Los personajes son de Stephanie Meyer. Yo solo ocupo sus nombres para dar vida a esta loca historia de amor del siglo XVI.

Capítulo beteado por Vhica, Betas FFAD.
www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo VII: Sospechas (parte 2)

.

POV Isabella.

.

.

La opresión en el pecho seguía.

No sabía él porque, la verdadera razón de esta desesperación y este pánico que se instaló en mi pecho.

Aunque no sabía la razón, mi sexto sentido me decía que tenía que ver con los Cullen, y tarde o temprano terminaría sabiendo la verdad.

Sin embargo, no pude hablar con Edward sobre el cartel que vi en el pueblo, ya que apenas puse un pie en la Mansión, me esperaba en el estudio con noticias de su familia.

Todos ellos llegaban mañana temprano. Ya había llegado una carta para él, en la cual decía que su tío estaba en franca mejoría, que solo había sufrido una baja de presión al saber que su hija mayor, Jane, había quedado encinta antes de contraer nupcias con su prometido.

Edward frunció los labios cuando leyó lo último. No entendí mucho lo que le ocurría, hasta que me explicó.

—Mi prima es una casquivana de lo peor. Dimitri es el último de sus conquistas. Lo que me sorprende es como no quedó encinta antes.

—Pero ¿Acaso no pensó en su padre? ¿En las habladurías? ¿En el apellido?

—Jane… No, ella solo piensa en pasarlo bien, nunca se ha preocupado lo que dice la alta sociedad. Alice la odia por eso, dice que desde niña fue igual.

—Vaya. Ahora entiendo mejor la situación. ¿Cómo se enteraría tu tío?

—Aquí no dice nada —blandiendo la carta—. Pero supongo que su madre se preocuparía por que no le bajaba la sangre y descubrieron todo.

Me quedé pensativa un momento.

—Y ¿Qué piensan hacer con ella? —le repliqué.

—Casarla antes de lo presupuestado, antes de que se note demasiado.

—Tu familia haría lo mismo si yo quedara encinta ¿Tú te casarías de verdad conmigo solo por las apariencias?

Se quedo viéndome un momento. En su mirada se mostraba la incredulidad y la rabia.

—¿Por eso querías que te enseñara y te demostrara como era estar con un hombre? ¿Para atraparme?

—Sabes que no es verdad. Tus preguntas no tienen una base para que me acuses de esa forma. Aunque fui virgen cuando me entregué a ti no soy una estúpida, sé qué métodos utilizar para no quedar encinta.

No le di tiempo a que contestara o que dijera otra palabra que ensuciara lo que pasaba entre nosotros. Tomé una esquina de mi vestido y corrí raudamente hasta la entrada de la casa. Abrí la puerta y salí por ella rumbo al jardín de rosas. Era el único lugar donde podía olvidar por un momento las hirientes observaciones de Edward.

Sé que mis comentarios fueron desafortunados, pero él no tenía derecho de tratarme de ese modo.

Caminé por el empedrado que hacía de separación entre los rosales, casi volviendo a cuando era niña y corría por las ruinas de los lugares que visitaba mi padre, y donde siempre me llevaba con él. Mi padre, mí amado padre. El que luchó y me crio en absoluta soledad, sólo con lo que lograba vender de los objetos que encontraba. Como lloré el día que me comunicaron su muerte, y lo hice en demasía cuando el abogado me obligó a irme a casa de Jacob, ya que había pasado a ser su responsabilidad.

Me senté una banca de color blanco, desde donde podía contemplar mis rosas favoritas: las blancas con toques rojos.

Quizás sí odiaba mi destino, y mucho más ahora, donde me replantee quedarme al lado de Edward. Quizás lo quería, o quizás no. Pero no iba a permitir que pensara mal de mí, no le he dado razones para que lo hiciera.

Estaba tan perdida en mis pensamientos, que no escuché sus pasos entre las piedras. Sólo me di cuenta de presencia cuando sentí su mano en mi hombro.

Me di vuelta rápidamente, pero no alcancé a decir ni media palabra cuando Edward se arrodilló frente a mí. Tomó mis manos y las llevó a sus labios, para luego empezar a hablar.

—Lo siento Isabella. Sé que fui una bestia al hablarte de ese modo. No merecías ser tratada de esa forma. Tú no —Iba a replicar, pero continuó con su explicación—. Sé que no merezco que me perdones por decir semejantes acusaciones, pero te pido, así de rodillas, que por favor no te alejes de mi lado.

Por esos hipnotizantes ojos verdes comenzaron a caer lágrimas. Nunca había visto a un hombre llorar, pero ver a Edward hacerlo, incluso frente a una dama, me demostraba que no le importaba parecer menos hombre por hacerlo, sino mostrar sus sentimientos y su miedo a que me fuera.

