"Caja de Pandora."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Sailor Moon.

Rating/Categoría: T/PG-13 por ahora. Yuri & Het.

Parejas: Como pareja primaria Haruka Tenoh (Sailor Uranus)/Kou Yaten (Sailor Star Healer). Sí, leíste bien. Menciones de un pasado entre Haruka Tenoh (Sailor Uranus)/Michiru Kaioh (Sailor Neptune). Menciones de Usagi Tsukino (Sailor Moon)/Kou Seiya (Sailor Star Fighter). Implicaciones de Michiru Kaioh (Sailor Neptune)/OC.

Sinopsis: Michiru había acabado su relación tan sólo tres semanas atrás. Haruka nunca pensó en que tanto cambiaría su vida, en consecuencia.

Notas:

i. Kuroi-Chi= Sangre Negra; Ginzuishou= Cristal de Plata; Furiku= Fenómeno.


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ii.

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"Estoy enloqueciendo.

Dicen que estoy acabada.

Dicen que ya no hay lugar para mí."

-4Minute.

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Sailor Uranus había muerto antes.

No se había sentido de esta manera.

Había una agonía rompiendo su ser en fragmentos, un dolor que no le pertenecía. Un dolor que, más bien, tenía el presentimiento de estar causando a alguien más. Era confuso.

Al principio percibió estar flotando en la nada, aire frío rasgando su piel—¿Podía tener piel si estaba muerta?—No había sido así, la última ocasión. Voces murmuraban. A veces Uranus las reconocía, a veces no. Imaginó escuchar los llantos de Hotaru, pero nada podía ser verificado.

Tenía tanto frío.

Si así era la verdadera muerte, Sailor Uranus no sabía cómo aguantaría. ¿Era ésta su penitencia por todas las vidas que había eliminado, al inicio de la Primera Infección, antes de que se dieran cuenta de que podían ser almas recuperadas? En tal caso, todas eran unas asesinas. Hasta Sailor Moon—No, Sailor Moon no era responsable por esto. Ella había luchado contra Mamoru Chiba por las vidas de todos aquellos fenómenos. Ella había podido ver vida—Cuando todas las demás sólo habían visto cadáveres, sin esperanza.

Pensar en Sailor Moon le trajo aquel recuerdo de haber rascado su espalda, escondidas en una cueva. "Siempre pensé que eras un estorboPero, ahora, estando así contigo…" Que tan complicados habían sido aquellos días, encontrando a aquella chiquilla dulce, pero frustrante.

El frío fue desvaneciéndose. Increíblemente, un calor abrasador comenzó a envolverla, sacándola de la horrible prisión de hielo. Sailor Uranus lloró en agradecimiento. No había querido estar así por toda la eternidad; no hubiera podido sobrevivir sin Sailor Neptune a su lado. No lo hubiera logrado, no sin Michiru.

"No estás sola, Haruka." Una serena voz resonó por el vacío, conocida. Tan conocida. "Aguanta, onegai. Haruka, ¡no te des por vencida!"

-Makenai. Sailor Uranus repitió, finalmente reconociendo la voz. -Makenai, Sailor Moon.

Su pecho ardía. ¿Tenía un pecho?

Su boca sentía agujas clavadas en su delicada piel. Le daban cosquillas…

"¡Despierta! ¡Vamos! ¡Uranus!"

Sailor Uranus despertó, expulsada de su purgatorio, bruscamente. Sus pulmones estaban entumecidos dentro de pecho, y no podía respirar. Tosió convulsionada, chorros de aguas violando su garganta adolorida, en contra de su voluntad. Fue apoyada sobre su costado, y Uranus continuó vomitando agua salada, temblando, incontrolablemente.

"¡Idiota, no nos vuelvas a asustar así!" Fighter. La misma persona que le había rogado por despertar.

Uranus agradeció en silencio las manos sobando su espalda. Aunque, sin tener que verificarlo, sabía que no eran las de Sailor Neptune. El resplandor era diferente. Quería preguntar por Sailor Moon, ver qué había sucedido con los Kurio-chis. Porque algo se sentía erróneo—Aparte de morir, claro. Algo no andaba bien…

"Sa-Sailor Moon." Todo dolía, incluso hablar. Fue auxiliada para ser volteada. Sailor Star Healer le recibió, con ojos rojizos. Uranus intentó sonreírle. "Mi hé-héroe."

"Sailor Moon…" Fighter apareció en su línea de visión, a la par del rostro aruñado de Healer. "Está ocupada. Le hiciste algo, con este truco de mal gusto tuyo. Ha cambiado de henshin."

