Oh, este capítulo lo traje luego de aprovechar cada hora de viaje en buses. Tengo una ola de ensayos de filosofía e historia en aumento, así que estoy a todo vapor! Pero bueno, aquí estamos. Tarde, pero estamos c:
Como siempre, muchas pero muuuchas gracias por los reviews. No saben cuánto me alegran c:
Capítulo 11: Rivalidades
Había pasado al menos media hora desde que Erik había ido a los ensayos. Sin desaprovechar el tiempo, decidí realizar una de tantas fantasías que tenía en este lugar. Caminé lentamente hasta el imponente órgano y me senté en el banquillo. Posé mis manos sobre las finas teclas, sin presionarlas, y tomé un respiro. Toqué un acorde, delicado, casi imperceptible, y luego desaté lo que había guardado tanto tiempo. Las notas jugaban con las misteriosas melodías, pasando de motivo en motivo, de tema en tema, construyendo la música que creía perdida. Un Allegro salvaje que había esperado años para romper sus rejas.
Hace un gran tiempo que no tocaba piano ni nada similar. En mi juventud quería ser concertista, pero en un momento de ella dejé la música de lado. Quizás desde ese día tenía esta melodía en la cabeza, esta composición que sonaba majestuosa en el gran órgano de tubo. Sí, había esperado años para este momento, mi gran regreso.
Seguí tocando, tanteando teclas casi por azar, cuando sentí un ruido en la salida de la guarida. Me giré y vi al llegado. Era este hombre persa, Nadir. Su pecho subía y bajaba, recuperando aire. Su rostro había enrojecido mucho
-Señor Khan... perdón si he hecho algo malo. Yo no...
-Señorita Durand, cálmese. Vengo por motivos más dramáticos – me aclaró, pasando una mano por sus cabellos.
-¿Qué pasó?
-Es Erik
Erik...
-¿Qué ha pasado? ¿Ha herido a alguien, o ha sido al revés? ¿Erik está bien? ¿No lo han descubierto? – disparé las preguntas una tras otra. Erik era tan fuerte, y a la vez tan débil...
-No, no es nada contra Erik – tomó un respiro
- adivino. La Carlotta o Christine
El hombre asintió.
-La prima Donna desató su descontento, como siempre. Culpó a Christine por desconcentrarla y la empujó furiosa. Luego se fue a su camarín... ¡Alá, estoy tomando mucho tiempo en explicaciones!
Me levanté del banco y tomé a Nadir de los brazos. El seguía algo agitado.
-Tenemos que detenerlo, ahora – fue lo único que dije. Debía hablar con Erik, y Nadir me ayudaría a llegar hasta él.
-espere
Nadir desapareció por una puerta que, hasta ese entonces, no sabía que existía. Lo seguí y me encontré con un cuarto mediano, lleno de botellas y extraños artefactos.
- Nadir ¿Qué es este lugar?
-el laboratorio de Erik – dijo apresurado, mientras buscaba en los cajones de las estanterías - aquí está – sacó una pequeña botellita - esto nos servirá, aunque sé que no deberíamos ocuparlo. Es una emergencia
- ¿Qué es? – pregunté ante la evidente restricción del líquido
- Cloroformo – fue su respuesta
Estaba en el camarín de esa mujer, oculto entre mis sombras ¡Oh, cuanto deseaba terminar de una vez por todas este martirio! ¡Cuanto deseaba la angelical voz de Christine en vez de este animal gritando! Y claro, Christine. En un par de horas brillarás sobre el escenario, mi ángel. Serás la gran estrella, el gran astro iluminando la música como nunca otro lo ha logrado. No habrá nunca algo tan grande, tan majestuoso sobre nuestros infames oídos, aquellas obras de arte que, año tras año, han sido maltratadas sin piedad ¡La verdadera razón de la música habrá vuelto a estas paredes!... Y ya no existirán más engaños burdos como el que nos acompañó durante años.
Me paré en mi escondite, sintiendo como la cuerda pasaba por mis manos. La misma que después se posaría en nuestra culpable. Culpable, no victima.
Atento, vi como la perilla de la puerta giraba lentamente. Como la luz se hizo presente durante una fracción de segundo. La diva estaba ahí, con su presencia aún exaltada de su propio descontento, de su venganza a los grandes. Sin esperar un segundo, la mujer se puso cómoda en uno de los sillones, frente a frente con el techo, murmurando insultos que no vale la pena expresar ¡Y qué vale la pena en este cuarto maldito!
