Todos los derechos: lugares, personajes y diálogos reconocibles, le pertenecen a J. K. Rowling y sus asociados. Yo solo estoy disfrutando al escribir esta historia sobre el mágico mundo que ella creó. No busco ningún beneficio lucrativo.


Capítulo 06

El otro espejo

Teddy fue el primero en reaccionar y, muy lentamente, comenzó a recoger las cosas que Remus había dejado atrás.

—Espero que todo se solucione —dijo Lily, preocupada—. No es que me caiga muy bien Black, pero la amistad de él y James significa mucho para Remus.

Harry suspiró y asintió —Sí, lo sé —Lily lo quedó viendo con curiosidad—. Eh... en lo poco que los conozco he podido notar que para los tres es muy importante la amistad.

—Sí... eso no se puede negar —afirmó Lily, pensativa, y luego sonrió—. Bueno, deberíamos irnos. ¿Recuerdan el camino a la Sala Común?, o tal vez quieran ir al comedor... Los podemos acompañar —Verenice asintió a su lado—. Sólo denme un minuto para hablar con el profesor Slughorn y...

Harry negó con la cabeza —No hace falta, los chicos nos enseñaron bien los caminos... Además, creo que vamos a merodear un poco por ahí, para conocer mejor el castillo y los alrededores.

Verenice soltó una risa suave —Oh, muy rápido les pegaron sus manías los Merodeadores, ¿eh?

Harry sonrió con timidez.

—Eso era de esperar —afirmó Lily con humor—. Bien, entonces, nos vemos por ahí.

—Nos vemos —se despidió Harry.

Harry ayudó a Teddy con las cosas de Remus y ambos salieron rumbo al pasillo. Caminaron con lentitud, sin hablar, hasta llegar a una columna que disimulaba la puerta a un pasadizo secreto. Harry la tocó y esta se abrió, revelando un camino serpenteante. Harry y Teddy lo siguieron hasta llegar al otro extremo, donde, con cuidado, Harry apartó un cuadro y salió hacia un amplio corredor iluminado por muchas antorchas. Frente a él se encontraba una pintura de un gigantesco frutero de plata.

—No tengo hambre —dijo Teddy, mirando hacia el cuadro.

—No estamos aquí para comer —señaló Harry, alargando un dedo y haciéndole cosquillas a la enorme pera verde, la cual se retorció entre risitas y se convirtió en un pomo—. Te prometí darte un descanso cada vez que lo necesitaras —Abrió el retrato y ambos entraron.

Alrededor de un centenar de elfos domésticos se encontraban trabajando con esmero en lo que Harry supuso sería el almuerzo. Muchos agradables olores llegaban a él, pero había sido sincero cuando le dijo a Teddy que no habían venido a comer. Con cortesía, declinó las atenciones de muchos elfos, que se acercaban a ofrecerles algún aperitivo, aunque al final igualmente terminaron con dos tasas de té y algunas galletas frente a ellos.

—Yo... No quise hablarle de esa forma a James, lo siento —dijo Teddy, jugando con una galleta—. Supongo que me desquité con él.

Harry miró alrededor y, aunque no notó que ningún elfo tuviera interés en su conversación, prefirió prevenir, mandando un muffliato alrededor —Te alteró lo que dijo Remus, ¿no es así?

—Un poco —afirmó Teddy, sin mirarlo—. Tú ya me habías contado sobre la enemistad con Snape, y que mi padre jamás había evitado nada, pero nunca pensé que se sintiera tan culpable por ello... No me gustó que dijera que se había ganado el odio de Snape... Fue como si dijera que se merecía ser odiado, y él podrá ser culpable de muchas cosas, pero no se merece ser odiado.

—No, no lo hace —negó Harry con firmeza—. Tu padre fue un gran hombre, un gran amigo... Muchas personas cometen errores, lo importante es que sepan verlos e intenten rectificarlos. Remus lo hizo. Recuerdo que cuando trabajó junto a Snape como profesor sólo lo trató con amabilidad; nunca fue irrespetuoso o grosero con él, incluso después de que Snape revelara su condición.

