Wow, días de locos. Me lesioné entrenando y ahora estoy rodeada de relajantes musculares y adormecedores xD Al menos ahora ya no me duele todo como en la semana pasada c:

Como siempre, amo cuando escriben reviews, así que ya saben xD Vamos con otro capítulo.


Capítulo 8: El persa

-Respóndeme Erik – le dijo – Aunque debo admitir que me agrada ver a otro ser humano en los confines de la ópera

-Nadir – comenzó a explicar – todo esto es un gran malentendido. Esta señorita aquí presente – agregó señalándome – llegó aquí por su propia cuenta hace un par de noches atrás

-Erik, estás mintiendo – lo interrumpí – Esa noche aparecí cerca de los escenarios, no en esta guarida. Ahora, supongo que usted sabe mejor como llegué aquí abajo – lo provoqué. Erik reaccionó como una fiera y casi se abalanza sobre mí. Cuando volví a poner atención noté que el otro hombre le tomaba del brazo.

-Vaya. Por favor, le pido que se calme un poco. Ambos parecen lobos salvajes esperando a morder su presa – dijo el desconocido, poniendo su cuerpo entre nosotros.

-¡Acabo de hacer un buen acto para ella y así me responde! – me gritó, moviendo el brazo del extranjero sin éxito. Yo respiraba hondo al otro lado de la balanza. Si bien Erik tendía a reaccionar mal, yo también tenía parte de culpa. Debía reconocer que yo lo tenté a atacar. Si no fuera por este extraño hombre que tenía en frente, alguno de los dos, o quizás ambos, estaríamos goteando sangre por nuestras narices.

Volví a mirar hacia los hombres. El recién llegado llevó a Erik hasta lo que yo suponía que era su cuarto. Luego volvió a salir, limpiando el sudor de su frente. Sentí golpes en la puerta, pero el señor de aspecto persa solo se volteó, guardó unas llaves en su bolsillo y sonrió ¿Había dejado encerrado a Erik en su propia casa? ¿Quién era él entonces?

-perdone a Erik, señorita. A veces puede tornarse un poco… indomable – rió – soy Nadir Khan

Nadir Khan ¿Dónde había escuchado ese nombre?

-Mi nombre es Elise Durand. Mucho gusto

-Mucho gusto en salvarle, jovencita

-Entonces… ¿Qué es usted de Erik? – pregunté

-Vaya, esperaba comenzar yo con las preguntas – me sonrió – Somos viejos… amigos. Digamos que nos conocimos en circunstancias desafortunadas

-¿Qué clase de circunstancias? – murmuré

-No creo que sea muy inteligente hablar de eso –murmuró de vuelta – sobretodo con Erik detrás de esa puerta

Miré a la entrada y me reí ¡El formidable fantasma había sido encerrado en su propio cuarto!

-¿Qué hizo usted con Erik? – no podía parar de reír

-¿Erik? No sería la primera vez que le juego una broma o dos – Nos quedamos en silencio. Luego de unos minutos escuchando, Nadir se paró y espió por la puerta – como pensaba. Él no puede permanecer mucho tiempo encerrado en un sitio. Ya no está.

-¿No está? ¿Cómo que no está?

-señorita Elise, Erik tiene una cantidad considerable de pasadizos secretos al interior de este teatro. Lo más probable es que volverá dentro de poco por algún otro túnel, así que no se asuste si llega a aparecer mágicamente desde un lugar imposible – abrió la puerta y comprobó sus sospechas. El cuarto estaba completamente vacío – Como dije, no hay nadie – tomó la llave y volvió a cerrar la puerta – Erik no es un idiota y no volverá al mismo lugar, pero uno nunca sabe. He vivido años con él y para mí aún es una caja llena de misterios y sorpresas… algunas completamente raras.

Miraba a este tipo con humor. Solo su tono de voz me lograba alegrar en la situación adversa en que me encontraba. Cada vez me agradaba más este sujeto.

