Bien, ahora no fue tanto tiempo ¿No?. Este es mi último lunes de descanso antes de entrar a clases, así que aproveché al máximo estos días c:

Les agradezco mucho los reviews! Es un placer saber que les gusta mi trabajo c: .Aquí vamos con otro capítulo, como corresponde.


Capítulo 10: Problemas entre líneas

La mano ya no era gentil sobre su hombro. El hombre tironeó fuertemente del otro, buscando eliminar su equilibrio. Un par de segundos después, presa de la maniobra, la sombra yacía en el piso, adolorido, y una pistola se acomodaba a pocos centímetros de su cabeza.

-Identifíquese, señor – respondió el hombre. Al ver que su víctima no se pronunciaba, aumentó la presión que ejercía su rodilla en él – Vamos, hable

La sombra solo gimió de dolor.

-¡No me haga nada! ¡Soy inocente! Por favor, no me haga nada…

El atacante obedeció por unos momentos, mirando el cuerpo adolorido del otro, aún tirado en el suelo. Con poca paciencia guardó su arma, tomó al joven de los antebrazos y lo paró de un movimiento. Fijó sus ojos en él y removió el pasamontañas que el hombre llevaba puesto. El rostro juvenil de un muchacho apareció tras el género. No era la imagen de un delincuente, pero tampoco lucía como un francés normal.

-Su nombre, por favor – pidió, luego de soltarlo. El jovencito se apoyó en la pared, adolorido, pensando si sus piernas soportarían su peso.

-Me llamo Colin… Colin Jackman – respondió entre jadeos

-¿Nacionalidad?

-Inglés…

-¿Qué hace un inglés aquí? –le preguntó con violencia

-¡Trabajo aquí! ¡No me haga nada, señor!

El hombre lo miró. Su expresión delataba que no había creído ninguna de sus palabras. Colin respiró hondo. Estaba aterrado.

-Soy tenor… le juro, señor. Soy tenor de este teatro…

-¿Quiere que le crea? Pues dudo que logre su cometido. Usted me acompañará, de inmediato

-¿Dónde vamos?

En ese momento, el hombre sacó unas esposas de su chaqueta, conectándolas en los brazos de Colin.

-A la policía – dijo, luego tomó su celular y marcó un número – Detective Aldric Fortier. Alexis, he encontrado a alguien

en los pasillos de la ópera. Lo llevaré inmediatamente, Comisario.

Colin tragó hondo. Si el tal Comisario Alexis era peor que el detective que tenía en frente, tendría que temer por su integridad.


Fueron largos y tortuosos los minutos que tuvo que viajar en la patrulla. Estaba completamente doblado en los asientos traseros del vehículo. El detective manejaba con poca prudencia a esas horas de la madrugada, con la sirena sonando estruendosamente y aprovechando las vías despobladas en la oscuridad de la ciudad. Por un momento parecía que nadie andaba por las calles, como un escenario oscuro y apocalíptico de alguna película de terror. El clima había empeorado y una densa niebla tapaba el paisaje.

El detective Fortier bajó del vehículo y lo sacó a la fuerza, tirando de su chaqueta. Colin no se atrevió a hablar ni a quejarse. Ya no tenía fuerzas siquiera para tratar de oponerse. Entraron a la comisaría, y luego a la oficina del superior. El comisario estaba sentado en una silla, de espaldas a la puerta, mientras observaba Paris desde la ventana que estaba en el fondo del cuarto.

-Comisario, aquí está el hombre del que le hablé – dijo Aldric, apagando un poco su ira.

El hombre del asiento no dijo ninguna palabra. Lentamente, la silla comenzó a girar. Colin comenzó a temblar. Estaba aterrorizado. Cuando la silla ya había dado la vuelta, Colin se atrevió a abrir sus ojos. Ambas personas quedaron sin habla. El comisario al que tanto temía no era él… era ella.

Alexis tampoco pudo hablar al ver la cara del sospechoso. Era una cara que conocía muy bien, quizás demasiado. Lo había visto tantas veces, y aún así era un completo desconocido.

-Colin Jackman… -susurró, aún asombrada. Su timbre de voz logró relajar al tenor.

-S-señorita… ¿Me conoce?

Conocerlo, que pregunta más extraña. Había pasado tantas noches viéndole actuar en el escenario, viendo su presentación desde las altas butacas. Claro que lo conocía ¿Cómo no conocer a este increíble tenor?