—Y volvió con mi mamá y conmigo después que nos abandonara... —dijo Teddy, reflexivo—. Y yo nunca lo odié cuando supe de ello, nunca. Tal vez al inicio me sentí dolido, pero entendía sus razones... las entendía bastante bien, y sabía que no se merecía mi odio, no cuando lo dio todo por mí al final.

—Es cierto —Harry asintió y se quedó absorto por algunos segundos.

—También me molestó la reacción de Sirius —comentó Teddy de repente—. Me pareció injusto que mi padre sintiera tanta culpa y Sirius no reconociera que él era el principal culpable... junto con tu padre —Le envió una mira de disculpa.

—Ya veo —dijo Harry, sonriéndole—. No te preocupes, yo también creo que Remus tenía razón en decir lo que dijo, sobre mi padre y Sirius; y me alegra que mi padre lo reconozca... Nunca debieron empezar esta enemistad con Snape... —Su sonrisa cayó—. Yo vi ese momento, ¿sabes?

Teddy le envió una mirada curiosa —¿Qué?

—Sí, en un recuerdo —explicó Harry con tranquilidad... Era la primera vez que contaba eso desde hace mucho tiempo—. Uno de Severus Snape.

—¿Viste cómo se conocieron él y tu padre? —preguntó Teddy.

—Lo hice... fue en el expreso de Hogwarts —Harry le relato el recuerdo de Snape lo mejor que pudo, desde la charla con Lily, hasta la invención de su apodo, y después de hacerlo ambos se quedaron pensativos.

—Entonces, realmente fue por la rivalidad de las casas... desde el principio —dijo Teddy en voz exasperada—. Una razón más para odiar los prejuicios.

—Sí, fue por eso, por lo menos así comenzó —afirmó Harry—. Luego Snape mostró su interés en las artes oscuras, lo que mi padre más odiaba, y mi padre comenzó a acaparar la atención, la admiración y el agrado de muchos, lo que Snape siempre había querido. Desde ahí, era de esperar que surgiera una enemistad.

—Supongo que fue parecido a lo que me pasó con Rickett —comentó Teddy, resoplando—. Él odiaba que todos estuvieran atentos a mis habilidades, y a mi me desagradaban sus estúpidos prejuicios contra los hombres lobo... Al final, mira como acabó, siendo mordido en represalia... justo igual que mi padre.

Harry miró su taza de té, inexpresivo —Ese tipo de enemistades rara vez terminan bien... Creo que en eso tuve algo de suerte. Por lo menos ahora puedo, o podía, hablar con Malfoy con cortesía.

—Sí, bueno... —Teddy movió la cabeza, con incertidumbre—. ¿Sabes si se amistarán pronto? —Harry sabía que ya no estaban hablando de Snape—. Por más que Sirius se haya comportado como un idiota, no me gusta ver a mi padre tan perdido... Además que sería bastante incómodo.

—Eh... —Harry no sabía si decirle sus preocupaciones o no, luego se decidió—. En realidad, ellos no deberían de haber discutido, así que no hay forma de que lo sepa.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Teddy, confundido.

Harry suspiró —Tu padre no sólo se mantuvo al margen de las peleas con Snape, sino que jamás tuvo el valor de encarar ni a Sirius ni a James sobre ello.

—Un momento... —Teddy parpadeó, desconcertado—. ¿Me estás diciendo que ellos nunca tuvieron esa discusión?

—No, nunca —negó Harry, pasándose una mano por la cara y luego por el cabello—. Nuestra presencia debe haber alterado un poco las cosas...

—¿Un poco?, ¿un poco, Harry? —le preguntó Teddy con incredulidad—. Pensaba que no íbamos a alterar nada hasta decidir qué hacer... ¡y mucho menos cuando no tenemos control sobre ello!

—No lo hemos hecho a propósito, Ted —respondió Harry con paciencia—. Sólo pasó, y me temo que seguirá pasando, así que sólo tendremos que tratar de arreglar las cosas lo mejor que podamos.

—Eso suena fácil, pero no creo que lo sea —comentó Teddy con el ceño levemente fruncido—. Estás hablando de la amistad entre mi padre, el tuyo y Sirius... Tú sabes lo trascendental que eso es en toda la guerra.

—Y por lo mismo tenemos que...

