Todos los derechos: lugares, personajes y diálogos reconocibles, le pertenecen a J. K. Rowling y sus asociados. Yo solo estoy disfrutando al escribir esta historia sobre el mágico mundo que ella creó. No busco ningún beneficio lucrativo.


Capítulo 10

El club de duelo

—¿Queréis guardar silencio? —exigió la profesora McGonagall.

La clase de Transformaciones había comenzado hace más de veinte minutos y aún se escuchaban por todos lados murmullos excitados. Nadie podía dejar de hablar de la primera sesión del Club de Duelo, y por lo tanto nadie podía concentrarse en trasformarse correctamente. Tal y como había decidido, Harry estaba intentando recrear su verdadero aprendizaje en Hogwarts, por lo que en esa clase se mantuvo unos pasos por detrás de los más adelantados.

—Pero, profesora, estamos emocionados, ¿sabe? —le dijo James de forma arrebatadora, desde un pequeño pedestal; la mitad inferior de su cuerpo estaba totalmente cubierta por una pesada armadura, que, inusitadamente, estaba hecha de piedra negra en vez de metal.

—Sé que están emocionados, señor Potter —afirmó la profesora McGonagall, mirándolo con severidad—, pero no están intentando hacer un hechizo del montón aquí. Creí que después de seis años de estudio, todos ustedes entenderían la complejidad detrás de una transformación... Sólo mover la varita y decir las palabras correctas no hará el truco —Algunos soltaron risitas—. Si no ponen el debido empeño, me veré obligada a retractarme en mi aprobación para la formación del Club de Duelo.

Hubo ruidos de disconformidad.

—¡Usted no puede hacer eso! —exclamó Sirius, con incredulidad. Remus negó con la cabeza fervientemente, aunque no dijo nada. Ambos también se encontraban en distintas etapas de su transformación, aunque la armadura de Sirius parecía un tanto más ostentosa.

—Claro que lo puedo hacer, señor Black —le dijo la profesora McGonagall, bruscamente—. ¡Y lo haré si continúan con este relajo! Con vuestras actitudes sólo me estáis demostrando que, tal como lo supuse, ¡este club los está distrayendo de sus estudios!

Hubo más ruido, una larga y dura mirada de la profesora McGonagall, y luego todos volvieron a su trabajo, sumisos. Sin embargo, estaba claro que sus mentes se encontraban vagando entre maleficios, contrahechizos y técnicas de duelo, en vez de enfocadas en el hechizo que les permitiría convertirse en grandes piezas de ajedrez. Pasaron diez minutos más y Harry tragó, viendo el rostro encrespado de la profesora McGonagall. Sólo Lily había hecho algún avance, transfigurando su propia ropa en un pétreo y largo vestido. Por otro lado, Teddy se mantenía transformando diferentes partes de su vestimenta y luego destransformándolas, divertido ante la frustración de su antigua directora.

—¡Pettigrew!, ¡hágame el favor de detenerse! —exclamó la profesora McGonagall, perdiendo la paciencia. Peter detuvo sus múltiples intentos de hechizarse, una y otra vez, sin parar—. ¡Si continúa enviando el hechizo así por así, va a terminar convirtiéndose a usted mismo en piedra!

Peter miró hacia sus pies, avergonzado.

—¡Y señor Black! —lo llamó la profesora McGonagall, haciéndolo brincar. Había estado hablando con James sobre el club—. Por lo que veo, ¡ni usted ni el señor Potter tienen la intención de aprobar sus EXTASIS en Transformaciones!

Sirius tuvo la decencia de parecer incómodo ante el regaño y James se removió, medio cuerpo, mirando hacia otro lado.

—McGonagall parece algo alterada —comentó Harry de forma general, después que todos continuaran con su trabajo.

James y Sirius compartieron un asentimiento, y Remus hizo una mueca —Estoy tratando, pero nunca he sido capaz de hacer hechizos tan complicados en la primera clase.

—Usualmente son James y Sirius los que los hacen —susurró Peter, aún abochornado.

—¿Qué puedo decir?, hoy mi musa es Dorcas Meadows —comentó Sirius con soltura, quitándose la media transformación y volviendo a intentarlo con similar resultado—. Lo siento por McGonagall, ella solía ser mi favorita.

—Sé serio, Sirius —dijo Remus. Sirius sonrió de lado—. Si alguien no logra este hechizo para el final de la clase, la profesora McGonagall es capaz de no dejarnos ir hasta que termine la sesión del club.

Sirius resopló, frustrado, y se cruzó de brazos, sin ánimos para continuar. James lo intentó un par de veces más, pero sólo logró transformar la parte superior de su túnica por unos segundos, antes de perder el resto de su transformación. Harry suspiró; miró hacia atrás, captando la atención de Teddy, y alzó ambas cejas, sabiendo que su ahijado era capaz de hacer ese hechizo desde los quince años y que, al contrario de él, no tenía una particular aversión a la admiración.

Teddy le sonrió —Bueno... si insistes —musitó.

Harry resopló, divertido, sabiendo que Teddy había estado esperando su petición. Con un ágil y exacto movimiento de varita, Teddy se fue transformado completamente en un alto y delgado alfil.

—¡Bueno!, ¡ya era tiempo! —exclamó la profesora McGonagall, entre exaltada y encantada—. ¡Muy bien hecho, señor White! ¡Veinte puntos para Gryffindor, por una perfecta realización del hechizo transmutador!