Sailor Uranus parpadeó, lentamente. "La… percibí. Me… sacó del agua." ¿Cómo podía ser posible? Sin embargo, Uranus estaba segura de lo afirmado.

"Sí." Fighter suspiró. "El poder del Ginzuishou se volvió bersek, poseyó a Odango y con su poder te sacó del agua. Pero—"

"Ya no es Sailor Moon." Healer intervino. Entre las dos, Sailor Uranus fue sentada con cuidado. Fue perturbador, puesto que nunca había estado cerca de las Star Lights, como en este momento. "Curó a todos los Kurio-chis ella sola, sin tener que sudar una gota... No parecía estar consciente de lo que sucedía."

"Ya se los dije, fue poseída por ese maldito cristal suyo—"

"Y después de salvarte, utilizó su nuevo báculo para llamar al Rey Endymion."

Cuando divisó la figura a lo lejos de su Hime, todo la habladuría tuvo sentido. "Sugoi." Sailor Uranus se quedó atónita, no pudiendo creer que la majestuosa guerrera que tenía frente a ella, se tratara de Sailor Moon.

Inexistente era el clásico rubio de sus colillas, reemplazado por el tono de pelo de su madre, la Reina Serenity I. Todo color había sido extraído de su nuevo fuku, dejando blancura total, en su lugar. Zapatillas había suplido sus botas, y una larga capa transparente volaba con los caprichos del viento del muelle, dejando las alas de su fuku Eternal en el pasado. "Se parece tanto a… su madre." Todas las Sol Senshi restantes estaban formadas en un semicírculo, alrededor de la nueva reencarnación de su Princesa. Uranus se enganchó en la visión de Sailor Neptune y Sailor Saturn, aliviada de que estuvieran a salvo.

El Rey Endymion se encontraba justo en el medio de la circunferencia, enfrentado a la que hubiera sido algún día, su esposa.

El Rey Endymion, adicionalmente, estaba acompañado por su Guardia Dorada Real.

Tensión endureció los músculos adoloridos de Sailor Uranus. ¿Estaban bajo ataque?

Fighter alzó una ceja. "¿Tú crees?"

Uranus aclaró su garganta. "Su madre, la Reina original del Milenio de Plata."

Los ojos de Fighter se engrandecieron. "Oh. Wow."

"¿Acaso significa, que ahora ella será Reina?" Fue Healer la que dijo lo que Uranus y Fighter no habían deseado preguntar en voz alta. "Porque en ese caso, tiene mi voto. Ella haría un mejor trabajo que ese papanatas."

"Healer, cierra la boca." Fighter le reprimió en automático, pero la star senshi estaba sonriendo. "Si te escuchan y deciden encerrarte en los calabozos, no iré a rescatar tu trasero."

Healer giró sus ojos con fastidio. Luego intercaló sus ojos con los de Sailor Uranus. "¿Quién dice que te necesitaré a ti, para venir en mi auxilio?" Si tuviera más energías, Uranus hubiera formado una respuesta más audaz, que simplemente tragar saliva a lo estúpido (-auch- eso dolió). Para su suerte, Fighter las ignoró, prestando atención a la discusión entre el Rey y Sailor Moon.

"¿Cómo te sientes?" Healer le susurró.

"Como si hubiera sido atravesada por una aplanadora." Uranus intentó poner fuerza en sus piernas, pero eran gelatina bajo sus rodillas. "¿Qué sucedió con el Kuro-Chi que me atacó?"

"Purificado." Healer apartó su mirada. "Aunque antes de eso, ya lo había arrancado de ti—Parecía tratarse de una nueva versión, llena de esteroides. No quería dejarte ir a pesar de todos los ataques que le arrojaban."

"¿Arrancado de mí? ¿Cómo? ¿Qué no fue Sailor Moon la que—?"

"Antes de que ella interfiriera…" Healer rotó su cabeza, totalmente, en la dirección opuesta a Uranus, hacia el mar. "…me arrojé detrás de ustedes para ayudarte. Todas estaban pasmadas al ver que sus ataques no surgían efecto, y yo era la más cercana a tu posición. Alguien tenía que sumergirse."

"Tú…" Uranus se atascó, física y mentalmente. ¿Sailor Star Healer se había aventado al mar, para ayudarla? ¿Sailor-Odio-Sudar-Star-Healer? ¿Por ella? "Oh."

"¡Sssh! ¡No dejan escuchar!" Fighter se puso de pie, y como fuerza magnética, Sailor Moon se dio la media vuelta hacia ella, buscándola. Uranus inhaló profundamente en consuelo, al reconocer a Koneko-chan en esos ojos, no tan alienígenas como había temido que serían, dentro de esta evolución del Cristal de Plata. "Odango." Fighter obviamente, compartió su armonía, su voz suavizándose con cariño. "¿Qué sucede?"

