¡Hola a todos! Adivinen que ocurre hoy, ¿alguien lo sabe? Pues sí, hoy se sube el último cap de este fic! He terminado algo largo, relativamente, y no hubiera sido posible sin la ayuda de Doni y sus reviews, espero que les guste este cap, sin más, ¡A leer se a dicho!


Alegremente, la pequeña Anna había sido dada de alta hacía un par de meses. Aún no había crecido mucho, pero a quien veía pasar le otorgaba una radiante sonrisa con un pequeño incisivo inferior asomando, tan blanco como la nieve en pleno invierno ruso.

Toris la observaba mientras pensaba en lo acontecido durante los últimos meses, si bien, desde que volvió a su cuerpo original se había vuelto más fuerte anímicamente hablando, le seguía remordiendo lo estúpido que fue para tener semejante accidente y poner en riesgo a la pequeña. Pero Vash le había confirmado que estaba más equilibrado luego de salir del hospital, aunque aún no terminaba su tratamiento, claro, puesto que las hormonas tardan en desaparecer. Pero eso ya había pasado a un segundo plano, la fortaleza de su niña le generaba admiración, lucho tanto como ellos para sobrevivir, y eso lo enorgullecía profundamente. Tras dejar su hilo de pensamiento, recogió uno de los gorritos de la pequeña, y con el cubrió las blancas pelusas de su cabeza, haciendo una pequeña caricia en la nariz de la menor antes de besarla colocarla de vuelta en su cuna. Era tan hermosa, pero no todo eran pétalos de rosa, si bien no les causaba mayores problemas y los dejaba dormir, tenía un pequeño problema de dependía a Bielorrusia, para la mala de papá Iván, y por algún extraño motivo, la pequeña se había enfermado del estómago, y no se le quitaba con nada.

Cuando llegaba el momento en que papá y mamá debían asistir a sus respectivos trabajos, no les quedaba de otra, más que dejar a quien fuera al cuidado de su tesorito, pero curiosamente, los que obtenían menos problemas eran Natalia y Raivis, la primera por ser la favorita de la bebe, y el segundo por el extremos parecido físico al padre, con la diferencia de que se dejaba golpear por la nueva favorita de la casa y obviamente, el tamaño, lo cual ayudaba bastante.

Y la cereza de la torta, era que ya apremiaba una reunión para presentar a la hija de la Federación Rusa y la Republica de Lituania ante el resto del mundo, literalmente. Para dicho evento, obviamente tendrían que vestir de gala y habría mucho ruido, extrañamente a Iván se le había activado el nervio de la moda en un ataque de bipolaridad, Lituania no tendría que enterarse que la esposa del jefe de Iván había sido la culpable de esto, pero había decidido combinar el color de ojos de Toris con la delicada gasa con la que mandaría a confeccionar el vestido de su pequeña Anna. Toris, sólo pensaba en que todo ese alboroto molestaría a la diminuta criatura, cuyo tracto digestivo le estaba costando una pequeña fortuna en pañales, maldito dolor de estómago.

A falta de un buen Rudopoldo que se encargara de organizar la decoración y actividades para un evento de esta categoría, habían decidido dejarlo en manos de Patrick, aunque sinceramente, en estos momentos dudaban de su capacidad para poder hacerlo, considerando su avanzada edad. Pero no todo estaba perdido, o quizás sí, ya que Polonia decidió invadir la mansión una semana antes, llegando de su semana de la moda en Paris, por lo que su vea de decorador estaba florecida al máximo.

-Por favor perras, o sea, adivinen quien llegó a salvar el día.-sí, mucho tiempo con Francis y periodistas ingleses. En menos de lo que canta un gallo, había hecho todos los planes concernientes con ayuda del viejo mayordomo, incluso había agendado para el día siguiente la visita del servicio de banquetes para que los anfitriones cataran los alimentos que serían ofrecidos a los invitados el día de la reunión.

En pocos días la mansión ya parecía otra, y gracias a las insistencias de todos, Polonia tan sólo colocó algunos adornos en tonos rosa, ya que obviamente tenían que dar a conocer que se trataba de una niña, y claro, la gala se llevaría a cabo en el salón de ámbar. Pero esto no paro ahí, incluso la entrada a la mansión había sido completamente remodelada, y la ropa de los habitantes de la mansión había sido escogida por Felixs, excepto el vestido de Anna, no se arriesgaría a perder el cuello por llevarle la contraria a su primo.

