Lentamente abrió los ojos, pero por más que parpadeara no era capaz de despejar su visión borrosa. Sentía un fuerte dolor en su cuerpo que solo creía superado por el mareo que experimentaba y cuando trató de ponerse de pie no duró más que un par de segundos antes de desplomarse sobre una superficie suave.

Sus recuerdos de los últimos días eran confusos y no era capaz de diferenciar la realidad del sueño. En momentos se sentía en medio de un lugar frio y rocoso mientras que en otros en uno cálido y suave. La fatiga que experimentaba desde que todo el asunto inició no le ayudaban a pensar y el cansancio era tal que había decidido, al menos por un tiempo, no tratar de adivinar lo que sucedía y simplemente disfrutar de cuando se encontraba en el lugar cálido.

Cuando cerró los ojos dispuesto a dormir escuchó lo que parecía ser un gemido de frustración seguido por una fuerte corriente de aire. En un primer momento no le prestó mucha importancia, pero al ver como la corriente se hacía cada vez más fuerte y la frustración de quien los producía mayor no pudo evitar abrir los ojos.

Una mancha negra con algo amarrillo en la parte superior en medio de un borroso marrón con una línea blanca en lo que parecía ser el suelo. De esa forma podía describir su visión que después de mover la cabeza de un lado a otro con los ojos cerrados comenzó a aclararse.

Sentía que conocía a la persona que producía ese viento, la situación por si sola le resultaba familiar, y estaba seguro de haber escuchado su voz en otro lado. Pero cuando finalmente su visión se aclaró y logró ver a la mujer rubia con el gran abanico listo para crear otra corriente de aire no pudo colocar un nombre a su rostro. Sabía que la conocía y al mismo tiempo no sabía quién era.

La dejó seguir con lo suyo hasta que pareció cansarse y colocar el enorme abanico sin mucho cuidado en una mesa cercana. Algo intrigado por la situación se acercó lentamente para entender lo que ella pretendía hacer y fue entonces que vio las flores blancas en el suelo.

Ellas debían de haber sido la línea que había visto cuando su visión todavía estaba borrosa. Leyó varias veces lo que estaba escrito y luego de ver lo enojada que la mujer a su lado estaba, al punto de no darse cuenta de su presencia, entendió que esta no era la primera vez que sucedía.

Después de ver las flores por un rato se dio cuenta de lo extraño que resultaba que después de tanto viento no se hubieran movido de su lugar por lo que con cuidado tomó una de las flores con su boca, pero inmediatamente después de hacerlo sintió una fuerte corriente eléctrica que lo obligó a soltarla, saltar hacia atrás y gritar del dolor.

– ¿ya despertaste?

La voz de la mujer llamó su atención y antes de que se diera cuenta ella ya lo estaba cargando entre sus brazos. No pudo evitar mirarle sus ojos verdes que expresaban un sentimiento que no lograba entender, solamente tenía la seguridad de no querer verlo. Quería desaparecer ese sentimiento que parecía opacar su belleza y sabía que las flores en el suelo eran las responsables.

– mejor no las vuelvas a tocar – le escuchó decir mientras le acariciaba el cuello lo cual hizo que instintivamente quisiera acercarse más a su mano – están pegadas con algo al suelo y cada vez que las tocas desprenden electricidad. Yo ya pensare en cómo deshacerme de ellas mientras tú, mi pequeño gatito, te quedaras en la cama que te prepare para que te recuperes de tus heridas.

Le resultó extraño que le llamara gatito. Tenía un nombre, aunque no lo recordara, y por alguna razón no le parecía correcto que se refirieran a él de esa manera. Aunque por encima de eso, no le gustó su voz.

Algo no estaba bien y no deseaba que ella, quien le transmitía ese calor que lo reconfortaba después de esos largos periodos de fríos, se sintiera de esa manera. Por eso, aunque todavía no tenía la más remota idea de lo que sucedía, simplemente estiró su cuello para acariciar con su cabeza la mejilla de ella y al escucharla reír por su gesto supo que había logrado su cometido. Ese sentimiento que había sentido que la opacada ya no existía.