Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen.
Advertencia: Transformación de sexo. Polonia (?)
Aclaraciones: Rusia y Lituania llevan una relación formalizada desde hacía un tiempo(sólo sus hermanos y hermanas y Polonia están al tanto), el nombre para Ucrania será Katyusha y se referirá a Iván de distintas formas (Iván, Vanya, etc.), entre Estonia y Letonia NO hay una relación de pareja. (a menos de que surja algo ;3)
Lamento la demora, es que lo escribí y luego no me gustó y lo cambie y al final lo termine escribiendo como cinco veces! Pero aquí esta el segundo cap. Además que estaba postulando y matriculándome en la universidad c:
Realmente lamento la demora t.t
El paisaje se tiñe de blanco
-Kol.-fue lo único que Rusia pudo articular al final de su respuesta. No se le había pasado por la cabeza algo así, como mucho había llegado a imaginar lo que le haría a su futuro yerno, si resultaba que tenían una niña, o lo feliz que estaría de recibir a su nuera en casa, si es que nacía un varón.
-Me siento viejo de sólo pensarlo.-rió Lituania colocando una mano nerviosa tras su cabeza. Rusia lo miró un tanto sorprendido y luego no puedo evitar sonreír en respuesta a lo dicho por Toris.
-Es verdad.-dijo al final mientras abrazaba al lituano.
Escucharon que alguien llamaba a la puerta, se separaron perezosamente, y cuando Toris iba a levantarse para abrir la dichosa puerta, Iván se lo impidió diciendo.- "Adelante."-y poniéndose de pie para parecer más autoritario de lo que ya parecía para los demás. Fue entonces cuando entró el pequeño letón tímidamente.
-E-el almuerzo estará servido en cinco minutos.-anunció mirando nervioso a los dos mayores.-L-la señorita Katyusha se encuentra aquí, p-permiso.-se retiró rápidamente dejando la puerta abierta, entonces vieron asomarse a la ucraniana.
-Espero no estar interrumpiendo algo.-dijo mientras entraba cerrando la puerta tras de sí y conteniendo esas lagrimas que nunca dejaban de opacar sus ojos azules.
-Buenos días Katyusha. /-Buenos días señorita.-dijeron al mismo tiempo.
-No ha interrumpido nada, acabábamos de finalizar nuestra conversación.-explicó el lituano.
-Menos mal.-suspiró la mayor quitando una lágrima escurridiza.-Me he enterado de lo ocurrido esta mañana y he querido ver cómo te encuentras Lituania.-se explicó con su característico tono maternal.
-Gracias por la preocupación.- respondió Lituania para luego mirar a Iván y ponerse de acuerdo en algo, antes de volver a dirigir la palabra a la rubia.-No es nada grave, así que no se preocupe.
-Es un alivio escuchar eso.-admitió la ucraniana juntando sus manos en modo de rezo.
-Katyusha, luego nos gustaría hablar de algo contigo y Raivis, si no es mucha molestia.
-Claro que no es una molestia Iván.-respondió la mujer emocionada.-Será mejor que no hagamos esperar a los demás, permiso.-dice retirándose de la habitación dejándolos a solas nuevamente.
Lituania contemplo al rubio durante un rato, sabía que debían decirle a los demás, pero le preocupaba el cómo lo tomarían, y si era correcto decírselos tan pronto, el prefería esperar, pero la cosa era distinta si Iván había decidido decirlo, porque nadie sería capas de detener su lado impulsivo.
-¿Iván, es seguro decirles sobre esto tan pronto?-preguntó haciendo que le más alto se acercara a él. Le ayudó a ponerse de pie y caminaron hasta la puerta.
-Es mejor decírselos cuanto antes, si no lo hacemos se preocuparan en vano.-explicaba Iván mientras cerraba la puerta tras de ellos.-Además, de sólo imaginar la cara que pondrán letonia y Polonia me hacen reír.
-¡¿Eh?-se alarmó Lituania. Pobres Raivis y Felixs, pero que se le iba a hacer, Iván es así de retorcido a veces. Suspiró mientras continuaban caminando por el pasillo.-Si tan sólo no fuera así.
-La sopa ha quedado muy buena.-apremió Edward haciendo sonrojar a Ucrania, ella se había ofrecido a ayudar al letón con el pequeño desastre que tenía en la sopa, cuando aun no llegaban los demás. Letonia hacía rato que competía con el color rojo de su traje.