Habían enviado invitaciones por confirmar al evento, y tan sólo recibieron un no rotundo, era de parte del jefe de Ucrania, lo que no sabía era que la susodicha se había escapado ya para avisar que asistiría, fuera lo que dijera su jefe, lo que fuera por su sobrina. De hecho, había llegado tres días después de Felixs, vestida completamente de negro, con un sujetador reductor, y una peluca negra risada, usando lentes falsos, todo eso con tal de que el jefe de estado no la reconociera al cruzar la frontera y vaya que bien le había salido su disfraz, puesto que incluso asustó a uno de los mayordomos cuando ingresó como si nada a la mansión.

-Por dios preciosa, ¿quién eres?-preguntó el polaco abusando de los tonos agudos de su voz, lo cual atrajo a más de una persona al lugar.

-Pero si el disfraz no logra cubrirlo completamente.-dijo la mujer nerviosamente al tiempo que señalaba su prominente busto.

-No señorita, la persona que yo conozco es revienta sesenta revienta, y usted llega a un noventa. O sea, no se ofenda por favor, no es nada en contra de usted.-inquirió el de melena.

-Cielos, entonces este sujetador sí que funciona.-comentó quitando se la peluca y las lentillas oscuras.- ¿Ahora me reconoces?

Sí, eso fue todo un acontecimiento. Y ese par de manos extra les venía muy bien. Gracias a su habilidad en el cultivo y otras actividades agrícolas, el invernadero había sufrido una sobreproducción en menos de cuarenta y ocho horas, lo cual fue de gran ayuda para el bufet, ya que con la cantidad de asistentes, esto había disminuido el sobre gasto a la mitad.

Cuando llegó el esperado día, el estacionamiento no daba a vasto, es más, habían acondicionado una parte de la terraza para hacer más espacio, ya que no podrían utilizarla por el frio que empezaba a invadir las calles de Moscú.

Una de las llegadas más despampanantes fue protagonizada por Sur Corea, quien entro al puro estilo del Gangnam style, con dos chicas de escasa ropa, las cuales fueron despachadas una vez que el asiático se quitó las gafas.

Sin embargo, esto no generó mayor molestia en los presentes, los cuales rieron por la idea del joven Jong Soo, un rato después los hermanos de Arthur aparecieron, cual banda de motoqueros, dejando a algunas chicas babeando en el proceso de descender de la motocicleta.

No falto mucho para que todos estuvieran charlando y riendo animadamente dentro del salón, aunque claro, algunas de las naciones más conocidas por su interés arqueológico, cofcofInglaterracofcof, o artístico, no apartaban su vista de los matices del ámbar. Pero bastó un tintineo de copas para que la atención se desviara completamente al anfitrión.

-Muchas gracias a todos por venir a conocer, y celebrar la recuperación de nuestra pequeña, Anna Brangiskaya, un aplauso para la pequeña.-dijo el ruso mientras Toris sostenía a la pequeña entre sus brazos, no pasó desapercibido el hermoso vestido que traía, tan verde como los ojos de la madre, aunque ahora era padre, pero eso no importaba.

La pequeña dió una bella sonrisa a su público, sacando más de una exclamación de ternura.

-¡Felicidades Anna!-gritó alguien entre la multitud, haciendo que la pequeña hiciera un pequeño gesto de vergüenza, más encantadora no podía ser.

-Por el amor de Dios, ¡lo ha entendido!-exclamó el suizo. Luego de la cara de sorpresa que puso el público en general, se empezaron a servir algunos aperitivos salados, indicando que la cena se encontraba próxima a empezar.

Mientras algunos se turnaban para pasar un rato con la bebé, no era muy común que pudieran estar en contacto con uno, Toris se escapó para observar fuera, ya empezaba a oscurecer, por lo que no faltaría mucho para la cena, poco después se volvió a los demás, y recogió a la pequeña para llevarla a su habitación mientras ellos cenaban, el exceso de estimulación ya la hacía cerrar los ojos cada cierto rato, por lo que, en compañía de México, con quien hablaba, subió por las escaleras hasta la pequeña habitación al lado de la suya.

