Los personajes son de Stephanie Meyer. Yo solo ocupo sus nombres para dar vida a esta loca historia de amor del siglo XVI.


Capítulo beteado por Vhica y Ivy Fawkes, Betas FFAD.
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Capitulo V: Sospechas.

POV Isabella.

A la mañana que siguió a la celebración del cumpleaños de Edward llego mi doncella, Ángela. Mi primo y su esposa la habían despedido de su casa. El hermano de Edward lo supo por la mismísima boca de Jacob. No perdió tiempo y envió a al cochero a buscarla a la única posada decente que existía en el pueblo.

Cuando la vi, mi alegría aumento. Era mi doncella, mi confidente. La única que se mantuvo a mi lado después que mis padres se fueran para siempre de mi lado.

—Señorita Isabella —exclamo—. No sabe cuánto sufrí al saber que la esposa de su primo la había exiliado de la casa.

—Ángela.

Nos fundimos en un abrazo. Para mí nunca fue mi simple criada, y el cariño que sentía por ella era verdadero.

Desde ese día, mi estancia en la mansión Cullen se volvió rutinaria. Las salidas en carruaje con Alice por el parque, y ocasionalmente con Edward, volvieron a hacerme sentir feliz, pero siempre sentía que había algo que no encajaba. Como una piedra que estaba constantemente frente a mí y me impedía seguir mi camino. Algo que veía que me separaba del corazón de Edward.

El hombre que se estaba convirtiendo en algo más que un amigo.

Las constantes salidas nocturnas de Edward me tenían más que intrigada. Además de que llegue a pensar que salía a encontrarse con otras mujeres, buscando lo que yo no podía darle, ya que salía siempre a la misma hora y regresaba a la madrugada del otro día. Pero el mismo me hizo recapacitar. Trato de explicarme que sus salidas tenían que ver con trabajo que tenía que hacer a esa hora, porque más temprano se le hacía complicado llevarlas a cabo, y no era para estar con otras mujeres. Ya que, según sus mismas palabras, yo era la única que ocupaba su mente. Pero me dolió que no dijera, también, en su corazón. Era patética, ya que sabía desde el principio, que podía tener todo de él, pero nunca su amor…

Me dolía pensar que no confiaba en mí. Que solo me miraba como una mujer sin nada que decir, así como muchos hombres de la época, nada más. Solo era deseo lo que existía entre nosotros, nunca confianza.

Una de las muchas tardes, después de mi paseo en carruaje con Alice, me encontré a lo lejos, con una discusión entre Edward y Emmett, en el salón. Claramente Emmett estaba enojadísimo con su hermano. Solo alcance a escuchar algo que le decía a Edward, algo como que debía decir la verdad, antes de que fuera demasiado tarde y perdiera la única posibilidad que tenía.

Con todo eso en mi cabeza, la que aún no podía encontrarle lógica, me fui a sentar en la raíces de un árbol que se había convertido en mi favorito para leer y pensar. Un libro de mitología yacía entre mis brazos, uno de los pocos que había logrado rescatar, de la colección de mi padre, cuando la esposa de mi primo me hecho de la propiedad.

Así estaba, concentradísima en mi lectura y tan distraída en mis pensamientos, que no escuche los pasos de Edward acercándose a donde me encontraba y tampoco lo oí cuando se sentó a mi lado. Solo lo hice cuando me hablo, lo cual me hizo llevarme un buen susto.

—Lo siento, Isabella. No pretendía asustarte de este modo. Solo quería estar un rato sentado a tu lado y pensar. ¿Te molesto?

Solo me limite a negar con la cabeza a modo de respuesta y me enfoque de nuevo en mi lectura, la cual estaba más interesante que su auto reflexión. Además que se trataba sobre la diosa Afrodita, y me gustaba en demasía leer sobre ella. Al ver que no le prestaba más atención, note que inclinaba la cabeza en mi dirección y leía el libro.

—¡Vaya! Los dioses Griegos. Parece que no soy el único que le atrae leer sobre ellos, pero yo prefiero leer sobre Hades.

Levante la vista de mi lectura y lo mire perpleja. Las características de ese Dios no me sonaban como suyas.

—Con el tiempo entenderás el porqué —respondió a mi pregunta no formulada.

Sin más se levantó y casi arrastrando los pies se dirigió a la entrada de la Mansión, por la cual despareció.

¿Por qué le gustaba leer y saber sobre el Dios de la muerte? Todo aquello me dejaba más preocupada que de costumbre.

