... Esto es terrible. Me quedan tres días de clase, y en uno tengo tres evaluaciones ¡tres! . Yo pensaba que estas semanas serían de jugar videojuegos en sala. Extraño los viejos tiempos...
Bien, luego de este cap sí o sí regularizo (¡Larga vida a las vacaciones!) Muchas gracias por los reviews! Siempre es un gusto leer lo que piensan c:
Ok, vamos con el capítulo!
Capítulo 5: Conocidas
El común de la gente comenzaría el relato con el típico encabezado "y los rayos del sol atravesaron sus ventanas, invadiendo su cuarto", pero ni siquiera eso se podía decir en la guarida de Erik. Aquí no había día. Solo había un ambiente de eterna nocturnidad. Noche sin llegar a ser noche.
Pesarosa, me levanté de mi nueva cama y miré a mí alrededor. En el velador se encontraba una nota, escrita delicadamente con tinta roja. Erik.
La tomé con rapidez. Mi mirada se desplazaba por el papel.
"Mademoiselle Durand
Me he retirado por unos asuntos de suma urgencia. Tomando en cuenta su actual atuendo, he conseguido un par de prendas más adecuadas para una dama de esta época. Estas prendas están actualmente en el armario de su nueva habitación. Madame Giry estará aquí en breves minutos. Puede formularle todas las dudas que usted tenga. Junto a su nueva ropa está su teñida de práctica. Recomiendo que use de inmediato la indumentaria, puede ser complicado cambiarse otra vez.
Le deseo un buen "primer día" en el Palais Garnier.
Erik"
Doble la nota. ¿Dónde estará Erik? ¿Estará con Christine? O quizás solo está atemorizando al cuerpo de ballet…
El cuerpo de Ballet.
Como pueden ver, tengo la costumbre de recordar las cosas en el peor momento de todos. Este era el primer día de mi desastre histórico como bailarina de ballet.
En qué me he metido…
Despejé esos pensamientos y corrí al armario. Intenté vestirme sin éxito alguno. Enseguida recordé una conversación que tuve hace años con Amanda Byron, nuestra soprano principal por alrededor de seis años y Christine Daaé en la última producción. Hablábamos de cierta ópera que no logro recordar, sin embargo aún puedo escuchar sus palabras: "el papel es un sueño, pero lamentablemente tengo que usar un corsé. Eli ¡Un corsé! ¡El que creó esas máquinas estruja cuerpos merece el odio de todo el género femenino!"
Ahora cuanto la entendía, y eso que aún no podía abrochar la parte trasera. Si no me equivocaba, debía haber un espejo en alguna parte de este lugar. Erik no está aquí. Solo tengo que salir del cuarto, cruzar el salón y…
-¿Mademoiselle Durand?
Madame Giry ¡Olvidé por completo la nota de Erik!
Actué rápidamente, tratando de recomponer la poca decencia que me quedaba. Luego de unos segundos, y un poco más cubierta, me atreví a mirar a Madame Giry.
-perdóneme, Madame. Digamos que tengo un pequeño problema – una de las prendas que llevaba casi resbala de mi cuerpo. Sentía hervir mi rostro. Creo que bailar no es el mayor de mis problemas después de todo.
-Si quiere puedo ayudarle, señorita – dijo Madame Giry con una cuota de humor
-Por favor, se lo ruego
Madame Giry se puso en marcha. Mientras sus manos expertas tiraban del corsé, cortándome el aliento, yo le explicaba el por qué de mi incompetencia al momento de vestirme. Nos sorprendimos mutuamente con cada nueva información que salía de nuestros labios. Creo en ese momento Giry entendió a mi pobre par de jeans con manchas accidentales. También llegamos a un pequeño acuerdo. Se trataba de mi ropa; podría usar mis prendas "antiguas" cuando estuviera en la guarida, siempre y cuando Erik lo aprobara.
Apenas terminó el calvario de la ropa, no pude reconocerme frente al espejo. Lucía tan… no, no diré hermosa. Solo femenina. El traje se ceñía fiel a mi figura, la cual me atrevo a decir que no sabía que tenía hasta ese momento. Un sentimiento de incomodidad me llenó, mezclado con asombro ¿Esa era yo?
Una vez fuera de mi asombro, Madame Giry me guió hasta la superficie por una ruta que no conocía. El mar de escaleras parecía interminable, pero no importaba. Al contrario, bendecía el camino largo. Los intrincados detalles cincelados en las piedras llamaban mi atención. Todo era tan misterioso, tan hermoso.
-No conocía esta ruta…
-No es muy utilizada. Este lugar tiene varias entradas, señorita. Después de todo, un hombre como Erik debe escapar rápidamente.