-Lo conozco, señor Jackman. Es más, he ido a bastantes de sus presentaciones de la ópera. Considéreme un fan

-Espera. Hermana ¿Este hombre realmente es tenor? – preguntó el detective, contrariado. En su mente el joven solo era un extranjero sin visa, un inmigrante ilegal o algo peor.

Colin no era el menos confundido. Primero el comisario era una mujer ¡Y ahora los dos son hermanos! Toda la situación lo tenía con dolor de cabeza.

-Bien, señor Jackman. Usted es un tenor famoso, pero aún así no podrá escapar de un interrogatorio. Acompáñeme, por favor.

Colin siguió a la dama hasta una habitación cerrada. En su interior solo había dos asientos, una mesa, y una cámara que le seguía desde un rincón. Los dos tomaron asiento, frente a frente.

-Bien, señor Jackman, me debe una explicación. Sé que usted tiene un puesto de trabajo en el Palais Garnier, pero esta es una hora muerta. El teatro está cerrado con llave, y usted sabe que nosotros estamos realizando peritajes en todo el área circundante ¿Qué hacía a estas horas dentro del teatro? Respóndame con la verdad

-Elise…

. Al parecer el hombre no podía decir más palabras, y pronunciar ese nombre era bastante explicativo, de todas formas. Alexis era la comisario a cargo del caso de la desaparición de Elise Durand. La joven llevaba días desaparecida y, según los trabajadores de la ópera, había personas muy afectadas con su pérdida.

-Ya veo… pero usted sabe que la policía está realizando las investigaciones. Usted no debería sacar sus propias conclusiones

-Usted no entiende. Elise… Elise es una persona muy querida para mí. Si a ella le pasa algo yo… yo…

Alexis observaba al pobre hombre que tenía delante. Sus puños estaban tan cerrados que no permitía que la sangre circulara. Sea cual sea el vínculo que los unía, debía ser uno muy, muy fuerte. Este hombre debía estar pasándola realmente mal.

-Señor Jackman, le aseguramos que la encontraremos sana y salva, pero por favor, cálmese. No va a lograr nada si está así de inquieto.

-todos me han dicho lo mismo – sus palabras eran vacías – Me piden calma, pero no puedo. Ha desaparecido el único hilo que mantuvo mi vida en pie, y ahora no que no está… no sé qué me pasará. No soy una persona muy estable, señorita. Eso lo sé muy bien.

-bien, creo que tengo una idea de lo que hacía a estas horas, pero de todas formas tendrá que pasar por un periodo de detención. Mañana podrá irse a casa, señor Jackman. Lamento mucho toda esta situación, pero usted ha violado un cordón de seguridad.

Entrado en la mañana del día siguiente, Colin reposaba en la fría litera de la celda. Ese día fue uno de los peores de su vida, pero algo bueno había salido de todo este lío legal. Había conocido a la encargada del caso, y ella lo conocía.

Cuando recobró su libertad, le dedicó una mirada a Alexis Fortier… pero no sería la última. Nunca sería la última.


Desperté en blanco esta mañana. Los dos días anteriores solo había pensado en Colin y en mi anterior vida, pero hoy no sabía qué pensar. Erik había ayudado en este estado de aparente calma. Su presencia me tranquilizaba en cierta forma, y su música matutina me hacía olvidarme del mundo. Últimamente lo encontraba en el salón en las mañanas, tocando una suave melodía en su violín. Apenas entraba él paraba de tocar, dejando su instrumento en su rodilla, mientras me preguntaba sobre mi despertar.

-Mejor, Erik. Gracias por lo de ayer

Hoy no era la excepción.

-Me preocupaste bastante, Elise. En estos cinco días he aprendido cuanto extrañas tu realidad, pero nunca sé cómo actuar en frente de esos momentos de angustia. Si he actuado mal o te he incomodado, realmente yo…

-Erik, para, por favor – reí ante su evidente nerviosismo – no hiciste nada malo. Al contrario, te debo mucho. Quién sabe cómo podría estar si no me quitaras un poco de peso de mis hombros

Erik lucía aliviado luego de esa aclaración. Hasta su cuerpo lucía menos tenso.