James y Sirius parpadearon, asombrados, mirando la estatua de pies a cabeza. Era imposible reconocer algún tipo de vida en ella, incluso la varita de Teddy estaba semioculta entre sus dos palmas, casi imperceptible al ojo humano. Remus asintió con aprobación y un leve brillo en los ojos. Peter estaba con la boca abierta. Después de unos cuantos segundos, Teddy volvió a su apariencia normal.

—Eso fue excelente —le dijo Remus, sonriente. Peter asintió, cerrando la boca.

—Bien, bien, así que eres bueno en transformaciones —comentó Sirius, mirándolo con apreciación. Teddy se encogió de hombros y Harry reprimió una sonrisa—. Te daré crédito por haber logrado este hechizo antes que James y yo, pero te aseguro que eso no va a volver a repetirse.

—¿Oh, sí?... Bueno —dijo Teddy, sin darle importancia. Sirius redujo los ojos y James sonrió, divertido.

La clase terminó sin que nadie más lograra el hechizo de transmutación, por lo que la profesora McGonagall les mandó hacer un ensayo sobre los principios básicos de la transformación, ya que estaba claro que "los habían olvidado". Sólo Teddy no tendría que hacerlo, por lo que Sirius se negó a dirigirle la palabra por varios minutos, hasta que no pudo evitar meterse en la conversación que tenía con Remus acerca del Club de Duelo.

La noche llegó con rapidez y todos los estudiantes del nivel EXTASIS que se habían inscrito al club se congregaron en el Gran Comedor, mirando los cambios con curiosidad. Al igual que en el segundo año de Harry, las grandes mesas del comedor habían desaparecido para dar lugar a una amplia tarima dorada, colocada a lo largo de una de las paredes e iluminada por miles de velas flotantes. La profesora Meadows y Flitwick, quien estaba parado sobre la tarima, se encontraban hablando tranquilamente con el resto de jefes de casa.

—Genial —comentó Sirius, luciendo expectante.

—¿Los otros profesores también ayudarán? —preguntó Remus con curiosidad, viendo hacia donde estos estaban reunidos.

—Eso sería excesivo —dijo Lily desde su derecha. Estaba con el resto de brujas de séptimo curso—. Creo que, básicamente, en un club aprendemos unos de otros. No es necesario tanto instructor.

James se encogió de hombros —Yo creo que sólo están de cotillas.

—¿Creen que calificarán lo que hagamos aquí? —preguntó Lubmilla con interés.

—Claro que no —negó Verenice, rápidamente—. Yo estoy en el Club de Encantamientos y no lo hacen, Lub.

—Apuesto un galeón a que Flitwick es mejor duelista que Meadows —dijo un Hufflepuff a manera de saludo, acercándose junto a otros dos. Harry lo reconoció, junto a uno de sus compañeros, de la clase de Pociones.

—Yo no apuesto —afirmó Remus, rápidamente, desligándose de la conversación.

Sirius lanzó un galeón —Apostaré. Tengo fe en mi musa.

—¿Musa? —preguntó el Hufflepuff que Harry no conocía.

—Sí... mi musa; así que apartaos de ella, bellacos —afirmó Sirius, lanzándole una devota mirada a la profesora Meadows. Lily trató de ignorarlo, mientras Lubmilla y Verenice se soltaron en risitas.

—Ya lo conocen —dijo James, ante las miradas llenas de incredulidad—. Y por cierto, yo también apuesto a que Meadows es mejor.

—Yo también —dijo Harry, modestamente, buscando en su bolsillo. Teddy rodó los ojos.

—Ah, vaya... Creo que no los hemos presentado —se percató James, mientras pasaba su galeón—. Harry, Ted, estos son Richard Branstone, Benjy Fenwick y Jeremy Abbot —Harry asintió, un poco rígidamente ante algunos de esos nombres—. Muchachos, estos son nuestros nuevos valientes Gryffindors, Harry y Ted White —James les guiñó un ojo y Harry sonrió.

—Pues bienvenidos, Whites —les dijo Richard Branstone con una sonrisa—. Desde que ya andan con este par a todas partes, los voy a considerar de cuidado.

—¡Hey!, ¿ya nos llevamos así? —preguntó Sirius, cruzándose de brazos.

—Siempre nos hemos llevado así, amigo —dijo Benjy Fenwick en un tono muy bonachón.

—Es cierto —afirmó Jeremy Abbot—. No es por nada, pero nosotros nunca hemos sido dejados de lado en vuestras bromas masivas, ¿saben?

Sirius alzo una ceja —¿Y por qué los dejaríamos de lado? Los únicos que tenemos corona aquí somos nosotros.

Teddy y Remus resoplaron, y Harry y Lily negaron con la cabeza.

—Entonces, permítannos ser cuidadosos, sus altezas —dijo Richard, socarrón. Sirius frunció el ceño.

—Alumnos, por favor, su atención —llamó la profesora McGonagall.

—Eh... no habrá cancelado el club, ¿no? —susurró Remus, nervioso.

Sirius abrió los ojos ampliamente —Oh... Si lo ha hecho...

—Sólo una breve aclaración antes del inicio de esta sesión —continuó la profesora McGonagall. Todos la miraron con atención—. Este Club de Duelo ha sido abierto con el único fundamento de desarrollar sus habilidades para defenderse ante una situación que pueda colocar en riesgo su vida, nunca como una distracción o un simple juego. Por esta razón, y sin lugar a objeciones, se ha decidido que si alguno de ustedes muestra un bajo desempeño en sus clases a causa de su asistencia a este club —Su mirada se desvió hacia James y Sirius, quienes no pudieron evitar sonreír—, los profesores tendrán el derecho y el deber de informarlo para que dicho alumno sea retirado permanentemente de esta actividad.