Me levanté de la banca, haciendo que él también lo hiciera, pero del suelo. Lo miré un momento, como tratando de guardar en mis recuerdos lo ocurrido. Me solté de su agarre, levanté mis manos hasta su rostro. Y ante su mirada desconcertada, sequé sus lágrimas con mis dedos.

—Te perdono. No puedo verte sufrir. Sé que no pensante en lo que dijiste, que nunca me herirías a propósito, pero no vuelvas a decir o a exclamar acusaciones de ese tipo en mi contra. Estaba casta cuando me entregué a ti, no soy igual a tus antiguas amantes. Y nunca… y escucha bien Edward, nunca te obligaría a estar conmigo por quedar encinta. No me gustaría que te quedaras a mi lado por obligación o por lástima.

— Nunca me quedaría a tu lado por obligación o por lástima. Eres mi luz entre este mar de oscuridad.

Diciendo esto, me abrazo fuertemente, sentí su respiración en mi cuello y sus manos en mi espalda. Lo abracé de vuelta, colocando mi cabeza bajo su cuello, desde donde me llegó su inconfundible aroma a bosque.

Si bien no entendí muy bien lo último, ya que veía que Edward vivía feliz con su familia y que el amor estaba en el ambiente, no puedo negar que me dejó intrigada. Soy curiosa por naturaleza, algo así como herencia de sangre.

Volvimos tomados de la mano a la Mansión, donde me esperaba Ángela, algo contrariada por la escena que veía. Aunque no hizo ningún comentario, quizás pensado que Edward la iba a mirar mal si decía algo.

La comprendía. Me había visto salir enojada de allí y ahora volvía feliz.

—Mi lady, se olvidó de su chal.

—No te preocupes Ángela. Afuera estaba cálido.

—Está bien mi lady. Llámeme si necesita mis servicios.

—Ya puedes irte, Ángela.

Sonriendo, dio media vuelta y se fue rumbo a la cocina.

Edward me llevó de vuelta al estudio, donde me entregó un segundo sobre. Estaba dirigido a los dos.

—Ábrelo. Es de mi hermana Alice.

—¿Estás seguro?

—Claro, además es para que lo leamos ambos. Dudo que quien lo habrá primero logre una diferencia.

Sé que lo hacía para decirme que me veía como su igual, algo que dentro de nuestra sociedad era extraño, ya que generalmente las mujeres eran vistas más como objetos que como seres pensantes. Y el tema de las cartas era solo tema de hombres.

Tomé el sobre de sus manos y rápidamente rompí el sello. La abrí algo temblorosa, nunca había tenido el privilegio de hacerlo. Cuando se la iba a pasar a Edward, este movió de forma negativa la cabeza.

—Léela. Me gusta escucharte.

—Está bien. Como gustes.

Me sonrió, para luego sentarse en el sillón que estaba frente a la chimenea. Me hizo un gesto para que yo también siguiera su ejemplo.

Me senté, arregle mi vestido y me dispuse a aplanar la hoja para poder tener una mejor lectura.

.

.

"Amado hermano Edward y querida Isabella:

Mi padre me permitió adjuntar mi carta a la suya, para así lograr que ambas lleguen al mismo tiempo y que la maravillosa noticia que tengo que darles no los tome desprevenidos, especialmente a ti Edward.

Conocí a un maravilloso y considerado joven, es ahijado de nuestro tío Aro. Apenas lo vi, quedé prendada de su mirada y de sus modales. Se llama Jasper Whitlock y es conde de Hale.

Isabella, se que tú me entenderás mejor que mi hermano. Apenas hemos hablado unas cuantas horas y ambos sentimos una conexión entre los dos. Incluso pidió a padre que lo dejara visitarme, y él accedió. Pueden creerlo.

Estoy demasiado feliz. Aun me cuesta creer que esto es verdad. Es casi como estar dentro de un sueño y no querer despertar por miedo a la realidad.

Lo quiero a ambos. Y sé que estarán felices por mí.

Besos.

Alice Cullen.

Pd: Edward cuida a Isabella, y mi muy pronta hermana, ten mucha paciencia con él."

.

.

No podía creerlo. Alice siendo cortejada. Levanté la vista la carta y miré a Edward. Estaba callado, seguramente tratando de entender la avalancha de información entregada por su hermana. Lo seguí mirando, esperando alguna reacción de su parte, pero su expresión estaba seria y no demostraba nada de lo que pasaba por su mente. Me estaba preocupando, nadie podía quedar en shock por saber que su hermana estaba interesada en alguien y que este además le correspondía. Durante unos quince minutos esperé alguna reacción de su parte. Edward estaba con la mirada perdida. No pude seguir esperando, así que me levanté y me puse frente a él.

