Los personajes son de Stephanie Meyer. Yo solo ocupo sus nombres para dar vida a esta loca historia de amor del siglo XVI.


Capítulo beteado por Vhica, Betas FFAD.
www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo VI: Descubriendo el secreto de los Cullen (parte 1)

POV Edward.

Isabella iba a volverme loco. Si es que ya no lo estaba, y vivía en un mundo de locos.

Lo que pasó anoche fue lo mejor. Aunque quise que no pasara, luché para que nada ocurriera entre nosotros, ya que no que quería que ella cargara con un bebé, que al final iba a tener que sufrir lo mismo que yo, que al final, iba a maldecir la vida al igual como su padre lo hizo. Pero al verla llegar con ese vestido blanco, solo hizo que todo mi mundo se volviera de cabeza, aunque ya lo estaba un poco y que me diera cuenta lo valiente y atrevida que era. ¿Qué pasaría si le contara toda la verdad? ¿Se alejaría o se quedaría a mi lado? Ese era mi mayor miedo.

A la mañana siguiente no la encontré en la mansión, así que llame a Irina, el ama de llaves, para preguntarle donde estaba mi ángel. Solo me dijo que ya había desayunado y que le había pedido a su doncella que hablara con el cochero porque quería salir a dar un paseo, ya que no había podido dormir bien y tal vez eso podía devolverle la tranquilidad.

Esto me asustó, ya que la noche anterior estuvo más que cerca de descubrir mi secreto. Y si vio más de lo que debía. Y si a esta hora se está maldiciendo por haber estado con un hombre como yo.

Deseché la idea. Si Isabella vio algo de lo que era de noche, se hubiera ido de la mansión, no a dar una vuelta por el parque.

De pronto se me vino a la cabeza, el hecho de que en el parque iban muchas de las mujeres que habían sido mis amantes. Y si una de ellas le decía algo a mi ángel. Mejor era ir a buscarla. Así que llamé a gritos al ama de llaves, para que avisara a los encargados de las caballerizas que tuvieran listo mi caballo.

Salí, sobre el lomo de mi caballo negro Hasufel, con rumbo al parque.

.

.

.

POV Isabella

Me había bajado un rato del carruaje para ver como era el ambiente en el parque. En el cual se veían a muchas familias y a jóvenes parejas, aunque custodiadas por las gobernatas que estaban siempre detrás.

Me alejé un poco del carruaje que tenía el blasón de los Cullen en la puerta, y me senté en una banca que quedaba bajo de un roble.

Al rato llego Ángela con mi chal en sus manos.

—Tome mi lady, está soplando un viento helado. Avíseme cuando quiera irse, yo estaré en el carruaje.

—Está bien Ángela. Yo te avisaré cuando tenga ganas de volver, ya que de seguro lord Edward se preocupará si no vuelvo temprano.

Me puse a recordar la noche anterior, la primera noche que estuve con Edward. La noche que le entregué mi virginidad al hombre que me atraía mas allá de lo racional, aunque no estaba segura si era reciproco, pero sus besos y su pasión me revelaban que yo no le era indiferente.

En eso apareció una sombra frente a mí, que interrumpió mis pensamientos.

Sin siquiera presentarse, aunque noté de inmediato que era una de esas muchas mujeres que eran solo para la diversión de los hombres, ya sea por su forma de vestir muy recargado, o porque se puso las manos en la cintura y comenzó su rezo:

—Aléjate de él. Edward Cullen es muy distinto a como tú lo ves.

— ¿A qué se refiere? — le pregunté bastante enojada.

—Yo lo conocí bastante bien. Hazme caso — me contestó muy ufana.

—No me voy a alejar porque usted lo dice, debo saber el porqué.

—Hazme caso jovencita. Él puede ser muy atractivo en apariencia y excelente como amante, pero su otra naturaleza no lo es. Solo aléjate antes de que salgas lastimada.

Diciendo esto, se alejó con paso apresurado hacia su carruaje, dejándome en el banco del parque, con la cabeza llena de preguntas sin respuestas.

No sabía qué hacer o cómo reaccionar, pero no podía negar que sus palabras calaron bien en el fondo de mi corazón.