Sin duda alguna la mexicana quedó maravillada con lo que veía, y mientras se acercaba a la pequeña, para darle un "buenas noches", sus ojos se deslizaron por la ventana mientras su mano tocaba la de la pequeña.

-"La Katrina reclama un alma pura e inocente, desea una nueva estrella con la cual compartir sus fiestas, sin embargo ella no es egoísta, es amable, pedirá otra que inocente ya no sea. Para que aquel cuerpo débil se vuelva fuerte como el diamante y puro como cristal."-murmuró con los ojos en blanco, para luego despertar con cierto estupor y despedirse nerviosamente mientras abandonaba la habitación. Toris quedó pasmado, ¿qué demonios había sido eso? ¿Le estaba diciendo que su hija moriría, o que sería él, o su Iván? Sin poner mucha atención en sus acciones, depositó a la bebé en su cuna y salió de la habitación, dejando el espanta cuco prendido junto a la cuna. No se percató del hecho que su bebé giró y quedó boca arriba.

De vuelta en el salón de ámbar, se encontró con que se estaban empezando a servir las entradas, y para no preocupar a sus invitados, tan bien como siempre, fingió una sonrisa y se sentó junto a su amado.-Ya está dormida.-susurró antes de empezar a comer.

La cena continuó con tranquilidad, sin duda alguna todo estaba exquisita, pero las risas y cuchicheo no se detuvieron por nada del mundo, incluso, cuando estaban bebiendo el té entre la comida y el postre, fue en ese momento que India se quedó mirando la taza de Bielorrusia, la mayoría esperaba que la mujer reaccionara mal, mas no fue así, el candente hombre tomó la taza de entre sus manos, y con un dejo de misterio, comenzó a observar en su interior.

-El té dice que ha llegado el momento de tomar decisiones importantes, bruscamente el destino se ha dividido en dos, un camino es abrupto, pero el otro se ve sumamente oscuro y sinuoso. Está en tus manos decidir qué hacer.-concluyó el joven moreno de ojos profundos devolviéndole la taza.

-Nada mal.-comentó Prusia al otro lado de la joven.- Yo debí haber muerto hace mucho tiempo, pero heme aquí, quizás también tú puedas seguir así.-le susurró al oído.

- ¿Qué sabes tú?-dijo bruscamente, retirándose antes de que le sirvieran su postre.- Estuvo delicioso.-agregó antes de desaparecer por la puerta.

-Bruder.-le regañó su hermano.

Al poco rato, Lituania aun sintiendo un pequeño pesar, decidió ir a observar a su pequeña, todo lo ocurrido le había dejado algo dando vueltas, y esto cobró sentido al momento que ingresó a la habitación, que extrañamente estaba fría. Con inquietud se acercó a la cuna y no pudo creer lo que veían sus ojos.

- ¡Iván! ¡Sube rápido, algo le pasa a Anna!-gritó desgarrando su garganta por la desesperación, ¿en qué momento había ocurrido? Los labios de su pequeña, al igual que las uñas, se tornaban de azul lentamente. Los pasos apresurados por los pasillos delataban que más de una persona se aproximaba, pero eso no le importaba, en vano trataba de hacerla respirar.

No faltó decir palabra alguna, Gales e Inglaterra intentaban reanimar a la pequeña con sus conocimientos médicos, más no era suficiente, ya era muy tarde, la niña se había ahogado con su propia saliva. La bufanda de Iván, cobrando vida propia, se agitaba, mostrando el nerviosismo que el más alto no era capaz de reflejar en su rostro. Tras varios intentos, las naciones médicas se miraron con tristeza entre ellos y luego dirigieron la misma mirada a los padres primerizos.

-No, no, por favor, ¡no!-chillaba Lituania.-Es mi culpa, es mi culpa, es mi culpa.-Rusia trataba de alejarlo de aquella vista, pero los ojos verdes del lituano no podían desviarse del cuerpo frío de la infante.

-¡Este no es el final!-exclamó una agitada Bielorrusia, quien ingresó al cuarto quitando de en medio a los fisgones, debía prisa, algo le decía que si no lo hacía a tiempo, nada tendría sentido de ahí en más.