—EDWARD —le grité, tratando de que me mirara.

Pegó un brinco y pestañeo, para luego mirarme.

—¿Me decías algo?

—Acabo de leerte la carta de tu hermana ¿No vas a decir nada respecto al contenido?

—Y ¿Qué debería decir?

—Cualquier cosa, Edward. Es tu hermana, no la mía ¿Acaso te molesta?

—No me molesta, solo me tomó desprevenido. No estaba preparado para que mi hermana menor fuera pretendida por un joven. Apenas tiene 16 años.

—Pero dentro de la sociedad en que vivimos es la edad ideal para buscar un futuro marido y pensar en casarse y tener hijos. Para muchos mi caso representó una sorpresa.

—Pero si apenas tienes 18 años, no es para pensar que te ibas a quedar solterona o a entrar en un convento.

—No, pero estaba demasiado mayor para encontrar un buen partido ¿Qué haré cuando todo esto del falso compromiso termine y no nos casemos?

Bajó la mirada al suelo. Lo miré sin comprender el porqué no me tenía una respuesta. ¿Acaso se estaba replanteando nuestra situación? ¿Acaso había logrado derrumbar la muralla que rodeaba su corazón?

—¿Acaso eso importa en estos momentos? Disfruta Isabella —exclamó, haciendo que despertara de mi ensoñación.

—Sé que fue de mutuo acuerdo, pero me es difícil no pensar en el futuro —le respondí, yendo hacia la ventana que daba al jardín de rosas.

Se levantó del sillón y avanzó hasta estar a mi lado. Me abrazó de la cintura con un brazo y descansé mi cabeza en su hombro.

—Cuando llegue el momento veremos que haremos ¿Para qué deprimirnos por algo que quizás pase mucho tiempo para que ocurra?

Nos quedamos ambos en silencio, como meditando sus palabras. En eso tocan la puerta del estudio.

—Adelante —exclamó Edward.

Ángela asomo la cabeza por la puerta entreabierta.

—El señor Jacob Black requiere hablar con usted, milord.

Mi cuerpo empezó a temblar al escuchar su nombre. Qué diablos hacia mi primo aquí y que quería hablar con Edward.

Como percibiendo mi miedo, me besó la frente y me apretó aún más a él.

—Dile que un momento lo recibo en la sala.

—Está bien, milord.

Ángela retiró la cabeza y cerró la puerta.

No pude aguantar estar más de pie y mis piernas se doblaron haciendo que cayera al suelo. Rápidamente las lágrimas acudieron a mis ojos.

Edward se arrodilló a mi lado y me abrazó fuertemente.

—Tranquila ángel. No dejaré que te vuelva a hacer daño. Nunca más en su vida te pondrá una mano encima.

—Prométemelo —exclamé entre sollozos—. Júrame que nunca más estaré a su merced.

—Te lo juro.

Dejó de abrazarme, pero continúo a mi lado. Subió sus manos hasta mi cara, y haciendo lo mismo que yo hice en el jardín con él, me limpio las lágrimas con sus dedos. Luego fue bajando su rostro hasta que nuestros labios estuvieron al mismo nivel.

—Un ángel no debe llorar —susurró contra mis labios para luego presionarlos sobre los míos.

Nuestros labios y bocas cobraron vida propia. La pasión tomó control de nuestros actos, como siempre pasaba cuando estábamos solos.

Cuando nos separamos, quedamos frente con frente, tratando de controlar nuestros alocados corazones.

—Tengo miedo de la razón que lo trajo a la mansión —susurré juntando mis manos detrás de su cuello y tratando de apaciguar las lágrimas que amenazaban por salir nuevamente —. No me augura nada bueno su presencia, no es de las personas que olvidan y perdonan con facilidad.

—Iré a ver que quiere. No te agobies por cosas que solo podrían ser fruto de tus miedos.

Diciendo esto, se levantó del suelo, a donde habíamos quedado después del beso, llevándome con él en el proceso.

Me abrazó por última vez y separándose de mí, se dirigió hacia la puerta. La cual abrió y cerró tras su salida.

Me volví a sentar en uno de los sofás, donde traté de tranquilizar mi mente, alternando mi mirada por las cosas que había en la habitación y por las imágenes que veía a través del ventanal, pero me fue imposible.

No podía estar tranquila en el estudio, la espera se me hacia eterna. Así que me enfilé hacia mi recámara para tomar ciertas cosas personales y me dirigiría hacia el único lugar donde podría encontrar algo de paz y tranquilidad en estos momentos: la fuente, que se formaba bajo la caída de una pequeña cascada, que estaba en un pequeño claro dentro del bosque que se encontraba detrás de la Mansión.

