Me siento como el peor de los peores D: . Es extraño, pero luego de superar el estrés de las evaluaciones y del elenco escenográfico de Hamlet, no podía hacer nada. Ni escribir, ni componer música, ni dibujar. Todo lo que planeaba simplemente no salía :c . Ahora estoy volviendo de ese gran Multibloqueo. Espero que no me pase nuevamente. Nunca se me había bloqueado la escritura en conjunto a la música D:
TrueNephilim: Christine... hmm, realmente no sé qué decir de ella. Lo que sí puedo asegurar es que la detesto por dejar a Erik xD En cuanto a Raoul, es detestable por cuenta propia c:
Pero mucho sobre mí. Aquí hay finalmente un capítulo nuevo :D Y hablando de cosas nuevas ¡Feliz Año Nuevo atrasado a todos!
Capítulo 6: Hannibal Comes
Desperté con un dolor horrible en todo mi cuerpo. Miré a mí alrededor y reconocí mi habitación. Estirando mi cuello, me levanté como pude y caminé al salón. Erik estaba ahí, sentado frente a su órgano cargado de partituras. El giró y me dio una mirada de reprimenda ¿Qué hice ahora?
-Mademoiselle Durand, espero que tenga un buen despertar – dijo, como si supiera de antemano todo el dolor que torturaba mi cuerpo
-No es el mejor despertar que hubiera querido, Monsieur Erik
-Eso esperaba – Se levantó del banquillo, caminando lentamente hacia mí – después de todo, el órgano no es el mejor lugar para caer rendido ¿Por qué me esperó?
Lo miré con vergüenza. No sabía qué decir. Ni yo sabía la respuesta… y estos días suelo quedarme sin respuestas. Se supone que debería saber una gran cantidad de cosas. Provengo de un "futuro distante", es lo lógico. Entonces ¿Por qué parece el silencio la respuesta perfecta a todo? Aquel dilema me dejó profundamente furiosa.
Y Erik y yo no somos distintos en el dominante mundo de la furia.
-No lo sé, monsieur. Quizás me sentía un poco sola
-Pudo haberle dicho a Antoinette que le hiciera compañía durante un tiempo
Touché…
-Déjeme en paz ¿Ya? No sé la respuesta
-Como usted diga
Me fui a mi habitación, di un gran portazo y me acosté en la cama. No iba a salir de la guarida hoy. No, no pensaba salir de aquí. Salir significaba hacer el ridículo en el baile, soportar a La Carlotta y las miradas de reproche de todo el mundo. No, no iba a salir hoy. Me quedaría todo el día escuchando música con la poca batería que le queda a mi teléfono celular. Era el plan perfecto. Solo yo y las guitarras. Solo yo y mi mundo…
-señorita, está atrasada para los ensayos
Levanté mi mirada. Ahí estaba Erik, parado, mirándome directo a los ojos.
-No quiero estar con nadie, Erik
-¿Puedo saber lo que le pasa? Despertó hostil esta mañana
-… No quiero ser el hazmerreír del mundo, no otra vez – confesé – Erik, nunca he bailado, solo accedí para poder quedarme aquí, en el Palais Garnier. Sé que no tendría hogar en otro lugar, y dejando olvidada la cantidad de años que separa mi era de esta, el teatro es el único lugar en todo Paris que conozco bien – Mi mirada se nublaba. Estaba llorando – No quiero estar aquí. Extraño a mi familia, a mis amistades – Bajé la cabeza – Mi viejo trabajo me llenaba de reconocimiento ¿Qué soy ahora? ¡Solo soy un intento de bailarina que no sabe bailar!
-Señorita, calma
¡-No pienso calmarme ni subir al escenario! No voy a bailar, punto final
-¡Pero el trato era…!
-¡Qué no!
-¿Alguien puede explicarme qué está pasando aquí?
Ambos giramos nuestras cabezas. Madame Giry estaba parada en donde antes estaba Erik, mirándonos con seriedad. Con solo un golpe de su bastón logró que ambos recompusiéramos nuestras posturas. Su enojo se detectaba a millas.
-Espero una respuesta – Dijo tajante
Erik tomó la palabra. Su nervio, mezclado con su obvia indignación, se escuchaba claramente en sus palabras.
-Antoinette, esta vez la culpa no fue mía – su voz reflejaba un timbre sombrío. Quizás el que utilizaba al interpretar al fantasma
-Erik, no puedes esperar que yo crea eso. Conozco tu temperamento
-¡Te digo que no fue Erik! – tercera persona. Así que no es un mito…
-ignore a Erik, Mademoiselle, y sígame. Es muy tarde y el ensayo está a punto de comenzar
Miré a ambos y apreté mis puños. Sé que saldría victoriosa, pero esto era injusto.
-Espere
Madame Giry dio la vuelta, mostrando desconcierto y enojo, no sé cuál de los dos era más marcado.
-¿Qué pasa, Elise?
Guardé valor. Vamos, solo dilo.
-Madame, Erik… Erik tiene razón. Yo fui la culpable de la pelea
Varios segundos de silencio. ¿Acaso nadie me cree?
-¿Está respaldando a Erik? – preguntó Madame Giry, impresionada
-no, solo digo la verdad. Estaba frustrada por todo lo que me pasa en estos días, solo eso. Es fácil hacerme enojar, créame
Madame Giry pareció pensar muy bien mi respuesta, casi como si fuera un abogado en búsqueda de una contradicción. Sus dedos acariciaban la madera del poderoso bastón.
-Está bien, le creeré por hoy. Ahora, si me disculpan ambos, una señorita está llegando tarde a sus ensayos.
