Los personajes son de Stephanie Meyer. Yo solo ocupo sus nombres para dar vida a esta loca historia de amor del siglo XVI.
Capítulo beteado por Vhica y Ivy Fawkes, Betas FFAD.
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Capítulo IV: Celebración Agitada.
Pov Edward.
No sabía explicar, lo que en mi interior, causaba pensar en Isabella. Era el ángel anunciado por mi sueño, el ángel que llegaría a salvarme, y de paso también, salvarla a ella de un camino nada bueno para una mujer tan valiente y hermosa.
Hoy era el gran día. Nótese el sarcasmo.
Hoy cumplía la mayoría de edad y aceptaba el ducado.
Llegue temprano a la mansión. Me abrió el mismo sirviente que lo hacia todas las mañanas, y pase directo a mi habitación, ya que no quería despertar a nadie, especialmente, no quería que Isabellla me viera con la facha que había llegado. Seguro pensaría que estuve con alguna mujer de la vida, y adiós mi futuro. Aunque, hasta yo lo pensaría, mirándome en el espejo de mi habitación.
Traía el pelo más desordenado que de costumbre y lleno de hojas.
Las ropas manchadas de…
¡Ah! No quería ni acordarme del nombre de lo que manchaba mi camisa azul. El solo pensarlo me desesperaba y me entraban ganas de mandar todo al infierno y acabar con mi vida.
Estaba terminando de cambiarme de ropa solo, ya que no me gustaba depender de otros para hacer mis cosas, sólo lo hacía porque lo dictaba mi clase social, cuando escuche que abrían mi puerta. Emmett asomó la cabeza. ¿Desde cuándo se levantaba en la madrugada? Seguro que algo malo pasaba...
Y no me equivocaba.
— Hermanito ¡Qué bueno que volviste sano y salvo! No hay buenas noticias— musitó al cabo de un rato. Ya sabía yo que solo algo así hacia que mi hermano se levantara tan temprano para decírmelo—. La gente del pueblo ya empieza a murmurar sobre el porqué la señorita Isabella está hospedada en esta mansión. Especialmente por el hecho de que no es familiar nuestro— me explico mi hermano, con una expresión de perplejidad. La misma que tenía yo ¿Cómo había ocurrido tan rápido? Apenas la había traído ayer. Sentía que alguien más había metido su nariz en esto. Seguro que era Jacob, para arruinarle la reputación a mi ángel y para que aceptara ser su amante.
Este hombre no tenía límites a la hora de obtener lo que quería. Pero a Isabella nunca la tendría. Primero debería matarme, lo cual era poco probable ya que tenía una parte inmortal.
— Gracias por decírmelo, Emmett. Ya lo había estado pensando y solo hay una solución… aunque primero debo conversarlo con ella. Tú sabes que soy un hombre de palabra, y cuando le dije a Isabella que no se preocupara y que todo estaría bien, lo decía muy enserio. Debo protegerla. Sobre todo de mi, pero ya la quiero, y desearía que ella sintiera lo mismo por mí. Quizás con ello, eliminar este peso que me mata todos los días un poco más. ¡Ah! Emmett, necesito que me averigües todo sobre Jacob Black. Si, se que te es familiar. Necesito saber todo lo que ha hecho, hace y hará. Así que trata de averiguarlo en alguna de sus salidas — le pedí, al tiempo que él me respondía con un movimiento de su cabeza de forma afirmativa. Me termine de poner mi chaqueta y salimos de mi habitación con rumbo al comedor para desayunar.
Por el camino, me arregle el cabello con las manos, ya que nunca había podido domarlo para peinarlo de acuerdo a la moda de la época. Por eso mismo, era tildado de estrambótico, ya que la mayor parte del tiempo, lo manejaba mas despeinado que lo contrario.
Cuando llegamos a la sala donde se tomaba el desayuno, Emmett me dio una palmada en la espalda y miro en dirección a la mesa. Seguí su mirada y me encontré con el hecho de que Isabella estaba sentada al lado de mi madre, aunque con un vestido más hermoso y nuevo que el de ayer y de un tono azulado. Seguro Alice tenía que ver en el asunto, ya que no podía estar apartada de nada y por la forma en que hablaban, era obvio que ya era amiga de mi ángel. Mi hermana era un diablillo, pero era única e irremplazable. Era la mejor hermana que podría haber tenido. La luz que me ayudó a curar la mayoría de mis heridas interiores y estuvo conmigo en los peores momentos, incluso en los cuales ni mis padres ni Emmett, se animaban a acompañarme. El hombre que se casara con ella se llevaría un dolor de cabeza, pero una gran mujer por esposa.
