Disclaimer: Hetalia no nos pertenece.
Advertencia: Iván fuera del personaje OC, es completamente necesario esta vez.
Recuerden que la historia transcurre en el futuro.
Ahora, sin más, ¡a leer!
Despertó por un ruido muy leve, su sueño era muy leve, solía despertar con el más mínimo ruido, incluso cuando Toris creía que no lo despertaba al abandonar la habitación sólo fingía seguir durmiendo. Por lo mismo supo que ella había salido de la habitación, sin mencionar que empezaba a sentir el frío a su lado izquierdo. Pasó un rato y sintió otro ruido, uno sordo, seguido por otro más agudo, inmediatamente se puso de pie y salió de la habitación rumbo al primer piso.
Su trotar por la escalera despertó a los otros, no, en realidad fue su grito al encontrarse con Toris tendida cuan larga era en la cocina, el olor a cloro inundaba la estancia y un charco de líquido amniótico empezaba a formarse entre sus piernas. No lo pensó dos veces, levantó a la castaña y corrió al auto, no había tiempo, a medio camino se encontró con los bálticos, y sus hermanas.
En menos de diez segundos abrieron la puerta del garaje, el portón y la reja de entrada, por suerte eran de cierre automatizado, sólo aceleraron por la pista, casi vacía a esa hora de la madrugada. Edward conducía la van, a una velocidad que haría llorar de terror al más macho de los machos, con la vista en túnel, derrapando en cada curva, Katyusha temblaba tanto como Raivis mientras Natalia intentaba hacer que su hermano conservara la poca calma que le quedaba, pero Iván ya no cabía en sí mismo.
Todo fue muy rápido, apenas llegaron a urgencia, los enfermeros de turno salieron con una camilla al verlos derrapar frente a la puerta, lanzándose fuera del vehículo, enseguida aseguraron a Toris en la camilla y mientras recorrieron los pasillos hasta la sala preoperatoria, tomaron sus signos vitales. Cualquiera pensaría que irían directo al pabellón de urgencias, sin embargo debían realizar otros procedimientos previos, para conocer el estado de ingreso de la madre y del bebé.
Iván trató de seguir la camilla de su lituana, pero lo detuvieron otras enfermeras, atacándolo con preguntas obviamente necesarias, respondió tan rápido como las preguntas venían, y cuando el interrogatorio termino, un gusto amargo inundo su boca, había una situación bastante extraña desde que se enteraron del embarazo de Toris, y nadie lo había notado hasta ahora, que se detenía a pensar en lo que había dicho. Ya en la sala de espera vio aparecer a un hombre vestido como si fuese a entrar a cirugía, no se sorprendió del todo al verlo dirigirse hasta él, esta vez no permitiría que los nervios le jugaran en contra, debía mantenerse firme por su familia, el medico hizo su presentación formal, le comunico que Toris se sometería a una cirugía de emergencia, los detalles serían entregados una vez terminado el procedimiento y les dejo en claro que lamentablemente el médico tratante de toris no se encontraba de turno y él se ocuparía del caso. Tan rápido como llego, se fue.
No habían pasado ni diez minutos desde que el cirujano se había ido y ya le parecía una eternidad, este se convertiría en el momento más largo de su eterna vida. En menos de una hora y su hermana, Ucrania, junto a Edward llamaron a los jefes, y a otros parientes, parecía que no acabarían nunca de comunicar la "mala" nueva. Ya transcurridas tres horas, se enteró de que era padre, pero no del mejor modo del mundo, tan sólo vio pasar a una enfermera corriendo con una pequeñísima camilla, bastante extraña, ya que parecía que tuviera una cúpula de plástico sobresaliendo de ella. Aun ningún profesional había salido a informar la condición de la lituana o de su bebé. Pasados unos veinte minutos de haber visto pasar la camilla, finalmente, volvía a salir el doctor a dar noticias de los acontecimientos, mientras, de fondo, logro divisar a Toris que era trasladada a recuperación. Increíblemente la cara del doctor no le había dado ninguna seguridad de que hubiera salido bien, de hecho, sentía como se le erizaba la piel a cada paso que daba.