Así, mi ira fue ganando lo perdido. Caminé un poco entre las sombras, silente, y fijé mis ojos en nuestra preciada Prima Donna.
-Carlotta Giudicelli, que placer tenerla frente a frente, signora
-¿Quién eres? – La Carlotta se levantó rápido del sillón, mirando desafiante en todas direcciones
-Excelente pregunta, Signora. Es una lástima que la respuesta no sea de su agrado – con destreza, pasé el lazo por su cuello. Su rostro se tornó blanco. Sus ojos se posaron en la cuerda, y luego en mis manos.
- El... el fantasma...
-Demasiado tarde, Signora. Demasiado tarde. Fue un gusto conocerla...
Entonces sucedió. Mientras mi agarre tiraba cada vez más del lazo, alguien me atacó por detrás, poniendo un paño húmedo en mi cara. Mientras mi vista se nublaba, giré en búsqueda de Giudicelli. Ella yacía ahí, a mis pies, y en su rostro también había un pañuelo.
-señor detective, por favor... Le ruego
Pero sus incesantes peticiones solo eran respondidas por un fuerte y comunicativo portazo.
Colin se rindió. Había gastado su mañana en intentos infructuosos, pero ahora ya había izado su bandera blanca. Todo lo que quería era hablar con la comisario ¿Cuál era el problema?
Justo cuando estaba por cruzar el umbral de la puerta de salida, un agente se acercó al joven.
- La comisario acaba de salir de su reunión. Ordenó que usted entrara a la oficina.
Colin dio un fuerte suspiro al escuchar esas palabras, miró al policía, y luego caminó rápido a la oficina. El agradecimiento -mezclado con una cuota de odio- era palpable.
Apenas entró, la mujer le miró varios segundos en silencio. Nada parecía moverse entre ellos. El pasar del reloj se convirtió, de pronto, en un mar de martillos.
-Señor Jackman, me gustaría decir " me sorprende verlo aquí", pero no es así. Cuénteme ¿Está aquí por información, o para entregarla?
- usted me lee muy bien, comisario Fortier. Sabe que vengo por información
-Así que quiere continuar con su juego de "agente encubierto" – agregó con ironía – ya veo, está todo claro
-no juegue conmigo – salió de sus cabales – usted sabe que en esto soy uno más de sus hombres. No podrá pararme
-¿Y qué pasa si no quiero su ayuda, señor Jackman?
-Tendrá que lidiar con mi presencia, señorita. Yo seré su compañero por las buenas o por las malas. No podrá librarse de mí
El silencio volvió a apoderarse del momento, como si la tensión necesitara de otro contribuyente. Se miraban fijamente, igual que al principio, esperando que uno de los dos cediera en sus intentos, cada uno batallando por su propia libertad de acción.
Finalmente, la comisario se levantó en forma violenta, moviendo las sillas. Luego golpeó el mesón con su puño, estímulo suficiente para sacar a su huésped del trance. Ambos respiraban agitados. De pronto, Colin parecía aún más enojado que ella.
-Señor Jackman, entiéndalo ¡Es nuestro trabajo, no suyo!
-Pero claro, voy a sentarme de brazos cruzados a que todo pase de casualidad, de milagro ¡No voy a aceptar esto! ¿Entiende? No lo haré
-¡Salga de mi oficina en este preciso instante! – le señaló la puerta
-¡Oblígueme!
De pronto, la policía perdió el control y tomó al hombre de la camisa, acercándolo a ella con un movimiento tosco. Trataba con todos sus medios evitar golpearlo.
-Usted se va... ahora
Luego de eso, ella soltó su agarre de la camisa de Colin. Él, con la mirada oscura sobre ella, solo tomó un paso atrás, casi sin miedo.
-Volveremos a vernos, Alexis Fortier. Ni tú ni yo podremos evitarlo. Nadie ¿Oíste? Nadie.
Luego de eso, Colin se esfumó entre la noche parisina.
Alexis respiró hondo mientras volvía a su puesto de trabajo. En el tiempo que demoraba en regular su ritmo cardíaco, miraba la puerta en la que todo había comenzado, noches atrás. Dentro de todos los problemas, había una pregunta que destacaba sobre todas las demás; y es que, simplemente, Alexis no sabía qué había pasado con ese tenor alegre que le había robado más de algún suspiro en la casa de la ópera.