—¡Sirius!

Harry y Teddy se quedaron congelados en sus asientos. La voz de James resonaba en la cocina, pero no provenía de ningún lugar alrededor, sino del bolsillo de Harry.

—¡¿Qué dem-...?! —Teddy fue silenciado cuando la mano de Harry le tapó la boca.

—¡Canuto!, ¡sé que tienes el espejo! —decía James—. ¡Por favor, contesta! —Tras una pausa James volvió a hablar —. ¡Sirius!, ¡contesta!... Merlín... ¡No te encuentro en el mapa!, ¡¿dónde diablos estás?! —Otra pausa—. Está bien, no contestes, pero me vas a tener que escuchar, quieras o no.

La mente de Harry pensó a mil por hora, buscando una forma de silenciar ese espejo. ¿Qué podía hacer?, ¿lanzar un hechizo?, ¿tirar la bolsa de moke en algún lugar lejano? No quería escuchar una conversación privada, o lo que sea que su padre tuviera que decirle a Sirius, pero no quería arriesgarse a que nadie supiera de la existencia de ese otro espejo.

—Mira, sé que te debe haber molestado lo que dijo Remus —dijo James, apresuradamente—, pero, vamos, Canuto, ¡es Lunático!, ya sabes. Él nunca nos ha reprochado gran cosa, aunque a veces nos ha hecho sentir como mierda por su silencio, pero el punto es que tenía que explotar en algún momento... Incluso Remus tiene el derecho de perder la paciencia... Además, ya he hablado con él y le creo cuando dice que su intención nunca fue molestarnos o lastimarnos. Simplemente, creyó que ya era tiempo que supiéramos lo que siempre había pensado de todo este lío.

Harry asintió y Teddy suspiró, dejándose caer sobre sus brazos cruzados, encima de la mesa.

—Y estoy seguro que tú, al igual que yo, ya sospechabas que Remus pensaba de esa manera —James suspiró—. Él es muy moral, muy bueno... hemos sabido eso siempre... y aunque todo el tiempo callaba cuando hacíamos algo contra Snape... ¡Y debo recordarte que incluso no te reprochó absolutamente nada del incidente bajo el Sauce!... Él se tragaba todos esos sentimientos y lo hacía por nuestra amistad, y por sus inseguridades. Temía perdernos, Sirius... Sé que tú lo sabes, y sé que también sabes que tanto tú como yo nos aprovechamos de eso.

Harry y Teddy se miraron. James estaba siendo muy sincero, y Harry se preguntó si alguna vez Remus había sabido lo que sus amigos pensaban de él.

—Sí, nos aprovechamos de cuan buena persona es, y de su falta de valor para enfrentar a sus únicos amigos —dijo James y su tono estaba lleno de culpa—. Creo que lo hicimos desde que nos conocimos... ¿Recuerdas cuando se culpó de haber sido él quien había forzado el armario de las escobas?, y lo hizo para que nosotros no perdiéramos nuestro derecho a las clases de vuelo... Sabía que nos encantaba volar... —James rió un poco—. Nunca entenderé cómo es que tenía esa bondad aún a esa edad, cuando todos los demás sólo pensábamos en nosotros mismos. Pero él era así, diferente, y por eso se convirtió en nuestro amigo, el amigo de dos revoltosos que ha tenido que soportar todos estos años...

Ninguna palabra se escuchó por casi un minuto. Harry sabía que desde su espejo gemelo, al estar roto, no llegaba sonido alguno; al parecer el encantamiento había sido afectado cuando lo quebró; así que no sabía si Sirius estaba contestándole o no.

—Remus tiene razón —continuó James—. No debimos haber llevado lo de Snape tan lejos, no hasta que nos odiara de esa manera. Ahora lo entiendo... Lo he entendido desde hace meses en realidad —Suspiró, trémulo—. Sólo quiero una vida feliz, siendo un buen hombre, como lo prometí, pero siento que no podré lograrlo, ya sea por esta maldita guerra o por mis estúpidos errores... y no sabes cuanto me gustaría poder empezar todo de nuevo.

Era la segunda vez que Harry escuchaba algo sobre una promesa. Era curioso, ¿a quién se la había hecho?

