Hola a todos, espero que hayan disfrutado el cap anterior y ¡gracias por los comentarios! Jeje, hoy nos juntamos con Doni y escribimos este cap completamente en conjunto, esperamos que sea de su agrado.
Por cierto, queda poco para el final, "poquito, muy poquito", y para explicar los extraños acontecimientos hasta el momento siendo que el fic no es ciencia ficción.
Sólo queda decir: ¡DISFRUTENLO!
Era un día tranquilo, llevaban una semana de vuelta en Rusia y aún no había resuelto el gran problema…
-¡¿Cómo se organiza un baby shower?!-exclamó la castaña, lanzando sus lápices y papeles lejos, sí, lo estaba intentando, pero eso la superaba. Letonia observaba desde la puerta, que temblando ligeramente por la última reacción de la mayor.
Sutilmente se deslizó dentro de la habitación.-Toris, en este caso, ¿no sería mejor pedirle ayuda a un profesional de las fiestas?-preguntó con timidez, mientras la mujer lo miraba sin moverse.
-¡¿Cómo no se me ocurrió antes?!-claro, la solución más sencilla de todas, un poco cara, pero que importaba, ¿cuántos países tendrían que asistir? Empezó a rebuscar en la guía telefónica, pero extrañamente sólo habían cosas de casamientos y en, menor medida, bautizos…-¡Esto no sirve de nada!-la guía voló lejos.
-Toris…-el rubio salió de debajo del mesón en el que se protegía.-Polonia es experto en estas cosas…y Edward en seguridad.-dijo antes de volver a refugiarse.
-¡Felixs!-murmuró excitada, poniéndose rápidamente de pie.- ¡Rudopoldo!-exclamó con voz de ama. El joven mayordomo ecuatoriano apareció lo más rápido posible dentro de la habitación, a saber cómo la escucho, si estaba del otro lado de la mansión.
-¿S-sí mi señor…a?-el chico ya estaba sudando por lo que fuera a pedirle, la última vez que la mujer del jefe le pidió complacer uno de sus antojos tuvo que hacer enviar una fruta tropical desde Venezuela, pero como no aseguraran que la fruta llegara a tiempo y alegando que no enviarían una unidad, tuvo que ir él mismo a buscarla en el jet de emergencias. Sólo para que al volver la señora ya no quisiera nada más que un poco de sandía, que por suerte tenían, realmente meditaba dejar de trabajar.
-¿Por qué me miras así Rudopoldo?, si no te he pedido nada del otro mundo.-sí claro. El hombre presintiendo que iría de mal en peor, empezó a retroceder disimuladamente.-Llama a Polonia, necesito que Felixs llegue cuanto antes.-el joven empezó a relajarse.- ¡Ah! Por cierto, pasa a Grecia y tráeme un trozo de queso de cabra con aceite de oliva, recién desmoldado, de la casa de Heracles, gracias.-definitivamente iba a renunciar. Rápidamente salió de la habitación.
Polonia bajo de su volkswagen beetle fucsia a juego con su vaporosa bufanda y lentes de sol, cual súper modelo frente a la prensa. Ingreso a la mansión abriendo las puertas de par en par, en una pose que dejaba relucir su trasero espectacularmente trabajado, aunque no tanto como España, en ajustados pantalones de cuero.
-¿Cuál es la emergencia querida?-extrañamente, al decir eso, parecía que la sala se llenaba de destellos y aplausos. Al momento en que posó sus ojos sobre Toris, todo esto se vino abajo, es decir, ¡quién en sus sano juicio se pone un pantalón de buzo con una sudadera un tono más claro que no fuera en rosa!- ¡Por Dios esto es peor de lo que pensaba!
-Olvida mi ropa, ¡esto es serio!-exclamó la castaña.-Necesito organizar un baby shower antes de que Iván vuelva o habrá una ruleta rusa en el itinerario.
-Muy bien, o sea, ¡manos a la obra!
-¡Señora! ¡Aquí está su queso!-llegó desplomándose Rudopoldo.
-Oh, muchas gracias.-dice la castaña.-Mmh, esto está delicioso.
En poca menos de un mes ya todo estaba listo, revisaba las invitaciones por última vez antes de enviarlas, tan sólo quedaba una semana para la fiestecilla, que en este caso era neutral. Simplemente porque Toris quería sorprenderse a sí misma y a los demás cuando naciera su retoño, pese a las suplicas del rubio, léase Iván, por saber que sería el bebé.