Cuando llegue a la mesa, Alice hablaba animadamente con Isabella y nuestra madre sobre cómo estaban quedando las cosas en el gran salón para la celebración. Salude a todos con la cabeza, inclinándola. Pero cuando llegue a Isabella le sonríe y ella me devolvió el saludo de la misma forma: con una hermosa sonrisa que hizo que se me olvidara hasta como se respiraba. Aunque note que en sus ojos marrones había tristeza ¿Cuál sería la razón? ¿Ya se habría enterado de las habladurías? Al instante se me vino a la cabeza un suceso que podría coincidir con su pena: la muerte de su padre. Que si mal no recordaba, fue el día de su cumpleaños número catorce. Así que no era el único que su cumpleaños le trajo más dolor que felicidad.
Me senté al lado de Isabella y Emmett frente a mí. Me dieron ganas de darle un beso a Isabella, pero me contuve, pues incluso, aunque mi familia era un poco menos estricta en el sentido del formalismo, no lo eran al momento del compromiso. Y sabía que solo así podría estar más cerca de mi ángel, sin que mis padres me miraran de una forma desaprobatoria.
—Hola hijo ¿Como dormiste? —me pregunto mi madre, al tiempo que me guiñaba un ojo.
—Bien madre, gracias por preguntar —le respondí, mientras le tomaba un la mano a Isabella por debajo de la mesa y lograba colocar una sonrisa en su hermosa cara.
Al ver que Isabella sonreía y me miraba, sentí que ocho pares me miraban de forma, entre desaprobatoria y divertida. La ultima solo de parte de mis hermanos. Enojado le solté la mano, pero al ver que no podría decirle nada en la mesa, ya que mis padres me tenían vigilado, comí rápidamente y me volví hacia ella, que ya había terminado.
-Señorita Isabella ¿Le gustaría escucharme tocar música clásica en piano? — le pregunté, rogando para que aceptara.
—Claro lord Edward, me encanta la música clásica, especialmente, si es ejecutada en un piano —me respondió rápidamente, al tiempo, que con los ojos me decía lo que yo realmente quería escuchar: que también quería estar a solas conmigo. Me levante de mi asiento y fui a retirar su silla para que se levantara. Le ofrecí mi brazo y nos retiramos al estudio, donde estaba mi piano. No sin antes escuchar una exclamación de parte de mi hermano, sobre mi e Isabella. Alice, quien le pego un codazo en las costillas y lo miraba bastante enojada. Seguro que no había sido educado, y Emmett sabía que Alice desaprobaba todo lo que hacía y decía, y no perdía oportunidad de decir cosas delante de ella, especialmente sobre mi persona, ya que yo era el hermano preferido de esta pequeña duendecilla y a este no le gustaba este favoritismo. Poco después, mi hermana me miró y me sonrió con complicidad.
No les dije nada y continúe con mi ángel hacia el estudio.
Apenas llegamos, yo cerré las puertas y ella se sentó en un pequeño sillón que estaba al lado del piano, dispuesta a oír la música. Luego me dirigí hacia este y me senté en el pequeño taburete, que mi madre había mandado a hacer cuando mi abuelo me heredo el piano. Comencé a tocar la pieza que amaba y que se había vuelto el único tema que aliviaba mi terror y enojo: Claro de Luna de Debussy.