Me levante de donde estaba, tome un libro con una mano y con la otra el borde de mi vestido y me fui corriendo con dirección a la Mansión, pero por el camino me encontré con Alice, quien venía con un ramo de rosas en los brazos.

—¡Isabella! Te estaba buscando. Mis padres junto con Emmett, me envían a preguntarte si quieres venir con nosotros a Port Ángeles a visitar al hermano menor de mi padre que se encuentra delicado de salud.

En eso vi que venía un sirviente, al cual le entregue mi libro, y le pedí que lo llevara dentro, él movió la cabeza en forma afirmativa y se fue en dirección a la Mansión y cuando lo vi alejarse y entrar para dejarlo en la Biblioteca, me volví para responderle a Alice.

—No quiero salir, Alice. No me siento bien para hacerlo. Además, quiero hablar con tu hermano mayor sobre algo que me dijo y me dejó intrigada —le replique, desviando un poco la mirada.

— ¿Seguro que es eso? Isabella, por favor. No tengas miedo o vergüenza de decirme que piensas hacer. No soy una jovencita tonta, como muchas de por aquí— me dijo, riéndose.

—Está bien. Quiero verlo- le respondí, con la cara roja por la pena —. Necesito demostrarle que puede confiar en mí.

—Está bien, futura hermana. Te ayudare con esto —me replico, tomándome de un brazo —. Déjamelo a mí, ya veré como te libro de este paseo. Además de que tú y mi hermano se quedarían solitos.

— ¡ALICE!

— ¿Qué? ¿Acaso no es lo que quieres?

—Sí, pero no quería ser tan evidente.

Se quedo pensando un momento, y de pronto palmeo las manos sonriendo…

—Ya sé que hacer— Todavía con la sonrisa dibujada en los labios—. Hablare con mi madre y le diré una mentirilla y ya verás que te queda libre el camino para "hablar" con mi hermano. Ahora ve a tu habitación, acuéstate y pon la peor cara de enferma que conozcas.

— ¿Qué le dirás a tu madre? Solo quiero saber para poder responderle a las futuras preguntas que me realice. Además de que debo ser convincente o tú saldrás pillada.

—Tienes razón. Solo le diré que te encuentras indispuesta, que no estás en los mejores días, y por eso no te sientes bien para salir. Además me madre entenderá, ya que ella no sale cuando esta así.

—Eres una brujilla, Alice.

—Lo sé. Pero adoro ser así. No me gustaría ser como la típica niñita que no piensa y que solo le interesa encontrar un buen marido.

—Ya lo creo… y ¿Esas flores?

— ¡Ah! Mi madre se las quiere llevar a la esposa de mi tío, Chelsea.

Se despidió y se fue en dirección a las caballerizas, donde estaba el carruaje. Aprovechando al máximo el tiempo del que disponía, me dirigí rápidamente a mi habitación para hacer el papel de enferma.

Ya estaba en mi cama, cuando escuche que llamaban a mi puerta.

—Isabella ¿Puedo pasar? —La madre de Alice estaba en mi puerta.

—Claro, lady Cullen. Adelante— le respondí, enronqueciendo un poco mi voz.

—Hola querida —me dijo al abrir la puerta y cerrándola tras de sí—. Alice me dijo que te sentías indispuesta para acompañarlos.

—Así es. No tengo ánimo para salir. Me duele todo el cuerpo.

—Tranquila. Te entiendo perfectamente.

—Gracias. Y por favor, disculpe las molestias.

—Por favor, Isabella. No es ninguna molestia venir a ver como estabas. Eres una invitada en esta casa y era mi deber venir, ya que mi hijo no lo hace. Ahora mismo está en su habitación, y no quiere comer ni hablar con nadie, aunque ya sabe que saldremos ¿Quién entiende a los hijos?

—Vayan tranquilos. Yo estaré bien, además Edward se encontrara en la casa por si acaso me siento peor y necesito a un medico. Fuera de eso, se perfectamente que hacer.

—Está bien. Claramente como tú señalaste, mi hijo se quedara. Pero por cualquier otra cosa, no dudes en buscar a Ángela, tu doncella. Adiós mi niña. Cuídate y nos veremos en dos días más.

—Adiós, lady Cullen. ¡Que tengan un buen viaje! Y por favor, despídame de los demás —pedí, al tiempo que se despedía de mí.

Abrió la puerta y desapareció detrás de ésta.

