—. Pensábamos ir de compras el sábado para conseguir las túnicas, los libros y todo lo demás.

James se deslizó de su cama y abrió su propio baúl. Sirius empezó a curiosear dentro del baúl de Harry.

—Canuto, por Merlín, deja las cosas de Harry en paz —dijo Remus desde su cama.

—Tú déjame en paz a mi, Lunático —dijo Sirius, sin mirarle. Estaba sosteniendo la bolsa de piel de moke—. Esto es de moke, ¿no?

—Sí, un regalo por mi séptimo cumpleaños de un buen amigo —dijo Harry,

—Debe ser un muy buen amigo —comentó Sirius, tratando de meter la mano por la abertura, la cual en un instante se encogió tanto que no se veía. Al poco tiempo la bolsa misma empezó a encogerse—. Son muy raros los productos de piel de moke, y caros.

Harry asintió vagamente, colocándose la camisa del pijama. De pronto, unas telas pesadas le cayeron encima, tapándolo. Escuchó la risita de Colagusano, quien al parecer había vuelto, antes de descubrirse. Eran dos túnicas negras.

—Ustedes son de mi talla, así que se las presto para mañana —dijo James con una sonrisa.

—No tienes que hacerlo —afirmó Harry, agradecido, pero abrumado—. Podemos arreglarnos con cualquier cosa, de verdad, y el profesor Dumbledore sabe que no tenemos la vestimenta escolar, así que...

—Nada de eso. No nos desprecien, que somos rencorosos —dijo Sirius, soltando al fin la bolsa de piel de moke, la cual ahora parecía una diminuta pelotita de cuero—. ¿Qué es lo que guardas ahí?

Remus resopló, obviamente en señal de frustración.

—Pequeños secretos —dijo Harry, misteriosamente. Sirius alzó una ceja—. Todos tenemos algunos, ¿no?

—Me gusta este chico —comentó James, riendo. Sirius se cruzó de brazos y se fue de regreso a su cama, aún sin cambiarse.

—No tengo ganas de dormir, así que nadie lo haga —determinó Sirius después de pocos segundos.

James se encogió de hombros y Colagusano se quedó quieto a su orden. Remus, sin embargo, cogió sus mantas y se cubrió. Sólo por diversión, Teddy lo imitó, escogiendo la cama a su lado.

—¡Hey!, ¡ustedes dos!, ¡no son agradables! —afirmó Sirius, ceñudo.

Harry suspiró sin saber qué hacer. Con sus antiguos compañeros de cuarto hubiera estado bromeando en un ambiente cómodo y semisomnoliento. Pero aquí, con las versiones jóvenes de su padre, padrino y ex profesor, no podía llegar a relajarse; sin contar la presencia de Colagusano, que lo ponía muy ansioso.

—Estaba pensando en la canción del sombrero —dijo James de repente.

Sirius se volteó a mirarlo —¿Esa espeluznante canción? —preguntó, medio divertido y medio preocupado—. No le hagas caso, Cornamenta... ¡Es un sombrero!, ¿qué puede saber un sombrero?

—Más que tú, sin duda —respondió Remus, destapándose—. Es el mismo mensaje que el año pasado. Nos está pidiendo que todas las casas nos unamos para enfrentar el peligro fuera de estas paredes.

—¿Y cree que lo vamos a hacer? —dijo Sirius con incredulidad—. La rivalidad entre Gryffindor y Slytherin viene desde los mismos fundadores, por si no lo recuerdas.

—Y es por eso mismo que el Sombrero Seleccionador sabe lo que está diciendo —replicó Remus—. Después de todo, los cuatro fundadores lo encantaron con sus ideas y creencias para que pudiera seleccionar a los estudiantes cuando ellos no estuvieran. Sin embargo, nos pide olvidar las diferencias, perdonar los errores y dejar los pleitos de lado. ¿Eso no te dice nada?

—Que es muy idealista —dijo Sirius con sorna.

Remus dejó escapar un sonido de pura frustración. Teddy, quien se había alzado en sus codos para observar, resopló.

—Que tenemos la oportunidad de hacerlo bien esta vez—dijo James, ganándose la atención de todos—. Ellos dejaron que su amistad se rompiera por sus ideales y al final esa pequeña disputa trajo todo esto, ¿no?... Voldemort es el descendiente de Slytherin después de todo.

Todos se quedaron en silencio por un largo rato. Sirius lo rompió —¿Y qué propones?, ¿hacernos amigos de Quejicus?

—Claro que no —respondió James, rápidamente—. Yo sólo... —Suspiró audiblemente—. Creo que todos deberíamos dejar de andar armando tanto lío... Quiero decir, simplemente ya no hay que hacerles caso.

—Jamás has dicho algo tan cierto, James —dijo Remus, complacido.

—Ya habías decidido dejar de ser un estúpido arrogante por tu amada Lily —afirmó Sirius, no del todo feliz—. ¿Cuál es la diferencia?

—Que se los estoy pidiendo a ustedes —dijo James, mirando hacia Sirius—. Sobre todo a ti, Canuto. Sé que los Slytherin son un grupo desagradable, sobretodo con los que anda Snape, pero nada ganamos metiéndonos en problemas como niños malcriados o... —Miró a Remus— perjudicando nuestra amistad por ellos.

Sirius lo miró por un momento y luego asintió levemente. Peter asintió con pereza, acurrucándose ya entre las mantas.

—Dejemos esas cosas para después de Hogwarts, donde nos enfrentaremos con la realidad, y donde cada quien mostrará de qué lado está —agregó James, mirando el dosel de su cama—. Por ahora, no estamos allá afuera, no aún, y aún no es nuestro asunto... Sólo disfrutemos este último año, ¿está bien?

Remus sonrió y Sirius se encogió de hombros con soltura y se dispuso a ponerse su pijama. Harry se quedó observando el perfil de su padre. Le agradaba mucho escucharlo decir algo tan maduro y, sin poder evitarlo, lo comparó con aquel James que había visto en los recuerdos de Snape, donde le había parecido tan engreído y poco respetable. Ahora más que nunca entendía lo que Sirius le había dicho aquella vez junto a la chimenea: "Un gran número de personas hacen el idiota a los quince. Él lo superó".

Sirius le tiró una almohada a James y este, a regañadientes, empezó a cambiarse de ropa. Harry suspiró y se hundió en su colchón, pensando en las últimas palabras de su padre, y decidiendo, mientras el cansancio lo vencía, que se permitiría hacerles caso y por ahora no se preocuparía de lo estaba sucediendo allá afuera. Como una vez le había dicho Hagrid, lo que tuviera que llegar, llegaría, y ya habría tiempo de plantarle cara.


Nota: Fragmentos de las reflexiones finales de Harry extraídos de Harry Potter y la Orden del Fénix y Harry Potter y el cáliz de fuego, respectivamente.