Sailor Moon era hermosa en esta presentación, pero Uranus extrañaba su cabello rubio. Ni siquiera la forma de sus bombones había permanecido intacta; habían sido moldeados en forma de corazón. Sus manos habían quedados desnudas, y una se extendió hacia Sailor Star Fighter.

"¡Uranus-san!" Sailor Moon expresó una inmensa alegría al verla, así como sorpresa por verla ilesa, como si hubiera olvidado completamente su existencia, hasta este momento. "¿Te encuentras bien?"

Uranus sonrió. "Nunca mejor."

Neptune había volteado, al escuchar a Sailor Moon. Sus miradas se inmiscuyeron. La Sailor de los Maremotos no articuló su nombre, pero la intensidad en sus ojos verde-azules, lo decía todo.

A su extremo, Star Healer levantó un brazo de Uranus para rodear su propio hombro, su intención clara al querer auxiliarla a levantarse del pavimento. Uranus no estaba acostumbrada a sentirse tan débil. El mundo giró ligeramente, traicionero. Maldita gravedad.

"No se preocupen, chicas. Todo estará mejor a partir de ahora." Sailor Moon se acercó a ella, tomando la mano de Fighter. "Purificaré al planeta, y esta vez, funcionará."

"No lo harás." El Rey levantó su tenor, interrumpiéndolas. "Es mi planeta, Sailor Moon. No tienes ninguna obligación—"

"Ahora, soy Sailor Cosmos." Mientras hizo la corrección, Koneko colocó un dedo despojado de guante, sobre los labios de Fighter, teniendo la precaución de parar los gruñidos de su pareja, antes de que éstos nacieran. "Endymion, sabes que es la única solución. No podemos continuar así."

Uranus observó la rigidez del porte del Rey. Desde que había asumido el trono, el hombre había envejecido el doble de sus cifras. "Es mi responsabilidad, no puedo permitir que interfieras en el manejo de mi gobierno."

La Guardia Real asumió posiciones de ofensa.

Las Sol Senshis copiaron la coreografía, perfectamente en sincronía.

"No tienes lo que se necesita para gobernar." Sailor Star Fighter dio un paso al frente. Nunca temerosa. Uranus la envidió, por la oportunidad de bajar a Endymion de su glorificado pedestal. "Estás ejecutando a la población que se supone debes proteger. ¡Necesitas de la ayuda de Sailor Cosmos! ¿Por qué eres tan testarudo?"

Cosmos colocó una mano sobre el hombro de Fighter, interponiéndose entre el caos que estaba a punto de desatarse. El duelo entre Seiya-baka y el Rey Pacotilla nunca terminaría. Uranus los podía imaginar retarse por el resto de la eternidad, ninguno dispuesto a retroceder. El Rey clavó su cetro en el concreto, las sombras nocturnas agregándole un aura más intimidante. "Si Sailor Cosmos utiliza el Ginzuishou, entonces tendría que asumir su posición como Neo-Reina."

Fighter tragó saliva. Hasta el semblante de Sailor Cosmos fue afectada por la revelación. "No puede ser."

"Pregúntenle a Sailor Pluto. Ella conoce la historia mejor que yo." Claro, le preguntarían no más la maldita mujer hiciera acto de presencia. Pluto no conocía de buzones de voz o correos electrónicos. A pesar de tener la obvia intención de picarle la cresta a Fighter con sus insinuaciones, Uranus no detectó satisfacción en lo dicho. Endymion ni siquiera parpadeaba, frío en los hechos. "Dudo, Sailor Star Fighter, que puedas encontrarte en paz con tal posibilidad."

Cuando los puños de Fighter se apretaron, el rechinido del cuero dijo todo lo indispensable.

"No puedo creer que prefieras estar en Guerra con nosotras, Endymion, que ayudarme a encontrar una solución a esta plaga de maldad." Con una inmensa tristeza que se podía palmar en el aire, los hombros de Sailor Cosmos se deslindaron ante la conclusión de esta confrontación. Uranus, por su parte, no estaba sorprendida. Endymion se había convertido en una causa perdida desde los inicios de la Primera Infección. Se había extinguido entre las zonas grises de sus decisiones tomadas. Había hecho de la legendaria frase "El fin justifica los medios" un arte en reproducción.

Sailor Uranus se podía identificar con el Rey. Después de todo, ella misma había navegado por aguas similarmente lodosas (tanto literal, como moralmente hablando). Aunque Uranus siempre había tenido un objetivo, hasta el último de sus alientos. Había cometido traiciones, cierto—pero, con el fin de proteger el planeta y a su Princesa.