-Es verdad, y la carne también ha quedado bien.-dijo Iván mientras se serbia su quinto vaso de vodka. Letonia vio como Ucrania le sonreía apoyando el cumplido dado por Iván.
Mientras todos comían y hablaban haciendo cumplidos y bromas, Lituania se dedicaba a mirar el plato, casi intacto, frente a él, apenas y había probado bocado. No era que no le gustara aquello, de hecho lo encontró delicioso cuando comió los primeros bocados, pero luego aquel placer se vio transformado en el más rotundo desagrado, a duras penas podía soportar el aroma que emanaba la comida y sentía que estaba a punto de salir corriendo al baño, pero su cara permanecía inmutable con una sonrisa que hacía pensar que todo estaba bien y que sólo aguardaba a que descendiera la temperatura de la comida. Estaba pasando completamente desapercibido, pero la atenta mirada del ruso se detuvo sobre él durante el suficiente rato como para notar que algo estaba mal.
-¿Qué ocurre Lituania? ¿No tienes hambre?
-No es nada.-sonrió nervioso el aludido.
-¿Seguro? Luces un poco verde.-observó la ucraniana.
-De verdad que no es na...-hasta ahí quedó su intento de ocultarlo, sus manos automáticamente cubrieron su boca antes de que fuera demasiado tarde, haciendo que todos se alarmaran.
Decidieron dejar el almuerzo hasta ahí. Ahora todos tenían frente a ellos una taza de té, café o agua de hierbas, como era el caso de Toris.
-Siento mucho lo de hace un momento.-decía Toris con un aura depresiva envolviéndolo.
-No hay problemas, debió ser porque estás enfermo.-dijo el letón quitándole importancia al tema.
-Bueno, la verdad es que no estoy enfermo.-dijo el lituano dando un sorbo a su taza y dejando perplejos a Ucrania y a Letonia.
-¿Van a decirles ahora?-se alarmó el estonio parándose bruscamente del sillón.
-Es mejor así.-dijeron Iván y Toris al mismo tiempo.
-P-p-pero...-logró articular el estonio antes de sentarse silenciosamente por la mirada asesina que le dirigía Rusia.
-Escuchen con atención lo que les vamos a decir.-Rusia dejo su tasa sobre la mesa.- ¿Da?-los dos aludidos asintieron dejando las tasas sobre la mesa también, precaución que Lituania les había pedido tomar vía señas.
-Como están enterados por lo ocurrido hoy he acabado en el hospital.-introdujo el lituano.
-Sí.-asintieron los oyentes.
-En aquel lugar le hicieron muchos exámenes porque no podían determinar que tenía.-agregó el ruso.
-Y luego de un chequeo exhaustivo, e increíblemente rápido, el resultado es que...-no era capaz de decirlo, apretó la mano de Iván bajo la mesa, este le devolvió un pequeño apretón.
-¿Qué?-fue entonces cuando Iván se decidió a terminar lo que Toris trató de explicar fallidamente.
-Lituania se está transformando en mujer.-aclaró sonriendo como de costumbre. Los dos oyentes quedaron de piedra.
¿Eso era posible? Hasta donde ellos sabían no. Con todo lo que había pasado ya tenían claro que era algo doloroso, y lo reafirmaban por la condición en la que se encontraba el castaño. Quedaba más que claro que ellos esperaban no correr con la misma suerte, pero ahora era otra cosa la que inundaba sus mentes, ¿por qué Lituania se estaba volviendo una mujer? Ellos eran la representación de una nación, ¿sería que su nación se estaba volviendo feminista extrema? No, eso no era posible, debía haber algo lógico que explicara este acontecimiento completamente ilógico y disparatado.
-Pero, eso no es todo.-agregó Toris haciendo que ambos volvieran a prestarle atención, no lo interrumpirían, quizás ahora les darían la gran explicación de todo lo que le había ocurrido, pero la respuesta no resulto del todo una explicación.-Estoy en cita.-si antes estaban de piedra, ahora debían estar cubiertos por una lamina de metal reforzado.
-Quizás debieron decírselos después.-comentó Edward al notar la falta de movilidad y signos de estar con los pies en a tierra en la mayor y el menor.-No parecen estar tomándolo bien.