Cuando termine, mire en su dirección. Ella mantenía los ojos cerrados y mostraba inmensa paz en su rostro. Me acerque lentamente, le tome la mano al mismo tiempo que tomaba sus cabellos entre mis dedos. Ella abrió los ojos, asustada, pero al ver que era solo yo, su cara cambio de expresión y solo se limito a mirarme. No pude parar el impulso que me llevo a besarle. Solo quería saber si sus labios tenían el mismo sabor y textura que recordaba del día anterior. Acerque mi rostro al suyo, y tome su cara entre mis manos, y acerque mis labios a los de ella. La levante del sillón. No estaba preparado para la tormenta que se desato en mi interior por el sabor de su boca, por el calor de su cuerpo pegado al mío. Un escalofrío recorrió toda mi columna al darme cuenta que ella respondía al beso, pegándose más a mí y ahondando el beso. Incluso permitiéndome que la besara con más pasión y urgencia de la que me creía capaz. Nuestras respiraciones se estaban volviendo erráticas y entrecortadas. Sus pechos estaban pegados a mi torso, solo podía imaginarme ese cuerpo desnudo contra el mío en alguna cama…
Me separe difícilmente de ella, ya que si no me comportaba como un caballero, terminaría levantándole el vestido y tomándola en el suelo de aquella sala. Era lo mejor, no quería que después las cosas se salieran de control y después lamentar las consecuencias de nuestros actos.
—Isabella —le dije entrecortadamente, aun contra su boca—. Debemos parar ahora, que nos queda algo de raciocinio.
— ¿Por qué? Solo deseo ser tuya— respondió, al tiempo que volvía a besarme.
—Mi ángel debemos parar — le dije, separándome de ella definitivamente—. ¿O acaso quieres que te levante la falda y te tome aquí mismo? ¿En la alfombra?
Note que su expresión cambiaba. Además se podía ver que estaba dolorida con mis palabras. Yo y mi boca, ¿Por qué tenía que decir lo que dije?
—Isabella, no te pongas así. Te deseo mas allá de lo que quisiera, pero sabes bien que una relación sin un compromiso de por medio nos condenaría al ostracismo. Además, debemos encontrar la forma de que se deje de hablar de ti, del por qué estas en la mansión Cullen, no intensificar y dar razones para mas habladurías— le explique, a lo cual me respondió solo abriendo sus ojos marrón con asombro.
¡Ups! se me había olvidado que no sabía lo último.
— ¿Cómo es eso de las habladurías? Usted dijo que tenía todo bajo control— me replico, bastante enojada.
—Tengo todo bajo control, pero necesito tu aprobación— le respondí.
— ¿Mi aprobación? ¿Sobre qué cosa? —me pregunto, esta vez, mucho más calmada.
—La única solución al problema que se nos avecina es el compromiso —le dije, pero al notar su sorpresa, me apresure a explicarme —. Solo sería uno falso, ya que yo no puedo comprometerme de verdad por un tiempo y mucho menos casarme. !No pienses mal! Como creo que lo haces… solo que en mi vida hay cosas que debo manejar solo, y con esto solo le haría daño a la otra persona. En este caso tu, y si las cosas fueran de verdad y eso jamás me lo perdonaría-
—Y ¿Qué beneficios me traería a mi? — me pregunto, al tiempo que de se alejaba de mi, claramente enojada, hacia el gran ventanal del estudio que daba hacia el jardín de mi madre.
—Seamos claros. No tenemos porque aparentar que no hay atracción entre nosotros. Además igual te serviría para acallar los rumores y que tu reputación no sea dañada. Y nos daría tiempo para poder averiguar la forma de recuperar tu herencia sin necesidad de casarte —le conteste, yendo hacia ella.
Tome su mano y la obligué a darse la vuelta para que me mirara.
Esa boca, esos ojos, ese cuerpo…
Era solo un hombre y el celibato no iba conmigo. Especialmente si iba a tener esta tentadora señorita de prometida. Perdón, de falsa prometida, pero no por eso, iba a desaprovechar estos meses.
La tome entre mis brazos y la bese, como nunca antes. Mi cuerpo me guiaba, no era dueño de mis acciones. ¡Ah! Esta mujer me iba a volver loco. Iba a ser mi perdición.
—Está bien— respondió, apartándose de mí y con esto normalizar su voz y respiración—. Seré tu prometida, falsa claro, pero algo a cambio —declaró, más nerviosa que calmada.
— ¿Qué? ¿Algo a cambio? ¿Cómo qué? ¿No es suficiente que recupere tu herencia? —señale, fingiendo molestia. Más por dentro pensaba en una y mil cosas que podría querer a cambio de este falso compromiso.
