...Hola? He tenido un severo caso de rapto post-vacacional xD. Acababa de llegar a casa y fui a un concierto de rock progresivo, y justo después de eso comenzaron los juegos olímpicos, así que Transatlantic y Sochi 2014 me raptaron nuevamente. Soy un pobre fan del hockey sobre hielo que tiene que esperar 4 años para ver su deporte favorito, así que estas semanas han sido todo un sueño para mí. Lástima que la llama olímpica ya se extinguió :c

Bueno, muchas excusas. Debo capítulos, así que aquí está c:


Capítulo 9: Líneas Paralelas

-¿Colin? ¡Colin, despierta!

Colin Jackman parecía salir de un profundo trance, El director lo miraba furioso desde el más cercano de los palcos.

-¡Jackman, aquí arriba! ¿Qué diablos te pasa?

-Qué me pasa… - contestó. Su voz sonaba vacía, sin ninguna expresión – Qué me pasa… la más obvia de las preguntas, director…

Sin ganas, el actor tiró su libreto en medio del escenario y pasó entre los bailarines, sin escuchar las fuertes demandas de Charles Dupont. Qué le pasaba… esa era una pregunta que se respondía sin mucho pensar. Los coristas vieron cómo el tenor se desvaneció entre las sombras de los corredores, y luego se mantuvieron en silencio, con la mirada fija en el hombre del palco.

-¿Alguien puede explicarme qué le sucede a Colin Jackman? No parece ser él

-Solo está preocupado, señor Dupont. Todos lo estamos – contestó Amanda Byron en voz baja

-Es peligroso tenerlo tan alterado – fue lo único que salió de sus labios – Suspenderé el ensayo. Necesito que lo busquen

-Tres días… Tres días y nada…

Todos se dieron vuelta. La figura del tenor volvía a aparecer en la escena. Se escuchaba el suave eco de la frase, en aquella voz de terciopelo que todos admiraban. El joven cantante caminó por los tablones del escenario, pensando en la vida que se le había arrebatado.

-Tres días, tres noches sin saber el paradero de nuestra compañera… y me preguntan qué me pasa ¡Me preguntan qué me pasa!

-Colin, ten un poco más de calma, nosotros…

-¡Nosotros nada! – gritó, interrumpiendo las palabras conciliadoras de la soprano – Han pasado al menos sesenta horas desde que Elise Durand desapareció, y ustedes están aquí, como si nada de esto hubiera sucedido. Necesito respuestas ¿Dónde está? Díganme

-Señor Jackman, me temo que esta discusión tendrá que terminar ahora mismo – el señor Dupont había escuchado toda la pelea mientras bajaba del balcón. Ahora estaba frente a frente con el actor – Si usted sigue así tendré que suspenderle, o peor aún, podría llamar a la policía

-pues debería hacerlo, pero no por mí – dijo a la ofensiva – Hágalo por ella, por favor. Me retiraré sin más, pero por favor llámelos por ella. No volverán a verme hasta que Elise esté aquí, entre nosotros. Puede estar en un peligro inminente y ustedes no hacen nada.

Colin Jackman salió furioso desde las escalinatas de la orquesta y no se supo más de él. Todos los artistas se miraban entre ellos con preocupación. La verdad es que el joven tenía razón. Elise había desaparecido esa noche luego del musical y no se había presentado, y en su casa no contestaba nadie. Colin se había encargado personalmente de llamar a todos sus conocidos y cercanos, pero nadie, absolutamente nadie sabía qué había sido de ella.

-Director Dupont, estamos con Colin en esto – agregó Amanda – Hay una persona desaparecida, y eso es grave. Me niego a actuar durante estos días a no ser que usted llame a la policía. Nadie sabe qué pudo haber pasado.

El director miró a todos y meditó por largos minutos. Luego miró a la cúpula del teatro y se dio por vencido, tomando su celular mientras asentía, derrotado. La pérdida de Elise Durand en el equipo era algo sentido, y tres días sin saber de ella afectaban a todo el elenco, incluido él.