Muchos compartieron miradas y otros murmuraron. Un par bajaron la mirada, abatidos.

—Eso es todo —concluyó McGonagall, acallando las voces—. Que tengan un gran aprendizaje... Profesora Meadows —La llamó y fue a sentarse junto a unos muy entusiasmados profesora Sprout y profesor Slughorn.

—Gracias, profesora McGonagall —dijo la profesora Meadows con una pequeña sonrisa—. Muy bien, es hora de empezar —Miró con detenimiento a todos alrededor—. Contamos con poco tiempo y mucho que cubrir, así que al contrario de una clase normal, aquí habrá menos charla y más... acción —Un murmullo de aprobación se extendió rápidamente—. Comenzaremos con duelos individuales. Quiero medir sus capacidades y descubrir sus puntos débiles. De esa manera sabremos qué debemos reforzar y qué podemos explotar hasta el límite de sus fuerzas.

—Wow, ¿dijo eso último en serio? —le susurró Teddy a Harry, un poco desconcertado. Harry simplemente se encogió de hombros.

Flitwick sacó un largo rollo de pergamino y comenzó a llamar a los estudiantes con su voz chillona. La primera pareja en ser llamada fue Robin Bradley de Ravenclaw y Fiona Harper de Slytherin.

—Duelo de cazadores, ¿eh? —comentó James, observando como ambos estudiantes se inclinaban levemente antes de comenzar su duelo.

—Aunque ninguno de ellos es muy brillante que digamos —comentó Verenice con soltura.

—Y tal parece que son igual de malos sobre sus pies que sobre sus escobas —agregó Sirius con sorna al ver que ambos se movían muy torpemente y sin gracia.

Harry negó con la cabeza, pensativo —Se ve que ninguno de ellos ha tenido un duelo en toda regla antes... No se puede esperar que se muevan con agilidad.

—Yo no era tan lerdo en mi primer duelo —afirmó Sirius con prepotencia. Remus resopló y Sirius lo miró —¿Algún comentario, Lunático?

—Nop...

—¡Ah!... —exclamó Peter de repente—, ¿tú primer duelo no fue cuando Remus terminó por darte un puñetazo sólo para que dejaras de mandar hechizos a diestra y siniestra?

Se escucharon muchas risas alrededor y Sirius se cruzó de brazos —Nadie pidió tu opinión, Gusano.

—¡McKinnon, Marlene y Branstone, Richard! —llamó Flitwick cuando el primer duelo terminó. Harper se había dejado distraer lo suficiente para ser expulsado fuera de la tarima.

—Uhh, te tocó una cerebrito —le dijo Sirius a Richard—, eso es suerte —Remus levantó una ceja y James parpadeó—. Oh, vamos, saben que Remus es la excepción a la regla en este caso.

Harry no podía estar más en desacuerdo con esa afirmación, sabiendo la gran duelista que había sido Marlene McKinnon, así como los mismos Dorcas Meadows y Filius Flitwick, todos ellos Ravenclaws. Además, Hermione también había sido aficionada al estudio y eso no le había impedido combatir contra los más letales mortífagos de su tiempo y salir victoriosa.

—Saluden, y comiencen —indicó la profesora Meadows y de inmediato ambos estudiantes comenzaron a lanzar hechizos, uno tras otro, con mucha eficiencia.

—Vaya... Creo que últimamente tus excepciones son muchas más de las que esperabas, Canuto —le dijo James con una sonrisa de lado. Sirius no contestó.

Ciertamente, McKinnon no se movía mucho de su lugar, pero Harry no creía que fuera por falta de agilidad, sino por la gran variedad de hechizos que lanzaba y que hacían todo el trabajo por ella. Cuando el duelo terminó, Richard parecía abatido y exhausto, mientras que Marlene no tenía ni un cabello fuera de su alta cola de caballo. Por supuesto, la segunda fue la ganadora.

—Esa fue una grandiosa demostración, señor Branstone, señorita McKinnon —les dijo la profesora Meadows. Flitwick estaba dando saltitos de alegría contenida—. Pueden volver a sus lugares.

Marlene sonrió con sutileza a su jefe de casa y volvió a su grupo, mientras Richard se acercó hacia Benjy y Jeremy —Bueno, eso no fue nada fácil.

—Por su supuesto que no —señaló Remus—. Para que lo sepan, los padres de McKinnon, ambos, son de los mejores duelistas de su generación.

—Había olvidado eso —susurró Sirius para si mismo.

—Devon también es un excelente duelista —agregó Verenice con ojos chispeantes—. No sé por qué no se ha unido al programa de entrenamiento de aurores.

—¿Devon no se ha unido al programa? —preguntó Mary Macdonald con curiosidad.

—No... —negó Verenice con un suspiro—. Y si me lo preguntan, está desperdiciando sus habilidades.

—Debe tener sus razones —dijo Harry, distraídamente, viendo a una réplica casi exacta de Luna Lovegood subir a la tarima. Había sido llamada bajo el nombre de Sunne Paceford y estaba en Ravenclaw.

—McKinnon estaría desperdiciando sus habilidades si no decidiera unirse a algún equipo de Quidditch —afirmó Jeremy Abbot—. Es uno de los mejores cazadores que he visto, y he ido a varios juegos de la copa mundial.

—Hay cosas más importantes que un juego, Abbot —dijo Verenice, inusitadamente seria.