.

.

.

POV Edward.

.

En cuanto entré al salón pude tener la completa visión del hombre que le hizo caótica y miserable la vida a mi ángel. Jacob Black.

Ya sin siquiera cruzar una palabra con él lo odiaba. Su existencia me causaba rechazo.

Estaba parado frente al hogar mirando y tocando los objetos de oro que estaban sobre éste, quizás comprobando que no eran simples baratijas.

Me aclaré la garganta para que notara mi presencia. Rápidamente se dio vuelta, incluso sonriendo.

—Vaya, vaya. Por fin tengo el honor de conocer el futuro marido de mi primita —exclamó, con sarcasmo tiñendo su voz.

—Buenas tardes señor Black. A que debo su presencia en mi casa.

—Vengo a comprobar si Isabella está bien, y a ver con mis propios ojos que todo es cierto.

No soy vengativo y trato de aplacar mis instintos asesinos, pero este hombre estaba logrando con unas simples palabras que me replanteara mi forma de ser.

—Es lady Isabella para usted, muy pronto será mi esposa y no voy a permitir que se nombre de manera vulgar —le respondí bastante enojado, incluso elevando un poco la voz.

—No me venga con estupideces. Es mi prima, mi familia, y yo la llamo como se me plazca —exclamó riendo—. Y sé que el compromiso con mi prima es una farsa. Isabella, perdón, lady Isabella no es una digna mujer para un duque como usted.

—Y ¿Por qué esta tan seguro? ¿Acaso sabe lo que pienso? ¿Lo que piensa ella?

—Conozco a los hombres de su calaña Cullen, se que las jóvenes como Isabella son sus trofeos para mostrar a sus amigos. Y mi prima es muy simple para que despertara su interés tan rápido.

La rabia estaba haciendo mella en mi paciencia. Y este hombre estaba haciendo que mis ganas de retarlo a duelo o pegarle en este mismo lugar crecieran de manera insospechadas.

—Se equivoca señor Black. Mi compromiso con su prima es verdadero y legítimo. Usted mismo estuvo presente cuando lo anuncié ante toda la sociedad de Forks.

—Piensa que soy imbécil. El compromiso es la tapadera perfecta para sus perversiones. Es obvio que Isabella es una más de sus tantas meretrices.

Cada vez estaba más enojado, me estaba costando controlarme para no golpearlo.

—¡Más respeto con su prima! Ella es una dama. No la tengo como amante, ella será mi esposa. Le guste o no Black —Iba a replicarme, seguro para rebatirme, pero me adelante—. Isabella me contó todo sobre sus insinuaciones para con ella. Nada propio para un primo que supuestamente debería haberla querido como una hermana. Es usted un ser despreciable Balck.

— No tiene derechos para tratarme así —contraatacó gritando.

—Tengo el suficiente honor para hacer respetar a la mujer que será pronto la duquesa de Masen y madre de mis hijos. Aléjese de aquí Black. Márchese por su propia iniciativa, sino quiere que yo mismo lo eche, pero a patadas.

— ¡Esto no se quedará así Cullen! Usted y mi prima me las pagarán —gritó totalmente fuera de sí—. Y antes que lo olvide, la herencia o dote de Isabella seguirá en mi poder hasta que vea con mis propios ojos su enlace. No le creó una palabra duque y aproveche el tiempo de tener a Isabella en su cama, ya que muy pronto estará a mi lado y será mi amante.

La rabia hacia ebullición dentro de mi pecho. Al parecer Black lo vio en mi mirada, ya que antes de que tomara mi arma del cinto, había corrido fuera de la mansión y subido a su caballo con una rapidez y a gritos arreó a su montura, emprendió veloz la huida por el camino de la entrada.

¡MALDITO! Cómo se atrevía a venir a mi casa a insultarme y a decirme que Isabella iba a ser su amante frente a mi cara, como quien viene a decirme como estará el clima. Qué osadía la suya.

Cullen… Cullen… también es tu amante, no niegues eso.

Aunque muy pronto iba a hacer algo para que mi ángel se quedara para siempre a mi lado.

Necesitaba decirle la verdad. Mi verdad.

Fui a buscarla, pero no la encontré en la Mansión. Por un momento tuve miedo de que Black se la hubiese llevado a la fuerza, pero me encontré con su doncella, la cual me aseguró que Isabella se había enfilado al estanque que estaba detrás de la Mansión.