Lodo no era ya, lo que manchaba las ropas de Endymion, sino sangre.

Sangre negra.

"Si purificas las almas de toda la humanidad, esas almas te seguirán exclusivamente a ti, Sailor… Cosmos. No será lo mismo como la purificación que utilizaste durante la Primera Infección. Aquellas almas son tan sólo una pizca, comparadas con la humanidad entera. Y una vez cegadas con tu resplandor estelar, no aceptarán otro tipo de influencia, que no sea el del Cristal de Plata. Se rebelarán ante mi guía, buscando por la tuya." Tras el antifaz, la mirada del Rey era casi imposible de leer. "Usagi… Estoy tratando de protegerte de esta enorme responsabilidad. Entiende, por favor. ¿Qué acaso no fue esto a lo que renunciaste en primer lugar, para tener una vida normal con la persona que amas?"

"¡Nunca renuncié a ser una Sailor Senshi!" Cosmos causó un estremecedor estruendo con su báculo, golpeando el piso. "¡Protegeré a este planeta a como dé lugar!"

Endymion suspiró. "Así que, ¿no planeas desistir?"

"Claro que no." Cosmos juró con ojos incrédulos, negando con su cabeza la imposibilidad. "Nunca. Encontraré otra solución. Tengo esperanza en encontrarla, sé que existe."

"Entonces, está hecho." Endymion agachó su mentón. "Con todo mi corazón, espero que… en verdad encuentres una alternativa. Sin embargo, no puedo permitirte que utilices tu poder tan libremente. Ya no. Si decides intervenir, una vez más, en contra de mi gobierno, serás marcada como Enemiga del Reino Dorado, Sailor Cosmos, ¿queda claro?"

"¿Enemiga del Reino?" La sangre de Uranus ardió con la intensidad de un veneno mortal, manifestando su indignación. ¿Quién se creía este tipo que era, para amenazar a Sailor Moon de esta forma? Su corazón bombeó con adrenalina pura, ansiosa por entrar en acción. Únicamente el brazo de Healer, enterrándose alrededor de sus hombros, la frenó.

Aunque no fue la misma historia con Sailor Fighter. "Y si Cosmos y sus Senshis no hacen lo que Su Majestad ordena, ¿entonces qué?" Burla coloreó el su majestad, completa anarquía marcando el porte de la Starlight. "¿Las ejecutarás, al igual que los Kuri-Chis? Me encantaría verte intentarlo."

Endymion dio una semi-vuelta, para transmitir el mensaje que daría el fin definitivo a la conversación. Su perfil modeló una larga cicatriz, tatuando la longitud de la mejilla del soberano. Era la más famosa, pero todas las Sol Senshis estaban conscientes de que tan sólo era una, de tantas. "Serán exiliadas, de lo contrario."

"Shimatta." Healer susurró la maldición, su aliento soplando sobre los vellos faciales de Uranus. "Después de todo lo que han hecho por él, ¿haría eso?"

Exiliadas. ¿De su propio hogar?

Uranus se encogió de hombros. A estas alturas, todo era posible.

"De acuerdo." Cosmos cerró sus ojos, sumisa. Uranus notó que Koneko-chan no parecía estar tan tomada por sorpresa por la amenaza. Interesante. Endymion probablemente había estado amenazándola con esa soga por un tiempo, ya. Maldito.

"Demo, Odango—"

"Acepto tus términos, porque tienes razón. Porque cuando decidimos no crear Tokio de Cristal tú y yo juntos, juré ante ti no involucrarme en tu futuro Reino." Sailor Cosmos prosiguió a hincarse frente al Rey, formal. Uranus odió verla tan humillada. "Además, porque ahora te juro, Endymion, que encontraré una solución que no tenga como consecuencia destronarte."

No había mucho que decir, después de ese trato. Endymion corrió con el rabo entre las patas, retirándose con su ejército de ovejas. Uranus sonrió, al ver el dorado resplandor regresar a aquellas colitas tan representativas de su princesa, cuando el enfrentamiento fue concluido.

Uranus liberó su brazo de Sailor Star Healer, para poder acoger a Sailor Saturn contra su pecho.

"Estoy bien, no te preocupes." Le dijo suavemente, apenas alcanzando a colocar su mentón en la cabeza azabache de su hija. Cielos, que rápido crecían.

Por encima de Saturn, Uranus capturó la figura de Sailor Neptune, acercándoseles. Su corazón bailó. Sin embargo, por la periferia de su ojo, divisó a Healer alejándose de la reunión familiar, y algo inquietante se revolvió en sus intestinos. Fue toda una experiencia perturbadora.