La policía llegó rápidamente al lugar, y comenzaron de inmediato el proceso de investigación. Colin había visto a las patrullas llegar desde el exterior del teatro, y se quedó observando como la gente, en un acto natural de curiosidad, se aglomeraba entre las puertas del edificio. Enseguida vio como los policías acordonaban el área, listos para comenzar con el peritaje. El joven tomó un sorbo de su café y sonrió. Quizás el director Dupont no era tan frío y cabeza dura como él creía. Ahora, él tampoco tenía pensado esperar a que ellos hicieran el trabajo. Él tenía que investigar al respecto. Tenía que ayudar. Tenía que encontrarla.


Ya han pasado tres días desde que dejé mi propio tiempo…

Parece que he pasado semanas aquí, en la guarida de Erik. Extraño mi lugar. Mi trabajo en la ópera era excelente, pero hay otra cosa que me preocupa más: Colin. Él siempre está contento, siempre, pero cuando las cosas van mal… es impresionante como su imagen se ennegrece. Hace años atrás, cuando él perdió a su madre y a su hermana en un accidente automovilístico, su vida se derrumbó. Pasaron días en que no sabíamos de su paradero. No iba a ensayar, y cuando cantaba faltaba esa chispa, esa emoción que siempre lograba hechizarnos. Se perdió en un mundo oscuro y desolador, pero yo… yo logré sacarlo de ahí. Fui paso a paso, estando a su lado, haciendo que volviera a valorar su vida. Él y yo somos grandes amigos. Para Colin fui como un salvavidas, según él… y ahora su salvavidas se ha esfumado del mundo…

Colin… por favor, no cedas…

-Elise ¿Está usted bien?

Levanté la vista. Erik había llegado y ahora me miraba con preocupación, agachado a la altura de mi asiento.

-Lo estoy…

-no suena muy convincente ¿Puedo ofrecerle algo? Una copa de vino, tal vez…

-gracias, pero no. Estoy un poco preocupada, eso es todo

Me levanté del sillón y caminé a mi cuarto lentamente. Sin cerrar la puerta, me acosté en mi cama y saqué de mi mochila las únicas cosas que me aferraban al presente: Un par de audífonos, mi teléfono celular, una consola de videojuegos y los cargadores de ambos. Los dos aparatos tenían aún algo de carga, pero no duraría mucho. Sin pensarlo dos veces, tomé los audífonos y los puse en mis oídos, los conecté a mi celular, y marqué bien a fondo el botón de play. Cerré mis ojos y me olvidé de la situación. Me olvide de los viajes temporales, de la incertidumbre y de lo desconocido. Por un momento me sentí plena una vez más, sin miedo.

Pasaron un par de canciones y paré el reproductor de música, apagando el teléfono de inmediato. Si la batería se acababa, yo estaría muerta junto con ella. Cuando guardé el teléfono, noté que Erik me observaba con su mirada felina desde el umbral de la puerta.

-¿Se siente mejor?

Salté de la cama mientras asentía.

-Erik… solo necesitaba algo de mi mundo. Es que… estoy preocupada por alguien, en realidad

¿Por qué le cuento estas cosas a él?

-¿Que pasó? –dijo, mientras tomaba asiento en el sillón del cuarto.

-Se trata del tenor de la compañía contemporánea – pude ver como los ojos de Erik parecieron brillar ante la mención de la palabra "tenor" – Tengo miedo de qué pueda pasar si no estoy ahí

-no entiendo ¿Este tenor depende de usted de alguna forma?

-Es una larga historia – suspiré – Colin Jackman es su nombre. Se unió a la compañía hace 4 años… digo, en el 2012. Usted lo amaría. Colin es un excelente músico, pero una tragedia apagó toda su energía en los meses finales de ese año

-¿Qué pasó? – sonaba nervioso de preguntar.

-Su familia tuvo un accidente automovilístico… espera. No entiendes eso ¿Cierto?

Erik afirmó con su cabeza. Por un momento casi me saca una sonrisa.