Todavía estaba sentada cuando vi a Edward llegar a lomos de su caballo negro, y detenerse a la entrada del parque. Desde el mismo caballo, sobre la silla, se puso a mirar a todos lados con cara de preocupado, pero cuando me vio, noté que incluso una sonrisa iluminaba su rostro.

Se bajó del caballo y vino directo hacia donde estaba sentada, con las riendas del caballo en una de sus manos. Llego a mi lado y se sentó, un largo silencio se hizo entre ambos.

No abrí la boca por miedo a que lo que saliera por ella no fuera algo positivo, si no palabras acusadoras e interrogativas. Así estuve mirando mis manos y alisando mi vestido, hasta que él habló.

—¿Por qué salió de la casa de esa forma? —me dijo tratando de mirarme los ojos, los cuales mantuve fijos en el suelo.

—Necesitaba pensar un poco —le contesté mirándolo de lado—, perdone si lo preocupe, pero ya estaba por volver.

—¿Hay algo que quiera decirme? —me preguntó, al tiempo que me extendía su mano para ayudarme a levantar.

—Nada que pueda decirle en un parque mi lord — le respondí tomando su mano y caminando a su lado hacia el carruaje, donde él amarró las riendas de su caballo a un costado y subió conmigo.

Cuando íbamos saliendo del parque, con Ángela sentada entre los dos, pude ver por la ventanilla que la misma mujer que me había hablando antes, miraba el emblema del carruaje con una mezcla de miedo y preocupación. Lo cual me hizo volver a pensar en la afirmación que rondaba en mi cabeza… ¡Que los Cullen tenían un secreto! y yo estaba más de decidida a averiguarlo.

Llegamos a la mansión y Edward me ayudó a bajar del carruaje tomando mi mano, para luego pasarla por debajo de su brazo para que pudiéramos subir las escaleras.

Apenas entramos, me zafé de su brazo y me fui corriendo hacia mi habitación. Dejando a un Edward con una cara interrogativa en el vestíbulo mirando mi huida.

Llegué llorando a mi habitación, donde me esperaba Ángela.

—Mi lady no llore así. ¿Qué ocurrió con esa meretriz que le habló hoy en el parque?

—Sé que puedo confiar en ti, sabes que eres más una amiga para mí, que solo mi doncella.

—Claro, mi lady Isabella.

—Me dijo algo que me dejó pensando. Y también con algo de miedo —le dije abrazándola.

—¿Algo que tiene que ver con Lord Edward? —me preguntó, al tiempo que me ayudaba a sentarme en mi cama.

—Sí y no sé cómo reaccionar.

—Dígame, y trataré de ayudarla.

—Me dijo que no confiara en él, que no era no lo que aparentaba. Que me alejara, que solo iba a salir lastimada… que tenía otra naturaleza.

—Y… ¿usted quiere alejarse de su lado? —me preguntó encendiendo las velas de un candelabro que estaba sobre mi tocador.

—No Ángela. Él es alguien muy especial en mi vida —le respondí yendo hacia la ventana—, no puedo simplemente alejarme de su lado por algo que me dijo una de sus tantas amantes, porque eso era la chica que me habló en el parque, una de las tantas meretrices que hay por esta ciudad.

—Me pareció que eso era. Y no me sorprende lo que me dijo, ya lo suponía. Y mucho más después de lo que pasó anoche.

—¡Ángela! —le dije, sorprendida.

—Mi lady, se desapareció durante muchas horas ayer en la noche, además salió vestida de aquí con un vestido que dejaba poco a la imaginación. No hay que ser una adivina para saber donde fue.

—A ti no se te escapa nada —le dije riendo.

—No, pero aun usted no me responde.

—Seguiré aquí. Necesito averiguar que sucede con Lord Cullen, porque sé que algo no va bien con él. Y no solo porque esa chica me advirtió, si no porque me parecen extrañas sus desapariciones por las noches, siempre a las misma hora, además de los aullidos en el bosque de al lado.

—Y… ¿no tiene miedo a lo que pueda descubrir? —me dijo ayudándome a quitarme la ropa para ponerme mi ropa de dormir.