Todavía abrazando a Saturn, Uranus deshabilitó su henshin. Estaba demasiado exhausta como seguir permaneciendo en esa faceta. Neptune le copió la acción, sus ojos llenos de preocupación. Haruka podía reconocerla, podía casi olerla. "Supongo que ahora tu sueño será más fácil de cumplir."

"Haruka." Michiru frunció su ceño. "¿De qué hablas?"

"Con nuestra princesa al mando, esa loca idea de paz será más fácil de convertirse en realidad. No tendrás que preocuparte tanto por el destino de tu futuro bebé."

Saturn, ahora también retornando a ser Hotaru, se separó de Haruka sobresaltada, mirando entre las dos, con ojos incrédulos. Haruka le hizo una seña con su mentón para que les permitiera un momento a solas, y la chica la obedeció, aunque no luciendo muy contenta con la noción.

Michiru borró la distancia entre las dos con unos cuantos pasos. Sus cuerpos estuvieron a un respiro de distancia. "Entonces… ¿Haz reconsiderado?"

Haruka aborreció matarle su esperanza. Pero, era necesario. "No, Michiru. Todavía pienso lo mismo." Sus dedos querían tocarla, así que Haruka los obligó a enroscarse en dos puños. "Lo siento. No quiero ser madre. Estoy feliz siendo quien soy, no puedo cambiar por ti. Ni siquiera para hacerte feliz."

Michiru no tuvo el mismo freno que Haruka. Sujetó sus mangas largas, aferrándose a ella, antes de lo inevitable. "Haruka, te amo. Tienes que creerme, eso no ha cambiado. Y nunca cambiará, no importa si no estemos juntas."

"Te deseo la mejor de las suertes, Michiru." Haruka no podía ser recíproca, no si quería sobrevivir este adiós. Retrocedió hasta que los centímetros fueran demasiado largos para las manos de Michiru. Posicionó sus ojos sobre el mar, tan oscuro como la noche. "Tal vez, algún día…" No pudo continuar. Le dio la espalda. Eventualmente, escuchó los pasos de Michiru, indicando su abandono. -Su último abandono. Esta vez, no hay probabilidad alguna de que pueda volver.

Diablos.

¿Lo peor de todo?

Romper con Michiru de manera tan contundente… no se sintió como el fin del mundo.

Haruka no se sintió deshecha. Podía respirar, podía parpadear. Podía contar sus latidos, uno por uno, prueba que su corazón aún estaba vivo. Podía ver la silueta de Michiru desaparecer entre las sombras, sin desear correr tras de ella, jurando falsamente por cambiar.

Estaría bien.

"Vaya, que anticlimático." Haruka refunfuñó, a solas. Más de una década de relación (si no contabas vidas pasadas), y así terminaba todo. Era… patético. Tres horas atrás había estado a punto de matar a Alexis-san por tocar a Michiru, empeñada en arreglar sus errores. Y ahora, lo único en lo que Haruka podía pensar era en tirarse en su cama, para no levantarse en un mes. "Necesito cerveza. Mucha, pero mucha cerveza."

"¡No vas a conducir y beber, Haruka-papa!" Hotaru rebotó de regreso a su visión. "Vamos, necesitas descansar. Estás quedándote dormida de pie, ¡como los caballos!"

"Oi, no te rías de mí, malcriada." Haruka se dejó jalar por la joven. "¿Se puede saber a dónde me llevas?"

"Pues a mi auto, Haruka."

"¿Desde cuándo conduces? ¿Quién te enseñó?" Ciertamente, no había sido Haruka. Nunca había querido ni imaginar a Hotaru volviéndose loca en las calles, tratando de imitarla. Sí, era una hipócrita, ¿y qué? Todos los padres lo eran. "¿Tienes licencia?"

Hotaru tenía más que una licencia: tenía una pobre excusa de carro.

"¿Qué es eso?"

Hotaru abrió la puerta del pasajero, desafiando a su madre. "Es mi auto, Haruka-papa. El que compre con mis ahorros. Súbete ya, está haciendo mucho frío."

"Esto no es un auto, es un escarabajo." Era una lata de sardinas con cuatro llantas, nada más. ¿Cómo podía Hotaru decepcionarla de esta manera? A duras penas Haruka se introdujo en la trampa de metal, teniendo que doblar sus largas piernas, para poder caber. "Me veo de lo más ridícula."

Hotaru se metió al lado opuesto. Se colocó el cinturón de seguridad, introdujo la llave. Y después la contempló.

Y se carcajeó.