—Si, podría ser. Pero yo quiero algo de ti. Que solo tú puedes darme —Isabella bajó la mirada.
Algo raro sucede aquí. Ella… ¿Me estaba seduciendo? Porque si era así, lo estaba logrando, ya que sentí que mi miembro se agrando y empezó a hacer presión contra el pantalón.
—No te entiendo— le conteste, tratando que mi voz sonase calmada y tranquila, cuando en realidad, en el fondo no estaba nada calmado. Más bien, estaba excitado.
—Si sabes de que hablo —me dijo. Se acerco más a mí y me besó —. Quiero que me enseñes el arte de hacer el amor, pero solo quiero que tú seas mi maestro…
Me quede de una pieza ¿No era acaso el hombre el que proponía y seducía a la dama? Isabella me estaba pidiendo que me acostara con ella, así nada más. Este compromiso se veía mejor de lo que alguna vez llegue a pensar.
Tan ensimismado estaba en mis pensamientos que no me fije cuando Isabella abrió las puertas de la sala y salió corriendo de allí.
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Pov Isabella.
Está bien. Me precipité. No debí pedirle eso. ¡Ah! Isabella Swan así no se conquista a un hombre, no en la época en que vivimos. Seguramente Edward pensará que soy ligera de cascos ¿Por qué tuve que decirlo?
Salí corriendo del estudio, sin mirar su cara y me dirigí a mi habitación. No sé cómo subí las escaleras, pero llegue sana y salva a la segunda planta. Lo que es un verdadero milagro en mi persona. Entre y cerré la puerta con el seguro, y encendí el candelabro que estaba en el mueble. De pronto, me puse a llorar ¡Qué tonta soy! Por lo menos podría estar con él, aunque solo de mentira. ¿Qué tenía que hacia los hombres no querían nada serio conmigo?
Estaba todavía llorando, cuando escuche la voz de Alice desde el otro lado de la puerta, llamándome.
—Isabella ¿Estás ahí? Abre por favor, ¡Necesito que veas el vestido que te escogí para la celebración de la fiesta! —me grito, bastante preocupada.
Me seque los ojos como pude y fui a abrirle. Seguro tenía los ojos hinchados, más no me dijo nada, sin embargo se le noto en la cara que estaba preocupada por mi.
— ¿Qué paso Isabella? —me pregunto, entrando en la habitación, con una doncella, con algo en sus brazos, tras de ella —. ¿Esto tiene que ver con mi hermano mayor o con la fiesta?
—Tiene que ver con él, pero al mismo tiempo, con la celebración—aseveré, sentándome en la cama.
—No te preocupes Isabella, mi hermano encontrara la forma de que el pueblo no piense mal de ti. Ahora pruébate este maravilloso vestido. ¡Ojala te guste! Es dorado con azul —me contesto. Me presentó a su doncella, Jessica, quien al instante me ayudo a sacarme el vestido que estaba usando y a ponerme el otro. Solo escuche la exclamación asombrada de Alice, quien me llevo casi a rastras a un espejo que estaba al lado del ropero.
¡Esa no podía ser yo!
El vestido me quedaba maravilloso y tenía un escote bastante moderado, quizás por el hecho de que no podía parecer una cortesana a los ojos de los demás invitados.
—Te ves hermosa. ¡Serás la envidia de todas las mujeres del baile y todos los hombres envidiaran la suerte de mi hermano! No te preocupes, ya nos comunico que hablo contigo y que ya te pidió en matrimonio ¿No es lindo mi hermano? — exclamo. Mas no me dio tiempo de contestarle pues salió de la habitación, dejando a la doncella arreglando mi cabello con un cintillo realizado con trenzas, y dejando el resto de mi cabello suelto mostrando las ondulaciones naturales de este.
Cuando la doncella termino de arreglarme, decidí quedarme en mi habitación, porque no quería verlo. Me moriría de la vergüenza de tan solo acordarme de lo ocurrido.
Un criado vino a avisarme que bajara ya que el señor Edward pedía mi presencia en el gran comedor, donde ya estaban reuniéndose los invitados.
Baje las escaleras, resignada, con el criado guiándome. Todavía no me orientaba en aquella inmensa mansión.