Me sentí mal. No me gustaba mentir. Pero ahora ya sabía dónde estaba Edward y que no iría con ellos ¡Gracias Alice! Dije en mi fuero interno.

Escuche el ruido del carruaje y me levante de la cama. Fui en dirección al ventanal que tenía mi habitación, que justo daba a la entrada. Me quede allí hasta que vi que salía por las rejas y después de unos metros, desaparecían tras un grupo de árboles cercanos.

Cuando vi esto, corrí con dirección a mi armario y lo abrí para ver que vestido me pondría para borrarle la tristeza a mi "falso" prometido. Era inocente en algunos planos de la vida, pero sabía perfectamente que debía hacer una mujer para lograr obtener la atención de un hombre.

¡Edward Cullen, prepárate para la sorpresa que te espera!

Solo pensar en esto me hacia sonrojarme. En ese instante vi el vestido exacto para lo que tenía en mente…

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POV Edward

Después de ayudar a mi padre con su correspondencia, a través de la cual nos enteramos que Aro, su hermano menos, estaba bastante enfermo. Me encontré con mi hermano menor al llegar a la sala.

—Edward, quería hablar contigo —vocifero Emmett, poniendo mala cara.

— ¿Qué pasa Emmett?

— ¿Cuándo le vas a decir la verdad a Isabella?

—No sé. Todavía estoy pensando si decirle o no. No quiero lastimarla. Ella es como el ángel que llegó a liberarme de estas ataduras y no quiero perderla al decirle todo.

—Díselo, de una sola vez. Ella es más fuerte de lo que aparenta, así como Alice y nuestra madre. No por nada aguanto a su primo y pudo librarse de él ¡Cualquier otra hubiera sucumbido a la primera! Hazlo rápido hermano, antes que sepa por otra fuente o se entere por ella misma. Es mejor que se lo digas tú y le expliques todo. Hazlo antes de que sea demasiado tarde, y pierdas la única oportunidad que tienes.

Diciendo esto, se alejó de mí. Dejándome perdido en mis pensamientos.

¿Dónde estaría Isabella? Seguramente leyendo bajo el árbol que se había vuelto su favorito.

Camine hacia allí solo por el gusto de verla, de tenerla cerca de mí. De alejar por un momento, los problemas que pesaban sobre mis hombros.

Cuando la vi sentada en una de las raíces del árbol, leyendo un libro bastante grande, algo extraño se alojo en mi pecho.

¿Qué sería?

Me senté a su lado. Estaba tan absorta en su lectura que llevo un buen susto cuando le hable y me vio a su lado. Intente conversar con ella, pero no me prestó atención. Me enojo saber que un libro era más interesante que yo, así que decidido a ver que estaba leyendo, me incline y me dispuse a ver que la tenía tan encandilada.

Afrodita…

Por fin otra persona que le gustaba leer sobre el tema de los dioses Griegos.

Aunque solo ella leería sobre esta diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Solo ella creía que el amor era algo maravilloso, algo con lo que se podía llegar a soñar. Yo era más realista, el amor era esquivo conmigo, el solo encontrarlo sería un milagro.

No sé en qué momento se me salió decirle que prefería leer sobre el Dios de la muerte, Hades. Al darme cuenta que por poco y soltaba todo, preferí dejarla sola, algo que me costó bastante, ya que el solo estar a su lado me dejaba con mas anhelos que nunca. Pero ahora también enojado conmigo mismo, seguro le di sobre que pensar para las siguientes horas.

Me fui directamente a mi habitación. Cuando llegue, cerré la puerta con seguro para que nadie ni nada me molestara. Aunque eso no paro a mi madre a la hora de decirme que saldrían a Port Angeles a ver a mi tío Aro, y que Isabella también se quedaba, ya que no se encontraba muy bien de salud. Lo cual me pareció extraño, ya que esa misma mañana la vi muy bien.

¿Qué tendría?

Estaba comprometido, pero no de forma digna, no de forma verdadera. Tenía por futura esposa a la mujer más hermosa, pero sentía que la maldita maldición era lo único que me impedía disfrutar esto. En cualquier caso, ya hubiera aprovechado para estar con mi prometida. De poder compartir su cama, de poder disfrutar de todas las cosas hermosas de la vida. Pero no, estaba solo y mal humorado en mi habitación.

Solo… como todos mis antepasados.

Maldita la hora en que nací como el primogénito. Maldita la hora el que el hermano mayor de mi padre murió por causa de la maldición sin dejar hijos y tuvo que caer toda esta mierda sobre mí.