-Kol, kol, kol, kol, kol.-Iván estaba decepcionado, esperaba ver terror en la cara de Raivis, pero este parecía haberse esfumado a algún rincón perdido del universo, ya que su rostro no mostraba ninguna expresión. Y al mismo tiempo se estaba preocupando por su hermana, no fuera a ser que estuviera así porque le viniera un infarto, Dios quiera que no. Sin embargo, dos segundos después su enfado desapareció al ver la reacción del menor.
Raivis se paró con una cara de espanto que superaba la de cualquier persona que los presentes conocieran, retrocedió hasta chocar con la pared que daba al pasillo y se quedó ahí, sin moverse, su mandíbula parecía desencajarse con cada inspiración que daba y no era capaz de emitir palabra alguna.
-Te ves tan gracioso Raivis.-dijo el ruso sonriendo aun más.
Ahora era Katyusha quien reaccionaba, llevó sus manos a su boca, la cual estaba entre abierta por la impresión, se paró de golpe y abrazo a Lituania, dejando correr sus lágrimas mientras lo felicitaba desde lo más profundo de su maternal corazón. Luego hizo lo mismo con su hermano, puesto que era una de las pocas personas que sabía que eran una pareja oficial desde hacía un par de meses. Todo eso sin notar que el chico que hace un momento estaba a su lado estaba a punto de un colapso nervioso.
-¿R-Raivis?-preguntó Edward viendo que el menor seguía pegado contra la pared. Luego vieron como se deslizó por la pared hasta la puerta y salió corriendo.- ¿Dónde vas?
-¡A revisar mis libros de biología!-exclamó el menor desde las escaleras. No iba a procesar todo eso durante un largo tiempo.
-Lo siento Raivis.-pensó Lituania, aunque en realidad estaba un poco dolido por la reacción del menor.
Pasaron las semanas y el dolor que invadía su cuerpo había cesado, por lo menos eso quería pensar el lituano, ya que la otra opción de haberse "acostumbrado" al dolor era biológicamente imposible. Si bien todo lo demás continuaba, por lo menos contaba con el completo apoyo de Ucrania, Estonia y, aun más importante, el de Rusia. Letonia aun no asimilaba la noticia por completo, por lo visto le era difícil pensar que era real lo que ocurría, pero aun así era cuidadoso con lo que hacía y cuidaba de no molestarlo. Era como si su pequeño hermano hubiera tomado una distancia con respecto a él.
Pero eso no era lo único que rondaba por la cabeza del castaño, también estaba nervioso porque no había hablado con Felixs, el cual no había podido ir de visitas por la incesante nevazón de ese año, y la señorita Natalia tampoco estaba enterada de los acontecimiento porque hacía poco se había ido de viaje con otras naciones femeninas a un lugar que no quisieron mencionar a ninguno de ellos.
Ese día se había quedado sólo con Raivis, los demás tuvieron que ir a unas reuniones con sus mandatarios y Katyusha se había vuelto a Ucrania para cuidar a sus vacas, no podía dejarlas todo el tiempo con un cuidador.
-Lituania, ¿podemos hablar?-preguntó el menor algo apenado.
-Claro.-respondió Toris dejando lo que hacía y sentándose en la mesita de la cocina.- ¿Qué ocurre Raivis?
-Pues, quería disculparme por mi reacción de aquel día.-dijo el menor mirando a la mesa por el nerviosismo, pero de todas formas levanto la mirada, estaba rojo de vergüenza.-Yo... no comprendía, y me dio algo de miedo, l-lo siento.-cerró los ojos, no quería ver la cara del mayor.
Lituania por su parte contemplo al menor, estaba temblando como cuando estaba cerca de Rusia, de cierto modo sintió tristeza, pero él sabía que al letón le costaría aceptar su cambio completamente. Para sorpresa del rubio, sintió una mano acariciar su cabello, abrió los ojos y se topó con una sonrisa y una mirada paciente.
-¿M-me perdonas?-preguntó. El mayor dejo de acariciar su cabeza y le sostuvo de los hombros haciéndole mirarlo a la cara.
-Claro que sí.-respondió aún sonriente.-Sabía que lo entenderías Letonia.
Ahora podía estar un poco más tranquilo, su hermanito no se había distanciado después de todo, sólo estaba buscando el cómo disculparse. Luego de la charla ambos continuaron con sus tareas, Toris cocinaba mientras Raivis limpiaba el primer piso. A pesar de que la mansión era grande, ellos ocupaban apenas unas cinco habitaciones mientras las otras permanecían bajo llave, por lo que limpiar resultaba rápido.