—Sé que suena tonto, pero me siento más capaz de lograrlo cuando ustedes están a mi lado —La voz de James sonaba ahogada—. Los necesito conmigo, ahora más que nunca, y... Creo que no soy tan bueno en las palabras como lo era mi mamá, ¿no es así?... —Hubo una larga pausa en la que Harry creyó escuchar otro trémulo suspiro—. Anímate, Canuto... Te estaremos esperando bajo el Haya en la orilla del lago.

La cocina quedó en silencio nuevamente. Los elfos no se habían dado cuenta de lo que había pasado, gracias al hechizo de Harry, y continuaban con sus tareas. Teddy hundió su cabeza entre sus brazos por un momento. Harry sacó su bolsa de moke con cuidado y rebuscó en ella el espejo que había pertenecido a su padrino; Aberforth se lo había dado cuando la guerra terminó, sabiendo que él lo querría. Con cuidado, apuntó su varita y envió un hechizo silenciador y un obscuro.

—¿Sabes a quién James le hizo esa promesa? —preguntó Teddy, levantando la mirada. Sus ojos cayeron sobre el espejo que Harry tenía en la mano—. Ya me lo imaginaba... Ese es el espejo de dos caras de Sirius, ¿no?

—Sí, lo es... —afirmó Harry, volviendo a guardarlo, y esta vez sacando el pedazo de su espejo gemelo, en el cual repitió el segundo hechizo, antes de volverlo a guardar—. Y sobre la promesa de mi padre, tengo una corazonada... pero no estoy del todo seguro.

—Quisiera ver cómo está Remus —dijo Teddy, unos segundos después. Era una petición.

Harry lo miró por un momento antes de asentir. No había mucho que pudieran hacer por ahora. Si las palabras de James no lograban ningún cambio en Sirius, entonces ya se vería.

Salieron de las cocinas, nuevamente rechazando los alimentos que les ofrecían los elfos, y se dirigieron a los terrenos del castillo. Había muchos estudiantes dispersos alrededor, y una fila de tercer año estaba encaminándose hacia los linderos del bosque, a su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Pudieron ver con toda claridad a James y a Remus debajo del Haya situada cerca del lago, pero decidieron tomar otro camino; uno que los haría llegar ahí casualmente. En poco menos de cinco minutos llegaron a esa parte de la orilla, caminando lentamente, hasta que Harry fingió percatarse de James y Remus. Verdaderamente dudosos, se acercaron.

—Chicos, ¿dando un paseo a la orilla del lago? —preguntó James, habiéndolos visto desde la distancia. Remus estaba con la mirada baja.

—Un poco, sí —respondió Harry, mirando de reojo a Remus—. Realmente estábamos preocupados.

James sonrió levemente y luego codeo a Remus —Mira, Lunático. Incluso Harry y Ted se preocupan ya por ti... Ya te decía yo, que eres adorable.

Remus hizo un ruido extraño, como si fuera una risa combinada con un sollozo y ambos ahogados por una tos. James le dio otro codazo. Remus suspiró y alzó la vista; tenía los ojos un poco rojos.

—Todo está bien, Harry, Teddy —dijo Remus en un susurro ronco. Teddy se percató del uso de su apodo y sintió una cálida sensación en el pecho—. No tienen que preocuparse por mí.

—Pero lo hacemos —afirmó Teddy. Harry asintió—. Has sido muy amable con nosotros desde que llegamos y... bueno, no tenemos muchos amigos aquí por los que preocuparnos, así que sólo déjate engreír y no te quejes.

James soltó una risa y Remus sonrió con verdadera gratitud —Gracias.

—No tienes que agradecer —contestó Harry en tono amistoso—, para eso están los compañeros.

—Para eso y para decirte lo estúpido que has sido —comentó la voz de Sirius, llegando desde detrás del Haya. James sonrió y Remus se quedó quieto, mirándolo.