—Soy valiente Ángela, mi padre siempre me decía que en mi interior vivía la grandeza y la fuerza de mi madre… ella, la que se enfrentó a su familia para casarse con mi padre, la que abandonó toda riqueza y título por casarse con un arqueólogo. La que no le importó ser la comidilla de Forks por casarse con alguien que no era de su misma posición social, incluso el dar la vida por su única hija.

—Lo quiere mucho lady Isabella. Solo ruego porque sea correspondida y que no sufra mas. No después de todo lo que sufrió en manos de su primo y de su esposa.

—Deséame suerte Ángela, la voy a necesitar.

—Tiene todo mi apoyo, y cuídese mucho.

Salió cerrando la puerta tras de sí. Me acosté y me puse a pensar. Al rato me quedé dormida.

.

.

.

POV Edward.

No entendía que le sucedía a Isabella. Salió corriendo apenas entramos en la mansión, y no la vi mas, incluso no me acompañó a cenar. Le pregunté a su doncella, la cual solo me dijo que no se sentía bien y que optó por quedarse en su habitación. Sabía que algo no iba bien. Algo había sucedido en el parque para que mi ángel actuara de esa manera. Quería saber de sus propios labios que ocurría. Así que me fui a su habitación, abrí la puerta, pero estaba durmiendo…

…pero el solo verla así. Con su cabeza sobre la almohada, con el cabello desparramado por ella, con los labios entreabiertos. Todo signo de querer despertarla y hablar con ella se fueron bastante lejos de mi lado racional. Me acerqué lentamente a su cama. Mi hermosa prometida estaba de costado sobre una mitad de la cama, enfrentando la otra mitad. Uno de sus brazos, desnudos, se extendía sobre la parte vacía del lecho, invitante. Solamente era un hombre, de piedra nunca he sido y claramente, Isabella estaba haciendo que me replanteara todo mi sistema moral. Aunque claramente lo había dejado de lado la noche pasada, pero estaba durmiendo. Nunca me había planteado el hecho de seducir a alguien que ni siquiera estaba consciente.

De repente se removió inquieta y murmuro mi nombre.

—Edward…

Mi corazón saltó en mi pecho. Me acerqué a ella para luego sentarme a su lado en la cama. Con una mano acaricié su pelo, luego su cara y por último su cuello. Su cuerpo me llamaba y sus labios me invitaban a besarlos. Se removió inquieta en la cama, haciendo que las frazadas se deslizaran por su cuerpo, dejando a la vista un camisón de una fina y suave tela color blanco. El cual con los movimientos de Isabella revelaba un poco de sus níveos muslos, lo cual hizo que me recorriera por el cuerpo un estremecimiento de excitación.

No pude luchar contra lo que mi cuerpo estaba sintiendo, era casi como luchar contra la sed o el hambre. Así que me resigné a lo que Isabella me hacía sentir. Me incliné nuevamente hacia ella y besé sus labios, rogando que despertara y me pidiera que la tomara entre mis brazos y le hiciera el amor.

Abrió los ojos bruscamente. Me aparté de su lado, ya que no quería asustarla. Me miró solamente por un rato y luego estiró su mano hacia mi cara, acarició mi pelo, para luego envolver un poco entre sus dedos y tirar de mí cara hasta la suya, haciendo que nuestros labios se encontraran y nuestra unión se volviera en el mejor beso que hemos compartido.

—Edward, ¿Qué haces aquí?

—Te necesito.

Volvimos a besarnos. Esta vez con más pasión de parte de ambos. Lentamente comenzamos a quitarnos la ropa. Lo de ella fue más fácil, ya que solo tenía puesta la enagua; yo en cambio tuve que levantarme de la cama y sacarme cinco prendas de un forma bastante precipitada, incluso sin fijarme donde caía cada una.

Me acerqué a ella, la agarré de las caderas y la levanté sobre mi cuerpo. Isabella envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y mi boca se apodero de la suya antes de que pudiera decir algo. Me devolvió el beso y envolvió sus piernas alrededor de mis caderas. Me tumbe en la cama con ella encima de mí. Rompí el beso y la miré a los ojos.

—Me voy a levantar. Te quiero sobre las manos y las rodillas.

