Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen.


Una vez en el comedor, ya cada uno frente a su plato, comenzaron los halagos por lo bien que sabía la comida, dijeron un par de chistes a los cuales todos rieron, y las peleas infaltables entre los primos no se hicieron de esperar. Un evento normal en su vida cotidiana, al poco rato llegaron dos rezagadas que se unieron a los comensales, ya estaban acabando el plato fuerte cuando Lituania dejo caer su servicio, se quedo inmóvil, llamando la atención de todos los presentes mientras su rostro palidecía progresivamente.

Estaba sentado en su silla, no podía hacer nada, ni voz salía de sus labios, la vista se le nublo, haciéndose cada vez menor el campo visual, como si fuera un túnel cerrándose, sintió un fuerte mareo y pronto a su cuerpo flotando. Había quedado inconsciente.


Pasos, pasos a su alrededor, sólo existía ese rumor, un movimiento aquí, otro por allá, el ruido metálico de algo golpeando el piso cerámico. Un motor encendiéndose, las puertas chocando contra el marco, el acelerador apretado a fondo.

La nieve empezaba a caer durante la tarde en Rusia. Los niños se alegraban porque pronto podrían jugar entre la nieve, hacer guerras con ella, muñecos y ángeles, los padres preparándose para los resfriados siguientes a la diversión y los más ancianos apreciando el futuro y tan conocido blanco paisaje en Moscú.

Los autos haciéndose a un lado, evitaban que el único coche a alta velocidad, con nevazón, los envistiera en esa concurrida avenida. Ningún ciudadano pensaría que en aquel automóvil fueran naciones directo a un hospital, ignoraban que al volante iba Rusia y en los asientos traseros, Ucrania y Estonia preocupándose de vigilar la condición de Lituania.

-Vanya, apresúrate, su pulso esta muy débil.-decía la mujer entre sollozo mientras sostenía la cabeza del castaño y él de lentes le mantenía las piernas en altura con tal de que la presión del lituano se normalizará, esperando que abriera los ojos y como de costumbre dijera que no se preocuparan, que estaba bien y se le pasaría en un momento.

-Es lo más rápido que va esta cosa.-gritó el mayor lanzando su celular al asiento trasero.-Edward, llama al hospital, diles que estamos por llegar.-entrando por una calle hasta el momento desconocida para los demás, un atajo, giró en una curva cerrada a otra callecita escondida, siguió por ella hasta una avenida principal y tras saltarse un par de semáforos estacionó derrapando a la entrada del hospital donde el doctor que atendía a Toris esperaba con unas de enfermeras y enfermeros encargados de una camilla a la llegada de los países.

Tan pronto subieron a Toris a la camilla, el doctor pidió explicaciones de lo ocurrido. Una de las enfermeras se había subido sobre el lituano, haciendo hervir en celos al ruso quien soltó todos los nervios contenidos al ver la escena, sin embargo su hermana le hizo abrir los ojos, entre el llanto, que el doctor le hablaba y que la muchacha sólo hacia su trabajo tratando de aumentar el casi inexistente pulso del castaño con un masaje cardiaco y otra le ponía una mascarilla de oxigeno. Un enfermero corría con una aguja y tranquilizante en la mano, dispuesto a ponerla en el brazo del ruso contenido a duras penas por la rubia.

Se alejaron de ellos y Estonia fue el encargado de contar lo ocurrido al doctor mientras corrían al pabellón de emergencias. Rusia estaba impasible, si no fuera por Ucrania y el tranquilizante habría destrozado el lugar por un ataque bipolar, sin embargo el calmante no logro hacerlo caer rendido como a cualquier persona, solo le hizo bajar las revoluciones, contenerse. Poco después estaba deprimido en un pasillo al lado de la sala de emergencias. Lituania tenía razón de preocuparse por la condición psíquica del hijo que tendría con su hermano, pensó la ucraniana esperando junto a Edward en los taburetes frente a la sala.