-Bien, trataré de explicarlo. Los automóviles son como los coches a caballo de esta época, pero son hechos de materiales nuevos y andan muchísimo más rápido… y no usan caballos. El punto es que dos de estos coches chocaron entre sí, causando un accidente de grandes proporciones… y los padres de Colin… ellos… ellos murieron, Erik. Colin quedó absolutamente solo. No tenía amistades, ni pareja, ni familia, ni nada… pero…

-pero te tenía a ti – completó el hombre – digo, si eres tan importante para él…

Vaya, esto es raro. Estoy contándole toda la historia trágica de Colin y, hasta el momento, Erik parece un amigo en malos momentos. Empiezo a temer de una próxima reacción violenta…

-Trabajé un mar de meses en transformar a Colin en lo que era. Es un joven muy alegre, Erik, extremadamente alegre, y siempre te recibe con una sonrisa, pero esos días era irreconocible. Hasta su voz había perdido esa magia.

-Entiendo – dijo, sonando un poco distante, quizás melancólico - ¿Estás preocupada por él?

-muchísimo. Si desaparezco y él lo nota se preocupará en exceso. Si bien todo el elenco es una gran familia, siempre me dice que soy su salvavidas… lo único que le queda, Erik ¡Lo único que le queda!

Erik se quedó en silencio, mirándome fijamente. Parece que ninguno de los dos sabía qué decir exactamente.

-¿Qué pasará? – fue lo único que dijo

-Lo más probable es que la policía esté dando vuelta el teatro techo abajo… dios, si solo Colin se hubiera perdido conmigo

-Estará bien… señorita, su amigo estará bien. Veré todos los medios para que vuelva a su época, lo prometo.

Erik se paró y estaba a punto de cruzar la puerta cuando dije su nombre. De inmediato dio la vuelta.

-Em… necesito pedirle algo

-Dígame

-Me siento un poco incómoda llamándole Erik cuando usted se dirige tan formalmente a mí… ¿Podríamos… igualar las cosas?

-¿igualar las cosas?

-Usted puede llamarme Elise. Después de todo, vamos a pasar mucho más que tres días juntos ¿No cree, o debo llamarle "Monsieur Le Fantome"?

Erik no pareció meditarlo mucho. Solo levantó su rostro, con una media sonrisa, y me dijo:

-Será un gusto tratarnos de igual forma… Elise. Ahora - dijo, levantándose del sillón - debo ver si todo va bien en la producción. Nadie sabe qué clase de asesinato musical puede cometer nuestra querida soprano.


La noche ya se había alzado en París, y Colin estaba descansando, o al menos tratando de dormir en el sillón de su hogar, demasiado pequeño para su cuerpo. No podía conciliar el sueño. Había pensado todo el día en los distintos rumbos que su compañera de trabajo podía haber tomado, voluntariamente o no. En su pecho yacía un cuaderno lleno de notas, rayado de principio a fin con planes a seguir. "Seré yo el detective maestro que descubrirá el misterio", se dijo antes de ir a su cuarto, a un par de cuartos de distancia. Dejó su cuaderno en la mesa, y salió del salón. En la primera hoja, rayado fuertemente con lápiz rojo, había registrada una sola frase.

Minutos después, una sombra salió del departamento, escabulléndose por las silenciosas calles de París. Sin muchos problemas, hizo su camino invisible hasta las puertas del teatro, tomó una llave, y la deslizó suavemente entre las rejas. Dentro del teatro, el sujeto caminó entre los corredores, los viejos pasadizos que solo algunos sabían de su existencia. Pasajes del teatro jamás descubiertos, llenos de polvo, cubiertos por la fina capa del olvido. La sombra sacó una linterna, enfocándola al piso. El suelo estaba lleno de polvo. Siguió caminando lentamente, investigando. En una de las tablas aparecieron unas huellas, y estas seguían a la puerta antigua del escenario. Siguió las huellas, paso por paso, y luego se quedó quieto, en silencio. Las huellas habían desaparecido. En ese momento sintió un ruido y levantó rápidamente la linterna. A lo lejos, cerca de la zona de los tramoyistas, creyó ver un par de reflejos. Justo en ese momento, una mano se apoyó en su hombro, y la voz de un hombre lo hizo sobresaltarse.

"Usted no debería estar aquí, señor"