¿Por qué yo?

Estaba tan perdido en mis pensamientos, que no escuche la cerradura de mi puerta abrirse. Solo lo hice cuando escuche que la abrían y por ella entraba la más hermosa y deliciosa de las mujeres. Isabella. Estaba dentro de mi habitación, con un vestido que me hizo encenderme por dentro como un leño seco ante el fuego de una hoguera.

Ese escote me dejaba sin aliento, esa tela que se adhería sus caderas, dejando ver sus curvas…

Era un vestido blanco, pero el color fue lo que menos me importó. No parecía un ángel con él, sino la misma Afrodita hecha una mujer de carne y hueso. La erección que tuve, haciendo que mi miembro presionara con fuerza por salir de mi pantalón, me confirmo lo que mi mente pensaba, pero por mi boca salió la pregunta menos apropiada para el momento.

—Isabella ¿Qué haces vestida de ese modo?

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POV Isabella

Isabella ¿Qué haces vestida de ese modo?

¿Acaso ese hombre estaba ciego o se estaba haciendo el moralista?

— ¿No se te ocurre una razón para que me haya vestido así? ¿Por qué estoy en tu habitación? — le dije acercándome a él.

—Si se, pero no pensé verte así. ¿Acaso no es el hombre el que debe actuar de este modo?

Sus palabras me dolieron. Me estaba tratando de decir que parecía una meretriz.

—Eso piensas. Acaso no te das cuenta que con cada palabra que dices te hace caer más bajo. Solo quiero preguntarte una cosa… ¿me deseas todavía?

Sus ojos se abrieron por lo sorpresivo de mi pregunta, aunque no pudo ocultar el deseo que le oscureció los ojos verdes.

—¡Por el amor de Dios, Isabella! — exclamo, apretando con la mano el borde la silla donde estaba sentado—. ¿Qué pasa para que me hagas una pregunta así?

—Tengo miedo, Edward. Estoy asustada de que usted no sienta nada mas por mi y que en lugar de hacerme el amor, me eche de aquí —al decirlo, note que me flaqueaban las piernas y que la frente de Edward estaba cubierta de sudor.

—Isabella, no sabe lo que dice.

—Si lo sé. Sé exactamente que estoy diciendo. Le estoy pidiendo que me haga el amor.

—No puedo Isabella. No soy el hombre para ti. Tú sabes que nuestro compromiso es falso, no quisiera que te ilusiones con algo que solo te haría daño. No puedo deshonrarte.

No quise escucharlo más y me acerque a donde se encontraba sentado, a escasos metros de su cama.

—Por favor, Edward… no me rechaces de este modo.

Note que titubeaba, que el deseo le estaba ganando terreno a la testarudez de querer hacerme a un lado.

—Te deseo— dijo como un murmullo—. Pero eso no quita el hecho de que no soy hombre para ti.

—Tú lo eres —replique, recalcando lo que salía por mi boca—. Para mí lo eres, o ¿acaso quieres que me case con otro y que le entregue mi virginidad? Quiero saber cómo es estar con el hombre que se desea. Te necesito Edward. Lo deseo y no me importa nada más en este momento.

Lo escuche gemir y solo vi que se levanto de la silla y vino hacia donde me encontraba. Me tomo entre sus brazos y su boca cubrió la mía. Encendiéndose y exigiéndome. Ahondo el beso, permitiéndome a que me acostumbrara a él, y a la vez, creo, tranquilizarme.

—Se que debería rechazarla —me susurro—, pero no puedo hacerlo. Solo soy un hombre, y también te necesito.

Deje escapar un suave gemido y él continuo besando mi cuello y el lóbulo de la oreja. Me llevo hacia la cama y comenzó a quitarse la ropa, arrojándola a un lado, al cabo del cual me acomodo a su lado, todavía vestida por el delgado vestido. El solo ver su cuerpo, hizo que me sintiera afiebrada. Me aparto el pelo de la cara y tomándome el rostro entre sus manos, me beso larga y profundamente, mientras que su lengua exploraba mi boca.

