Capitulo 3:
En la oscuridad.
POV Francis.
Yo disparaba a ese maldito gigante con mi escopeta, no tenía miedo de morir, pero quería llevarme a esa mierda musculosa conmigo.
Sin dejar de disparar, veo como Bill da un paso adelante, como si quisiera que el Tank lo matara a él primero.
- Bill, ¿Qué diablos haces, estúpido anciano? – grité yo, él ni siquiera se dio vuelta, ni me oyó.
- ¡Bill, vuelve! – dijo Zoey sin entender lo que él hacía, tampoco la oyó.
El Tank se le venía encima con el puño listo para aplastarlo, pero ocurrió lo que tanto esperábamos: ese maldito finalmente cayó, cubierto de sangre y balas, a tan solo unos centímetros de Bill, que estaba atónito como nosotros.
- ¡Wow, sí, toma eso! ¡Nadie puede contra nosotros! – dije yo celebrando dándole un último disparo con mi escopeta al cadáver de ese condenado Tank.
- Francis no festejes tanto, no es el primer Tank que matamos. – me dijo Zoey, amargándome la fiesta.
- ¡Bueno, pero este sí que fue duro, parecía que no lo derribaríamos nunca! – dijo Louis también feliz por lo que hicimos.
- ¿Ves, Zoey? ¡No puedes negar eso! – le respondí riendo a la "niña".
- Suficiente. – dijo cortante Bill mientras tiraba su cigarrillo y sacaba otro del paquete, tras ponerlo en su boca (el cigarrillo, malditos malpensados) y encenderlo continuó. – Aún debemos seguir, soldados.
- Bien, pues señor, "solicito permiso para descansar". – dije en un tono irónico, aunque realmente estaba cansado.
- Negativo, soldado. Vámonos. – me respondió el viejo.
Salimos de callejón, no había rastros de zombies, por lo que decidimos ir despacio, ya que estábamos fatigados de tanto correr para escapar de esa mole que ahora está tirada en el suelo. Mientras caminábamos, empezamos a recargar nuestras armas, todos la tenían fácil: con la uzi, el rifle de caza y el de asalto solo tenían que colocar un cargador con balas, yo en cambio, con mi escopeta debía recargarla poniéndole un cartucho nuevo tras otro.
- Me quedan pocas balas en mi uzi. – dijo Louis.
- Yo también, me quedan dos cargadores, contando el que estoy usando ahora. – seguía Zoey.
- A mí solo me queda el cargador que estoy usando. – dijo Bill.
- A mi quedan varios cartuchos, voy ganando. - dije riendo, viendo en que me quedaban como 30 cartuchos de escopeta.
Caminamos en medio de la noche, eludiendo a esos tontos podridos, la verdad yo sentía deseos de dormir un poco pero ese viejo cascarrabias de Bill no me dejaba descansar ni unos minutos, por suerte no era el único con ese problema.
- Bill, tal vez Francis tenga razón con eso de descansar, hace casi un día que no dormimos… - hablaba Louis.
- Sí, yo también estoy muy cansada. – concluyó Zoey.
Con un suspiro Bill aceptó nuestra petición y recomendó encontrar un lugar que parezca seguro para descansar. En eso yo señalo un hotel que de lejos parece abandonado completamente.
- No lo sé Francis, es un hotel, quizás haya zombis dentro.
- Si no averiguamos, Bill, nunca lo sabremos, hay que correr riesgos viejo. Si quieres entro yo primero.
Como dije fui el primero en entrar, con mi linterna alumbré cada pasillo oscuro de ese hotel, sin ver nada raro. Revisamos casi todas las habitaciones y no hallamos rastros de zombis por ningún lado.
- ¿Lo ves Bill? ¡No hay nadie!
- Bien, ustedes vayan a descansar unos momentos, yo me quedaré aquí a vigilar.
Los tres accedimos y elegimos una habitación, no era un hotel de gran categoría pero las camas eran estupendas, por un momento me olvidé que estaba en medio de un apocalipsis zombi y dormí un buen rato. No sé cuánto tiempo estuve durmiendo, pero me despertó un ruido extraño, parecía el llanto de una mujer.
- ¡Ya deje de llorar mujer! – grité en dirección al ruido, pero el llanto seguía.
Tardé varios minutos en darme cuenta del problema que había cerca, ese llanto fantasmal le pertenecía a una de las criaturas más terribles que este maldito virus fabricó:
- ¡Una Witch! – pensé sorprendido.
Sin pensarlo demasiado me levanté y tomé mi escopeta, la hora de dormir ya había concluido. Al verme Bill llamó a Louis y Zoey, quienes volvieron también con sus armas.
- Muchachos, me temo que no estamos solos. – dije.
- ¿Qué viste Francis? – me preguntaba Bill con cara de "Te lo dije".
- Ver no vi nada, pero oigo el llanto de una Witch cerca.
Lo más lógico sería salir huyendo pero como a mí me gusta el peligro decidí aventurarme a encontrar a la Witch.
- Cuando te encuentre te voy a dar una razón para que llores maldita. – dije para mis adentros mientras apuntaba con mi escopeta para todos lados.
Era la oscuridad absoluta, manejábamos nuestras linternas con cuidado ya que hay tres cosas que fastidian a una de esas brujas: acercarse demasiado, dispararle o alumbrarla con alguna luz. No era la primera vez que veíamos a una Witch, ya nos hemos cruzado con otras pero muy pocas veces pudimos eludirlas.
A medida que avanzábamos por el pasillo el llanto se iba haciendo más y más fuerte, yo les dije a mis colegas que no era necesario que me acompañaran pero ellos no se atrevían a dejarme solo en mi búsqueda. Llegamos a la última habitación del hotel, el llanto se escuchaba del otro lado de la puerta.
- Apaguen las linternas. – ordenó Bill, todos obedecimos.
Sin dudarlo abrí la puerta lentamente, pude verla: su piel y cabellos pálidos, sus ojos naranjas brillantes, arrodillada en el suelo, con sus manos con grandes garras cubriendo su rostro.
- Listo Francis, ya la viste, ahora vámonos. – me decía Louis, podía oír el miedo en su voz.
Como dije el lugar estaba muy oscuro, así que cuando decidí emprender la vuelta tropecé con un mueble y sin querer disparé mi arma. La Witch se asustó y me miró con los ojos llenos de furia.
- Oh mierda. – dije viendo como ella lentamente se incorporaba gruñendo.
Me levanté velozmente y apunté mi arma contra ella, los demás me imitaron, la monstruosa criatura preparó sus garras y lanzó un terrible grito mientras se dirigía hacia mí.
Fin del capítulo.