Me reí ante el comentario. Claro que lo sé. Ser fantasma en un teatro debe ser un trabajo complicado.
Seguimos el camino en silencio, mirando el arte de las murallas. Cuando vi las pequeñas luces al final de las escaleras, indicando las mirillas de la puerta oculta, un nuevo sentimiento de temor llenó mi mente. Paré en seco.
-¿Está bien, señorita? Luce muy pálida
-Madame, yo… – mi voz se quiebra mucho con el miedo – yo…
-¿Qué pasa? Puedes confiar en mi, muchacha
-verá… – tomé un respiro. Los nervios me traicionaban, haciendo temblar mis piernas – yo… yo no sé bailar, Madame
-¿Cómo dices?
-no sé nada de baile. Simplemente no puedo coordinarme. La última vez que me obligaron a bailar fue en mi escuela, en expresión corporal, y esa vez me rompí una pierna. Tengo miedo ¿Qué pasa si vuelve a suceder?
Madame Giry me miró por largo rato. Estaba atemorizada, pero luego de su mirada analítica me dio una pequeña sonrisa. No entendí ¿Era eso lástima?
-pequeña, no te preocupes. Algunas de mis alumnas llegaron aquí igual que tú. Ven, no haré nada muy complicado. De todas formas, aprecio su honestidad, señorita
Apenas pasamos el umbral del pasadizo quedé deslumbrada ante la vida del teatro. El resto del cuerpo de ballet estaba ahí, vestidas para su práctica matutina. Me dolía todo. Nervios.
Madame Giry golpeó su bastón. Todas las bailarinas se ordenaron.
-Deberían estar practicando ¿Acaso no puedo ausentarme unos minutos? – la escuché reprimirlas. Temblé visiblemente. Algo iba a salir mal aquí – antes de reanudar, debo informarles que tenemos a una nueva aprendiz en el cuerpo de ballet. Esta señorita es Elise Durand, y será parte del plantel desde este momento. Ella viene de muy lejos, así que sean amables con ella, por favor.
¿De muy lejos? ¿Qué quieren que les conteste a las chicas curiosas, que vengo de Suazilandia?
Las chicas murmullaron entre ellas, pero el bastón de su mentora volvió a ordenarlas. Su voz se alzó con una instrucción. Todas las chicas hicieron el paso correspondiente.
Y yo ahí, parada.
Todas me miraron fijamente. Mi rostro volvía a hervir. Retiro lo dicho. La verdadera tortura sí había comenzado.
Ha sido un día intenso para mí…
Las primeras dos horas fueron un desastre total... A quién trato de engañar, todas las horas fueron un desastre total. No sé como las chicas pueden bailar así, de verdad. Yo no puedo mover un pie, y mis músculos ruegan por descanso. Traté de coordinarme lo más que pude, pero no importa lo que haga, nada sale como quiero.
En el momento del descanso, bien entrada la tarde, corrí a una de las esquinas tras bambalinas y me lancé al suelo. Hecha un ovillo en el piso, recordé el por qué había llegado hasta acá y solo pude llorar. Extrañaba a mi familia, a mis amigos, a la compañía del Palais Garnier contemporáneo. Quería volver a ver a Colin y escuchar sus comentarios asertivos, esas palabras que siempre me hacían reír. Quería abrazar a cada uno de ellos y no podía. Ellos ni habían nacido para esta época…
-¡Aquí estás! ¿Te sientes bien?
Levanté mi mirada. Estaban dos chicas del ballet frente a mí. Por alguna razón me parecían conocidas. Enseguida me paré del piso, limpiándome los ojos. No quería generar lástima. Vergüenza ajena en el baile, quizás, pero no lástima.
-Si, estoy bien – les respondí – solo extraño a mi familia, nada más
Las dos chicas sonrieron. Una de ellas, de cabellos castaños y de hermosos ojos azules, tomó mi mano.
-No te preocupes. Ya no quedan más ensayos hoy, puedes relajarte ¿Quieres venir con nosotras?
-¿A dónde puedo ir? No conozco este teatro – Oh, eso si que es una mentira despiadada ¡Conozco este teatro tan bien que sé lo que hay cinco pisos abajo!
-Solo acompáñanos. Meg y yo buscaremos algo para hacerte sonreír
Un clic resonó en mi cabeza. Meg Giry…
-sí, y creo que Christine tiene varias historias del norte que te pueden entretener, Elise
Christine…
Christine…
¡Dios, es Christine Daaé!
Erik tiene completamente permitido amarla. Por lo que veo es una belleza de mujer, y además me trata con bondad ¡Es completamente adorable! Me pregunto cómo será su voz. Debe ser magnífica para haber enamorado así a Erik…
-¿Elise? ¿Nos estás escuchando?
