¡LO SIENTO! Pensé que había subido este capítulo el mes pasado ;-;
Hetalia y sus personajes no me pertenecen.
Rusia hablo seriamente con Natalia. Habían entrado a uno de los cuartos del primer piso, de eso ya una horas. Habían hablado tan seriamente que Iván salió corriendo de la habitación, la bielorrusa lo seguía de cerca con cuchillo en mano y los ojos llenos de lágrimas.
-¡Si no puedes ser feliz sólo conmigo nadie más lo será!-gritaba la rubia atormentando el ambiente de la casa. Suerte que no había ido en busca de Toris, pero aun así constaba un peligro.
Fue una tarde muy movida en Moscú. Y digo que en la ciudad porque Iván escapo de la casa siendo perseguido por la chica, algunas personas pensaban que era una simple pelea de parejas, hasta que claro, Iván le recordaba a la rubia que era su hermano y por lo tanto no podían tener ese tipo de relación. Sólo se apartaban cuando los cuchillos empezaban a volar o esquivar la apresurada carrera de ambos.
Mientras ellos estaban fuera, Toris hablaba con Felixs, habían quedado en que el rubio le enseñaría algunas cosas que todas las damas deberían saber, partiendo por el modo en que se sentaba, Lily también se lo había dicho, además de una enfermera.
Pero eso no llamaba la atención del lituano, no hasta que el polaco sacó algo de su cartera rosa. Lo recibió y lo miró confundido, eran dos cosas prácticamente iguales, similares a zapatos, pero extrañamente altos, más que aquellos zapatos de montura que habían llegado a Europa desde el medio oriente hacia siglos.
-¿Qué quieres que haga con esto?-preguntó alzando una ceja, se notaban algo incomodos y sumamente peligrosos.
-O sea, como que te los pongas.-dijo el rubio como si fuera muy obvio, el lituano ni sancos había usado en toda su vida, así que tenía miedo de ellos. Los volvió a mirar, el diseño era bonito y además poseía una suela roja, eso era desconocido, pero bueno, tras la insistencia gestual de su amigo se los puso.-Que no te aprieten cuando estés sentado, como que cuando te pongas de pie te arrepentidas.-al verlo ajustarlos, por lo que los soltó un poco y se puso de pie.
-¡Wow!-pensó que perdería el equilibrio de golpe, pero no fue así, de hecho, incluso le parecían extremadamente cómodos, se miró al espejo y algo cambio dentro de él…si, algo empezaba a sentir.- ¡Por Dios! ¡Cómo he vivido sin estas maravillas!-caminó por la habitación, incluso corrió un poco.- ¡Es más fácil que con zapatos normales!
-Como que obvio, o sea.-respondió orgulloso de haber agradado en algo a su amigo. ¡Qué finalmente lo había logrado! Ahora sólo era cuestión de tiempo para cambiarlo completamente.
Sin embargo, esa emoción no duro por mucho, un rato después, al oír como la persecución de Iván y Natalia que volvían a casa, aun en lo mismo, el enojo le invadió y sin más, ni quitándose los tacones que resaltaban su esbelta y delgada nueva figura, se encamino al primer piso, justo cuando Iván paso a su lado extendió el brazo y detuvo a la rubia.
-Aléjate de MÍ Iván.-le espeto quitándole el cuchillo que traía en la mano y clavándolo de un tiro contra el suelo, al lado del pie de la rubia.
Natalia no podía creer lo que veía y oía. Frente a ella estaba una mujer de cabello castaño hasta los hombros, de bonitas facciones, casi de su tamaño, vestida con lo que parecía ser ropa de hombre, aunque algo ajustada a sus curvas y unos tacones maravilloso. Pero se le hacía familiar, de alguna parte… ojos verdes, el cabello ondulado, el acento… No era posible…
-¿Toris?-la pura impresión le dejo clavada al piso, no podía mover ni un solo musculo, por lo menos, no hasta que el lituano volvió a hablar.
-Ya es suficiente, Iván no te ama de la forma desenfrenada y loca en la que tú lo haces, deja de ser tan incestuosa, deja de perseguirlo, ¡acosadora! Él me quiere a mí y eso lo sabes hace ya bastante tiempo.-argumentó zarandeándola. La mujer se soltó y sacó otro cuchillo.- ¿Te da miedo que te digan la verdad que te defiendes con un cuchillo?
-Toris, es peligrosa, aléjate.-el ruso trató de intervenir, mas se sorprendió por las acciones de su pareja.
Tomó el brazo que empuñaba la dichosa arma blanca y lo apartó; la impresión en la dueña del cuchillo fue tal que cayó de su mano. Esa pelea no se ganaría con armas, sino que con palabras.
-Yo lo he amado por mucho más tiempo que tú. No me importa que hasta hayas cambiado de genero con tal de estar con mi hermano, yo sigo siendo mejor.-zafándose del agarre.-Soy más bonita y agraciada que tú, además yo sí puedo defender a Iván.
-¿Defenderlo? Has tratado de matarlo hoy porque prefieres hacer oídos sordos y ojos ciegos a lo evidente. Y fíjate que este cuerpo es completamente natural, no me morderé la lengua contigo, no más. Una vez yo estuve locamente enamorado de ti y sólo conseguí huesos rotos, así que te olvide y me enamore de Iván, a tal punto que resulto en que comenzamos una relación sana, increíblemente, y ahora estamos incluso en espera de un hijo, así que, ¡aléjate de él y déjanos en paz!
-Pero…-la rubia no podía concebirlo, su hermano, un orgulloso ruso, ¿enamorado de un lituano? ¡¿Es que acaso no había sido una broma?! Se sentía intimidada… aún más cuando se sumó la mirada tétrica de su hermano, que hacía a Toris soltarla.
-Bielorrusia,-dijo el más alto abrazando a "la" castaña.-no interfieras entre nosotros, para mí nunca serás más que mi hermana menor.
-Esto no puede estar pasando.-pensó la mujer aun sin comprender, después de todo, que habían sido esas marchas en Rusia de las que tanto había leído, ¿lo primero en que su hermano dejaba de reflejar su personalidad en la mayoría y seguía las voces de la minoría?
Dejando de lado lo ocurrido esa tarde, Iván se fijó en los tacones que estaba usando el lituano, no estaba tan mal, así quedaba más cerca de él para besarlo, no hizo más que reír para sus adentros y continuar con sus deberes de nación.
-Habrá una reunión mundial la próxima semana.-comentó Estonia leyendo su email, aprovechaba de chequearlo mientras alimentaba a sus mascotas virtuales, esos "mochi", como dijo Japón una vez.- ¡Por Dios! ¡Mochimerica se está comiendo a mochiuk!
-¡¿La próxima semana?!-Toris ya empezaba a sudar frio.-Ya no puedo esconderlo…
-No tienes que esconder nada, marico.-regaño Polonia.-No sé tú, pero como que es obvio que tienes un cuerpazo que sólo hará que te miren diciendo "Mi Dios", serás la envidia, no un bicho raro.
-…Que digas eso sólo me hace pensar que mi ropa volverá a desaparecer.-comentó "la" castaña.
-Por favor, o sea, estoy seguro de que yo no tendré que intervenir esta vez.-Toris se atraganto con su propia saliva por ese comentario, y no por escucharlo, sino porque sabía que ya empezaba a crecer esa idea en el interior de su cerebro... "Aceptación".
El siguiente no tardara tanto, lo juro.