Ella solo asistió y me soltó. Me levanté y quedé a su lado. Mi ángel se volvió y quedó sobre su estomago, encima de la cama; para luego levantar lentamente su cuerpo frente a mí, quedando sobre sus manos y rodillas. Me acerqué a ella y lentamente le retiré el pelo de uno de sus hombros, para luego besarlo mientras mi otra mano viaja más abajo, hasta quedar sobre su montículo. Mis dedos rápidamente encontraron su clítoris hinchado y húmedo y sin esperar más, empecé a acariciarla, haciendo que uno de mis dedos entrara y saliera de su exquisita vagina.

Isabella empezó a gemir, haciendo que mi pene se pusiera cada vez más duro y más molesto.

—Te deseo demasiado —le susurre en el oído—. No estoy para juegos previos. Solo quiero sentirte alrededor de mi pene.

Mi ángel solo asistió con la cabeza. Aparte la mano de su sexo, para luego tomar mi pene y dirigirlo hacia la entrada de su vagina. La penetré de una sola estocada haciendo que mi cadera se estrellara con su trasero. Isabella gimió mas fuerte mientras la montaba desde atrás. Su habitación se llenó de gemidos y jadeos de parte de ambos. Cambié de posición inclinándome un poco hacia un lado y noté que Isabella jadeó de forma entrecortada, al tiempo que su cuerpo se tensaba alrededor de mí y gritaba mi nombre al llegar al clímax. Agarré sus caderas y la seguí penetrando rápida y fuertemente. Grité su nombre a los pocos segundos, al tiempo que llenaba su vagina con mi simiente.

Me derrumbe a su lado y la atraje hacia mis brazos. Ambos necesitábamos recuperarnos después de semejante clase. Nunca había tomado a una mujer de esa forma, con las cortesanas siempre era de la misma forma, nunca me puse muy creativo con ellas. Pero Isabella me hacía replantearme todo y hacer que todo lo convencional no fuera suficiente. La necesitaba en mi vida. Solo debía convencerla de no irse de mi lado, mucho menos cuando descubriera todo sobre mi familia y sobre mí.

—Te vas a quedar esta noche, ¿verdad? —me preguntó, abrazándome.

—No puedo Isabella —le dije besando su nariz—. Muy pronto sabrás la razón, pero por el momento no puedo decirte nada. Solo confía en mí.

—Está bien. Confió en ti… buenas noches Edward.

—Buenas noches mi ángel —le respondí besando sus labios, para luego levantarme y empezar a buscar mi ropa regada por el piso. Me vestí rápidamente y me dirigí hacia la puerta. Miré sobre mi hombro hacia la cama donde una desnuda Isabella estaba boca abajo durmiendo. Abrí la puerta, salí y la cerré a mis espaldas. Me dolía no poder decirle todo. Me dolía dejarla. Pero primero debía estar completamente seguro de sus sentimientos hacia mí. Ya la quería demasiado y rezaba para que cuando supiera todo no saliera corriendo de mi vida. Caminé hasta la salida de la mansión. Abrí la puerta y miré hacia el cielo, donde una hermosa luna se paseaba entre las nubes, dándole al antejardín un aspecto grisáceo y plateado. Bajé corriendo los escalones y me interné en el bosque…

.

.

.

Pov Isabella.

Me desperté bastante tranquila. Con una paz interna que no sentía desde que mis padres estaban vivos. Y solo había un causante para esto. Mi Lord Edward. El hombre que cambio mi vida. Cada vez que estaba con él, sentía que mi corazón se ponía en funcionamiento de una manera bastante parecida a una locomotora fuera de control. No sé si ya lo amo, nunca lo he estado, pero él me hace sentir muchas cosas, y entre ellas está el cariño. Anoche fue la mejor de mi existencia. Nunca se me había pasado por la mente que ese tipo de proezas se pudieran realizar. Me levanté muy animada. Llamé a mi doncella para que me ayudara a vestirme, ya que quería ir al pueblo para ver si podía comprar unos nuevos vestidos.

—Buenos días mi lady, ¿Cómo durmió?

—Bastante bien Ángela. Dormí como nunca.

—Que bueno, ¿no escuchó los aullidos anoche?