La semana paso volando, y en menos de lo que canta un gallo se encontraban en el gran salón, que de no ser por Polonia, jamás hubieran visto, excepto por Rusia, quien no lo recordaba a esas alturas de su vida, sólo tenía la impresión de que era un salón importante.
Los invitados llegaban poco a poco, a veces en grupo y cargando regalos que cada vez eran más grandes, sin mencionar que el primero ya era lo suficientemente grande como para impresionar a Toris. Entre gimnasios para bebes de parte de China y Vietnam, la infaltable mini bañera de Liechtenstein, un cargamento completo de pañales de parte de todos los países terminados en "tan", mantas y juegos de sabana para cunas de parte de Turquía, cabe mencionar que se las compró a Egipto, por lo menos las blancas, el resto de su nación.
Suiza les entregó una serie de libros, entre los cuales estaba la infaltable y necesaria guía para padres primerizos, como reconocer una enfermedad mental, aunque nadie lo quiera, en un infante, y la joya de la corona, el tan afamado libro "Como hablar de sexo con tu hijo" versión niños y adolescentes.
-¿Puedo pagarte una bonificación?-bromeó Iván, causando un ataque de risa en el más bajo.
-Luego me lo agradecerán.-respondió volviendo a respirar.
USA les entregó un paquete no tan grande, que traía una tarjeta un tanto sosa al lado de la cinta, Toris empezó a leerla lentamente, con algo de desconfianza, pero su cara se fue transformando en una de emoción, parecía tener el brillo de un niño que acababa de recibir un dulce gigante, puesto que la tarjeta no era nada ni nada menos que una entrada gratis de por vida a todos los parques Disney del mundo. Y dentro de la caja venían los DVD de todas las películas y cortos producidos por la empresa hasta la fecha, algunos que aún no habían sido estrenados siquiera.
Estonia, en conjunto a Letonia, les dieron un sistema de seguridad para bebés, con el clásico transmisor hasta con un avanzado sistema de localizador GPS para cuando el retoño empezara a gatear, y cabe decirlo, lo hacen a la velocidad de la luz.
Polonia se encargó de llenar el guardarropas del bebé, claro, se limitó al amarillo por el momento, pero ya verían en cuanto naciera, haría que fuera un/a completa fashionista.
Sin embargo, no todo eran regalos exuberantes, también estaban aquellos que fácilmente se veía eran hechos a mano, como Suecia y Finlandia, quienes entregaron una mecedora de bebes en conjunto a la silla multiuso, finamente talladas y cien por ciento seguras, de parte de Dinamarca, Noruega e Islandia, una casita desmontable de juego para el patio, pensando en que el bebé crecería algún día; esto, sin embargo, hizo que Toris y Natalia tuvieran un pequeño deja vú, pero decidieron no darle importancia, aunque ambas se miraron de reojo.
Ucrania les regaló un conjunto de invierno tejido a mano, calculando el tamaño que el bebé tendría más adelante, Bielorrusia lo complementó con una capucha de piel de angora, claro, dando una mirada a la castaña, que sólo Toris pudo descifrar, algo empezaba a andar mal, verdaderamente mal.
Sin embargo, no le prestaron atención a esto, sino que al castor que salía de una caja que cargaba alguien muy parecido a USA… ¿Cana…? Ah sí, Canadá. Como sea, el castor traía una mochila con una cinta, la cual se quitó para entregar a la futura madre. Y dándole una mejor mirada, se dió cuenta de que era un bolso de esos grandes en los que cabe todo para cuando te vas al hospital, hecho en patchwork.
Francia ya había entregado su regalo, había hecho un pastel para la fiesta, pero por precaución lo dejaron en la habitación contigua de momento, ya que estaba más fresca que el salón.
Transcurrida una buen parte de la fiesta las puertas del salón volvieron a abrirse, increíblemente los últimos en llegar habían sido Alemania y Prusia, ¡el fin del mundo!, caminando lentamente con la cabeza gacha, algo no andaba nada de bien, Ludwig miraba hacia un lado cada cierto rato, nervioso.
-¡Por Dios! O sea, ¡¿cómo osan llegar sin regalo?!-exclamó agudamente Polonia, haciendo que todos los ojos se posaran en los germanos.
-Lamentablemente…-el albino dio un par de pasos más hacia delante, en actitud solemne, para luego saltar apuntando a los presentes.- ¡Eso es lo que ustedes piensan! Kesesesese.-rió ruidosamente.