De la nada, unas siluetas blancas aparecieron en el cuarto, acechando al bebé, y por algún absurdo motivo, nadie cercano a la habitación podía moverse, excepto Natalia, el tiempo se había detenido a su alrededor. Una de esas apariciones se aproximó a Natalia, mientras que otra más apartada recogía a la bebé.

La rubia intentaba quietarse a ese ser del camino, pero esta se plantó frente a ella y le miró intensamente. Pudo sentir una voz dentro de su cabeza, pero estaba segura de que aquel ser no era el que le hablaba, ya que no movía los labios. Fue entonces que lo reconoció, era el prusiano.

-Ya he escogido.-dijo con determinación, mientras oía una bendición dirigida hacia ella.-No me importa lo que pase con este cuerpo, no me importa perder mi orgullo y conciencia, yo le sedó la vida a esta niña, libre albedrío le doy sobre mis habitantes, ustedes no se la llevarán como han hecho con otros, nosotros jamás se los permitiremos, por más que traten de apartarnos de ellos.

Tal y como había aprendido hasta ese momento, dejó caer por su mano una cadena de plata, después de meses atormentándola, había descubierto como deshacerse de ellos momentáneamente. Dio un latigazo con la cadena al que tenía en frente y el ente esquivó, cosa que aprovechó para lanzarse sobre el otro ser y arrebatarle a la criatura de los brazos.

-Bravo.-escuchó como alguien apremiaba a su lado.-Mujer, sin duda no cometí un error al encomendarte esto.

-¿Prusia?-simplemente no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo había llegado ahí?

-Así me llaman.-comentó el albino sonriendo pícaramente.-Pero también tengo otros nombres, y quizás no sea quien tú piensas que soy, por algo sigo aquí y los demás no, ¿no te parece?

El misterio no le hacía ninguna gracia, ya estaba cansada de todo eso.-Explícame de una vez que está pasando aquí.

-Primero déjame espantar a las placas tectónicas de aquí.-dijo mientras sus ojos brillaban y las figuras blancas retrocedían.- No tienen nada que hacer en este lugar.-siseó cual serpiente mientras estas se desvanecían.

Natalia seguía estupefacta, y aun nadie se movía.

-Verás Natalia, necesitaba un cuerpo que me permitiera caminar entre ustedes, y que mejor que el de un caballero templario para ello, claro que él aún no sabe que habito en su interior. Yo soy la muerte querida mía, y hoy debo llevarme a una de ustedes dos.

-Pues ya está decidido quién será.-dijo la mujer del cintillo.

-No es tan simple.-respondió el hombre que poco a poco se volvía más y más traslucido, adquiriendo un aspecto fantasmagórico, aterrador.- No dejo que ellos se las lleven porque así no podrán materializarse como ustedes. En la antigüedad lo intentaron muchas veces, es por eso que sus padres ya no están aquí. Pero me pregunto si me llevare a una pequeña inocente o a una no tan inocente, ¿qué cuerpo vale pena conservar?

-¡No puedes hacer eso!-exclamó la mayor.- No puedes quitarles su felicidad, ¡ella merece quedarse!

-Claro que sí, pero ¿tú realmente estas dispuesta a dejarlo todo? ¿Por qué mejor no jugamos a la ruleta rusa? Veamos que decide el destino. Sí te disparas a ti, me llevare tu alma, sí no te das, me quedo con la pequeña. Te daré tres intentos.-dijo mientras sacaba una pistola de entre su ropa y le mostraba como colocaba la única bala.

Con las manos temblorosas depositó a la bebé en su cuna, y tras suspirar, recibió el arma, hizo girar la nuez del revólver, y suplicando a todos los dioses existentes levanto el arma hasta su sien. Podría jurar que el silencio se hizo aún mayor, tomó aire y disparó.

Nada, no había ocurrido nada. Sólo pudo observar la sonrisa enferma que se dibujaba en el semblante sombrío de la muerte. Repitió el procedimiento, girando nuevamente la nuez y disparando en su sien. Otra vez, nada. Sentía que se largaría a llorar de un momento a otro, sus hombros le dolía como si tuviera todo el peso del mundo sobre ellos, tragó espeso y con las pupilas dilatadas a más no poder, hizo girar por última vez mientras miraba con terror y desesperación a la bebé. Ella por la niña haría lo que fuera, no la dejaría morir.