Volví de mis pensamientos. Las dos jóvenes me miraban con extrañeza.
-ah, perdón, es que… – rápido, piensa en algo – me recuerdas a alguien que conozco – mitad mentira, mitad verdad. Bien hecho, Elise
-entonces ¿Irás?
-¿Dónde?
-No te preocupes, solo es nuestro cuarto – exclamó Meg
Apenas asentí, Meg me tomó de la mano y corrió por los pasillos, llevándome a tropiezos hasta su cuarto. Atrás, con un ritmo más tranquilo, iba risueña Christine.
Apenas llegamos al dormitorio tomé asiento en una de las camas, cansada de las prácticas y de las carreras por los corredores. Miré el cuarto. Era una habitación sencilla. Había varias camas, y las paredes estaban pintadas de agradables tonos pastel.
-Elise ¿Has escuchado los rumores? – preguntó Meg emocionada, tomando mis brazos
-¿Qué rumores? – Pregunté inocente
-los del fantasma ¿Cuál más podría ser? ¡Los del fantasma de la ópera!
-Meg, no comiences con eso – Le reprochó Christine. Si solo supieran que lo conozco en persona
-Me temo que no conozco esas historias, pero suena interesante
-sí que lo es. Elise, este edificio está embrujado por un fantasma. Todos los días ocurren cosas extrañas en el teatro, y el fantasma suele mandar notas a nuestro gerente
Ah esas notas… esperen ¿Nuestro gerente? ¿ Lefèvre? O sea que Raoul de Chagny aún no ha hecho su entrada estelar.
-¿Notas? Pero los fantasmas no mandan notas – me estaba divirtiendo mucho con esto
-¡pero él si lo hace! Siempre está mandando notas con instrucciones de cómo debemos conducir su teatro. Fuera de eso, siempre ocurren accidentes extraños durante los ensayos. La víctima suele ser Carlotta
-¿Carlotta?
-Carlotta Giudicelli – agregó Christine – Ella ha sido nuestra Prima Donna por al menos cinco temporadas
-cinco tortuosas temporadas. Si lo hace a propósito a Carlotta, el fantasma debe tener buen gusto
-¡Meg! – Christine volvió a reprochar
-Admítelo, Christine. Carlotta canta como una vaca, perdonando a todas las vacas
Oh, los rumores sobre el doloroso canto de "La Carlotta" no son rumores después de todo.
Miré el cuarto. Estaba oscureciendo. Lamentable, estaba entretenida con la conversación.
-Chicas, me temo que debo buscar a Madame Giry. Se está haciendo tarde – Me paré de la cama
-pero Elise, aún quedan muchas cosas que contar – intercedió Meg
-Meg, me temo que también debo irme. Tengo que ensayar y…
-Otra vez tus misteriosas clases – La voz de la bailarina delataba frustración – está bien, vayan sin mí. Nos vemos, Elise. Christine, te esperaré despierta ¡De mí no escapas!
Christine le respondió con una sonrisa y desapareció del cuarto. Iba a ver a Erik. Lo sabía. Quería buscar a Madame Giry para que me llevara a la guarida, pero ahora no quiero. Estaría sola. Sola…
-Elise ¿No ibas a buscar a mi madre?
Me di la vuelta. Los ojos de Meg estaban clavados en mí con una cuota de extrañeza.
-Creo que ya no quiero. Yo…
-¿Mademoiselle Durand?
No pude terminar la frase. Resulta que yo no era la única buscando a alguien. Madame Giry también me buscaba a mí.
-Madame Giry…
-Debo acompañarte a tu cuarto. Debes estar cansada – se giró a su hija – y tú, Meg, por favor duerme ahora
-Pero mamá, Christine…
-Christine demorará y te dormirás igual, ya lo sabes. Ahora a dormir
Salimos del dormitorio, caminando hacia otra entrada secreta. El viaje hacia el subterráneo fue igual de silencioso. Cuando llegamos a la guarida, Madame Giry me ayudó a quitarme el maldito corsé y luego se marchó. Me puse mi vieja ropa y esperé sentada, acariciando el magnífico instrumento del salón. La noche era pacífica, sin ninguna distracción. Lentamente, el sueño se fue apoderando de mí. Era tarde. Erik no volvía. Por más que lo esperara sentada en su órgano, no podía resistir el cansancio. Apoyé mi cabeza en las frías teclas, cerré mis ojos y seguí esperando.
Pasaron los minutos, pocos, y la espera me venció. Los brazos de Morfeo, acogedores, cedieron ante mis súplicas, y el manto de la noche, oscuro y misterioso, terminó por envolverme.
