¡Logré subirlo antes! Tengo casi puros ramos teóricos este semestre, es hermoso, por ahora, quizás las actualizaciones sean más seguidas este semestre
¡Hetalia no me pertenece!
Ya había pasado una semana desde aquello. Su celular se empezaba a saturar de mensajes, finalmente había optado por quitarle la batería, ignorar el Facebook y tan sólo chequear los mensajes de su superior y sus hermanos.
No le había dicho nada a Iván, absolutamente nada. Tampoco mencionó que se sintiera mal, porque los mareos parecían normales a esas alturas. Se miró al espejo, su cabello desaliñado y enredado fue cediendo a medida que lo cepillaba. Por ultimo tomó el moño que Iván le había regalado la noche anterior e hizo coronar su media coleta con él.
Aquel encaje beige se veía muy bien contrastando con su cabello castaño. Se puso de pie y salió de la habitación, ya era hora de desayunar, vería que tal le había ido al letón en la cocina esa mañana.
Repaso los informes que había recibido por correo antes del almuerzo, debía mantener funcionando a sus dirigentes, o todo se volvería un caos. No pasaron ni veinte minutos cuando tuvo que alejar la mirada de la pantalla y salir a toda velocidad en busca del baño, que entre la desesperación olvido donde se encontraba.
¿Cómo era posible? ¿Acaso ese periodo no había acabado? Cerró el grifo de agua y tomó el enjuague bucal, tenía sabor a chicle de frutilla, no picaba como la menta, un alivio entre todo lo que le estaba pasando.
Bajo hasta la sala, la televisión estaba apagada, la radio en mismas condiciones, fue hasta la cocina, nadie se veía por ahí. Reviso el resto de las habitaciones e incluso busco en el patio trasero, ¡ni un alma! ¡La habían dejado sola sin avisar!
Volvió al interior y puso agua a hervir, tomaría un poco de chocolate con leche, aunque claro, ahora tenía que tomar una en polvo con calcio extra. Como la odiaba. Suspiró y volvió a subir a su estudio, llevando una taza de leche con chocolate y unas galletas.
-¿Dónde habrán ido?-murmuró mirando el teléfono, hizo el intento, pero sonaba fuera del área de cobertura. Suspiró resignada y se sentó en el escritorio, tenía una sensación de que todo estaba mal. Levanto la vista al techo y dio un sorbo a su taza.
Continuo trabajando con desgana, pero volvió a salir del estudio, pero esta vez había algo extraño, el pasillo se veía alargado y oscuro, como si las ventanas hubieran sido cubiertas, busco el interruptor de las luces, pero no las vio, se giró para volver al trabajo, sin embargo la puerta no estaba. Un fuerte ruido le hizo mirar a su alrededor, las paredes empezaban a cerrarse, corrió en dirección a la escalera, pero el pasillo no terminaba… entonces vio a Iván, corrió tras él, grito por ayuda, pero en cuanto lo alcanzo la figura desapareció y las paredes ya tocaban sus brazos.
-¡Ah!-Iván se sobresaltó en la cama, levantándose tan rápido como pudo, encontrando a una lituana hiperventilada y mojada, con los ojos tan abiertos que podrían salirse de sus cuencas.
-Toris, tranquila, fue sólo un sueño.-Le dijo mientras prendía la luz y apegaba a la mujer a sí. Ella lo abrazó con fuerza mientras temblaba ligeramente, más por el frío que empezaba a provocar su sudor al secarse.-Ven, debes cambiarte ese pijama.-dijo ayudándole a dirigiéndose al baño de su habitación, el cual contaba con un calefactor eléctrico, recientemente adquirido por el dueño de casa.
-Cielos, esto ya parece un mal chiste.-comentó la lituana viendo a su alrededor mientras Iván le buscaba un nuevo pijama. Desde hacía tres meses que tenía pesadillas como esa, mesclando parte de la realidad con cosas inexplicables, dignas de un juego RPG de Japón.