—Nosotros entraremos al programa de aurores sí o sí, ¿cierto, Cornamenta? —le preguntó Sirius a James—. ¿Cornamenta? —Lo llamó cuando no obtuvo respuesta y luego siguió su mirada hacia cierta pelirroja que estaba a punto de empezar su duelo—. Ajá... Sí, Canuto, así es —se contestó así mismo, rodando los ojos.

El duelo de Lily contra Sunne Paceford fue extrañamente interesante. Ambas eran muy poco activas y casi no lanzaron hechizo alguno, pero los que lanzaban tenían gran potencia y precisión, y no pasó mucho tiempo antes que alguna de ellas no lograra bloquear a la otra y fuera lanzada fuera de la tarima. Casi por inercia, Harry se acercó a ayudarla a levantarse.

—¿Estás bien? —le preguntó con una sonrisa.

Sunne Paceford lo quedó viendo un momento demasiado largo para la comodidad de cualquiera, aunque Harry, quien ya estaba acostumbrado a ese comportamiento, no se inmutó.

—Bien, sí... Gracias por tu ayuda, pero no tienes que preocuparte por mí cuando apenas me conoces —le contestó al fin, sacudiéndose el polvo de la túnica.

—Eh... bueno... —Sin saber qué decir, Harry comenzó a alejarse.

—¿Estás bien, Sunne? —preguntó Marlene McKinnon, llegando hacia ella con una mirada de preocupación.

—Sip —contestó Sunne—. Caí muy ligera, realmente. Creo que Evans utilizó un hechizo de flote junto al expulso.

Harry sonrió, aliviado y contento al haber podido intercambiar algunas palabras con la mujer que le daría la vida a una de sus mejores amigas.

—Tú si que eres todo un caballero —comentó Sirius medio en broma, cuando Harry regresó junto a ellos—. No me extrañaría que dentro de poco la mitad de las chicas del colegio anden tras tus huesos.

—No gracias... —Esa era una experiencia que no quería volver a vivir.

El duelo entre Lumer Cook de Slytherin y Felix Fancourt de Ravenclaw fue bastante normal y aburrido, y el que le siguió entre Denise Williams y Bartemius Crouch, ante el que Harry no pudo evitar endurecer la mirada, bastante predecible. Crouch era innato para el duelo y había una frialdad en sus movimientos tan típica de un mago oscuro que Harry no entendía como nadie había predicho su camino. O tal vez era sólo el hecho de que conocía como el muchacho frente a él terminaría.

Cuando el duelo concluyó, Harry lo siguió con la mirada unos cuantos segundos, viendo como el profesor Slughorn le palmeaba el hombro en señal de satisfacción y como Crouch se mostraba respetuoso e incluso tímido ante sus alabanzas, hasta que la voz de Remus lo atrajo de nuevo a la conversación.

—En inesperado que Crouch sea tan bueno —comentaba con asombro—. Parece el típico chico que es incapaz de alzar su varita contra alguien.

—Y tú eres quien lo dice —cantó Sirius, distraído, viendo como Julia Edgecombe subía a la tarima, moviendo sus rizos rojizos de derecha a izquierda al caminar. Remus alzó una ceja.

—Todos saben que a pesar de su personalidad tranquila Remus es bueno en duelos —dijo James—. Se ha metido en suficientes problemas junto a nosotros como para mantener eso en secreto.

—Y después de la demostración de hace unos días, todos saben que es el mejor de los cuatro —comentó Lubmilla con admiración, haciendo que Remus se sonrojara—. Remus, Remus... Si tan sólo fueras un poco más avispado, podrías obtener cualquier cosa que quisieras, ¿sabes? —Lanzó una mirada hacia Denise.

Sirius soltó un ruido entre risa y tos —Pero para la decepción de muchas de ustedes, eso jamás va a pasar.

—¿Temes que te quiten la corona, Sirius? —preguntó Verenice, burlona.

—Por favor...

—¡Black, Sirius y Aubrey, Bertram! —llamó el profesor Flitwick de repente y todos notaron como Julia Edgecombe era auxiliada hacia la enfermería. Su oponente, Davey Gudgeon de Gryffindor, iba tras ella, disculpándose profusamente.

—Pobrecilla —comentó Sirius con una comprensiva sonrisa—, le toco el torpe de Gudgeon... Seguramente le pegó con la varita en el ojo.

—¡Señor Black! —lo llamó la profesora McGonagall, viendo que no se acercaba—. ¿Quiere una invitación formal para subir?

Sirius sólo sonrió y se adelantó hacia la tarima mientras se remangaba su túnica.

—Esto va a ser entretenido —comentó James—. Sirius tenía ganas de maldecir a ese idiota desde hace algún tiempo.

—¿Por qué? —preguntó Harry observando como Sirius se negaba a inclinarse ante Aubrey Bertram, y como la profesora Meadows lo dejaba ser y daba por iniciado el duelo.

—Por que es un estúpido prejuicioso, por eso —contestó James con simpleza, aunque Harry no se perdió la mirada que le dio a Lily.

Sirius rápidamente tomó la delantera en el duelo. Era ágil, temerario y bastante arrogante, por lo que en menos de treinta segundos le hubo mandado a Bertram más maleficios de los que Harry pudo contar.

—¡Suficiente, señor Black! ¿Qué no ve que el señor Bertram ya no puede continuar? —Lo detuvo la profesora McGonagall, subiendo a la tarima y mandando al Ravenclaw a la enfermería.

—Lo siento, profesora —se disculpó Sirius, aunque en su tono no había ni una pizca de remordimiento—, pero, sabe, yo creo que Bertram aún podía dar más de sí... Tenga más fe en sus alumnos, tal vez tenía algún as escondido bajo sus chamuscadas, purulentas y deshilachadas mangas.