-Ya es suficiente.-dijo la muerte quitándole el revólver, justo antes de que halara el gatillo, disparando al techo.-No quiero que mi acompañante tenga un agujero en la cara. Tu determinación es admirable. Te llevaré a ti.

-Gracias.-sollozó Natalia, se acercó a la cuna y le dio un cálido beso en la frente a Anna, en ese momento sintió como la vida se le escapaba de entre los labios.

-Ya está hecho.-dijo la muerte moviendo sus dedos en abanico.- Es hora de irnos preciosa.

El tiempo volvió a correr, y junto a la cuna se encontraba Natalia, era imposible explicar en qué momento había llegado ahí, y el cómo Anna estaba recostada en la cuna. No pudieron preguntar, puesto que Bielorrusia se desvaneció en el aire y el llanto de la infante inundó la habitación.

Pero algo aún más extraño ocurría.

Katyusha observó a la bebé con lágrimas en sus ojos.- Siento a Bielorrusia en ella. Por Dios, le ha dado su vida.

-Santo Dios.-exclamaron los padres corriendo abruptamente hasta su hija, la cual, ya no estaba tan pequeña, sino que había adquirido el verdadero tamaño que debería tener a su edad.- Gracias Natalia, gracias.-murmuró el lituano abrazado a su ruso.


Unas décadas habían pasado desde aquellos acontecimientos, y poco a poco la pequeña Bielorrusia se volvía una niña sana, cuyo largo cabello color miel era acariciado por el viento y la nieve de ese día en el jardín de la mansión rusa. Sus ojos grises seguían los copos que perseguía con entusiasmo, mientras el mandil y abrigos se le mojaban cada vez que se hundía en la blanca nieve.

-Anna, ten cuidado o te vas lastimar.-le recordaba Toris mientras la recogía y le sacudía la pegajosa nieve.-Vamos, tu padre nos espera dentro.

-Sí mami.-respondió la pequeña mientras se dirigían a la mansión.

-Oh, ahí viene.-dijo uno de los presentes.

-Buenas tardes Bielorrusia.-saludó un hombre rubio brazado a un oso polar.

-Buenas tardes Canadá.-respondió está encaramándose a su silla donde la esperaba una muñeca vestida igual que la antigua Bielorrusia.

-Bien, damos por iniciada la reunión mundial.-se escuchó a Alemania acomodando sus lentillas y gruñendo a los ruidosos.

-Natalia dice que actúas tal y como de costumbre tío Alemania.-río la pequeña. Y sí, eso se había vuelto una de las frases más comunes de la pequeña y así sabían que la otra Bielorrusia seguía velando por la pequeña.

Fin.


Doni: Creo que es la primera vez que escribo aquí directamente, ñe, ¿y qué tal les ha parecido? ¿Merecemos tomates o flores? Ojalá les haya gustado el fic; y yo ya no recuerdo desde que capítulo estoy cooperando con la trama y redacción así que, en fin, espero que este cap les haya alegrado el día/tarde/noche, depende de la hora. BUENO! La cosa es que existen algunos lectores que no dejan reviews (Val, sé que estás leyendo esto, ¡y te amamos!), nada más darles las gracias a todos nuestros lectores, dejen o no dejen reviews, deseamos que les haya gustado y que el final haya sido de su agrado, por más extraño y variado el tema y personajes.

Sin más, ¡para mí son todos unos chocolates!

Un beso en ambas mejillas, ¡para todos!

Latvflu: De todo corazón, gracia por leer hasta aquí, y leer el mensaje de Doni, sé que aborde más temas de los expuestos, pero ya ven que ha dado un buen final gracias a eso. Gracias por todos los reviews y criticas constructivas u ortográficas (Mari, en serio, te pasaste, gracias por la ayuda). Y un altar a la Doni con sus conocimientos biológicos.

Como ya saben, no he abandonado el proyecto UKUSA, y planeo continuarlo dentro de lo que resta del año.

Bueno, hasta la próxima historia, bye!