Caminó lentamente, tras media hora sumido en depresión, hasta quedar junto a los otros dos, apoyado contra la pared, ocultando la mitad de la cara tras su bufanda inmaculadamente blanca. Esperaron en un mutismo desesperante hasta que la puerta de la sala de emergencias se abrió dando paso al doctor.

-Desde un principio no desconocíamos los riesgos que podrían existir para la condición de Toris, Lituania…-empezó explicando el hombre quitándose la mascarilla y el gorro, si así podían llamarlo, y se acercaba a las tres naciones expectantes.-Sin embargo pueden respirar tranquilos, ambos están bien, la presión de Toris bajo considerablemente producto del cambio sufrido, pero esta no se debió a dolor, más bien fue miedo, se dio cuenta del cambio, fue nervioso, completamente.

-¿Qué cambio?-quiso saber Iván, no había notado nada al cargarlo hasta el automóvil, y por la cara de su hermana y subordinado supo que tampoco ellos lo habían notado.

-Será mejor que continuemos la conversación en una habitación.-dijo conduciéndolos hasta un box vacío, se aseguró de que nadie estuviera cerca y cerró la puerta con seguro.-Me refiero a que ha ocurrido el cambio por el cual le sugerí asistir a un psiquiatra para que lo acepte, pero obviamente no alcanzó a ir, ¿o me equivoco?

Iván perdió la sonrisa infantil que adornaba su rostro y apenas se veía tras su bufanda, la mirada seria vasto para hacer temblar a los presentes. Aquel doctor, habían quedado para aquella tarde, debía llamarlo para pedirle que se dirigiera al hospital. Tomó su celular del bolsillo del estonio y marco los dígitos frente a la mirada expectante de los demás. Pronto las otras dos naciones se sorprenderían al saber quien era el psiquiatra.


Despertó lentamente, veía todo borroso, como si hubiera salido de la anestesia total, tenia puesta una mascarilla de oxigeno y pudo oír a alguien junto a él. Sabía que estaba en un hospital, como no iba a reconocer el lugar de paredes blancas, sabanas del mismo color y maquinas piteando su pulso.

Miro hacia el lado, sentía que al hacerlo tardaba miles de años, pero de todos modos lo hizo, ahí había una enfermera.

-¿Qué paso?-preguntó llamando la atención de la mujer que anotaba los datos de su pulso y temperatura en un portátil.

-Ya a despertado, verá, acaba de salir de la sala de emergencias, casi le perdemos, puede que este mareada por el tiempo en que estuvo sin oxigeno, pero no se preocupe, ambos están a salvo.-dijo la señorita.-En un momento será transferida a una habitación normal, si siente nauseas hágamelo saber.-Toris se extrañó por el trato femenino recibido, pero no le dio importancia pensando que su cara bien podía jugarle esa clase de confusiones a personas ajenas a su estado.

Al poco rato apareció Edward por la sala, él pensó que iría Iván, se desilusionó un poco, pero aun así agradecía ver una cara conocida en ese lugar. Le preguntó como se sentía, no tubo que pensarlo mucho, todo le daba vueltas, luego le preguntó que había pasado, porque sinceramente no recordaba más que el estar comiendo en familia.

-De la nada te desvaneciste, pensamos que despertarías, pero cuando pasaron dos minutos y nada, subimos con la señorita Katyusha e Iván al auto, te trajimos aquí, y aun no despertabas, el Sr. Rusia se puso histérico, así que tuve que hacer los papeleos yo, por eso sólo me dejaron pasar a mi.-eso contestaba más de una duda.-Pero apenas bajemos a tu habitación podremos hablar todos juntos, nos diste un gran susto Toris.

Una vez que llego el enfermero que trasladaría a Toris a su habitación detuvieron su conversación, fueron en completo silencio hasta el ascensor en el cual bajaron un par de pisos y continuaron por un largo pasillo lleno de puertas, algunas cerradas, otras juntas, pasaron unas puertas y una recepción escondidas a la vista, luego giraron en uno de los pasillos cercanos y por último la cama se estaciono en su lugar dentro del cuarto, ahí se encontraban Iván y Katyusha.