Mi corazón dio un vuelco al saber que estaba bien, pero otra parte de mi anatomía también dio una sacudida cuando por mi mente pasó la imagen de una Isabella desnuda y en medio del agua. Mis pies ya estaban en movimiento antes de que procesara hacia donde iba. Casi corrí por el sendero, y cuando llegué y miré en dirección al estanque, vi a una ninfa marina nadando en las claras aguas. No desaproveché la ocasión, así que casi escondido detrás de un árbol, me dispuse a contemplar a la mujer más hermosa y pura que llegó a mi vida.

Sentí una intensa emoción que chocó con una oleada de deseo. La deseaba y con locura. Pero también la quería, y de una manera que incluso era raro para mí, la persona que deseaba el amor, pero que nunca lo experimentó. Me alarmó sentir esto, no lo niego, pero amarla y lograr que ella sintiera lo mismo por mi se transformaría en mi meta final. Mi propósito estaba claro, y hoy comenzaría a realizarlo. Así que me dirigí hacia el terraplén y descendí por él deteniéndome justo al lado del estanque, para luego sentarme en una roca y empezar a quitarme el calzado y luego a desabrocharme los pantalones.

.

.

POV Isabella.

.

Cerré los ojos y pude sentir como el agua fresca y limpia fluía a través de mi cabello y se deslizaba por mi piel y mis dedos, eliminando el calor de la caminata y aliviando mis temores, en todo caso por un rato. Estaba asustada por la llegada de mi primo, tenía miedo de que hubiera ido a la mansión con la idea de llevarme de vuelta y hacerme su amante, incluso haciéndole daño a Edward para logarlo.

Edward…

A mi mente llegaron imágenes de cuando nos conocimos, de nuestra primera vez juntos, de las conversaciones y de sus besos y caricias. Era absurdo pensar en él como si ya estuviera a mi lado, así que rápidamente dejé de pensar así.

De pronto escuché un rumor en la orilla del estanque que me hizo abrir los ojos y volverme hacia el lugar de donde provenía el sonido. Vi a Edward de pie ante mí, en toda su magnífica desnudez, mirándome con aquellos hermosos ojos verdes y exhalando un calor sensual. Contemplé su poderoso torso, su vientre plano y musculoso, y también que tenía el miembro erecto.

Mi corazón dio un vuelco al verlo allí. De la pura impresión me alejé nadando hacia el extremo del estanque, hasta que mis pies tocaron el fondo arenoso, y me volví hacia él.

—¿Qué… qué haces aquí? —inquirí—. No puedes aparecerse así, casi me matas de un susto.

—Perdona por el susto, pero quería verte.

Diciendo esto último se metió en el agua, que fluía alrededor de sus pantorrillas, formando un remolino en torno a sus muslos y lamiendo sus nalgas. Se sumergió más profundamente y pude ver como se dirigía con brazadas lentas y poderosas hacia donde me encontraba casi estática.

Mi corazón latía como un loco y la boca se me secó, pese al agua que me llegaba casi hasta el mentón. Un sinfín de sensaciones se agolpó en mi pecho, una lucha entre ir a su encuentro o quedarme donde estaba. Edward paró y se incorporó junto a mí, mostrando su increíble torso y aquellos hombros anchos que tanto extrañaba.

Tragué saliva al mirar las gotitas de agua que se adherían al pecho de Edward y corrían hasta su cintura.

—Edward, alguien podría llegar y vernos desnudos —le supliqué—. Por favor vete, no quiero que las personas empiecen a pensar mal sobre nosotros. Se supone que yo tendría que llegar virgen al matrimonio y si los sirvientes nos ven así, empezaran a decir que en realidad soy igual a todas tus anteriores amantes.

Edward esbozó una leve y seductora sonrisa.

—Pero en realidad no quieres que me vaya, ¿verdad, Isabella?

Sabía que ser vistos así podía condenarnos al ostracismo, pero no deseaba que se fuera. Deseaba que me besara, que me acariciara, que me hiciera el amor. Me aparté un largo y empapado mechón de pelo que me caía sobre la cara.

—Por favor Edward.

Sentí su mirada por mi rostro, cuello y la parte superior de mis senos.

—Por favor nada —Me tomó de la cintura con sus manos grandes, fuertes y cálidas, sujetándome con delicadeza—. Vivamos el momento, si las cosas tienen que pasar lo harán.

Negué con la cabeza, sintiendo como mi cabello mojado rozaba mis hombros. Mi garganta dolía como si un nudo se hubiera formado y me costaba respirar.

—No estaría bien, Edward.

Él alzo las manos y apoyó las palmas sobre mis pechos, frotando lenta y hábilmente los pezones con sus pulgares.

—Tú me deseas, siempre lo haces. ¿Puedes negarlo?