-Hasta el momento, ambas están vivas, a pesar de que la señorita Laurinaitis ingreso con una presión extremadamente elevada, hemos podido solucionarlo, por el momento.-recalco elevando la voz.-Requerirá una evaluación exhaustiva por parte de su médico tratante.
Iván estaba tan desorientado que no pudo formular otra pregunta que no fuera…- ¿Por qué olía a cloro?… ¡¿Trato de suicidarse otra vez?!-o sí, las preguntas anteriores aun le rondaban insistentemente dentro de su cabeza.
-El olor a cloro es normal una vez que se ha roto fuente.-explicó el doctor.-Es el olor natural de líquido amniótico, respecto a lo de autoinfringirse daño… tiene relación directa con la condición actual del bebé.
La enfermera se interpuso entre él y la camilla, armada con un bolígrafo y una planilla en blanco, dispuesta a todo con tal de recibir la información necesaria, incluso a que le pasara por encima, cosa que casi ocurre.
-Buenos días, soy Lyubov' Pávlova, enfermera de turno y necesito que me responda algunas preguntas.-por algún motivo, pese a su baja estatura, esta mujer le hacía prestarle tanta atención como Mongolia.
-D-da.-responde aun algo aturdido.
-Necesito saber datos personales, psicológicos, físicos, de alimentación, historia médica y estado de gestación, todo esto es información confidencial, serpa manejada únicamente por el equipo médico a cargo.-dijo al momento en que llenaba la ficha con la hora y la fecha.- ¿Cuántas semanas de gestación tiene hasta el momento?
Iván sintió que la sangre se le congelaba, como nunca en su vida.-Por el General Invierno, sólo tiene treinta semanas.
-¿Conoce su estado psicológico? ¿Este estado ha influido en sus hábitos de alimentación?-Iván lo pensó un poco, el ánimo de su pareja era un tanto confuso, casi como el de él mismo.
-Ha tenido depresión durante toda su vida, ha tratado de suicidarse innumerables veces, últimamente se trataba con un psiquiatra suizo y, extrañamente, se le veía estable, sólo algo nerviosa durante el día… con respecto a la comida, al principio las náuseas no le dejaban probar bocado, luego se tardaba mucho en comer, revolvía la sopa más de lo llegaba a su boca, y en el momento más inesperado nadie sabía cómo el plato estaba limpio.-dijo alzando una ceja, sorprendido por lo que decía.-Sólo comía excesivamente y a la vista de todos cuando tenía sus antojos imposibles, dos veces a la semana… ouch…
-Pero, ¿me podría asegurar que realmente comía constantemente y no le daba la comida al perro?
-No tenemos perro.
-Algo habrá, la comida no desaparece en un segundo, es fisiológicamente imposible.
-No, no puedo asegurar que coma.-respondió oscureciendo su mirada y congelando su alrededor, hasta parecía que la luz había disminuido a su alrededor, pero la mujer continuo preguntando.
-¿Cómo fue el embarazo? ¿Alguna enfermedad previa importante?-inquirió insistentemente.
-Tenía mucho frío por lo que pasaba mucho tiempo al lado de la chimenea, por más que le recordáramos que el doctor le recomendó alejarse de cualquier fuente de humo, pero cambiar las viejas costumbres es difícil.
-¿Cuál es la razón exacta de su ingreso?
-Sentí un ruedo sordo y cando llegue a la cocina la encontré desmayada con el líquido emanando de sus piernas, olía a cloro, así que asumo que resbalo y se golpeó la cabeza.
-Por el momento no necesitamos más información que su nombre y edad. De ser necesario se le volverán a hacer preguntas atingentes a la situación.
-Está bien, es un país, Lituania, Toris Laurianaitis, tiene aproximadamente un milenio doscientos, por no echarle más leña al fuego. La enfermera terminó de garabatear la ficha, y tras mirarlo de reojo, siguió su camino a pabellón, a una velocidad inhumana.