—Mira, Lunático. Yo... no debí haber reaccionado de la forma en que lo hice —afirmó Sirius con sinceridad—. Supongo que me sentí... herido, más que nada, al escuchar lo que pensabas y... Bueno, yo nunca fui perfecto... ni en mi casa, para mi familia, ni en la comunidad entera, para todos los estúpidos puristas... y sé que tampoco lo he sido aquí, por más que antes lo creyera así... Ahora sé que sólo me he estado comportando como un estúpido arrogante —James resopló y Sirius volteó a mirarlo—. Escuché lo que dijiste, por cierto... y estuviste acertado en todo, aunque te falto añadir algo —Volvió a mirar a Remus—. Por mucho tiempo yo te he envidiado, Remus.

Remus lo quedó viendo un largo rato, sin procesar lo que había dicho —¿Envidia?, ¿de mí?... ¿Escuchas lo que dices, Sirius?

—Claro que me escucho —dijo Sirius, rodando los ojos hacia arriba—. Y sí, envidia, de ti... De ti que a pesar de todos los problemas que la vida te ha dado eres una buena persona, haces las cosas correctas, todos te quieren y te respetan, y... tienes una familia que te acepta como eres. Yo quisiera ser más como tú... —Hizo una mueca—, menos en lo estudioso.

Harry y Teddy no hablaron ni intervinieron durante el tiempo que Sirius miró a Remus y a James, esperando una respuesta.

—Yo no soy perfecto —fue lo primero que dijo Remus—. Fui criado bien, eso es cierto... Pero tengo inseguridades, y estas me han llevado a querer agradar cada vez más a las personas, sobretodo a las que quiero, y eso no es bueno. He olvidado muchos de los consejos de mi padre, he roto la confianza de alguien que respeto mucho, he puesto en peligro a las personas por mis acciones... y todo para ser querido... No hay nada noble en eso.

—Serías inhumano si no quisieras ser querido, Remus —le dijo James, acercándose y rodeando sus hombros con un brazo—. ¿Crees que yo no quiero serlo? Lo quiero. Quiero ser querido y quiero ser feliz. ¿Por qué crees que me he puesto en el centro de la atención todos estos años?

—¿Y por qué crees que yo he tenido tantas novias? —preguntó Sirius, burlón. James y Remus rieron.

—El punto es lo que haces para ganarte ese cariño, ¿sabes? —señaló James, alzando las cejas—. Y a diferencia de nosotros, tú sí que has hecho méritos.

Sirius asintió —Perfectito y todo.

—Prefecto —corrigió Remus como por inercia, frunciendo levemente el ceño, y haciendo que todos rieran. Cuando terminaron de reír, Sirius miró hacia Harry y Teddy.

—Lamento el espectáculo tonto de Pociones, chicos —les dijo Sirius con una sonrisa—, y también este tan sentimental.

—No hay problema —contestó Harry, sonriente. Un ligero peso se había levantado de su pecho.

—Fue lindo verlos así —comentó Teddy en voz algo melosa, tratando de esconder su alegría.

—Sí, bueno, no volverá a suceder —afirmó Sirius, volviéndose serio—. Los hombres no damos espectaculillos sensibleros.

Remus resopló —Tú fuiste el que salió con todo el rollo de "Quisiera ser como tú, Remus".

James, Harry y Teddy rugieron de risa. Por la cara de Sirius pasaron muchos colores, hasta que, rojo, sacó su varita. Remus hizo lo mismo.

—Esa me la pagarás, Lupin —murmuró Sirius, mirándolo fijamente, aunque su boca se encontraba ligeramente curvada.

—Bien —dijo Remus y ambos se inclinaron, saludándose como en un duelo.

—¿Realmente van a pelear? —le preguntó Harry a James, consternado.

—Oh, sí... Déjalos, creo que les servirá de desahogo —James se encogió de hombros.

Antes que Harry pudiera volver a preguntar, para ver si había oído mal, Sirius atacó:

¡Tarantallegra! —Un rayo de rizada luz salió de la varita de Sirius en dirección de las piernas de Remus.

¡Protego! —exclamó Remus, formando un gran escudo ante él, que desvió el encantamiento con rapidez.

Sin embargo, Sirius ya había mandado un segundo hechizo: —¡Desmaius!

¡Densaugeo! —exclamó Remus, prefiriendo esquivar el anterior hechizo, y durante ese tiempo conjurar un contraataque.