Hubo varias risitas alrededor. Incluso Harry rió, aunque sabía que lo que había hecho Sirius era algo muy parecido al abuso.

—He dicho que se detenga o ya conoce las consecuencias —le dijo la profesora McGonagall en voz estricta.

Sirius respiró hondo, se inclinó respetuosamente y se disculpo nuevamente, esta vez con autentica sinceridad, antes de bajar de la tarima.

—Eso fue algo excesivo, Sirius —Remus fue el primero en decir algo cuando llegó junto a ellos.

—Pues sí, pero velo de este modo: al menos no usé el maleficio para hincharle la cabeza el doble de su tamaño, como lo pensaba hacer si me lo cruzaba en algún lado y volvía a decir las estupideces de siempre —indicó Sirius con una sonrisa de lado. Remus suspiró.

—Bertram es un cerrado de mente —comentó Richard—, no sé como puede estar en Ravenclaw... También ha dicho muchas cosas sobre nosotros y ya a pagado las consecuencias por ello. Pero al parecer el chico es un poco cabezota, o le gusta que lo humillen públicamente.

—Idiota reprimido —murmuró Sirius—. Como todos los puristas... Y hablando de ellos, ¿alguien ha notado la ausencia de muchas de nuestras queridas serpientes? Al parecer, un club de duelo no es lo suficientemente emocionante para ellos.

—¡Potter, James y Lupin, Remus! —chilló Flitwick. James y Remus se miraron.

—¿Entra en nuestro conteo? —le preguntó James, risueño.

—Si quieres sumarme una victoria, hazlo —contestó Remus con algo de presunción, muy inusual en él.

Ambos subieron a la tarima por el mismo lado y una vez arriba James caminó hacia el otro extremo. Se inclinaron profundamente el uno ante el otro en sincronía y alistaron sus varitas.

—Al fin un espectáculo digno de ver —comentó Sirius con anticipación.

—Nunca he visto a James ir uno contra uno antes —dijo Lily, acercándose un poco más a la tarima—. Siempre pelea de forma injusta.

—Sigue pensando así Evans —le dijo Sirius, mandándole una dura mirada—. Eso demuestra que no eres tan inteligente como otros creen.

Harry se removió, incómodo. Nunca se había preguntado cómo había sido la relación entre su madre y su padrino antes de que esta empezara a salir con su padre, pero ahora veía que no había sido muy buena.

—Discúlpame, Black, pero que no esté de acuerdo contigo no me hace menos inteligente —indicó Lily y luego le dio una sonrisa—. Al contrario, muchos dirían que eso me hace alguien de lo más cuerda y sensata.

—Puedes irte con tu sensatez al... —pero Sirius no terminó su frase, ya que el duelo había comenzado y tanto James como Remus habían lanzado dos poderoso hechizos que colisionaron entre si en el aire, enviando una onda expansiva alrededor.

—Merlín —susurró Lily, mirando con atención como James y Remus se movían con fluidez, como si llevaran haciendo eso toda su vida. Ambos predecían los movimientos del otro y contraatacaban tan rápido que los hechizos se mezclaban entre si antes de llegar a su oponente.

—Aprendan, incautos, lo que es un verdadero duelo —se jactó Sirius con ligereza.

Harry bebía con la mirada cada movimiento que su padre hacia. Un par de veces logró reconocerse a si mismo en alguna de las técnicas de James y no pudo evitar sentirse emocionado. A su lado, Teddy hacía lo mismo con Remus, y Harry se dio cuenta con una pequeña sorpresa que en Remus también podía identificar algunas de sus movimientos, sobretodo los de varita y el movimiento sutil de brazos.

—Este duelo sobrepasa en mucho al que Remus tuvo contigo, Sirius —comentó Verenice, embobada.

—Lo de nosotros fue un poco de un juego —contestó Sirius, quitándole importancia con una onda de su mano—. Además, ambos estábamos alterados. No cuenta.

Transcurrieron varios minutos antes que alguno de los hechizos lanzados lograra alcanzar a uno de los duelistas, y eso fue todo lo que hizo falta para terminar el duelo. Fue Remus quien, de alguna forma, se las ingenió para mandar un depulso en voz alta al mismo tiempo que invocaba un expelliarmus de forma no verbal. James logró evitar ser expulsado de la tarima, pero su varita no tuvo la misma suerte.

—¡Uf!, ¡eso no se vale! —rezongó James cuando Remus sonrió, victorioso—. ¡Sólo tú puedes pensar algo y decir algo totalmente diferente al mismo tiempo, Lunático!

—Es un don —acordó Remus con simpleza, bajando de la tarima, aunque para aquellos que lo conocían también había un dejo de tristeza en su voz.

—Felicidades, señor Lupin —lo felicitó la profesora Meadows—. Igualmente para usted, señor Potter. Un duelo digno de ser recordado.

—Gracias —le contestó Remus con timidez. James sólo sonrió.

—Muy bien hecho señores —agregó la profesora McGonagall, acercándose con una muy pequeña sonrisa en los labios—. Muy bien hecho... Ahora, si tan sólo se tomaran tan en serio todas sus clases...

—Vamos, profesora, no les pida imposibles —comentó Sirius con desfachatez. Los labios de McGonagall se arrugaron.

—Yo sí me tomo todas mis clases en serio —dijo Remus, ganándose una mirada levemente interrogante de la profesora McGonagall—. Eh... casi siempre.

Teddy soltó una risa y Harry sonrió ante ese comentario. Era algo que Teddy solía decir muy a menudo.