-Seguramente luego habrán más habitaciones abiertas.-pensó Toris en voz alta. Pero esas palabras fueron escuchadas por un letón que llegaba para almorzar.
-Toris ¿Estas pensado en el cuarto del bebé?-preguntó haciendo salir de su burbuja al mayor.
-¿Eh? No, estaba pensando en voz alta.-explicó, pero viendo el interés en los ojos del menor sirvió el almuerzo y siguieron conversando al respecto.-Verás, yo quería tenerlo en la misma habitación que yo, pero eso es un poco complicado.
-¿Complicado?-se extrañó el menor, por qué habría de ser complicado, la habitación de Rusia era bastante espaciosa y cabía una cuna de maravillas.
-Como las reuniones a veces se hacen muy largas podríamos llegar tarde, el ruido haría que el bebé se despertará y no queremos incomodar su sueño. O, cuando Iván se enoja, suele descender la temperatura a su alrededor y eso podría hacer enfermar al bebé, queremos evitar eso a toda costa, así que sería mejor una habitación aparte.-explicó el mayor.
-Pero para eso la habitación debería estar cerca de la de ustedes.-observó el rubio.
-Lo sé, es eso lo que me preocupa. Las habitaciones cercanas están repletas de documentos y moverlos sería realmente caótico.-dijo Toris algo afligido.
-¿La habitación que esta con llave al frente de su cuarto también tiene papeles dentro?-el lituano se sorprendió por lo que decía el letón. Jamás había pensado en aquella habitación, de hecho a veces se sorprendía por encontrarse con esa puerta que se l hacia tan invisible como Canadá, apenas y tenía algo dentro, sólo un par de cajas, un estante y un escritorio. Era perfecta, excepto por un detalle.
-No hay casi nada dentro, pero... la llave desapareció hace mucho.-en realidad no sabía si la llave se perdió o si alguien la escondió, pero sin ella no podrían entrar, o eso pensaba él.
-Pero si la llave esta puesta por dentro.-acotó Raivis.-Una vez que estaba limpiando los vidrios por fuera la vi, seguro se puede entrar por la ventana.
-¡Esta dentro!
-Eso creo, es que como sólo pude limpiar los vidrios por fuera no se notaba mucho lo del interior, pero me pareció verla, estoy seguro.
-Pues tratemos de abrirla, no perdemos nada con intentarlo.-dijo el castaño llevando al menor consigo.
Se pusieron las chaquetas y fueron por la escalera del cobertizo. Colocaron la escalera justo debajo de la ventana que daba a la famosa habitación y Raivis subió por ella hasta quedar a la altura de la ventana. Esta estaba cubierta de hielo, pero el lituano había sido precavido y llevó una espátula junto a un termo con agua caliente. Tras un rato el menor logro abrirla ventana, luego de forzar la cerradura, y cuando ingresó se topó con un cuarto lleno de polvo y sabanas blancas cubriendo un par de muebles y cajas. Tal y como dijo la llave se encontraba en la puerta, la cual se abrió sin problema alguno. Volvió a la ventana para avisarle al mayor que ya estaba abierto, pero cuando se asomó vio algo que le heló la sangre, Toris estaba tumbado sobre la nieve. No lo pensó dos veces y bajo casi saltando de la ventana.
-¿Toris?-lo movió un poco, el mayor estaba desmayado, pero ahora tenía un problema, ¿cómo levantaría alguien más grande que él? Podía arrastrarlo, pero eso podría ser peligroso, que debía hacer, los demás no llegarían hasta muy tarde, y si Toris se quedaba bajo la nieve podría morir.
Mientras el pequeño se preguntaba qué hacer, un auto rosa se detuvo frente a la mansión. Del auto se bajo una perfecta muñeca barbie, la cual se acercó a ellos, pero un momento, no era una barbie, ni siquiera era "ella", no era nada más ni nada menos que el loco travesti de Felixs.
-Pero, ósea, ¿qué le paso a Toris?-esta pregunta hizo que el letón se volteará. Felixs notó la cara congestionada del menor. No dijo nada más, levantó a su amigo con cuidado y lo llevó dentro de la casa, lo recostó sobre el primer sillón que vio y luego se volvió a Raivis.
-¿Qué ocurrió?-preguntó posando una mano en la cadera.
-No lo sé.-respondió el letón.-Sólo se desmayó y cu...-un quejido interrumpió lo que decía, ambos miraron al castaño quien despertaba y se notaba bastante confundido.