-Creemos que probablemente, por sus antecedentes psicológicos, su alimentación allá sido deficiente durante las últimas treinta semanas, a esto hay que sumarle la prolongada exposición al humo. Normalmente estas dos condicionantes desencadenan partos prematuros y reducción en el tamaño normal del feto, desgraciadamente este es un caso más grave, apenas pesa un kilo ochocientos gramos y mide vientres centímetros y medio.
Iván lo miro extrañado, no podía relacionar el tamaño de la panza con el del bebé, respectivamente era ilógico.-Si se lo pregunta, el líquido amniótico llena el espacio sin importar el tamaño del feto.
Confuso aun, tuvo que hacer la pregunta, como era ´posible que nadie se lo dijera aun.- Pero ¿qué ha sido el bebé?
-Pero si ya se lo dije, ambas, ha sido una niña.-dijo el cirujano como si fuera lo más obvio del mundo.-Pero dejándonos de rodeo, el estado de la bebé es crítico, se encuentra en la unidad de tratamientos neonatológicos y le recomiendo que se prepare mentalmente para visitarla.
Volvió a dudar, la situación se hacía cada vez más desesperante para él, jamás le había pasado esto, no poder reaccionar automáticamente, fluidamente.- ¿Ella vivirá?
-No es algo que pueda asegurarte en este momento.-confeso el profesional.-Todo dependerá de la respuesta que tenga la bebé a los tratamientos.
La conversación acabo con los detalles de la condición de Toris, y los procedimientos que llevarían a cabo antes de que pudiera ir a visitarla a la habitación designada, y como si el viento lo empujara, el hombre se dirigió a neonatología, con el desgano típico del cansancio.
Iván quedo sólo en el pasillo, quieto, sin moverse ni un milímetro hasta que Natalia le sostuvo la mano, y con su inexpresivo rostro le dijo que fuera a verla.
Al llegar a la sección de pediatría, un enfermero procedió a guiar al padre hacia la sala de neonatología, habían pocos bebés ahí, de hecho, lo que más resaltaba eran las maquinas a las cuales estaban conectados, entre cables y tubos, dentro de esas pequeñas "vitrinas" que proporcionaban el hermetismo suficiente para proteger a los infantes de cualquier germen que hubiera en el aire. Sin embargo, su bebé fue lo que más le impresionó, casi no le veía entre los tubos, el catéter de las mariposas sobresalía en su pequeño cuerpo, realmente medía veintitrés centímetros y medio, y los huesos de sus costillas parecían marcarse completamente a través de la piel.
-Por favor, que viva.-pensó contemplando la cuna con temor absoluto reflejado en el rostro. Era el peor escenario que podía ocurrir, no oía al enfermero, pasó un rato antes de que reaccionara al movimiento en su brazo.- ¿Dijo algo?
- ¿Qué nombre le pondrán a la niña?-volvió a repetir el hombre con paciencia y sorpresa de que Iván aún se mantuviera en pie por su propia cuenta, comúnmente los padres debían sentarse después de ver a su hijos así, las madres no, ya estaban en la silla de ruedas, por lo menos la mayoría de las veces.
Iván se quedó en silencio, habían hablado de eso durante tantas noches antes de caer dormidos, pero ahora no podía pronunciarlo, colocó una mano sobre el acrílico transparente.- Anna Braginskaya.*
Era casi medio día cuando los dejaron ver a Toris. La habitación quedaba en el tercer piso del hospital, dejando ver la catedral desde la ventana, pero Toris, recostada en la camilla, semi inclinada, con la mirada perdida, no era capaz de disfrutar el paisaje. Iván se sentó a su lado, besando su frente al mismo tiempo que acariciaba su mejilla delicadamente. Vio al resto asomarse por la puerta, querían darles espacio, pero al mismo tiempo no querían despegarse de ellos, querían noticias.
-¿Dónde está nuestro bebé?-preguntó finalmente, observando su vientre plano, la preocupación en su voz era palpable. Sólo pensar que podría haber muerto por culpa de su accidente. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos, pero Iván le tranquilizo.
