Ah, capítulo cortito, pero sentí que debía publicarlo c:
Erik… ¿Erik me dejó libre?
No puede ser.
-Mademoiselle ¿Dónde va?
-¡Tengo que ver a Erik!
-pero señorita – me gritó - ¡Usted no conoce el camino!
-¡No voy a la guarida!
Madame trató de detenerme, pero fue inútil. Mis piernas se movían casi por arte de magia, sin descanso, llevándome velozmente a mi destino. Sabía que Erik estaría ahí, vigilando cada suceso del teatro. Él siempre estaba ahí para los ensayos, podía sentirlo. Además, el "accidente" de La Carlotta había sucedido hace pocos minutos. No podía estar muy lejos.
Corrí por los corredores hasta llegar al lugar que buscaba. Ahí estaba la famosa puerta del palco 5, la cabina prohibida. La abrí sin pensar. Erik estaba adentro, mirando sigilosamente. Por un momento lo tomé por sorpresa. De pronto ya no estaba frente a mí. Me sujetaba desde atrás, casi en un acto de rapto. Una de sus hábiles manos me tapaba la boca.
-Erik, suel…
-shhh…
Su mano izquierda me señaló el escenario. La vista panorámica era increíble. Desde ese lugar específico se podía escuchar cada palabra que se decía en el escenario. Puse atención a la escena que ahí se formaba y me quedé sin aliento. En frente de todos estaba Christine Daaé, temblando. Tomó un respiro hondo, y cantó…
¡Oh… su voz!
Ahora sabía que tenía tan prendado a Erik. Su voz habría sido confundida por la de un ángel en cualquier lugar, en cualquier época del mundo. Las palabras aún salían temblorosas, pero ni siquiera aquel vibrato inconciente podía apagar a tal calidad vocal. Era magnífica. Miré a Erik. Sus ojos, brillantes, estaban fijos en el escenario, y una pequeña sonrisa se había sellado en su rostro.
Cuando Christine terminó de cantar un aplauso atronador llenó todo el escenario del teatro, incluido el de nuestro fantasma. Solo en ese momento destapó mis silenciados labios.
-Maravillosa ¿No? – Me dijo con humor – Ahora tendrá el papel en la primera presentación de Hannibal. Espero que estos gerentes sean más inteligentes y noten la diferencia. Carlotta Giudicelli no es nadie al lado de mi Christine – Mencionaba con orgullo
-Tengo que admitirlo, señor – dije, mirándole fijamente – pero los asuntos que me llevaron hasta aquí son completamente distintos ¿Por qué pidió mi retiro del cuerpo de ballet? Usted mismo manifestó que yo debía tener un trabajo aquí, en la ópera
Erik me miró. El nerviosismo que observé en él esta mañana había vuelto a sus orbes ámbar.
-usted no era feliz ahí – fue lo único que dijo. Cada palabra me dejaba más confundida que la anterior
-¿Lo hizo por mí?
Él solo asintió
-por usted, por el teatro – suspiró – tómelo como quiera
-Entonces ¿Qué trabajo puedo tener ahora? Si mal no recuerdo, solo había un par de cupos en el cuerpo de ballet, Monsieur Erik… digo, estoy muy agradecida de no volver a bailar, en serio, pero algo debo hacer aquí
El hombre se acercó a uno de los paneles del palco, abriéndolo como si fuera arte de magia.
-Sígame – Me ordenó
Entramos en el túnel y él cerró la entrada. El lugar estaba en completa oscuridad.
-no se separe de mi, por favor – volvió a ordenar. Luego extendió su mano y, de algún lugar que no logré ver, sacó una antorcha y la encendió – este camino suele ser peligroso para cualquier persona, no importa la iluminación o el conocimiento
Caminamos en silencio, a veces acompañados del sonido lejano del agua del lago o del crepitar de la antorcha que Erik llevaba en la mano. Luego de metros y metros de escaleras nos encontramos en el misterioso lago subterráneo. Erik me ayudó a subir a la barca y nos pusimos en marcha. El camino del lago era tan asombroso que olvidé por completo mi terror al agua y a mi incapacidad para nadar. Si hubiera caído del bote hubiese sido una real catástrofe. Cuando llegamos a la orilla de la guarida, Erik se impacientó.
-Pero… las luces están encendidas
-¿Qué pasa? Este lugar queda muy oscuro si las apagas, es lógico que estén encendidas
-Son velas, siempre las apago – murmuró – hay alguien aquí
Erik bajó con rapidez, me ayudó a descender, y luego fue sigilosamente hasta el salón principal. Ahí, sentado tranquilamente frente al fuego, un hombre de rasgos foráneos sonreía al fantasma.
-Hola Erik, me alegro de ver que estás bien en este frío y aislado subterráneo
-¿Daroga? ¿Qué haces aquí?
-Venía a visitarte ¿Qué más podría hacer aquí abajo? Este sitio es como una gran trampa de ratones, Erik. Cualquiera puede caer en tus…
En ese momento sus palabras murieron. Sus ojos oscuros se fijaron en mi persona
-Erik ¿Por qué hay una muchacha en tu guarida?