Seguí a Madame Giry con mi furia aplacada por la derrota. Erik seguía parado en el mismo lugar, viendo como mi sombra se fundía con la nocturnidad de su guarida. No dijo ninguna palabra, pero sus ojos reflejaban algo… ¿Sería un poco de… admiración?
Una hora de ensayo. Hasta el momento todo iba como ayer. La Carlotta estaba parada en la mitad del escenario, cantando su parte en la interpretación de Hannibal. Era difícil ignorarla, la verdad. Su canto torturaba mis pobres oídos. Siendo una trabajadora del Palais Garnier durante tantos años, nunca me había encontrado con nada semejante. Su falta de afinación, su caracterización casi burda… no, esto no era lo que merecía el público de París, no era ni una pizca de lo que podía recibir.
Ahora estaba Piangi cantando en el escenario, algo mejor que la diva principal, cabe destacar. Un verdadero descanso a los oídos, aunque no podía compararse a mi querido amigo Colin. Reyer, el director de orquesta, paró el acto en seco, su mano golpeando la batuta contra el atril.
-No, no ¡No! Señor Piangi, por favor. "Roma". Se dice "Roma", no "Romá". Desde el inicio del compás, por favor
Piangi comenzó a cantar nuevamente, reemplazando su acento italiano esta vez. El ballet entraba en un par de compases más, pero yo no participaría de eso. Había recordado algo, algo importante. Lefevre se retiraría hoy. Firmin y André llegarían… y con ellos, nuestro "preciado vizconde" Raoul de Chagny. Corrí hacia una esquina y me mantuve oculta en las sombras, mirando las reacciones de los caballeros a la distancia y esperando el momento del importante anuncio del director. El Vizconde no había venido en esta oportunidad, por lo que podía ver. Cuando Lefevre subió al escenario, acompañado de los nuevos directores de la Opera, yo salí de mi escondite y me reuní con las bailarinas. Madame Giry me miró con cara de reproche, pero no dijo ninguna palabra. Solo golpeó su bastón de madera, logrando el silencio del parlanchín corps de ballet.
-Muchas Gracias. Como todos ustedes saben, en las últimas semanas han corrido rumores de mi inminente retiro. Ahora puedo decirles que todos ellos eran completamente ciertos, y en este momento tengo el placer de presentarles a los dos hombres propietarios de la Ópera Populaire; Monsieur Richard Firmin, y Monsieur Gilles André
Todos aplaudieron a los nuevos directores de la ópera.
Luego de eso comenzaron las presentaciones formales, y con ellas, una nueva actuación de nuestra "amada" diva. La Carlotta accedió inmediatamente a la petición de los nuevos directores, premiándonos con una dolorosa interpretación de "Think of Me".
Claro, ella no sabía lo que le esperaba.
Un paso, otro más, repite el estribillo. Todo el decorado que estaba colgado se descolgó directo en la soprano.
Una sonrisa se grabó en mi rostro. Gracias, Erik.
Meg salió corriendo desenfrenada, gritando a pleno pulmón ¡Está aquí, el Fantasma de la Ópera! Todos se asustaron con sus palabras, buscando al famoso espíritu con la mirada… bueno, todos excepto yo. Yo estaba teniendo un poco de diversión personal.
Lefevre estalló en ira, buscando a Bouquet como si la vida se fuera en ello. Joseph lo miró con desagrado y aseguró no estar en su puesto en el momento del accidente, terminando con un fuerte grito.
-¡Debió ser un fantasma!
Todos volvieron a inquietarse. Esta vez fueron los dos nuevos directores los que dieron fin a la angustiante situación.
-Señora ¡Por favor! Estas cosas pasan
La Carlotta se indignó, aumentando lentamente el tono de su voz. Luego tomó sus cosas y se marchó, llevándose a Piangi con ella. Lefevre dio un paso adelante y dijo unas breves palabras
-Buena suerte, caballeros. Si me necesitan, estaré en Frankfurt
Y luego desapareció de la vista de todos.
-No hay de qué preocuparse – dijo uno de los directores – La Carlotta volverá
Madame Giry se hizo cargo de la situación rápidamente, enfrentándole
-¿Eso cree, señor?
Los dos asintieron
-Muy bien. Tengo un mensaje del fantasma de la ópera – dijo, sacando una carta doblada de su bolsillo
Los dos directores se deshicieron en quejas. Ya le temerían a Erik, no demorarían.
-El les da la bienvenida a su casa de la Opera, y quiere recordarles que continúen dejando el palco número 5 vacío para su uso personal. Y otro asunto no menos importante, señores. Su salario aún no ha sido pagado.
Los directores seguían reclamando sobre la última frase. Un fantasma con salario era todo lo que les faltaba.
Mientras los directores se entretenían en quejas, Madame Giry me llamó personalmente. Junto a ella, me mostró la carta y me señaló el último párrafo, un párrafo que no había sido leído en voz alta para el resto de la multitud.
"… Antes de terminar, Antoinette, quería pedir algo importante. Le solicito que la señorita Elise Durand no siga sus actividades en el corps de ballet. Créame, mis razones son justificadas. Infórmele de esto y acompáñela de vuelta a la guarida, por favor. Si alguien pregunta de su deceso, diga que ella fue víctima de una lesión practicando personalmente. Nadie podrá dudar de la voz de la maestra.
Su Obediente Servidor
O.G. "
-Elise ¿Qué significa esto?
Otra vez el silencio se adueñó de mi respuesta.
¿Soy… libre?
Erik… ¿Erik me dejó libre?