Sirius logró escapar del maleficio por poco —¡Furnunculus!

—¡Ja!... me gusta cuando juegan sucio —afirmó James con entusiasmo—. Es gracioso ver como quedan al final.

Poco a poco se comenzó a formar un pequeño corrillo alrededor de los duelistas. Algunos los animaban, otros miraban absortos. Lily llegó en algún momento, junto a los otros Gryffindors de séptimo año, algo asustada, hasta que James la tranquilizó, explicándole que Sirius y Remus ya se habían amistado.

—¿Pero, entonces, qué hacen en duelo? —preguntó Lily, aún un poco preocupada.

—Sólo están entreteniéndose —dijo James, y luego sonrió—. Quiero saber quién gana esta vez.

—¿Ya lo han hecho antes? —preguntó Harry, ahora divertido.

—Llevamos la cuenta y todo —señaló James con petulancia—. Cuarenta y cinco duelos, desde tercero —Lily abrió ligeramente la boca, asombrada—. Remus va a la cabeza, con dieciséis victorias, le sigo yo con catorce, luego Sirius con once, y al último Peter con cuatro.

—Pettigrew les ha ganado a ustedes en un duelo —dijo Mary Macdonald con escepticismo. Peter, quien se encontraba semioculto por detrás de ellos, la miró ofendido.

—Lo creas o no, así es —afirmó James—. Ese pequeñuelo tiene sus mañas.

Harry tuvo que reprimir un resoplido de disgusto. Teddy estaba tan absorto en el duelo de Remus que parecía no haber escuchado la conversación.

—Wow, Sirius sí que sabe moverse —afirmó Lubmilla, casi comiéndolo con la mirada. A su lado Verenice asintió con avidez.

—No se supone que tienes novio, Very —le dijo Lily, un poco contrariada.

—Devon nunca ha sido celoso —comentó Verenice, sonriente—. Además, vamos Lily, no serías mujer si no vieras lo atractivo que es Sirius.

—¡Ejem! —llamó James. Harry estuvo tentado a hacer lo mismo.

—¡Ah!, lo siento, James —le dijo Verenice entre risitas—. Por supuesto que es mejor que Lily te mire a ti... después de todo tú también eres muy apuesto.

—Gracias, Frobisher —James le sonrió, galantemente, y luego volteó a ver a Lily, esperanzado, sólo para encontrarla observando el duelo. Su larga cabellera le tapaba un poco el rostro.

Sin embargo, Harry la había visto antes, sonrosada por el comentario de Verenice acerca de mirar a James en vez de a Sirius.

—¡¿Qué sucede aquí?! —La profesora McGonagall había llegado, seguida por Dorcas Meadows. Ambas mujeres tenían sus miradas fijas en el duelo.

—No es nada, profesora —intervino James, rápidamente, acercándosele.

—¡¿Nada?!... ¡Señor Potter, un duelo no es nada! —exclamó la profesora McGonagall aún más alto, alterada. Sirius y Remus se detuvieron al escucharla—. ¿Cómo es posible que no los haya detenido?, esperaba más de usted... ¡Señorita Evans!, ¡¿usted también?! —agregó, dándose cuenta de su presencia—. No lo puedo creer... ¡Los dos Premios Anuales aquí y no han hecho nada!

—Profesora, ellos sólo estaban practicando —afirmó Lily, tímidamente—. Le aseguro que sólo están matando el tiempo hasta la hora del almuerzo. Eso es todo.

La profesora McGonagall la miró no del todo convencida.

—Profesora, lo sentimos por el desorden —Remus llegó, respirando con dificultad—. Eh... pero Lily tiene razón. Esto sólo era un juego. Nada serio.

Sirius llegó detrás, también algo falto de aliento —¡Estábamos liberando la mala vibra, profesora!

—¿Perdón? —preguntó la profesora McGonagall, confusa.

—¡Mala vibra! —repitió Sirius con una gran sonrisa—. Es como magia negra, usted ve, te vuelve pesimista y envidioso, y luego todo te sale mal. Además, es contagiosa —Algunos estudiantes de alrededor se apartaron. Lily y Harry resoplaron—. Usted debería intentar liberarla de vez en cuando, para alejar el estrés.

