Lost, not Forgotten (?)

Oh, gente. En mi liceo está quedando la grande. Se va gente todos los días y el ambiente es gris :c ¡Perdón por no poder actualizar en todo este tiempo! También he vuelto a la música y apenas he tenido tiempo para respirar c:

Respecto al capítulo, solo diré en mi defensa que es muy probable que existan varios "Teslas" por aquella época ;)

En fin, el capítulo!


Capítulo 14: Un contacto

Los días progresaban en su total monotonía, sin la mínima esperanza del cambio de una rutina. Las últimas tres horas las había pasado entre atender a Erik, tarea difícil, y tratar de cocinar sin ningún artefacto milagroso que pudiera hacer las tareas más fáciles; Sin tostadores ni microondas me transformaba en un ente inútil. Nadir aparecía cada tarde para ayudarme un poco, y Madame Giry también nos visitaba ocasionalmente. Según sus palabras, el teatro había vuelto a una normalidad vigilada, pero al pasar de los días los policías desaparecían de las butacas, y lentamente el ambiente se transformaba, como si nada hubiera sucedido. También me contó que en las pasarelas superiores no fue encontrado ningún rastro de la herida de Erik. Aún cuando la Carlotta gritaba una y otra vez que ahí había estado el temido fantasma, los policías hicieron oídos sordos a sus quejas y dejaron atrás a la melodramática diva. Hasta el más serio de los policías parisinos estaba harto de las llamadas de la cantante.

Erik parecía no querer saber sobre el asunto. Su único objetivo era conservar una implacable terquedad. Eran horas y horas las que yo pasaba luchando para mantenerlo recostado, solo para volver y ver que su figura había desaparecido, una y otra vez. Al segundo día me rendí: Erik era incansable.

Era la tercera noche, y Erik ya había escapado de su cuarto. Suspiré mientras volvía a tomar la bandeja que llevaba, buscando al hombre con la mirada. No había ninguna señal de dónde podía haber ido.

-Erik, deja de esconderte, por favor – grité en el salón, esperando que apareciera por alguna de las puertas. No demoró mucho su respuesta. Su voz aterciopelada me respondía desde la puerta de su extraño laboratorio

-espero que no quieras volver a recostarme en esa cosa – dijo, mientras doblaba algunos alambres que yacían en sus manos – no es el momento para dormir… ni de otra actividad

-Erik ¿Qué diablos es lo que tienes ahí? – señalé al extraño aparato que yacía en una mesa del cuarto. Todo indicaba que los alambres de sus manos venían del mismo objeto.

-¿Eso? Es… un pequeño experimento – me respondía evasivo – nada de importante

-¿Qué hace? – me interesaba demasiado lo que estaba viendo. El pequeño aparato parecía un prototipo de batería eléctrica

-han pasado años desde que logré encenderlo. Este aparato pretendía generar electricidad, aunque no sé de qué podría servir en estos momentos. Solo es un elemento del pasado, Elise. La verdad es que esta es la última vez que pensaba verlo

-Erik… espera, no digas eso – mi mente andaba a cien por minuto. Si él quería darle una utilidad, pues la tendría – Este artefacto no es inútil

-¿cómo? – exclamó

-¿Puedo experimentar con el artefacto? – pregunté con un renovado sentimiento de esperanza. Cuando Erik asintió silenciosamente, solo pude sonreír – ¿Cuánto demorarás?

-¿Qué quieres lograr? – respondió, sus voz un poco más cálida que antes. En esos eran los momentos que más disfrutaba. Ver a Erik actuando sin la seriedad que lo caracterizaba

-No pienso revelar mi plan, Monsieur Erik – sonreí sarcásticamente, usando aquella palabra que había sido exterminada de mi vocabulario – Solo diré que nos beneficiará a ambos. Imagínalo, Erik ¿Cuántas cosas de mi tiempo podrías aprender?

-no sé lo que planeas, pero luces algo segura – se acercó a mí - ¿Sabes operar este tipo de artefactos? Puede ser peligroso

-Erik, en mis años de vida nunca he necesitado un técnico. Puedo hacerlo – dije, recordando las horas que había gastado reponiendo máquinas en mi trabajo a tiempo parcial… No todos los días tienes en tu casa a una joven pianista, intento de mecánico… y que para colmo no trabaja en ninguno de los dos rubros.