—Edward… —susurre contra sus labios—. Edward…

Note como me deseaba ya que su erección se hizo notar cerca de mis piernas. Sé que se debatía todavía por lo que iba a hacer, que todavía no estaba seguro de estar haciendo lo correcto. Así que lo mire a los ojos y me levante de la cama solamente para desabrocharme los botones de mi vestido. Cuando logre hacerlo me lo saque por la cabeza y lo arroje a un lado, lo cual me dejo completamente desnuda frente a él, ya que debajo del vestido no me había puesto nada más. Mi cuerpo tembló. Pero no intente taparme nuevamente, a parte mi pelo suelto lograba tapar algo mi cuerpo, por lo menos hasta la altura de mis pechos. Pude ver que él me miraba intensamente esa parte, haciendo que mis pezones se hincharan y crecieran poniéndose duros y escociéndome.

—Adorables— me dijo Edward levantándose y tomando uno de mis pechos en su mano—. Te imagine así en mis sueños, pero no podía estar seguro si mi imaginación te hacia justicia.

Cuando inclino la boca hacia mi pecho y tomo el pezón entre sus dientes, solo fui capaz de soltar un gemido, arqueé la espalda y clave los dedos entre su pelo.

—Edward…

Su nombre me salió entre jadeos entrecortados y al segundo, él estaba, de nuevo, besándome. Apoderándose de mi boca con una fiereza que hizo que la sangre me hirviera dentro del cuerpo, le devolví el beso con la misma intensidad.

Se aparto de mi de forma brusca, como obligándose a tener más calma, pero no lo deje. Me acerque a él y deslice mis dedos por el vello casi dorado de su pecho. Tocando sus músculos, queriendo conocer cada rincón de su cuerpo y sentí que su cuerpo tembló. Apoye la boca en su cuello y lo bese en el hombro. Solo notaba que la temperatura de su cuerpo subía con cada caricia que le profesaba.

Me tomo de los brazos y me hizo acostarme de nuevo, se coloco encima mío, haciendo por el camino, que abriera las piernas. Sentí su erección y me estremecí de la pura tensión que sentía en ese momento por lo que estaba por pasar. Él pareció notarlo, ya que me susurro al oído.

—Tranquila, cariño. No voy a hacerte daño. No te preocupes.

Me beso con fuerza y me acaricio los pechos, haciendo que me volviera a relajar.

Le rodeé el cuello con los brazos y me apreté a su cuerpo cuando él empezó a abrir la mata de rizos de mi entrepiernas y deslizo un dedo dentro de mí, haciendo que gimiera y me invadiera una cálida sensación que hizo que me humedeciera ante la impresión de sentirlo.

—Estás lista para recibirme, Isabella —me dijo acariciándome—. Me deseas tanto como yo a ti.

Cuando sospese sus palabras me hizo sentir los nervios a flor de piel.

Algo que me hizo mirarlo de forma nublada, lo cual parece que lo hizo enojarse consigo mismo, como recriminándose por querer hacerme suya.

—Esto está mal Isabella. Ordéname que me detenga. Dilo ya, antes de que sea demasiado tarde.

Yo me limite a negar con la cabeza y lo obligue a acercar su boca a la mía y lo bese, larga y apasionadamente.

—Ya es demasiado tarde— le murmure.

Y lo era, en efecto. Sentí como su miembro entraba en mí. Al instante, sentí que se detenía, seguramente había llegado a la barrera de la virginidad. Vi que por su cara pasaron un sinfín de emociones, pero parece que ninguno le afecto, ya que en ese momento sentí que embestía con fuerza, haciéndome sentir una punzada de dolor que hizo que soltara un grito, al tiempo que él lo acallaba con un apasionado beso.

Me aferre a sus hombros, sintiéndome invadida de una maravillosa manera, de una que era totalmente desconocida por mí. Me sentí marcada. Como si Edward hubiera puesto su nombre en mi cuerpo, haciendo que le perteneciera para siempre.

—Mi amor, ¿estás bien? — me pregunto, mientras se sostenía encima mío, dejando que mi cuerpo se adaptara a su tamaño, además de darme tiempo para aceptar la sensación de tenerlo dentro mío.

Me humedecí los labios al tiempo que le contestaba.

—Si… estoy bien.

Edward inclino su cabeza y me beso, un beso tan tierno y tan profundo que me hizo olvidar hasta como se respiraba. El dolor cedió y lo reemplazo un ardor que inundo todo mi cuerpo. Sentí frio y calor, al mismo tiempo. Cuando Edward comenzó a moverse.

Sentí que mi cuerpo se abría para recibirlo.

Se me escapo un gemido ahogado. Doble la espalda y avance mi cuerpo hacia él, consumida por las violentas embestidas que me provocaban escalofríos en toda la piel. Por puro instinto abrí más las piernas, obligándolo a hundirse aún más en mi cuerpo, ya que estaba desesperada por tenerlo aún más cerca.