—¡Thomas, Mathew y White, Harry! —llamó Flitwick nuevamente, siendo apresurado por la profesora Meadows. Al parecer sólo había tiempo para un duelo más.

Harry se quedó quieto por un momento antes de comenzar a caminar hacia la tarima. No creía que fuera capaz de fingir que era un mal duelista. Años de pelear por su vida y la de sus seres queridos lo habían dejado marcado tan profundamente que incluso muchas veces no podía medir sus reacciones ante movimientos inesperados, sobretodo, aquellos realizados por una varita. Ron muchas veces se había reído de él, comparándolo con ojo loco Moody, aunque luego se pusiera serio y lo mandara a tomar un buen descanso de sus labores de auror.

—¡Vamos, Harry!, ¡muéstranos de qué estas hecho! —exclamó Sirius con entusiasmo. A su lado, James, Remus y Teddy lo miraban con curiosidad.

—Salúdense —instruyó la profesora Meadows y Harry lo hizo, preguntándose aún qué es lo que debía hacer—. Comiencen.

Mathew Thomas lo miró con cautela, esperando algún movimiento de su parte, al parecer era muy conciente que a los Gryffindor les gustaba atacar primero. Pero Harry no hizo nada más que esperar, pacientemente. Se le había ocurrido una idea que, aunque no lo alejaría del todo de la atención pública, tampoco lo marcaría como un duelista excepcional.

Al ver que Harry no se inmutaba, Thomas comenzó su ataque:

—¡Desmaius!

—¡Protego!

El escudo de Harry se solidificó casi como una pared de hierro frente a él, haciendo que el hechizo de Thomas no sólo rebotara, sino que se dividiera en al menos una docena de rayos que se esparcieron por todo el Gran Comedor, aturdiendo a algunos cuantos espectadores.

—Ups —dijo Harry con una sonrisa tímida. Todos lo estaban mirando—. Creo que le puse demasiado esfuerzo, ¿no?

Aunque lo que realmente le preocupaba, más que la magnitud del daño, era la potencia, y no respiró del todo hasta que la profesora Meadows reavivo a Thomas y vio que este estaba completamente indemne, aunque si muy aletargado.

—Muy bien, señor White... Creo que vamos a tener que trabajar en medir un poco el poder que deja fluir en sus hechizos —le dijo la profesora Meadows, mirándolo con detenimiento—. ¿Siempre son sus hechizos así de potentes?

—No —respondió Harry con total sinceridad—. Estaba nervioso, creo que fue eso.

Y era cierto que cuando más inquieto estaba menos podía controlar su poder. Esa era una consecuencia directa de haber peleado siempre a duras penas contra un mago mucho más poderoso que él. Voldemort y sus repetidos intentos de matarlo con sus propias manos le habían enseñado a llevar al límite su propia magia con tal de sobrevivir un día más, y ahora, aunque no había vuelto a encontrar un enemigo tan letal como él, no podía evitar dejar escapar demasiado poder cuando algo lo perturbaba lo suficiente.

—Bien... Eso es todo por ahora —la profesora Meadows llamó la atención de la clase. Todos los aturdidos ya estaban dirigiéndose a la enfermería—. La próxima sesión será dentro de dos semanas, y una vez terminemos con los duelos empezaremos la parte instructiva del club. Que tengan una buena semana.

Harry bajó de la tarima con rapidez y trato de parecer tan asombrado como todos los demás ante lo ocurrido. Aunque, por supuesto, no pudo evitar el creciente cuchicheo a su alrededor.

—Hombre... eso fue genial —le dijo James con fascinación. A su lado, Teddy lucía preocupado.

—Sí, genial —repitió Sirius, aunque en tono algo ausente.

—Bien hecho, Harry —le dijo Lily.

—Fenomenal —agregó Lubmilla, coqueta, y Verenice le mandó un guiño. Ambas se rieron y arrastraron a sus compañeras hacia las grandes puertas de roble.

—G-gracias —contestó Harry un poco demasiado tarde, mientras se encaminaban tras ellas.

—Ese es un gran poder, Harry —comentó Remus con amabilidad—. La profesora Meadows tiene razón, sin embargo, hay que aprender a controlarlo mejor.

—Sí, lo siento... Yo... Es la primera vez que me pasa algo así —dijo Harry en tono de disculpa.

Sirius suspiró y le palmeó la espalda —Bueno, bueno... No hay dudas que venimos de la misma vieja familia, compañero —Harry no sabía cómo tomar ese comentario.

—¡Señor White! —la voz de Slughorn lo llamó desde un lado, apareciendo rápidamente por delante e impidiéndole avanzar. Harry se atragantó con un gruñido de frustración, sabiendo lo que vendría. Teddy sonrió con disimulo—. ¡Mi querido, querido Harry!, ¡ese fue un espectáculo tan inusual! —Su bigote brincó encima de su boca—. ¿Sabe? Tengo una invitación para usted, y para usted también, querido Ted —agregó lo último mirando a Teddy.

La sonrisa de Teddy cayó —¿Para mí?

—Sí, para usted, ¿quién más? —le contestó Slughorn, risueño—. He escuchado de sus grandes dotes para la transformación y de que incluso les ganó al señor Black y al señor Potter, aquí presentes, en la práctica de un dificilísimo hechizo transmutador.

Sirius se cruzó de brazos y James se encogió de hombros —¿Qué podemos decir? Estábamos muy distraídos hoy, profesor.