-Pero tenemos un problema…-Lud estaba rojo como un tomate.-No pudimos entrarlo.-dijo mirando en dirección a Iván.
Sin duda eso le pareció extraño al dueño de casa.- ¿A qué te refieres?
-Será mejor que lo vean ustedes mismos.-dijo Prusia haciendo un gesto para que los siguieran a hall que estaba repleto de cajas en las que relucía el "frágil" en rojo escarlata.
-Pensé que quizás sería buena idea que su futura descendencia conociera algo histórico perteneciente a su padre.-mostrando el contenido de una de las cajas. La sorpresa de todos era indescriptible.-Lo encontramos hace poco, fue toda una odisea sacarlo sin que los medios colaran la noticia antes de darles el "regalo".
Iván no decía nada, le tuvo que arrebatar el refresco a Polonia para no ahogarse y poder decir algo.
-Ahora recuerdo porque este salón era tan importante.-si, fue lo único que pudo decir antes de irse de espaldas. Después de todo, el "salón de ámbar" volvía a su hogar.
-¡Iván!-gritó Katyusha.
-Oh cielos… rápido, necesito una foto de esto, ¡jamás se repetirá!-chilló el norteamericano de los cincuenta estados.
Luego de eso, la velada se tornó agradable, felicitaciones iban y venían, de vez en cuando se oía a Iván decir que estaba seguro de que tendrían un niño, mientras que Toris decía que quería una niña. Y entre juegos, alguien sugirió que comieran el pastel, fue Natalia quien se ofreció a ir por él, ya que se sentía un poco sofocada y aprovecharía de tomar aire.
Nadie se esperaba que luego de su salida se escuchara un gran estruendo, como si una bomba hubiera explotado en la habitación contigua, los cuatro más robustos fueron los primeros en llegar a la escena. Efectivamente, la habitación estaba hecha un desastre, exceptuando el pastel de Francia, y cuando ya todos estaban en la escena, observando estupefactos como la bielorrusa, pegada a una esquina de la habitación con las manos en alto, protegía su rostro. Sin previo aviso se cortó una rebanada de pastel que levitó hasta quedar frente a la rubia, quien descuidaba su protección, dejando que el pastel se fuera de lleno a su cara.
Entrando en pánico, atravesó la habitación en tres zancadas, abriendo la ventana de par en par, se tomó unos segundos para dirigirse al francés, felicitándolo por la exquisitez de pastel, para luego aventarse fuera de la habitación. Con los nervios a flor de piel se asomaron en la dirección por la cual escapaba la rubia, a quien perseguía una pequeña estatuilla de mármol que se encontraba en el piso de la habitación, por la manera en que corría asumieron que bajo por el tubo del desagüe ya que no parecía herida y su vestido seguía en una pieza.
-Definitivamente siento que esto ya lo viví.-dijo casi sin expresión Lituania, sólo con un deje cansino en su voz.
Intentado recomponerse, el grupo decidió volver al gran salón, donde comieron la delicia dulce, logrando así relajar un poco los nervios por lo recién acontecido. Charlaron un poco, y apenas se puso el sol, decidieron dar por acabada la extraña reunión.
Felicitaron a Felixs por la fantástica decoración y se despidieron de la pareja, que a esas alturas, pensando que una estatuilla podría seguirlos también, prefirieron ir a la cama.
Natalia volvió al día siguiente, alegando que no quería hablar del tema. Desde esa mañana nada extraño volvió a ocurrir cerca de la bielorrusa, quien alegremente parecía haber cambiado de actitud, llegando a ser extremadamente condescendiente, pero no torpe como Katyusha.
Un mes después, durante una noche fresca que prometía entregar un sueño reparador a cualquiera, cerca de las tres de la madrugada, Toris se puso en pie, cuidando no despertar a su rusito.
Nuevamente tenía antojos, pero dada la hora, decidió bajar ella misma a la cocina, dudaba que a esa hora hubiera actividad en la cocina, y sintiendo el frio en sus pies, apresuró el paso hacia la habitación de baldosas blancas, abrió la puerta sin prestar atención a donde pisaba, y tomando en cuenta que Rudopoldo había dejado el trapeador apoyado al lado de la entrada antes de renunciar finalmente, Toris sintió sus pies resbalar y luego todo se volvió negro.
Esto ha sido todo por hoy, gracias a todas las personas que nos han seguido hasta este punto, tan cerca del final de este fic.
Doni: ¡Los/as quiero pequeños brownies!
¡Nos leemos!