-¿Qué...paso?-preguntó incorporándose.
-¡Tipo, como que nos has dado el susto más grande de toda nuestra vida!-exclamó el polaco.-Ósea, te desmayaste en la nieve y Raivis estaba como que completamente asustado.-explicó de su modo tan peculiar.
-Lamento haberlos preocupado.-dijo el castaño sentándose en la orilla del sofá, se sentía mareado y por alguna extraña razón le dolía la parte de arriba de la espalda.
-Toris, ¿desde cuándo usas ropa como que más grande?-preguntó el polaco observando la chaqueta de su amigo, cuyos hombros quedaban bajo el sitio en que debían estar.- No te queda nada fashion.
-¿Eh?-se extrañó el letón.-Pero esa es la chaqueta que se había hecho a medida.-se hacia una idea de lo que estaba ocurriendo así que fue hasta el lado del castaño y tomo sus hombros, pero no esperaba estar en lo correcto.-Toris... tus hombros...-murmuró evitando ser escuchado por el rubio de ojos verdes.
Lituania se paró y fue rápidamente a un baño, el más cercano estaba a mitad del pasillo contiguo y poseía un espejo de cuerpo completo. Prendió la luz para verse mejor y cerró la puerta tras de sí, se quitó la chaqueta, para ver que su sweater estaba en las mismas condiciones que su chaqueta, lo retiró y quedo viéndose en camisa, era lo mismo. Eso sólo podía significar una cosa, su cuerpo había vuelto a cambiar. Eso explicaba el dolor.
-Al menos no han cambiado otras cosas.-murmuró peinando su cabello hacia atrás con la mano izquierda.- ¡Pero ¿qué?-remangó la camisa y descubrió unos bazos delgados que terminaban en manos finas, con mucho menos bello del que recordaba tener.-Por Dios.-suspiró y arremangó su pantalón, era la misma historia que en sus brazos, sólo que ahora sus tobillos eran más gruesos. ¿Cambiaría algo más? Nada sobresalía en su pecho y estaba seguro de que su hombría seguía en su lugar, ¿entonteces? Se analizo durante un rato, si se fijaba bien, sus pantalones estaban más sueltos, pero se sostenían de... ¿caderas anchas? ¿No que el cambio sería más lento? No, nadie le aseguraba eso, pero había rezado porque lo fuera. Volvió a suspirar, arregló su ropa y salió del baño.
-Ósea, ¿qué te ocurre?-Felixs lo esperaba fuera del baño, mientras Raivis lo observaba desde atrás debatiéndose entre decir la verdad o callarse, aunque fuera más difícil la última opción.
-Felixs, tengo que decirte algo muy importante, así que escúchame con atención.-en el fondo esperaba poder decírselo desde hace mucho rato, fueron de vuelta a la sala y relató lo ocurrido hasta entonces. El polaco se sorprendió, pero no mostro negativas, excepto porque Iván fuera el padre.
-Como que cuenta completamente conmigo.-dijo alegremente.-Pero si ese ruso te vuelve a tocar nadie me detendrá para que Varsovia se vuelva su capital.-amenazó cruzándose de brazos.
Luego de un rato se encontraban tomando una buena taza de té, cuando surgió una duda en los habitantes de la mansión rusa.
-Felixs, no que no podías salir por la nieve.-preguntó el lituano.
-Claro que no podía, cada vez que trataba de salir con mi poni resultaba que el pobre se hundía en la nieve y se helaba mucho, así que tuve que esperar a conseguir alguien que lo cuidara para cuando saliera, ósea, como que no basta con dejarlo abrigado y con comida, mi poni necesita toda la atención del mundo...-bla bla bla, no debieron preguntar. Sin embargó, la atención de todos se desvió al escuchar la puerta de entrada.
-Llegaron antes de lo que esperaba.-murmuró Toris viendo entrar al ruso a la sala.-Iván, bienvenido a casa, ¿te ha ido bien en el trabajo?-ok, eso salió muy dueña de casa, las hormonas femeninas de nuevo.
-Gracia, ha sido igual de aburrido que siempre.-contestó, pero cuando iba a sentarse en el sofá un polaco se plantó frente a él.
-¡Ahora si me vas a escuchar!-exclamó poniéndose en puntillas.
-¿Qué haces aquí?-sonrió fríamente mientras entreabría los ojos.
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