—¡Ah!, pero el señor White también lo estaba y eso no le quitó la habilidad, ¿a que sí? —le contestó Slughorn, retorciendo su bigote hacia arriba.

James abrió la boca y la volvió a cerrar, incapaz de encontrar palabras para replicar. Remus trató de reprimir una risa, y Sirius hizo un sonido despectivo y comenzó a avanzar de nuevo hacia la salida. Por alguna razón, Peter lo siguió.

—Ah, bueno... No era para que se lo tomara tan mal —comentó Slughorn, algo contrariado.

—Descuide, profesor. Sirius sólo está haciendo una salida táctica —le dijo James con una sonrisa de lado. Remus lo codeó.

El profesor Slughorn lo quedó viendo, sin entender lo que decía, hasta que decidió que era una ocurrencia y continuó —¡Bien, bien!, ¡a lo que iba! —Volvió a sonreírles a Harry y a Teddy—. Quisiera invitarlos, señores White, a una muy especial reunión, hoy, en mis habitaciones. Sólo van a asistir los mejores estudiantes de los cursos superiores y, me atrevería a decir, todo va a estar muy animado.

Harry sonrió y trató de parecer interesado, a la vez que buscaba una excusa simple para no ir.

—Por supuesto, esta invitación también va para el señor Black y para usted, señor Potter —agregó Slughorn hacia James. Teddy frunció ligeramente el ceño, viendo de reojo hacia Remus—, aunque sé que siempre están metidos en tantos problemas que a veces se les es imposible asistir —lo regañó con cariño.

James sonrió —Bueno... realmente pensamos que después de lo ocurrido el año pasado, ya no éramos muy bien recibidos en sus reuniones.

Remus rodó los ojos, y Harry estuvo seguro que fuera lo que fuera que hubieran hecho, había sido a propósito.

—¡Oh!, ¡pero eso ya es historia, muchacho! —afirmó Slughorn con placer—. Sé muy bien que sólo buscaban divertirse, y sé muy bien que ya han aprendido a ser más discretos... ¡Mírese, señor Potter! —señaló su placa—. No lo hubieran hecho un premio anual si todos nosotros no pensáramos que es capaz ¡de mejores y grandes cosas!

—Eh... Gracias, profesor —fue todo lo que dijo James, habiendo sido tomado por sorpresa por las palabras del profesor Slughorn.

—Gracias por la invitación, profesor Slughorn —dijo Harry, respetuoso, llamando su atención—, pero no creo que nos sea posible asistir esta vez. Verá, aún estamos acostumbrándonos a la rutina de Hogwarts y al cambio de horario —James levantó una ceja y Teddy sonrió—. A duras penas soportamos nuestras últimas clases, así que no creo que tengamos los ánimos suficientes como para cualquier tipo de reunión...

—Oh, entiendo, entiendo, mi querido muchacho —dijo Slughorn, comprensivo—. Claro que sí... ¡Pero no te preocupes!, ¡ya habrá otra oportunidad, te lo aseguro!

—La estaré esperando con ansias, señor —afirmó Harry con una sonrisa ganadora.

—¡Muy bien!, ¡entonces nos estamos viendo, señores! —se despidió Slughorn con una gran sonrisa—. ¡Los espero hoy, señor Potter! —Y se fue hacia un grupo de Slytherins que estaba a punto de bajar hacia las mazmorras.

Enfonfez, ¿el fiefo Sluf fa loz reflutó? —preguntó Sirius, acercándose junto a Peter con una empanada de carne en una mano.

—¿Reclutó? —preguntó Harry, sabiendo que debía de hacerlo.

—Slughorn tiene un club —explicó Remus, mientras subían por las escaleras de mármol—. Algunos lo llaman Club Slug, pero oficialmente es "El Club de las Eminencias" —James hizo una mueca—. Todo estudiante que muestra un gran potencial...

—O es hijo de una familia conveniente —agregó Sirius, tragando primero esta vez.

Remus asintió —...es reclutado para ese Club e invitado a una serie de reuniones... Algunas son simplemente para pasar el rato y hacer amistad. Pero hay algunas donde el profesor Slughorn invita a sus conocidos, personas de mucha influencia, y se entablan buenas conexiones —Sirius resopló—. Así que no se dejen llevar por las opiniones de este par y asistan a alguna, tal vez les sea de ayuda para hacerse un buen camino dentro de la comunidad mágica.

—Buen camino, mis calzones —dijo Sirius. Peter soltó una risita—. Todos esos magos y brujas copetudos son una sarta de prejuiciosos e ignorantes, que lo único que saben hacer es hablar de cosas innecesarias en reuniones innecesarias.

—No todos son así, Sirius...

—Y tú sigues con eso, ¿no? —Sirius se detuvo y miró a Remus—. ¿No has aprendido que yo sé más de esto que tú?... Tu idealismo a veces raya en la estupidez, Lunático.

—¿Perdón? —preguntó Remus con la mandíbula tiesa. Teddy le mandó una dura mirada a Sirius.

—Sirius, eso fue demasiado lejos —le dijo James con el ceño fruncido—. Tranquilízate, compañero.

Sirius alzó los brazos y suspiró —¡Está bien, está bien! Lo siento... —le dijo a Remus con sinceridad—. Pero, hombre, no sé cómo puedes hablar bien de ese club ¡cuando sabes las razones por las que nunca has sido invitado!

Hubo un pequeño silencio, donde Harry y Teddy trataron de parecer confusos. James no les quitó la vista de encima, mientras Sirius y Remus se miraban el uno al otro, y Peter miraba alternativamente a todos.