Siguió presionando mis pezones con movimientos rítmicos, haciendo que se tensaran y palpitaran. Rápidamente sentí un calor húmedo y resbaladizo en mis partes íntimas. No… no podía negar que este hombre con un solo toque, hacía que mi cuerpo se olvidara que era el decoro y la moralidad.

—Dime que me deseas, Isabella. Confiesa que deseas tocarme, que te penetre.

Me mordí el labio, temerosa a que se me escapara un grito de placer.

Sus manos se deslizaron por mi espalda, luego por mis nalgas, estrujándolas, atrayéndome hacia él, restregando su rígido miembro contra mi cuerpo. Luego me hizo separar las piernas, me alzó e hizo que le rodeara las caderas con ellas.

Pasó una de sus manos por entremedio de nuestra unión y palpó hasta dar con mi clítoris, el cual separó con sus dedos y luego los introdujo en mi vagina.

—Estás caliente, Isabella, muy caliente y húmeda.

Emití un gemido cuando él comenzó a acariciarme suavemente. Sabía que debía pararlo, pero la excitación y el deseo en aumento hacían que me sintiera aturdida y sin fuerzas.

—Dilo, Isabella. Dime que me deseas.

Él siguió deslizando sus dedos dentro y fuera de su vulva, una y otra vez. Temblando, acerqué mi cuerpo al suyo, casi anhelando sus caricias.

Estaba a punto de alcanzar el clímax, de ver las estrellas, cuando él se detuvo abruptamente. Arqueé mi espalda en un arrebato de pura frustración y me mordí los labios para que no se me escapara un sollozo.

¡Maldito Cullen!

—Dime lo que deseas —insistió susurrándome en el oído, suavemente—. Dímelo, Isabella, y te lo daré.

—Dios, Edward…Te necesito. Te deseo con locura.

Él me besó con una fuerza arrolladora, al mismo tiempo que sentía como me penetraba con una potente estocada. Me sujetó por las caderas, me sostuvo inmóvil mientras me penetraba una y otra vez con movimientos largos y potentes de su abultado pene. Experimenté un placer tan intenso que me puso la piel de gallina. Clavé los dedos en la piel de sus hombros y él echó la cabeza hacia atrás, su cabellera empapada logró tocar mis manos. Estaba aturdida, el deseo y la pasión me inundaban.

—Córrete conmigo, Isabella.

Hizo unos movimientos más duros y penetrantes, y sentí como mi cuerpo se fragmentaba en mil pedazos, los cuales volaron en distintas direcciones. Ya no podía pensar. El aliento me había abandonado, pero nada me importaba en ese momento. Edward alcanzó el clímax en ese mismo momento, se aferró fuertemente a mí. Ya nada importaba en ese momento. Todo fluía igual que el agua de la cascada que estaba a nuestras espaldas. Edward aún me sostenía, y su miembro todavía estaba enterrado dentro de mí. Cuando nuestras respiraciones y corazón recuperaron el ritmo normal, Edward me tomó en brazos y nos trasportó hasta la orilla del estanque. Vi una saliente natural, se la señalé con la cabeza, él me miró y asistió, me depositó encima y se sentó a mi lado. Edward me abrazó y yo apoyé mi cabeza en su hombro, de una manera tan natural que cualquiera podría pensar que ya estábamos casados, no con unas pocas semanas de compromiso.

—¿A que vino mi primo? Y no me digas que a nada, lo conozco mejor que tu.

Edward me miró y suspiró. Creo que ya sabía que le iba a preguntar.

—Vino a acusarme de tenerte como amante, que el compromiso no era real, ya que eras muy poca mujer para que yo te hubiera elegido como futura esposa, que tu dote solo te la entregaría cuando estemos casados… y que te aprovechara… porque muy pronto ibas a volver a sus brazos y él seria tu protector.

Nunca había sentido la rabia que en esos momentos inundaba mi pecho y mi mente. Como se atrevía el muy maldito y cínico de venir a montar semejante escena.

—Dime algo, Isabella. Me asusta que estés tan callada.

Cuando le iba a responder escuche el grito de Ángela por la entrada del sendero.

—Debemos vestirnos e irnos —exclamó Edward.

Fruncí el seño.

Ahora le interesaba el que dirán.

Me miró y una sonrisa traviesa se dibujo en su rostro.

Este hombre sería mi bendición y mi maldición.

No pude decirle nada porque mi camisón, corsé y vestido chocaron con mi cara.

Lo miré con mala cara, pero él ni se inmutó con mi mirada, ya que estaba más pendiente en secarse y ponerse su ropa. Así que seguí su ejemplo. Más tarde hablaríamos sobre esto.