—No, me dormí profundamente —le respondí, sonriente—. ¿Viste a lord Edward?

—Se levantó temprano y salió hacia las caballerizas. Parece que unas de las yeguas está en trabajo de parto. ¿Cuál vestido quiere el día de hoy?

—Mmm… ese violeta con toques blancos en el cuello y en las mangas.

Ángela fue hacia mi ropero y sacó el vestido señalado. Me ayudó a vestirme, algo que normalmente realizaba sola, así que rápidamente estaba lista y bajé hacia el comedor para tomar algo ligero antes de decirle a Ángela mis planes para hoy.

Ya sentada en la mesa, me dirigí hacia Ángela, que estaba de pie a mi lado.

—Ángela, necesito nuevos vestidos, ¿podrías acompañarte al pueblo a comprar algunos?

—Claro mi lady. Le aviso a Lord Edward y nos vamos.

—Está bien. Ve avisarle, mientras termino mi infusión.

Vi como mi doncella se fue caminando hacia la cocina, donde estaba la salida hacia las caballerizas. Lentamente terminé mi te de Jazmín, y me levanté. Caminé hacia uno de los ventanales y esperé a que mi doncella apareciera.

—Mi lady, Lord Edward está de acuerdo; el carruaje nos esperara en la entrada —me dijo apenas llegó a mi lado—. Solo me dijo que llevemos a Seth con nosotras. Dice que es a quien le tiene más confianza y que nos protegerá si algo ocurre.

—Está bien, ¿puedes ir a mi habitación por mi capa, mi sombrilla y mis guantes?

—En este instante voy. Espere unos minutos.

No tuve que esperar demasiado. Mi doncella llegó corriendo a mi lado, con mis cosas bajo su brazo. Me puse mi capa sobre mis hombros y anudé las cintas bajo mi mentón, me puse mis guantes y abrí la puerta. Un hermoso sol alumbraba los árboles y las flores de la entrada. Así que abrí mi sombrilla y me dirigí hacia el carruaje, donde Seth me esperaba para ayudarme a subir.

—Buenos días, mi lady. Yo las acompañare, por orden de Lord Cullen.

—Buenos días Seth —le respondí dándole mi mano para que me ayudara a subir las escalerillas y entrar al carruaje.

Ángela subió tras de mí, y Seth cerró la portezuela. Para luego subir al lado del cochero y dar la orden de marcha. No miré mucho del paisaje. Mis pensamientos sobre lo ocurrido la noche anterior ocupaban mis pensamientos. La clase número dos había superado mis expectativas.

Rápidamente llegamos a la tienda de vestidos. Una hermosa tienda de color crema que estaba al lado de la tienda de calzado y sombreros. Su dueña, la señora Weber, era amiga de mi madre, quizás una de las pocas que la apoyo después que su familia renegara de ella y de su matrimonio.

Seth abrió la puerta y me ayudó a bajar, mientras Ángela bajaba después de mí.

—Seth espéranos en la entrada. Compraré los vestidos y después nos iremos.

—Muy bien, mi lady.

Quedó parado fuera de la tienda, mientras mi doncella y yo entrabamos al local.

—¡Isabella! —Me llamó la señora Weber, llegando mi lado, y abrazándome—. No te había visto desde el funeral de tu padre. Que hermosa estás, cada día más parecida a tu madre.

—Gracias Señora Weber, ¿Cómo ha estado?

—Muy bien, la tienda va de maravilla. Aunque me han llegado rumores de ti y de cierto caballero, ¿es cierto que vas a casarte con el duque de Masen?

¡Madre de Dios!, perdón por esto, pero siento en mi corazón que muy pronto será verdad.

—Efectivamente, señora Weber. Aunque llevamos solo unas semanas comprometidos.

—Me alegro mucho por ti, mi niña. Sé que ahora debo decirte Lady, pero te vi nacer y crecer, me es difícil tratarte de una manera tan fría.

—Tranquila, se que usted es como parte de mi familia. Nunca le pediría que me llamara así, para usted siempre seré Isabella.

—Gracias, mi niña.

Ángela carraspeó, como recordándome a que había venido.