El vientre empezaba a resaltar bajo su ropa, el pequeño girasol, como Iván había empezado a llamar al bebé. Ya no podían guardar silencio por mucho tiempo, pronto todos los países se enterarían, más que sólo los pertinentes, eso preocupaba a la pareja, aunque claramente Rusia no lo demostraba, Toris sabía que estaría dispuesto a iniciar una guerra con quien tratara de tocarla a ella o al bebé.
A la mañana siguiente se encontraron con el desayuno servido, pero sin el letón o el estonio, tan sólo una nota junto al pastel matutino. El más alto la leyó detenidamente mientras se sonreía y arrugaba la nota para dejarla caer en la chimenea sin dar tiempo a Toris de ojearla.
Comieron en silencio, ya que el pastel estaba realmente delicioso, lituana se repitió el plato, aumentando el tamaño de la porción, casi parecía que se comería toda la torta, así que Iván le detuvo al intento del tercer trozo.
-No deberías comer tanto, así no tendrás espacio para el almuerzo.-dijo llevando el pastel a la cocina bajo la atenta mirada de la castaña que aún conservaba la cuchara en sus labios, saboreando el azúcar del fondant con fascinación.
En el momento que quedó sola recordó la pesadilla, y un inusual mareo, para esa hora era realmente extraño, la invadió, dejo la cuchara y dejo caer su cabeza hacia atrás respirando, luego la llevo hacia delante y apoyo la frente en sus manos.
-¿Te sientes mal?-Iván la tomo por sorpresa, no lo había escuchado volver, estaba a su lado, apoyado en la silla y agachado a su altura. Suspiró y cambio su cara por una sonriente.
-No ha sido nada grave, sólo un pequeño mareo, no debí comer tanta torta.-le respondió mostrando la lengua cual gato fuera. Terminaron su té y salieron a dar un pequeño paseo por los alrededores de la propiedad. Aun hacía frío, pero no quedaba nieve, los frotes empezaban a abrirse, aun podía verse el roció brillando sobre el pasto, parecían cristales esparcidos por el suelo.
Entonces Iván le cubrió los ojos con una venda, alegando que quería mostrarle algo, pero que era una sorpresa. Camino de la mano del rubio, esto le causaba gracia, sentía como el sol empezaba a calentar, no pudo determinar cuánto caminaron, pero tras unos largos minutos en que moría de curiosidad se detuvieron, la venda cayo de su rostro hasta el cuello y la luz la encegueció por unos instantes.
-¡Sorpresa!-tres voces familiares llamaron su atención, la vista frente a ella era aún mejor, ese proyecto que no había podido terminar el verano otoño ahora relucía en el sol matutino, Raivis y Edward estaban manchados con lodo y pasto, pero eso no importaba, se lavaba y ya, era un vivero lleno de plantas de distintas partes del mundo, habían flores tan variadas que no podía creerlo, era un verdadero arcoíris de flores, pero no había plantas sólo en el interior, sino que alrededor algunas adaptadas al clima mostraban sus bordes a punto de abrir.
-¡Es hermoso!-caminó lentamente observando cada detalle, se dio tiempo de oler cada flor.-Será una hermosa primavera.-pensó al momento que se olvidaba completamente de la pesadilla.
-Bien hecho chicos, espero que arreglen los que rompieron.-comentó Iván colocando una mano en un hombro de cada chico.-Kol.-la bufanda dio un golpe en las cabezas de los rubios más bajos y luego los dejo.
-Quizás no debimos dejar esa nota.-comentó Edward preocupado por como arreglarían aquello.
-Pero sólo debemos poner otro vidrío al retrovisor.-dijo Raivis recordando al subir una de las plantas abrió la puerta para mover el asiento y el espejo dio de lleno contra la pared, haciendo caer el vidrio trisándolo.
-Raivis, el día que trates de poner uno entenderás porque estoy tan preocupado.-dijo el mayor dejando al adolecente algo desconcertado.
¡Chan! Si creen que esto no tiene absolutamente nada que ver, tengan por seguro que están muy equivocados, ya verán, muajajajaja! [Se aceptan tomatazos (?)]
