Echó de menos a Lisa durante días y semanas, volvió a perder la sonrisa y a ser el chico solitario de siempre. Blythey seguía preocupada por él y John continuaba arrebatándole su inocencia e infancia día tras día. En la primavera del año siguiente a John se le encomendó una misión en Japón que lo tuvo alejado de casa durante dos semanas, en esos días Blythey aprovechó para salir con su hijo por la noche. Lo llevó a conciertos de Jazz, al teatro y cada dos días le compraba un libro nuevo. Su marido no hubiese aprobado todas estas salidas, quería que Greg fuera un chico disciplinado y nada caprichoso.
Lo cierto es que Blythey veía a su hijo despertar cada mañana con una sonrisa, como cuando pasó aquellos tres días con Lisa. Entonces entendió que debía hablar con su marido e intentar convencerlo de que la disciplina no podía serlo todo entre ellos, afecto y cariño también eran importantes. Uno de los días madre e hijo salieron a cenar fuera, bailaron y cuando llegaron a casa, Greg se puso su pijama y se tumbó en la cama junto a su nuevo libro, Blythey besó su frente y le deseó buenas noches. A media noche Greg se levantó sobresaltado, había tenido una pesadilla, salió de la cama y recorrió el pasillo en busca de su madre, abrió la puerta despacio sabía que ella estaría durmiendo y no quería despertarla, simplemente quería acurrucarse a su lado. Pero cuando abrió la puerta su boca se abrió ampliamente, encontró a su madre abrazada junto a otro hombre que no era su padre, ¿por qué?, ¿realmente ella no quería a su padre?, ¿había descubierto que no era un buen hombre? Se tocó el cuello inconscientemente al ver la marca de su cuello, idéntica a la del hombre que permanecía junto a su madre recostado en la cama. Era un hombre muy alto, mucho más de lo que lo era su padre. Volvió a su habitación y se recostó en su cama mirando al techo, estaba confundido pero tenía una ligera sonrisa.
Nunca le confesó a su madre lo que vio aquella noche en su habitación, pero sí recordó muchas veces como a la mañana siguiente fue a despertarlo con un fuerte abrazo, lo retuvo sobre su regazo unos minutos, y cuando la pudo mirar a los ojos vio que había estado llorando aunque tenía una sonrisa tierna en el rostro. Nunca volvió a ver a ese hombre misterioso hasta muchos años después, en el funeral de su padre.
Cuando su padre regresó dos semanas después de aquella misión, enseguida les comunicó que debían trasladarse a Japón con él, sería militar allí. Permanecieron durante cinco años, a Greg era un lugar que le fascinaba por las muchas tradiciones, el idioma, la cultura. Por eso se cabreó muchísimo con él cuando le dijo que debían trasladarse de nuevo, Greg no lo aceptó y llegó a enfrentarse a su padre. Era la primera vez que le daba una mala contestación, tenía 12 años y armado de valor le echó en cara que él no tenía la misma marca de nacimiento que él y que por lo tanto no tenía derecho a levantarle la mano nunca más.