-Iremos a verla en cuanto te permitan moverte, mi amor.-le susurró al oído, besándola nuevamente.-Anna está viva.-aun diciendo eso sentía el amargo en su boca, con los ojos tanto o más acuosos que los de su lituana. En el fondo sabía que para Toris, ver a su bebé así podría ser contraproducente, pero eso no quitaba que tuviera el derecho de conocer a Anna.
Entre todos hicieron esfuerzos por hacerla comer, aunque fuera un poco, pero la anestesia un dejaba una inapetencia, pese a haber pasado cerca de ocho horas desde la cesárea. Cerca de las dos de la tarde apareció una enfermera de neonatología que se ofreció a llevarla a conocer a su bebé. Tan pronto lo hizo, la cara de Toris se ilumino, Iván aún seguía preocupado por la reacción que pudiera tener, pero no había de otra.
-Toris, no te gustara lo que vas a ver, ella está muy débil así que…le han puesto intravenosas por todo su cuerpecito.
-No importa Iván, es mi hija de todos modos, tengo que verla.-dijo con toda la seguridad del mundo condensada en una sola persona. Pero esto cambio por completo al pasar tres minutos de sostener al bebé a través de los guantes, retiro las manos, temblando como una jalea, conteniendo las lágrimas y el llanto que amenazaba con surgir de su pequeña garganta.
Una sola mirada de Iván basto para que la enfermera llevara a Toris de vuelta a la habitación. Se sentía tan culpable, todo por caminar en plena noche con las luces apagadas, y en la ¡cocina! Su bebé podría morir en cualquier momento, no podía tolerarlo, simplemente daría su vida a cambio de ella, ¡lo que fuera necesario!
De vuelta en la habitación, por la mirada preocupada los demás decidieron dejarlos a solas, era una situación demasiado delicada como para intervenir, tan sólo atinaron a llamar al Suizo.
Pero ignoraban lo que ocurría ahí dentro. Por mucho que Iván trataba de subirle el ánimo, de que reaccionara a algo de lo que decía, nada funcionaba, Toris estaba en una especie de limbo mental y empezaba a curvarse sobre sí misma, sosteniendo las manos en su pecho, sin emitir ruido alguno. Se desmayó entre sus brazos, se veía tensa, tensa de dolor, el calor que emanaba su cuerpo casi quemaba a Iván, pero no la soltó, no hasta colocarla en la camilla y descubrir que ya no era ella, había vuelto a ser él, había vuelto a ser el Lituania de siempre.
En ese instante, sin la decencia de tocar la puerta, entraron el doctor de cabecera y el cirujano, los cuales se detuvieron de golpe al ver a dos hombres, donde debería estar una mujer y su esposo.
-¡Ha ocurrido el cambio!-exclamó con excitación académica el doctor de cabecera.-Pero no esperaba que ocurriera tan pronto.
-¡Pero si era una mujer común y corriente!-este comentario de parte del cirujano hizo que Iván, ya sobrepasando su umbral de paciencia, se levantara lentamente, con un aura gélida emanado de él, llenando toda la habitación, desfundando su cañería lentamente, al tiempo que se giraba, con aquella cara desquiciada de ojos glaciales.
-Es un país.-dijo con una sonrisa psicótica.
*En caso de que alguien no lo sepa, el líquido amniótico huele a cloro.
*En Rusia, Anna se lee Anya, y los apellidos femeninos tienen terminación "a" y en caso de terminar en una vocal, se agrega la terminación "aya".
El siguiente será el último capítulo, ¿están emocionados? ¡Nosotras sí! Disculpen la demora, pero no habíamos logrado coincidir para desarrollar el cap., la universidad es agobiante para ambas, por un lado enfermería y por el otro diseño (o sea, psicopatear gente por reunir información, literalmente).
¿Nos regalan reviews a modo de huevitos de pascua? Recuerden que nunca se es demasiado mayor para el chocolate ;D
Ah, y no nos maten por favor.
¡Los queremos! ¡Hasta la próxima!