"Oh, que graciosa. Ríete de la lastimada, que buena enfermera vas a ser en un futuro." Haruka encendió la pobre excusa de radio, ignorando el calor concentrándose en sus mejillas. "Tiemblo por dentro, al imaginarme a tus pobres víctimas."

"¡Gomen, gomen!" Hotaru encendió la caja de zapatos, limpiándose las lágrimas de los ojos, naciendo de la magnitud de sus risitas. "Hubiera tomado una fotografía…"

"¡No te atrevas! ¡Te desheredo!"


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Hotaru terminó pasando la noche en su antiguo hogar, acompañándola a cenar. Haruka le permitió tomar una cerveza en su presencia, en muestra de agradecimiento. Por la mañana, Haruka escuchó su despedida entusiasta, anunciando que estaría en clases hasta medio-día ("Te acabas de graduar, ¿y ya estás asistiendo a la Universidad?" "Estoy adelantando clases extra, Haruka-papa. ¡Ya te lo había dicho!") Antes de macharse, al menos, Hotaru había tenido piedad, trayéndole a Papa una enorme taza de café y una caja de cápsulas de paracetamol antes de marcharse.

Felizmente llena de analgésicos, la mujer había vuelto a dormir.

Incalculable tiempo después, fue despertada por el timbre.

Haruka se clavó más entre las almohadas de algodón.

BEEEEEEEEEEEEEEEEP.

"¿Quién demonios se atreve…?" Con un ojo abierto, el reloj de alarma apenas marcaba las 10:33 AM. Haruka dudaba que se tratara de Michiru. Era muy temprano para que mandara por sus pertenencias. Hotaru todavía se encontraba en clases.

BEEEEEP.

"Ya voy, ya voy." Haruka pateó sus sábanas, rascando su estómago. La luz de la ventana le lastimó los ojos irritados. ¿Qué no había cerrado las cortinas, antes de irse a dormir?

BEEEEEEEEEEEEEEEP.

No tuvo conciencia suficiente para procesar su camino hasta la puerta principal de la casa. Bajar las escaleras, atravesar la sala: todo fue un remolino nubloso para Haruka. Sus ojos estaban repletos de lagañas, su pecho no dejaba a doler, a pesar del medicamento, y su estómago comenzaba a gruñir—

BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEP.

"¡¿Cuál es tu maldita prisa?!" Haruka arrancó la puerta del marco, abriéndola de par en par. Pestañeó cegada ante el irradiación solar, su nariz capturando un delicioso olor a canela…

"Así que, sí amaneciste con vida, después de todo."

Nitidez regresó a la visión de Haruka, reconociendo la irritante voz, de inmediato. "¿Na-Nani?"

Yaten se invitó ella misma a los adentros del recibidor, agachándose bajo el brazo extendido de Haruka para escurrirse mejor. Haruka la observó, con su boca colgando, todavía no comprendiendo qué demonios sucedía. No estaba asegura si continuaba dormida. "¿Qué—Qué haces aquí?" Y aún más importante, "¿Son ésos muffins?" En modo automático, la rubia cerró la puerta, aliviada de despedirse del sol cruel. Su nariz la guió hasta la sala, donde su recién invasora estaba familiarizándose con el entorno.

"Los son. Recién salidos del horno de Makoto Kino." Las zapatillas de Yaten fueron descartados a mitad del piso alfombrado, contrariamente al tradicional recibidor, como la etiqueta oriental lo citaba. Michiru la hubiera desollado por la imprudencia. Por su lado, Haruka nunca había sido fiel a las tradiciones. A partir de ahora, era su casa. Sus reglas. Y la mujer traía muffins. Haruka la perdonaría por esta ocasión.

Dicha bolsa de muffins fue colocada en el ocre de la mesa del centro, junto con dos cafés extra-grandes. La mezcla de aromas tan divinos, la hicieron salivar.

"¿Qué haces aquí?" Insistió, atacando la bolsa de repostería.

"Usagi me envió." Yaten se cruzó de piernas, tomando asiento en el sofá más largo. Sus piernas vestían pantimedias negras. Lo que le llamó la atención a Haruka fue el relieve de estrellas que se mostraban bordadas en la delicada textura. -Que sutil. "Bueno, intentó venir a verte, pero considerando que no podía levantarse de la cama ella misma, le prometí cerciorarme de que siguieras vivita y coleando—¡Oi, el de mora azul es mío, bájalo en este instante!"

Haruka le dio un mordisco al postre prohibido, consiguiendo su cometido de romper con la frescura del semblante de su visitante. Hizo sonidos de grotesca dicha, migajas salpicado de su boca, mientras mordía su premio.