-bien, señor Khan, Erik no está aquí ¿Puede contarme las circunstancias – parecía un niño de preescolar pidiendo un dulce. El hombre soltó una risita y me señaló el sillón delante de la chimenea. Me senté mientras Nadir sacaba una botella de vino de un mueble cercano. De verdad este hombre cree estar en su propio hogar.

-¿Vino? – negué con la cabeza. De pronto recordaba qué estaba haciendo cuando llegué al lugar equivocado… en el tiempo equivocado - ¿No? Erik tiene muy buen gusto para todo, incluyendo los vinos. Vamos, solo una copa

No podía rechazarle, así que ambos con copas servidas nos acomodamos frente a la chimenea. Nadir comenzó a relatar la historia cuando era jefe de la policía en Persia, y de cómo había conocido a Erik en Rusia, años atrás, por un pedido directo del Shah de Persia, quien quería a Erik en su corte. Su relato de las conductas del hombre enmascarado y sus trabajos para el emperador de Persia eran extraños. Arquitectura, magia, música. Había muchas cosas que este hombre sabía hacer de forma extraordinaria. Sabía el pasado oscuro de Erik, así que nada del relato me tomó por sorpresa. Ni su información escasa sobre su trabajo como constructor de cámaras de tortura me hizo temblar.

-Hay algo que no entiendo – terminó Nadir – usted no luce asustada

-Creo que ahora viene mi historia, señor Khan – susurré – es imposible que tema a Erik

El persa me preguntó si podía seguir, y claro, seguí. Le conté la extraña y alucinante historia que parecía salida de Julio Verne. La de una muchacha perdida entre las sombras de los pasillos de la ópera, décadas adelantada en el tiempo, que de pronto se enteró de que su calendario había creado un centenar de páginas nuevas en dirección contraria. El hombre me miraba serio, como si no creyera ninguna de mis historias. Entonces ocupé lo mismo que usé con Erik. Tecnología llevaba por suerte en mi bolso.

-Es un celular, señor Khan – se lo dejé en sus manos – le recomiendo que no toque ningún botón. La pantalla se iluminará y la luz puede ser un poco más fuerte que la de estas velas

El hombre giraba el aparato, tocando el plástico protector que forraba el teléfono. Levantó sus manos y depositó el teléfono en las mías. Aún seguía en silencio.

-La ropa que lleva puesta… no me había dado cuenta de lo extrañas que lucen – dijo después de varios minutos – Creo que Erik tiene razón. A veces puedo ser el peor de los despistados… aunque el peor de ellos logró encerrarlo un par de veces

-¿siempre lo hace, señor? – me acordé de Erik. Había pasado un buen tiempo y él no volvía

-hoy fue un golpe de suerte, se lo aseguro – rió el persa – Erik no es un hombre fácil de engañar. Sabe más trampas de las que juntos aprenderíamos en toda una vida. Sabe, es casi hora de almuerzo y estoy hambriento ¿Tienen la despensa llena?

-No tengo idea, señor Khan. Apenas tengo idea de dónde se encuentra la cocina

-No se preocupe. Espéreme un rato, prepararé algo para comer mientras nuestro terco fantasma no se digne a volver. Ah, y por cierto, no espere que coma con nosotros. Esa máscara le dificulta morder las cosas y Erik nunca se la saca

-Oh, no me diga – lo miré fijo. El sarcasmo se leía a kilómetros a la redonda – Perdone, fue inevitable

-No se preocupe – Sonrió – si conoció a Madame Giry, ella ya habrá dicho la frase "Estoy acostumbrado a tipos como Erik"

El señor entró a la cocina y yo me quedé sentada ahí, mirando como las llamas danzaban en la chimenea. El fantasma aún no volvía, pero ahora no estaba completamente sola en este sitio. Al menos tenía a un extraño ex jefe de la policía persa con un humor compatible para los grandes escenarios. Sin embargo, aún no teníamos idea de dónde estaba Erik.

¿Había desaparecido el fantasma bajo la imagen celestial del "Ángel de la Música"?