—Yo no estoy estresada, señor Black —afirmó la profesora McGonagall, juntando los labios con fuerza. Sirius suavizó su sonrisa a una respetuosa.

—Esa fue una gran demostración, señores —intervino la profesora Meadows. Los miraba con seriedad, pero su tono no era estricto, como el de la profesora McGonagall.

—Eh... gracias, profesora —contestó Remus, algo abochornado. Sirius sólo le envió una sonrisa ganadora.

—Usted es un buen estratega —continuó la profesora Meadows, mirando a Remus—. Piensa cada movimiento, y lo hace con rapidez. Me aventuro a decir que si fuera un poco más ágil se convertiría en un formidable duelista —Remus asintió en agradecimiento, aún avergonzado—. Pero sé que es propenso a enfermarse, y eso debe quitarle flexibilidad, y resistencia también... Una lástima.

Remus palideció un poco ante el comentario. James y Sirius se miraron. La profesora Meadows, sin embargo, les envió una leve sonrisa, comprensiva.

—Y usted —Esta vez se dirigió hacia Sirius—. Es muy rápido con los pies y con la varita... pero lo he visto tomar demasiados riesgos. En un duelo real no puede darse el lujo de ser temerario... eso quita precisión y control.

James resopló, ganándose una dura mirada de Sirius, quien después le sonrió a la profesora Meadows —Es mi forma de ser, profesora... Soy temerario.

Lubmilla y Verenice soltaron algunas risitas, junto a otras chicas alrededor. La profesora McGonagall negó con la cabeza, mirándolo con desaprobación.

—Y eso lo llevara a la muerte —respondió la profesora Meadows con soltura. La sonrisa de Sirius cayó y las risitas se extinguieron—. Es por su bien cuando le aconsejo que se controle. Si lo hace puede llegar a ser un gran duelista, señor Black.

Sirius miró alrededor, dudoso y algo perturbado, y luego asintió. James lo miró con preocupación.

—Muy bien, ya es hora que todos ustedes regresen al castillo —dijo la profesora McGonagall hacia la multitud—. ¡Todos al Gran Comedor!, ¡vamos! —Un grupo de chicas se estaban encaminando por la dirección contraria—. ¡No se desvíen! ¡No sé que puede ser más importante que ir a almorzar, señorita Vane!

—Esperen un momento —les indicó la profesora Meadows a los Gryffindors alrededor. Sirius y Remus se removieron, incómodos. ¿Iría a castigarlos?—. Profesora McGonagall... Sé que existe la posibilidad de abrir un Club de Duelo, ¿habría algún problema si yo lo hiciera?... Sólo para estudiantes de nivel EXTASIS.

Harry alzó las cejas y Teddy miró con curiosidad.

—¡¿Un Club de Duelo?! —preguntó Sirius con entusiasmo. James, Remus y Lily estaban maravillados, y no eran los únicos... Las palabras "Club de Duelo" fueron repetidas de boca a boca, y ya todos alrededor lo sabían para cuando la profesora McGonagall respondió.

—Bueno, no creo que habría ningún inconveniente —dijo en un tono reflexivo—, por lo menos no para nosotros... Pero, los estudiantes de séptimo año tienen que prepararse para sus exámenes y...

—¡Oh, vamos, profesora McGonagall! —rezongó Sirius—. Los exámenes son a fin de curso.

—Sí, pero ustedes tienen que concentrarse y...

—Pero es un Club de Duelo, profesora —comentó James con su mejor tono maduro, tratando de esconder su entusiasmo—. Es más aprendizaje práctico. Nos ayudaría mucho para nuestros EXTASIS de Defensa y Encantamientos —Lily asentía con vigor a su lado.

—Y también para el de Transformaciones —agregó Remus con aparente calma—. Muchas veces usted nos ha dicho que hay formas de aplicar los hechizos de transformación en un duelo.

Harry sonrió; esos eran muy buenos argumentos. La profesora McGonagall lucía incierta.

—El colegio se ha hecho para prepararlos para la vida allá afuera, profesora McGonagall —afirmó la profesora Meadows con seriedad—, no sólo para aprobar exámenes.