—Como dije: no todos son así, Sirius —le contestó Remus al fin, mirándolo con dureza—. Y eso es algo que tú ya deberías aprender... A veces tus juicios rayan en la hipocresía —Y sin más, se encaminó por uno de los pasillos, dejándolos a todos detrás.

Teddy se removió, indeciso, antes de seguirlo.

—Eh... Sé que no es momento para preguntar, pero no entendí a qué se refería Sirius —dijo Harry, sacándolos de sus pensamientos.

Inmediatamente, Sirius miró hacia otro lado. James abrió y cerró un par de veces la boca antes de contestar —Bueno, eso es, mm... Es que hay muchos prejuicios contra los mestizos, ya sabes... Y la familia de Remus, bueno, no es muy influyente... Así que...

—Claro, entiendo —dijo Harry, aunque esa excusa estaba muy floja, sobretodo por que Slughorn no sabía si Teddy y él eran mestizos, o si su familia era de prestigio, y aún así los había invitado.

—Bueno, vayamos a descansar... Nos espera una larga semana —dijo James, mirando a Sirius, y luego encabezó la marcha de regreso a la sala común y a sus habitaciones.

Cuando llegaron, Remus ya se encontraba metido en su cama y Teddy estaba mirando hacia el techo. Todos se vistieron sin decir nada hasta que Sirius soltó un suspiro y se encaminó hacia la cama de Remus.

—Remus, yo...

—Sólo olvídalo, Sirius —contesto la voz amortiguada de Remus antes de destaparse lo suficiente para mirarlo—. Sé que a veces hablas de más. Es parte de tu encanto.

Harry sonrió de alivio y Sirius resopló —Aún así... Tienes razón. Es hipócrita de mi parte hablar de prejuicios cuando yo mismo soy un poco propenso a tenerlos.

—¿Un poco? —preguntó James, ganándose una almohada en la cabeza.

—El punto es que debería de dejar de generalizar —medio masculló Sirius—. Debería... no sé... ser más optimista en mis juicios, o más tolerante, o más comprensivo... o tal vez debería...

—Callarte y dejarme dormir —le dijo Remus con una sonrisa. Sirius se la devolvió—. Mira, Canuto, no tienes por que pensar o decir nada que no sientas. Sólo deja de meter a todos en un mismo costal... Conmigo no lo hiciste —agregó, bajando un poco la voz, aunque no para que Harry o Teddy dejaran de escucharlo—, ¿y por qué no lo hiciste?

—Pues, por que te conozco y...

—Entonces date la oportunidad de conocer a las personas antes de juzgarlas, ¿no? —le cortó Remus.

Sirius se quedó pensativo por un momento antes de inclinar levemente la cabeza —Eso no suena difícil.

—Ni lo es —dijo Remus.

—Bien —afirmó Sirius, caminando hacia su cama y dejándose caer sobre ella—. Muy bien. Lo haré.

James sonrió —Bueno, eso lo creeré cuando lo vea.

—¿Me estás retando, Cornamenta? —la sonrisa de Sirius se escuchó en su voz.

—Nah, de eso no se obtiene nada —contestó James— ¿Quién quiere unirse a una apuesta?

—Yo —contestó Harry, divertido. Teddy alzó el brazo y Peter asintió.

—Diez galeones a que Sirius no lo logra hasta después de navidad —afirmó James, sonriente. Sirius resopló.

—Lo mismo a que no lo hace hasta salir del colegio —dijo Teddy.

—¡Oi!

—Yo a que lo logra cuando se enamore de una linda sangre pura —dijo Remus entre sueños.

—¿Qué...?

—Yo estoy con James: después de navidad —dijo Peter, dando brinquitos.

—Y yo con Remus —dijo Harry.

—No me agradan... Ninguno de ustedes —Sirius se enfurruñó.

En pocos minutos, un apacible silencio se apoderó de la habitación, y sólo se escuchaban los bajos ronquidos de Peter y de Sirius. Todos estaban a la deriva en sus sueños, menos Harry, quien se encontraba pensando en todas las posibilidades que podía traerle el cambiar la historia. La decisión de Sirius de querer ser una mejor persona, lo había sumergido en un conflicto interno entre lo que sabía que pasaría y lo que quería que pasara. Harry sabía que al estar encerrado en Azkaban casi de por vida, Sirius jamás había aprendido a ser tolerante, ni había expandido su mundo a nuevas experiencia... No había amistad, ni metas, ni amor, ni mucho menos familia en el futuro de Sirius, y Harry odiaba que así fuera... Y se odiaba así mismo por poder hacer algo para cambiar eso y aún no haber decido si debía hacerlo.

Suspiró profundamente y trato de despejar su mente, pero una y otra vez se encontró pensando en Sirius y su oscuro futuro... En la muerte de sus padres, tan jóvenes y llenos de vida... Y en la soledad casi perpetua por la que Remus pasaría. No era justo... Pero cambiar las cosas era demasiado riesgoso. Sería como ir casi a ciegas, tentando a la suerte, dejando los resultados al azar, sin saber si todo terminaría bien, mejor... Sería como es la vida misma en realidad: impredecible, incierta, fluctuante y dolorosa... Y, Harry se dio cuenta con un atisbo de esperanza, el final también seria como cualquier otro: haría que todo lo vivido valiera la pena.


Hola a todos y perdón por la larga tardanza. Tengo un nuevo ritmo de vida (léase trabajo =P) y mi tiempo libre es muy poco ahora. Sin embargo, no voy a dejar de escribir esta historia, se los aseguro.

Gracias a todos los que la siguen, y hasta la próxima oportunidad.