Me sequé rápidamente con la toalla de lino que había traído conmigo, me puse el camisón, pero abandoné la idea del corsé, ya que sola no podría ponerlo en su lugar y dudaba que Edward se interesara en ayudarme… según sus propias palabras: odiaba ese maldito artificio de tortura femenino, y que no entendía porque debíamos utilizarlo.

Me pasé por la cabeza el vestido e intenté anudar las cintas de la espalda, pero sentí como unas manos masculinas se hacían cargo de la tarea.

—Qué bueno que no te pusiste el corsé, no me hubiera prestado a apretarte el cuerpo con eso. ¿Es necesario tantas cintas para cerrar esto?

Sólo me reí en respuesta a las observaciones y la pregunta de Edward. ¡Hombres! Con una camisa, unos pantalones y calzados estaban listos.

Anudó las últimas cintas y me dio la vuelta.

—Con el pelo no podemos hacer mucho, ambos lo tenemos muy mojado.

—Y el corsé ¿Qué hago con él?

—Pásaselo a tu doncella. Dudo mucho que no entienda donde estábamos, ya que ella misma me dio la información de tu paradero después de la despedida de tu primo. Y al vernos con el pelo mojado, es difícil no adivinar qué actividad estábamos haciendo en el agua, dudo mucho que piense que estábamos jugando en ella.

—No tienes remedio, Edward Cullen.

—Pero así te gusto ¿Acaso lo niegas?

—No, no lo niego. Pero vas a lograr que mi doncella tenga material para escribir un libro de nuestras correrías.

Riendo a todo pulmón, me tomó la mano y comenzamos a caminar por el sendero en dirección a la Mansión. En una mano llevaba la toalla y el corsé, y la otra iba enfundada dentro de una gran mano tibia.

Cuando llegamos al lado de Ángela, ésta nos miró con una sonrisa en su cara. No fui capaz de decirle nada, sólo le pasé las cosas que tenía en mi mano derecha. Ella las tomó y haciendo una reverencia, se fue con rumbo a la entrada de la cocina de la casa.

—Te lo dije. Tu doncella entiende más de lo que piensas.

Giré la cara para verle. Estaba desaliñado y con la camisa a medio abotonar y fuera de los pantalones.

—¿Qué dirá tu ayudante de cámara cuando vea tu aspecto?

—Nada. Él también comprende más de lo que dice. Me ha visto en peores vestimentas —y como dándose cuenta de mi cara de perplejidad o de que había dicho más de lo quería, agregó—, cuando era un niño y adolescente vivía con las ropas raídas y sucias por la tierra, primero por mis jugarretas y después por mi manía de montar a pelo los caballos de mi padre.

En parte le creí, pero algo me decía que me ocultaba algo. Mi corazón no paraba de latir y mi mente me decía una y otra vez que no me había dicho todo respecto a que su ayudante de cámara lo había visto peor vestido. Solo le sonreí, para darle a entender que comprendía su explicación, aunque por dentro me moría por saber más. Llegamos a la puerta de la cocina, la cual abrió y entramos riendo al interior. La cocinera sólo nos miró y movió la cabeza de un lado a otro, poniendo los ojos en blanco. Edward me pasó un brazo por encima y me condujo hacia el segundo piso. Me dejó en la puerta de mi habitación, pero antes de que se diera la vuelta rumbo a la suya, exclamé:

—¿Puedes reunirte conmigo en el estudio? Debo contarte sobre algo que vi en el pueblo esta mañana.

—Claro, me cambio ropa y te espero allí —dijo besándome, giró sobre sus talones y caminó hasta detenerse en tres puertas más allá.

Entré a mi habitación, donde Ángela me recibió sentada en mi cama y con un vestido rojo con blanco sobre la colcha. Todavía sonriendo, me ayudó a sacarme la ropa húmeda y ponerme el vestido. Me secó con delicadeza el cabello para luego cepíllalo y trenzarlo.

—Ya está lista milady.

—Gracias Ángela. Y por favor, lo que viste guárdalo para ti.

—Tranquila. Su secreto está a salvo conmigo.

La abracé. No solo era mi doncella, la que estuvo conmigo desde que cumplí los catorce años, también era mi amiga y mi confidente. Me acerqué a la puerta, la cual abrí y salí por ella rumbo al estudio donde Edward me esperaba. Cuando llegué, toqué suavemente y un sonriente Edward me abrió, para luego abrazarme y besarme largamente. Me solté de sus brazos y rompí el beso. Si seguíamos se me olvidaría porque lo cité en este lugar. Él siempre tenía ese poder sobre mí.

Me siente en el mismo sofá en el cual había estado hace unas horas atrás y le hice un gesto para que él también lo hiciera. Cuando se sentó, puse mis manos sobre mi regazo y me dispuse a contarle lo que había visto en el pueblo. Le conté sobre los vestidos, los cuales me llegarían en unos días. Sobre la amiga de mi madre, la cual resultó ser la dueña de la tienda de vestidos. Hasta que llegó la parte del cartel.