"Oh, haha." Yaten sacudió sus propios shorts con exageración, como si las migajas estuvieran volando hasta ella. Haruka embozó una larga sonrisa con sus mejillas llena de pan, demostrándole que tan graciosa se creía. "¡Augh, que asquerosa eres!"

-Eso no fue lo que dijiste anoche, cuando intercambiabas saliva conmigo. Se sentía como si años hubieran transcurrido desde aquella pequeña indiscreción en el clóset de limpieza. Esta última muerte estaba desequilibrando todos los relojes biológicos de Haruka. "Ya me viste. Estoy bien. Puedes irte ya." Posesionándose de un café y otro muffin (ahora uno de canela), la mujer se dio la media vuelta para proseguir con su siesta en su recamara.

"¡Oi!"

Un cojín le golpeó la espalda. Haruka giró su perfil, alzando sus cejas como interrogantes.

Yaten se subió las mangas de su blusa de seda, una peligrosa determinación endureciendo su postura. "¡Todavía no termino contigo! ¿A dónde crees que vas?"

"A dormir." Haruka declaró, sin rodeos. "Lo siento si no tengo las energías de ser tu payasita, pero hasta estar de pie, en este momento, es un gran logro."

"¿Oh si? ¡Pero, acabas de decir que estabas perfectamente bien!" Yaten hizo una imitación caricaturesca de Haruka, profundizando su voz, y hasta agregando gestos agrios a su rostro. Haruka sintió una vena pulsar en su frente, deseando tener la elasticidad necesaria para retomar el cojín que la había atacado, para aplastarlo en la cara de la peli-plateada. Sin embargo, luego de que Yaten terminara de humillarla, su voz regresó a la normalidad, con su delicado entrecejo torciéndose. "¿Qué te duele?"

"Todo."

"Mmm". La mujer caviló por un momento en la respuesta, sobando su mentón con dos de sus dedos. "¿Cómo siguieron tus costillas?"

Haruka se encogió de hombros. "Ninguna está rota, Hotaru se encargó de contarlas por mí. Sólo están adoloridas." Además tenía un amplio mapa de moretones sobre su pecho, pero Haruka no creía necesario confesarlo.

Yaten torció sus labios. "Sí, em. Puedes culpar a Seiya por eso. No fue muy delicada en su resucitación."

Un horrible presentimiento apretó las tripas de Haruka ante eso, temiendo lo peor. "¿Seiya-baka? ¿Ella fue la que…?" ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, no podía ser! "¿No me digas que—Ella—Y yo…?"

Yaten captó la pregunta que no quería ser escupida de su boca, y con ojos agrandados, la mujer batió su cabeza de un costado a otro. "¡Iie, iie! Seiya solamente se encargó de reiniciar tu corazón." Luego, con un aura extraña, la platinada se dedicó a inspeccionar sus uñas. "No te preocupes, no hubo más contacto de lo necesitado entre ustedes dos."

"Entonces…" Oh. Haruka no sabía porque se sorprendía de la revelación. No era como si fuera un incidente fuera de lo normal, a estas alturas, terminar con su bocota adherida a la de la presente.

"…Y todavía apestabas a ajo." Yaten entre murmuró y acusó.

Un soplido de humor salió de la nariz de la acusada, dudando mucho la veracidad de tal cosa. "Nadie te obligó a revivirme. Hubieras podido dejarle la difícil tarea a otra persona." Como a Sailor Neptune.

"Tu corazón se había detenido." Súbitamente, el esbelto cuerpo de la kinmokusiana se alzó, sus ojos verdes, intensamente clavados en las espaldas de Haruka. "Tenías tres minutos sin respirar."

"¿Qué quieres que haga? ¿Qué me disculpe?"

"Maldición." Yaten se cruzó de brazos. "Todo tiene que ser una pelea contigo, ¿verdad?" Una sonrisa contradijo su comunicación corporal de completa defensa. "Puedo decir que el cielo es azul y me dirás que es rojo."

"En los atardeceres, sí."

"¡Argh!" La mujer chilló dramáticamente, haciendo gestos de impaciencia con sus manos. "Es como hablarle a una pared."

-O a un espejo. En ocasiones, Yaten y Haruka se comportaban con el mismo nivel de testarudez, que sentirse repeladas era inevitable. Ninguna de las dos estaba dispuesta a ceder. "Confiaré que recuerdas por donde salir." Con eso, Haruka dio por terminada la sesión. Sus parpados estaban cayéndose. Llegó a las escaleras sin problemas. Uno, dos, tres, cuatro escalones—Entonces, percibió pasos ajenos viniendo de sus espaldas. "Me equivoqué. Evidentemente, eres demasiado estúpida para tomar direcciones."