El hombre de uniforme puso los frenos de la cama y se retiró diciendo que pronto vendría el doctor para hablar de su alta. El castaño suspiro viendo los detalles de la habitación blanca, un armario a su lado, una mesita de asistencia al otro, un teléfono y una ventana que le dejaba ver el cielo estrellado de Moscú, aunque pronto dejaría de verlo puesto que Iván movió las cortinas para que no se cuele el frío de la nevada.

Tan pronto como se acomodaron en la habitación continuaron conversando de trivialidades, trataban de relajar el ambiente, aunque resultaba casi imposible, alguien debía decirle a Toris el efecto, o más bien la causa, de su desmayo.

El chico no podía saberlo, las sabanas y colchas no le permitían ver su cuerpo, apenas y veía un bulto bajo tatas mantas. Los demás lo sabían por haber hablado con el doctor, puesto que entre la conmoción no lo habían notado camino a urgencias, mucho menos teniéndolo recostado.

Se miraron debatiéndose ojos contra ojos, Ucrania estaba mirando suplicante a ambos chicos, Iván miraba con preocupación y un tanto, está bien, demasiado orden implícito a Edward para que lo dijera, y este desviaba la mirada constantemente para librarse de dicha tarea.

Finalmente, tras tanto misterio, Toris intervino haciendo escuchar su cansada voz femenina en la habitación.

-¿Podrían dejar de hacer una pelea de miradas y explicarme que les cuesta tanto decirme?-reunió las pocas fuerzas que tenía en ese momento y se sentó en la cama, luego se llamó tonto a sí mismo, para que esforzarse así si tenía un control en la cama que lo levantaba hasta esa posición sin mayor esfuerzo ni fatigas. Obviando eso miró a los demás y estos tras volver a mirarse sólo lo señalaron.

¿Por qué lo hacían? Toris les dedico una cara de confusión, pero ellos solo volvieron a señalarle, así que se vio a sí mismo, ¿tendría algo raro? Sus piernas estaban cubiertas por la ropa de cama, movió sus dedos por si acaso, verificando que sus piernas no eran el problema, continuo subiendo la vista por su cuerpo, vio sus manos que hacia tiempo ya eran finas y completamente femeninas al igual que su piernas, continuo viendo un extraño bulto formado por la pijama en su pecho, lo iba a aplanar para continuar viéndose, pero sintió algo…

Toco nuevamente, puso ambas manos, había algo ahí, dos cosas para ser precisos, ¡redonditas y blanditas! Casi se va de espaldas, no de hecho se fue de espaldas y luego se sentó con ayuda de la cama automática.

-¿T-tengo pechos?-musitó quitando sus manos de golpe de aquellos nuevos atributos. Se quería morir, sin importar la fatiga que aun sentía salto de la cama y se fue a encerrase en el baño, puso el pestillo mientras los otros llamaban desde fuera tratando de convencerlo que saliera, pero no, el impulso lo llevo a quitarse la camisa de dormir del hospital y mirarse al gran espejo del baño.

Ahora sí que se quería morir, no sólo pechos… su hombría, lo que quedaba de su virilidad, ya no estaba en su lugar. Respiro agitado, se sostuvo en el lavamanos y se lavó la cara para ver que no estuviera alucinando. Nada cambiaba, el reflejo seguía siendo el mismo.

Maldita sea, de la frustración se encontraba desordenando y tirando su cabello, sintió como quitaban el seguro a la puerta y la abrían, dos enfermeras entraron seguidas de un enfermero con una jeringa en la mano. Dejo de forcejear al ver que le iban a inyectar, en cambio sólo exclamo que se detuvieran, pero no le hicieron caso.

-¡Estoy en cita, no me pongas eso!-le gritó al enfermero en el último momento, pero el hombre no dejo su brazo en paz, le pusieron la bata nuevamente y lo cargaron hasta la cama.

Si se alteraba tanto nuevamente se desmayaría y eso ponía en riesgo tanto al bebe como a él. Paso casi media hora hasta que su querido Iván entro nuevamente, las enfermeras los habían convencido de dejar descansar al lituano mientras ellos bajaban a la cafetería, puesto que debían comer algo o la preocupación les perforaría el estómago.