—Sabes, vi un grupo de hombres a caballo y con armas en las manos y con canes, me asustó verlos en ese plan. Nunca me han agradado las armas. Eran unos veinte o más, no pude contarlos de forma clara, pero tomaron rumbo a los boques que rodean a Forks. Luego, en la pared de la oficina del oficial de policía había un cartel, en el cual decía algo así: Se busca, con grandes letras negras, y más abajo, animal de gran tamaño y de color negro, parecido a un perro, además que se le podía encontrar en los bosques que rodeaban el pueblo, y mucho más abajo, decía algo respecto a una recompensa sobre su captura, vivo o muerto, ya que era responsable de varias muertes…

Miré a Edward, y éste estaba pálido casi como un cadáver, se veía igual a una persona que le hubieran comunicado que alguien de su familia había muerto.

No respiraba, resoplaba. Sus manos no estaban quietas, se movían entre su pelo y los brazos del sofá. Me estaba preocupando su actitud. De un momento a otro, se levantó y se fue en dirección a la puerta.

—Puedes retirarte a tu habitación. Nos vemos en la cena. Voy a hablar con Seth sobre lo que me contaste. Si hay un animal peligroso y suelto en el bosque, necesito avisarles a mis hombres para que resguarden la casa.

—Está bien. Nos vemos en la cena —me levanté del sofá, cuando llegué a su lado, él bajó su cabeza y rozó sus labios con los míos, para luego besarme de una manera bastante forzosa, casi como por compromiso.

Me molesté con su actitud y salí rauda de la habitación, pero no rumbo a la mía, sino a la biblioteca. Necesitaba con urgencia saber sobre la historia familiar de los Cullen. Algo me decía en el interior que había mucho más que lo que se mostraba y se decía sobre ellos. La actitud de Edward me dijo mucho más que una simple preocupación por la seguridad, era casi como si le hubiera dicho que se le buscaba a él por asesinato y que había una recompensa por su captura… claro, eso era.

Corrí por los pasillos hasta dar con la habitación que hacía de biblioteca. Entré y rápidamente me puse a buscar en los estantes el libro que Alice me había mostrado la mañana después que llegué a la Mansión diciendo que en él estaba el mapa genealógico de la familia Cullen. Busqué y rebusqué, hasta que lo encontré entre una enciclopedia de las plantas y un libro sobre los reyes de Inglaterra. Lo saqué y me fui en dirección al ventanal, ya que allí podría encontrar mejor iluminación para leer. Lo abrí en la pagina dos y pude ver miles nombres, pero me percaté que en la cuarta generación, Lord Marcus Cullen, quien era el mayor de cuatro hermanos, era el tatarabuelo del padre de Edward, el cual estaba tachado, a su lado una cruz roja y debajo de esta una sola palabra…

MALDICIÓN.

La curiosidad fue superior, así que seguí mirando los nombres que seguían. Lo mismo se repetía en todos los primogénitos de cada generación…


Ojala les haya gustado el nuevo capítulo, a mi me gusto escribirlo… y ya están empezando a aflorar los sentimientos por aquí… ;)

Me costó su poco escribir la parte del estanque, pero me gusto el resultado. Fue una mezcla entre la reticencia de ella y lo persuasivo que puede llegar a ser él XDDD… y gracias a las chicas del grupo por sus ideas para esa parte

Aunque aun Isabella no sabe la verdad sobre Edward, él mismo se está empezando a echar al agua o poniendo la soga al cuello (aca en Chile se les dice así a las personas que se acusan solas)… e Isabella no es tonta…

¿Qué les pareció la pelea entre Isabella y Edward? ¿La carta de Alice? ¿La aparición de Jacob en la mansión?... Y ¿creen que Isabella descubrirá pronto la otra naturaleza de Lord Edward?... espero sus respuestas…

Ahhh… y antes que se me olvide. Este fic ya cuenta con TRAILER. Si lo quieren ver el link está en mi perfil debajo de la descripción de esta historia, en la parte que dice: MIS FIC.

También las invito a mi grupo de facebook "Pasión por los fanfic"… el link está en mi perfil, donde subo y subiré novedades de este fic, y de los nuevos que aun están en mi mentecilla.

Cualquier duda o consulta, no duden es escribirme... y gracias a todas las que leen este fic, las que me dejan reviews, las que me agregan a favoritos, lo que la siguen y las que aun son lectores o lectoras anonimos, pero que igual leen esta loca idea.

Les dejo mi imaginación, sus reviews son mi pago...

Cariñosss

Gala ;)