"No seas grosera." Flotó desde su retaguardia. "Estás meneándote como pingüino. Después de tanto trabajo en resucitarte, sería frustrante que te quebraras el cuello en camino a tu habitación." Y unos brazos, que ya resultaban reconocibles, se colaron por la cintura y un brazo de Haruka. "Al contrario de la opinión popular, sí tengo una consciencia."

Haruka estaba demasiado exhausta como para pensar en negar la ayuda. Si la enana aceleraría su llegada a la cama, mejor aún.

Cuando llegaron a la recámara, Haruka ignoró las muecas de la otra mujer, concentrándose en tirarse en la cama, cuidadosamente dejando su café en el suelo. El muffin permanecía en sus dientes, así que lo mordió con despecho.

"No tienes idea, ¿no es así?"

Haruka miró hacia la dirección de la entrada. Yaten tenía las manos sobre su pequeña cintura, observando el interior de su jaula de concreto. "¿Mmffpt?"

Yaten pateó unos bóxers sucios de su camino, acercándose en contra de sus instintos de supervivencia. "¿Cuánto tiempo piensas estar aquí encerrada, ahogándote en tus propios hedores y miserias?"

Haruka se arrancó el postre de la boca. "El tiempo que se me venga en gana, ¿alguna objeción?"

Oh, ¿a quién engañaba? Esas Kou siempre tenían objeciones. "Ahora que lo preguntas, tengo miles." ¿Ven? "Mientras te pudres en este lugar, hay personas que se preocupan por ti."

"No te atrevas a venir a mi propia casa a sermonearme." Haruka gruñó. "Eres la última persona que puede acusarme de ermitaña. Te refundiste en tu planeta por meses, y nadie te dijo en nada, después de que ese idi…" Muy tarde se percató de haber metido la pata a su boca. La sobriedad en la expresión de Yaten le comunicó, de que tan poco apropiado, fue el recuerdo de su ex-prometido. "Demonios, lo siento—Lo siento. Me callaré."

Pero, a Yaten le gustaba la mala vida. Aun con truenos y centellas disfrazando su porte, la chica se arrimó a la cama, colocando una rodilla sobre el colchón. Haruka se retorció, tapando su boca con más pastelillo. Tras un momento de silencio, su acompañante involuntaria rompió con un código abstracto, que les había impedido explorar el tema con anterioridad.

"Al menos me duchaba, mientras lamía mis heridas."

Haruka se estiró para tomar un sorbo del café. Sus costillas se quejaron, pero su honra podía más. "A veces, debes mandar al mundo al carajo. En todos los aspectos posibles."

Para su sorpresa, los labios delineados de Yaten se levantaron en una sonrisa. "Haruka…"

"¿Mmm?"

Una presión sobre su pierna destapada, le contó de un contacto de piel con piel. "Mejorará. Eventualmente, todo… se vuelve soportable."

Pausando entre sorbos, Haruka meditó el consejo. "Dijiste que hay otras personas que se preocupan por mí."

La mano se retiró de su pierna. "Claro. Tienes amigos. Y a Usagi-chan."

"Mm. Koneko-chan no debería preocuparse por mí, ése es mi trabajo."

"No seas tonta. Debes saber que eres su favorita."

Haruka sonrió de oreja a oreja, dejando el recipiente de cafeína en la alfombra. Se recostó con un suspiro de satisfacción. "Oh, créeme, estoy enterada." Se lo presumía a Seiya-baka cada oportunidad que tenía.

Yaten se levantó de la cama. "Bueno, ahora que tus niveles de egocentrismo han sido restablecidos, me retiro. He hecho mi buena obra del día."

-Hiciste más que una. Haruka deseó confesar, pero un nudo en su garganta no se lo permitió. El impulso de detener a la mujer fue sorpresivo para su propia naturaleza, pero Haruka luchó contra él. Quería estar sola. Necesitaba estar sola. Yaten solía confundir todo. Solía poner desorden en sus pensamientos. Y ahora, Haruka quería sumergirse en una sola dirección: depresión.

Por lo menos, eso fue lo que se repitió para sí, hasta que sintió las cadenas de la soledad apegarla a su cama con fatiga. Cuando cerró sus ojos para seguir con sus sueños interrumpidos, negó reconocer las gemas esmeraldas cazando los pasillos de su subconsciente.

Quería convertirse en el viento y nada más; invisible, indeleble e intacto de emoción.


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Continuará…

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NdA: ¡Gracias por sus reviews! Y lamento mucho la tardanza. No tengo excusas, la verdad. Pero, al vida real, ya saben, tiene que interponerse.