Edward soltó un ronco quejido al tiempo que aceleraba el ritmo, penetrándome y saliendo de mi con mayor rapidez, reclamando lo que ya era suyo.

Me mordí el labio al sentir el fuego rugiendo en mi interior, ese vibrante calor que nublaba mis sentidos y no me permitía pensar en otra cosa que no fuera en el cuerpo que estaba encima de mí. Le clave los dedos en los hombros y él hecho la cabeza hacia atrás, haciendo que su pelo cobrizo rosara mis manos. Vi como se tensaban sus músculos y que apretaba los dientes como tratando de controlar la situación.

Algo estaba ocurriendo en mi vientre. Solté un grito al sentir explotar en mi interior una oleada de calor que se extendió por todo mi cuerpo al tiempo que sentía como volaba hacia el cielo. Me empezó una sensación de dulzura y placer tan intenso, que todo mi cuerpo se sacudió fuera de control y me hizo gemir su nombre.

Edward empujo con más fuerza. Veía que la tensión que sentía hacia casi explotar sus músculos dentro de la piel. Embistió dos veces más y soltó un gemido y su cuerpo se sacudió al igual que como lo había hecho el mío, y sentí como su simiente caliente entraba en mi. Durante un rato permaneció inmóvil encima de mí. Después me beso en el cuello, para luego darme un dulce beso en los labios.

Lentamente se aparto y me mantuvo abrazada sin hablar. Solo sentía dos corazones tratando de recuperar su ritmo normal.

—Isabella —me llamo, dándome un beso en el hombro—, es tiempo que te vayas a tu habitación. No quiero entre un sirviente y nos vea desnudos en la cama. Solo lo hago por tu reputación ya que no están mis padres en la casa y, solo espero que te haya gustado tu primera clase —murmuro, guiñándome un ojo—. Además, que no puedo negar que deseaba que ocurriera esto, hace mucho tiempo.

Le sonreí.

—Está bien. Me voy a mi habitación. Nos vemos mañana —le replique al tiempo que me levantaba y me ponía el vestido y mis zapatos. Me acercaba a él para besarlo, pero me costó un poco separarme, ya que sus brazos no querían soltarme.

Me encamine hacia la puerta y la abrí. Le lance un beso desde el marco de ésta y salí, cerrando la puerta tras de mí.

Mi cuerpo estaba extasiado, me sentía cansada pero estaba feliz. Por fin había logrado estar con Edward y conocer como era hacer el amor con un hombre.

Al llegar a mi habitación, me saque el vestido y me puse un camisón y una cofia sobre mi desordenado cabello y me acosté. Con lo cansada que estaba, me dormí inmediatamente, sin notar que era la hora del crepúsculo. Casi era de noche.

Desperté sobresaltada al escuchar aullidos provenientes del bosque. Del mismo bosque que estaba cerca de la Mansión, y del mismo bosque donde iba Edward cada noche. Me preocupe por él y salí corriendo de mi cama y de la Mansión, con el camisón y la cofia, que peligraba con caerse. Tenía más curiosidad que miedo. Corrí, y no me detuve hasta que vi una sombra de algo con la altura de un hombre entre los árboles, los cuales estaban adornados con la luz plateada de la luna.

El miedo se apodero de mí y regrese corriendo hacia la Mansión, me fui tropezando con todo en mi camino a mi habitación. Abrí la puerta y la cerré, bloqueándola con una cómoda y me tire en la cama, tapándome la cabeza con una de las almohadas ya que un segundo aullido hacia que quisiera incluso ponerme a llorar del miedo.

¿Qué era eso que estaba en el bosque en ese momento? ¿Y dónde estaba Edward que no había venido a tranquilizarme al escuchar esos ruidos?

Algo no estaba bien.

Y estaba más que decidida a averiguar la verdad de todo esto.


Gracias a los que ya siguen esta historia….y gracias por sus reviews.

Espero que el capi les guste, me costó escribir la parte hot, pero creo que me quedo bastante decente. Además es de época, más bien del siglo XVI, así que no puedo hacer que hagan las cosas en cualquier parte, y a cualquier hora…

También las invito a mi grupo de facebook… el link está en mi perfil, donde subo y subiré novedades de este fic y los otros que ya he publicado, y los nuevos que aun están en mi mentecilla.

Ojala les guste los cambios que hice... espero sus mensajes ;)

Cariñosss

Gala ;)