Iván se sentó a su lado y tomo su mano en silencio, sonriendo calmadamente, agregó unas palabras a su acción, pero no surgía la conversación entre ellos. Era como si la magia entre los dos hubiera desaparecido con el principio de pánico sufrido por Toris.

Continuaron así por unos minutos más, en silencio, pero Iván decidió romper el hielo.

-Te he dicho que te amo muchas veces, también te he dicho que eso no cambiara ni aunque tuvieras un accidente y quedaras irreconociblemente feo o incluso en coma, seguiría queriéndote igual que siempre lo he hecho.

-Ya lo sé, Iván.-se dignó a hablar Lituania.-El problema no eres tú, soy yo. No me gusta la idea de cambiar, es más, ni siquiera se lo he comunicado a mi jefe desde que empecé a vivir contigo permanentemente. Soy incapaz de aceptar mi nuevo cuerpo, de acostumbrarme a él.

-Nadie dijo que debías aceptarlo de un día para otro.-le aclaró Iván mostrando seriedad en su rostro sin risas fingidas.-Te tome el tiempo que te tome hacerlo, yo voy a estar apoyándote. Mi jefe suele estar molesto conmigo desde que le dije que me gustabas, puesto que a sus ojos eras un hombre y eso se considera realmente malo en Rusia, la mayoría de los habitantes piensa diferente a mí, y a las minorías. Pero yo jamás te vi en sentido de un género específico, yo vi una nación, un humano inmortal y me dije, al diablo que sea un chico, lo amo y eso es lo que importa.

-Aunque claro, como soy un país he cambiado.-río Toris con algo de sarcasmo, después de todo era el único en la historia al que le ocurría eso.-Ahora soy una chica y tu jefe se morirá de un infarto al verme, al igual que él mío.

-¿Y? Sigues siendo Toris, sigues siendo Lituania.-el aludido abrió los ojos en sorpresa, Rusia sólo veía un ser al que amar, el jamás vería algo diferente en él, sólo lo veía, veía en su interior, lo que era por dentro, no por fuera.

-Y como sé que tienes miedo de esto, le he pedido al psiquiatra que te atendería que viniera al hospital, aun no sabía el cambio que habías sufrido cuando lo llame, pero aun así creo que sería conveniente que hablaras con él.-confesó el rubio platinado.

-¿Psiquiatra?-de qué hablaba Iván.

-Veras, te había dicho que luego de almuerzo saldríamos, tenía pensado llevarte a ver al psiquiatra que te recomendó el doctor la última visita, aunque creo que no lo escuchaste, pero como te desmayaste, pensé en que quizás podía venir y resulto que si puesto que estaba en una conferencia y no volvía a su país hasta dentro de dos días por la nieve.

-Ya veo… ¿quién ese psiquiatra?

-Vash.-soltó sin más aun sosteniendo la mano de Toris.-Pero tranquilo, él no le dirá nada a los otros países, ya sabes cómo es, seguro que jamás revelaría el secreto profesional.

-Bueno, es cierto, pero su escopeta es lo que me preocupa.-dijo sintiendo como su alma empezaba a escapar, pero Iván la atrapo y obligo a volver a su cuerpo.

-No hay problema, su asistente no le permitiría que dispare a un paciente.

-¿Cuándo llega?-quiso saber el castaño que ignoraba la hora que era, como siempre en invierno no te puedes fiar de las estrellas para saber si es de noche o tarde.

-Llamo diciendo que en una hora llegaría al hospital, así que aproveche de venir a decírtelo.-entonces la puerta se abrió, un par de hermanos se encaminaron hasta la cama de Toris para presentarse, aunque claro, eso era innecesario.-Creo que es momento de que los deje a solas. Прощай, моя любовь.


"Прощай, моя любовь." Significa: "Hasta pronto, mi amor."

Cualquier error en el texto háganmelo saber, ¿sí? Perdón por la demora en actualizar, aunque esta vez no fue un año de espera XD

Bueno, espero que les gustara, hasta el próximo capítulo.