– Otra vez está lloviendo – dijo Temari mirando por la ventana de su casa – y ayer parecía que finalmente esto se había detenido.
Kei también observaba fijamente la lluvia. No podía evitar relacionarla con su problema y tenía la firme convicción de que deteniendo la lluvia podría responder a todas sus preguntas. Sentía una urgencia por hacerlo, ese mismo día todo debería de solucionarse.
Por su parte, Temari comenzaba a alistarse para su misión. Estaba segura de que alguien estaba produciendo esa lluvia y no pensaba regresar a la aldea a menos que descubriera que era lo que sucedía. Ya solamente le faltaba ultimar un detalle: ¿Qué iba a hacer con Kei?
No podía dejar al gato solo cuando apenas se estaba recuperando de sus heridas y por esa misma razón sería una tontería llevárselo consigo. Todos sus conocidos o estaban ocupados o eran alérgicos dejándole como única opción dejarlo en la veterinaria.
– Pero tu lado salvaje vuelve al ataque.
Dijo para sí misma llevándose una mano a la cabeza y viendo al gato que maulló al verse atrapado por esa mirada. El extraño sujeto del día anterior resultó ser el nuevo veterinario y cuando intentó explicarle la situación Kei se había escapado de sus brazos comenzando a destruir todo lo que alcanzara además de rasguñar y morder a todo quien intentara tocarlo, ni siquiera ella logró salir ilesa en esa ocasión.
Kei significaba respetuoso y en menos de veinticuatro horas el gato demostró que su nombre replantaba todo lo opuesto a lo que era, o esa fue la impresión que el mundo tenía.
Cerrando los ojos trató de pensar en algo que hacer y fue entonces que recordó que cierta persona podía ayudarle, no eran las personas más unidas pero era alguien a quien podía confiarle el cuidado de su mascota. Feliz de haber encontrado la solución abrió los ojos para llevarse la sorpresa de que el gato ya no estaba.
Buscó por toda la casa sin éxito hasta que al dirigir su mirada por la ventana fue que lo vio correteando bajo la lluvia. Algo aliviada por localizarlo lo llamó insistentemente sin que este pareciera darse por enterado causándole que frunciera el ceño, nunca antes se había negado a su llamado.
Fue en ese momento que Kei decidió darse a correr a toda velocidad y al ver eso Temari comenzó a perseguirlo. Jamás se imaginó que le costara tanto trabajo seguirle el ritmo a ese felino, su velocidad era demasiado alta para tratarse de un simple gato y el recuerdo de cuando lo encontró llegó a su mente.
"¿Qué eres realmente?"