—Señora Weber, antes que lo olvide. Necesito tres vestidos nuevos, ¿podría mostrarme algunas telas?

—Pasen por aquí. Acaban de llegar nuevas telas, así las eliges y en una semana tendrás tus vestidos nuevos.

—La sigo, indíqueme dónde.

La seguí hasta una pieza que estaba al lado del recibidor. Quedé maravillada con las hermosas telas. Las miré detenidamente, para luego elegir una de tonalidad azul, otra de una tonalidad más oscura del violeta con diseños de hojas, y por último, una que tenía en degrade el color rosa.

—Elijo estas tres tonalidades, ¿Cuánto saldrá la confección de los vestidos?

Ángela intervino por segunda vez.

—Mi lady, Lord Edward dijo que le enviaran la factura de los vestidos a la mansión, él pagara por ellos, como regalo por su compromiso.

—Está bien Ángela, gracias por decirlo.

—Eres afortunada de tener un prometido tan atento, mi niña —me susurró la señora Weber, mientras dos de sus ayudantes separaban las telas que había elegido y la llevaban a la parte trasera de la tienda.

—Ahora dime, ¿Cuál modelo quieres en los vestidos?

—El Violeta y el rosa como el que llevo puesto, se que está de moda en este momento, con toques blancos y plateados. Y el azul lo quiero con un poco mas de escote, pero con una cinta gruesa dorada que los disimule, también que la lleve en las mangas, donde quiero que lleven un encaje blanco por debajo, y el dobladillo del vestido.

La señora Weber solo me sonrió, y escribió mis instrucciones en un cuadernillo.

—Todo anotado, en una semana tendrás tus vestidos en la mansión Cullen.

—Gracias.

Dejó el cuadernillo sobre la mesada y saliendo de detrás de esta, quedando frente a mí.

—Sabes que quise mucho a tu madre, que fue como una hermana para mí. Por eso deseo que seas inmensamente feliz con Lord Edward. Te mereces un buen hombre a tu lado. No sabes cómo me alegro que ya no estés en la misma casa que tu primo Jacob, nunca me gustó como te miraba.

Pobre señora Weber, nunca sabrá que cosas tuve que pasar antes que llegara Edward a mi vida.

—Cuídese señora Weber. Gracias por sus palabras.

—Adiós Isabella.

Me abrazo por última vez y salimos de la tienda.

Cuando iba a llegar al carruaje, vi que pasaban unos hombres a caballo con rifles y perros por la calle con rumbo a los bosques.

Entonces vi que sobre la pared de la oficina del oficial de policía había un cartel, donde con grandes letras negras decía:

SE BUSCA.

ANIMAL DE GRAN EMBERGADURA. COLOR NEGRO. PARECIDO A UN PERRO.

SE LE HA VISTO EN LOS BOSQUES QUE RODEAN EL PUEBLO.

SE OFRECE UNA GRAN RECOMPENSA POR SU CAPTURA, VIVO O MUERTO.

RESPONSABLE DE CINCO MUERTES.

No sé porque sentí un dolor en la boca del estomago mientras apartaba la mirada y me subía al carruaje. Ángela me miraba preocupada, pero no me importaba que pasara por su mente. Ver eso fue casi como si hubiera leído que se buscaba a un miembro de mi familia por asesinato.


Ojala les haya gustado. Por el momento Bella no tiene idea que pasa con Edward, solo tiene teorías de que algo pasa.

Perdonen la demora en subir este nuevo capítulo, pero estos últimos años han sido caóticos. El año pasado con la práctica profesional y este año con la tesis. Siii, me falta solo esto y termino mi carrera... pero salio larguito para compensar el hecho de mi demora :)

Prometo no demorarme mucho en subir el que viene, ya tengo las ideas, solo me falta plasmarlas en el papel.

Sé que muchas quizás este enojadas conmigo por dejar la historia tanto tiempo en espera, pero tuve mis razones, no fue porque quise…

También las invito a mi grupo de facebook… el link está en mi perfil, donde subo y subiré novedades de este fic y los otros que ya he publicado, y los nuevos que aun están en mi mentecilla.

Ojala les guste los cambios que hice... espero sus mensajes ;)

Cariñosss

Gala ;)