-No esto muy seguro de esto…

-Está bien, ayúdame – cedí ante sus alegatos. Si no lo hacía, era seguro que pelearíamos toda la tarde

-Entonces, "experta" ¿Qué quieres que haga el principiante?


-Colin, no sé si esto es muy inteligente

Era otra noche más en la oficina del Palais Garnier, y detective y actor estaban frente a frente. Ambos miraban con agotamiento una pila de papeles, desordenados en todas direcciones, que abarrotaban todo el amplio escritorio del director. Entre ellos se mezclaban los mapas y los planos, entre otros documentos de la policía. Todos ellos tenían marcas en alguna parte. En los cafés, en las avenidas. En el teatro y dentro de él. Todas marcas sin resultados. Todos puntos donde solo se hallaba el silencio. Una respuesta vacía. Un simple atisbo de lo que pudo ser un hallazgo.

-¿Por qué crees que no podría serlo? – Colin se levantó con violencia, moviendo algunos de los papeles que yacían en la superficie – Los pasos que seguí, los que están marcados en el polvo, provenían de la vieja cocina del teatro. Tú y yo sabemos que Elise estuvo ahí. Pero esos pasos desaparecen de la nada apenas cruza un tramo del pasillo. Alex, yo caminé lo que ella caminó, y estoy muy seguro de que sentí una presencia justo frente a mi

-Colin… tu historia es… como decirlo, vaga sin la suficiente evidencia – dijo por enésima vez – Puede ser cierto, o puede que no, pero no puedo exponer esa idea a mis agentes si nadie ha encontrado nada al respecto. Hasta el momento nada indica un tercero implicado…

-¿Qué perdemos? Dime, ¿Qué perdemos con investigar en ese pasillo?

-Colin, ya dije que…

-¿Tienes miedo? Mírame

Alex sabía que ella podía ser muchas cosas, pero cobarde no estaba dentro de la lista.

-¿Me estás desafiando?

-No lo sé. Lo dejo a su criterio, comisario

Y con esas palabras abandonó la oficina.

Alexis cogió las llaves y salió de la oficina. Su destino: Aquel condenado pasillo. Sabía que no había nada extraño ni sobrenatural en ese sector, pero de todas formas temía que algo pudiera pasar. A ella, a él, o a todos.


-Erik, este aparato funciona…

Habían pasado unas buenas horas desde que le pedí la máquina. Durante ese tiempo, Erik terminó por dejarme a solas con la masa de alambres de metal. Ahora yo acababa de salir del laboratorio, un poco manchada por los experimentos, pero con una sonrisa en mi rostro. Quien lo diría ¡Me siento como Nikola Tesla!

-¿Cómo?

-entra ahí y veremos si esto sigue funcionando

Antes de acompañarlo, fui a mi cuarto y cogí un par de cosas que planeaba "sacrificar": Mi teléfono celular y su cargador. Si funcionaba, tendría un teléfono cargado para toda mi vida. Si no funcionaba… bueno, no podía perder nada.

-Erik, esto comprobará todo – le dije, mostrando lo que llevaba en las manos. Él no lo vio; seguía mirando distraído a la máquina frente a él. Se me había olvidado mencionarle que yo había hecho varias modificaciones al viejo sistema.

-¿Cuántas cosas cambiaste? – preguntó confundido

-algunas… pero bueno ¡Quiero saber si funciona! - Traté de esquivar una posterior queja

Sin más preámbulos, tomé el cargador y lo alineé con los las sondas correspondientes. Era todo o nada.

-Si tuviera un multímetro todo sería más fácil...

-¿Un multímetro?

-Olvídalo. Cosas del futuro

Encendí la máquina y esperé a que algo pasara. Cuando había pasado un minuto, noté que Erik miraba mi teléfono.

-¿Qué pasa? – mi paciencia se estaba agotando

-¿Qué es esa luz?

Fue entonces cuando salí de mi trance de impaciencia. La luz del teléfono estaba en naranjo. El cargador funcionaba.

-¡Erik, esto funciona!

-Ahora ¿Qué planeas hacer con él?

-¿Qué no podría hacer con él? – exclamé victoriosa. Este era un milagro entre milagros. Un conocimiento en física que tantas veces pensé tirar por la borda. Esto me abría una pequeña ventana a mi mundo. Y lo que era mejor: Una pequeña ventana de mi mundo, para su mundo.

Esperen… ¿Una pequeña ventana a mi mundo?

¿Podría ser ese pasillo… una ventana?

-Erik – susurré – creo que tengo una idea. Una extraña idea…