Muchos Ravenclaws alrededor se quedaron mirándola, atónitos. Harry asintió vagamente, recordando que él mismo había dicho algo parecido en su quinto año... Era triste, e irónico, que en aquel entonces sus palabras hubieran sido dirigidas a otra profesora de Defensa.

—¡Así se habla, profesora! —exclamó Sirius con admiración—. Sabía que me caía bien por algo.

—Señor Black, no sea impertinente —lo regaño la profesora McGonagall, luego suspiró y asintió—. Está bien, hablaré con el profesor Dumbledore sobre esto.

—¡Sí!, ¡sí!, ¡sí! —exclamó Sirius, dando saltitos. Extrañamente, Remus parecía capaz de imitarlo en cualquier minuto. Teddy se rió ante la mirada contenida de su padre.

—Gracias profesora —le dijo James con una gran sonrisa, la cual luego compartió con Lily.

Como es costumbre en Hogwarts, la noticia voló más rápida que una snitch, y para cuando el almuerzo había terminado, todos en el colegio sabían sobre el nuevo Club de Duelo, aunque este aún no estuviera aprobado. También corrieron mil y un versiones del pequeño duelo entre Sirius y Remus, exagerándolo tanto en algunas ocasiones, que algunos se acercaron a comprobar si era verdad que los tan famosos Merodeadores habían roto su amistad para siempre. Sólo fue hasta que Sirius le contó lo sucedido a Colagusano, en voz bastante alta, que, por lo menos en la mesa de Gryffindor, todos quedaron apaciguados.

Por la tarde, las clases continuaron con normalidad. Harry y Teddy siguieron a los demás hacia los invernaderos, donde tuvieron una instructiva y dolorosa clase sobre el lazo del diablo... Harry nunca dejaría de admirar la habilidad y paciencia de Neville para este tipo de cosas... y luego subieron con James y Remus a la sala común. Sirius tenía clases de Estudios Muggles.

A veces, Harry se sentía un poco desconectado, sobretodo cuando el silencio reinaba. El peso de todo lo ocurrido estaba al fin llegando, la pérdida de su familia, de su esposa y de sus hijos, la pérdida de todo lo que había ganado; y el incierto futuro... Pero luego se palmeaba la frente con fuerza, recordándose que ellos aún existían... Sólo estaban en el futuro, esperando que él solucionara las cosas y, de alguna forma, volviera a casa. Quería creer eso... que él lograría crear un buen futuro para ellos.

Cuando no estaba perdido en sus cavilaciones, se la pasaba riendo con James y con un cada vez más divertido Remus, y para cuando Sirius llegó, hablando de informática y computadoras, el bullicio era tal que acalló cada uno de sus pensamientos. El verdadero pandemonio vino a la hora de la cena, cuando Dumbledore oficializó la apertura del Club de Duelo, y desde entonces ninguna sola cosa había sido dicha que no tuviera que ver con las palabras "club", "duelo" o "defensa".

Harry suspiró, tendido en su cama. Había sido un día agotador, pero había terminado de la mejor forma. Miró alrededor y observó entre sus cortinas abiertas a Teddy, quien miraba hacia la figura dormida de Remus... El cambio en la actitud de Remus le había sorprendido un poco, ahora era un poco más como Teddy: aún tranquilo y amable, pero más relajado, de buen humor y más bromista. Supuso que el haber dado su opinión sobre lo sucedido con Snape había aligerado su conciencia, y el escuchar lo que sus amigos pensaban de él le había confortado el corazón. Se alegraba por él, pero no podía dejar de pensar en cómo eso afectaría en lo que ocurriría de ahora en adelante.

Era como si Harry no tuviera elección, como si no la hubiera tenido desde el mismo momento que había decidido viajar un poco más lejos en el pasado. Quisiera o no, Teddy y él ya eran parte de esta nueva historia, y por ello estaban influenciando en todo lo que ocurría alrededor... Por ahora, sólo había sido algo leve, pero en el futuro podrían venir grandes cambios, cambios que podrían desencadenarse a partir de una simple conversación... Cambios dentro de una amistad, de una creencia, de una familia. Cambios buenos y malos, pero cambios que, sin duda, Harry estaría preparado para enfrentar.