-Por cierto, gran avance, Erik. Al menos ya no siento culpa al tratarte de "tú"

Erik sonrió burlesco y me señaló el asiento frente a él. En la mesa ya reposaba una bandeja con una taza de té caliente y algo de pan.

-tú desayuno está servido, y tengo otra cosa más… me ha costado conseguir esto, pero pensé que sería bueno para tu comodidad. Me he dado cuenta de que odias la moda parisina femenina.

Junto a la taza de té había un paquete envuelto en papel. Olvidé el hambre y fui directo al extraño envoltorio. Adentro había un par de prendas de tela de gran calidad. Pensé que eran vestidos, pero luego las levanté ¡Eran camisetas! Me tomó un tiempo en asimilar la ropa que tenía entre mis manos ¿En serio se había tomado todas estas molestias?

-Me tomé la libertad de reproducir el diseño de su prenda actual, y mandé a Nadir al centro de Paris, a ver si había una posibilidad de hacer algo similar. Por tu cara voy a suponer que acerté.

-Erik, esto… esto es increíble. No sé cómo agradecerte – este hombre debía ser el más atento de toda la ciudad. Tuve que aguantar el impulso de abrazarle. Erik aún no se acostumbraba al trato físico – Ahora ya no tendré que ponerme esos vestidos mientras mi ropa se seca. Esto es hermoso.

El fantasma se levantó, satisfecho por lo que podía ver. Luego se puso su capa y su sombrero ¿Otra vez saldría? Este hombre sale a toda hora, pero nunca se ha ido antes de saludarme, al menos. Después de todo, Erik era perfeccionista y vigilaba cada paso que se daba en el escenario.

-Erik ¿Dónde vas ahora?

-No te preocupes, volveré pronto – dijo – Solo hay un salario que yo no he cobrado

-¿ningún otro problema además de tú salario?

-Ninguno – Fue lo último que dijo. Puso su fedora en la cabeza y desapareció sin dejar rastro por las frías aguas del lago. Lo miré y sonreí. Si bien lo del salario era cierto, sabía que Erik quería ver a Christine. Luego de despedirlo me devolví a mi habitación, a cambiar mi gastada camiseta de Led Zeppelin por una de las nuevas. La tela era genial. Se sentía como seda en mi piel… esperen ¿O esto es realmente seda?


-Bien, mi amigo ¿Cómo te fue con ese experimento de moda?

Nadir me estaba esperando en el pasillo del palco 5. Al parecer estaba deseoso de saber cómo había ido todo este problema en que lo involucré. Abrí la puerta y el persa entró. Los dos nos sentamos en las butacas, viendo como iba el ensayo en el escenario.

-Todo salió perfecto, Daroga. Al parecer está muy feliz con sus nuevas prendas – dije, tratando de guardar mis emociones. Desde el episodio de la otra tarde andaba buscando algo para hacer sonreír a la dama, pero no quería que su sonrisa se trasladara a mi propio rostro.

-Hablando de mujeres ¿Cómo han ido las cosas con Christine? Supongo que tus clases siguen siendo impartidas por la imagen etérea del "Ángel de la música"

-Sí, así es – genial. Me hace una emboscada de preguntas…

-No puedo creer que ella aún crea que eres un ángel enviado. Nunca conocí a un ángel con tan mal carácter

-¡Nadir, suficiente!

Justo cuando estaba a centímetros de golpearle, la estruendosa voz de Carlotta me distrajo. ¡Cuánto la detesto! Luego de ese espectáculo de mala habilidad vocal, aquella mujer comenzó a exclamar en contra de todos los presentes… y en ese momento, la victima principal de su ira era Christine. Necesito tenerla fuera de este teatro, ahora… ¡Ahora!

-Erik, contrólate por favor...

-¡Quiero a esa mujer fuera, Nadir! ¡Fuera! Y si el fantasma tiene que actuar para que eso suceda ¡Pues lo hará!

Salí del palco de inmediato, tomando una vía secreta a los camarines. Nunca había bajado con tanto ímpetu los pisos que me separaban de esa mujer. Esto era incontrolable. Mi sed de venganza había llegado al punto de no retorno. Llegué al camarín de la diva y esperé pacientemente. No. Hoy no te salvarás, Carlotta Giudicelli. Eres tú, o yo… Y yo no pienso dejar este teatro así como así.

… Y nadie escapa de las garras del fantasma de la ópera.