Apenas puse un pie en el salón, sentí que todas las miradas se fijaban en mí. Y en el maravilloso hombre que iba a mi encuentro. Edward se veía extremadamente guapo. Sus facciones eran dignas de ser comparadas con las de los dioses griegos. Además que ese traje lo favorecía de una manera casi alarmante, ajustándose a su espectacular y bien formado cuerpo. Y para mi asombro, su traje tenía los mismos colores que mi vestido, azul en la chaqueta y dorado en el pantalón.
Cuando llego hasta mi, me ofreció su mano y yo puse la mía sobre la suya. Me guío hasta donde estaba su familia, y cuando llegamos, noté que Alice y Emmett me sonreían desde sus asientos, uno de los cuales Edward corrió para que me pudiera sentar, y seguidamente, el se sentó en la que estaba al lado de la mía. No me dijo nada. Sus ojos estaban fijos en mi rostro.
Esos ojos verdes me hipnotizaban.
Él se levanto y pidió a los sirvientes que sirvieran la cena, para luego dar inicio a ésta.
Comí calmada y en completo silencio, hasta que sentí que su mano me empezaba a acariciar la pierna, levantándome un poco el vestido. Pegué un respingo y lo mire, a lo que él solo me respondió con un guiño, divertido de mi reacción.
Llegó la hora del baile y para la perplejidad de todos los presentes, solo me sacó a mí, a su madre y hermana a bailar. Para la decepción de muchas de las jóvenes que estaban en el lugar y que seguramente deseaban echar sus redes sobre el apuesto Edward Cullen, pronto duque de Masen.
Más tarde llego la hora del discurso ¿Maldito o bendito discurso?
Era la hora del discurso de Edward, por su cumpleaños. Quería salir lo más rápido de allí, ya que no me gustaba como me miraban todos.
—Gracias a todos por asistir a esta fiesta. Gracias a mis padres y hermanos. Pero sobre todo, quiero dar un importante anuncio. He de aceptar el ducado de Masen, y ya he elegido a mi futura esposa y quiero dar a conocer el nombre de mi prometida. Adelante Isabella Marie Swan—dijo él, mirándome solo a mí. Sentí que el piso se hundía bajo mis pies. De repente todo tuvo sentido en mi cabeza ¿Qué yo era su qué? Era su falsa prometida, no la de verdad ¿Por qué tuvo que decirlo justo ahora?
Cuando llegue a su lado mire a todos los presentes, y solo uno capto mi atención. Uno que tenia el pelo oscuro y que sostenía a una mujer con el pelo negro azulado. Era mi primo, Jacob. El cual turnaba su mirada entre Edward y mi persona, como impresionado y enojado al mismo tiempo. En un instante, note que poso sus ojos sobre mí, de los cuales me asuste mucho. Eran de un color mucho más oscuro, casi como una noche con tormenta y relámpagos.
Solo me decían que esto no se quedaría así…
Sabía que tendríamos problemas con él. No era un hombre que se diera por vencido muy rápidamente y mucho menos cuando yo era el premio. Y se sentiría mucho más hombre si lograba quitar a Edward Cullen del medio, o a mí, si es que no lograba que yo lo aceptara.
Pero nunca pensé de qué forma llevaría a cabo sus planes, y que incluso, atentaría contra su propia sangre si no lograba tenerme para él….
Un saludo a todas las que ya leen este fic y una gran bienvenida a todas las nuevas lectoras. Espero no decepcionarlas.
Parece que por aquí las cosas se están poniendo medias hot... ¿o es mi idea nomas?...este Edward es un caballero, pero Isabella lo tienta a cada rato...no sé qué cosas podrán pasar por aca?
Ahora se va a armar la grande, ya que Jacob no se tomo bien la noticia de su primita comprometida con este adorable hombre... ( No se nota que soy team Edward, parece?)
Solo espero que les haya gustado...
También espero saber sus teorías respecto a que lo transforma, a Edward, la maldición…
También las invito a mi grupo de facebook… el link está en mi perfil, donde subo y subiré novedades de este fic y los otros que ya he publicado, y los nuevos que aun están en mi mentecilla.
Ojala les guste los cambios que hice... espero sus mensajes ;)
Cariñosss
Gala ;)
