Fuego.

Grandes llamas se extendían por las calles pareciendo ignorar los intentos de las personas por apagarlas mientras que él se quedaba observándolas. Escudriñaba con la mirada en busca de una forma de detenerlas, tratando de ver opciones que el resto pasara por alto pero no encontraba nada útil. Durante su examen sus ojos se encontraron por un momento con los de Temari en los cuales leía la duda con claridad y por esa razón la observó fijamente, indicándole que ese no era el momento para estar distraída. El mensaje al parecer fue recibido porque tras unos segundos de vacilación ella se unió a un grupo cercano para tratar de apagar el fuego.

Sabía que era lo que pensaba, la razón de su duda, porque el mismo se había confundido antes de recordar. Ahora entendía el porqué le parecía familiar Temari antes, el porqué se sentía tan fuera de lugar cuando era tratado como un gato y el porqué le desagradaba tanto aquel hombre. Recuerdos de una vida entera llegaron a su mente de forma torrencial junto con el inicio de ese incendio. No existían más incertidumbres por su identidad y le ponía de mal humor pensar en lo que eso le implicaba.

Él era Kei y al mismo tiempo no lo era. Kei era un gato salvando por una ninja cuando vagaba moribundo por el desierto y se prometió no verla sufrir. Sin embargo, al mismo tiempo había sido un humano que acababa de perder la posibilidad de regresar a su cuerpo, a su anterior vida. Una vida donde tendría una verdadera oportunidad de cumplir la promesa que como Kei hizo y que cuando humano nunca se le pasó por la cabeza, después de todo a su juicio Temari era más del tipo del cual había que defenderse en lugar del que necesitara ser defendida.

Nada de eso importaba. Era un gato, solo eso. Quedarse atrapados en aquellos recuerdos solo le causaría sufrimiento.

Al final dio un suave maullido al sentir como el calor disminuían conforme al fuego iba desapareciendo. Pronto llegaría la hora de regresar a una casa que no era la suya y mientras esperaba se preguntó si estaba mal que se rindiera tan fácilmente.

Fue entonces que se dio cuenta de ello, si se rendía él ganaría y muchos otras personas sufrirían su destino. Poco a poco regresó la intensidad de sus sentimientos que habían estado atontados desde que estaba en esa forma felina. Dejó de tratar de alejar su vida como humano para pasar en apoyarse en ella para no retroceder.

Permitió que la rabia que le producía la situación lo invadiera mientras buscaba a Temari. Permaneció lo más cerca que podía estar considerando la situación hasta que finalmente la vio separarse del grupo y de un saltó se puso justo enfrente de ella.

– ¿Qué haces? Kei, regresa a donde te dejé. Este lugar es peligroso, el fuego podría volver.

Las flores en esa zona estaba apagadas dejando el suelo cubierto por sus cenizas. Kei no le dio importancia a ello como tampoco a la advertencia que ella le dio. Se limitó a aprovechar la situación para dar su mensaje de la única forma que podía comunicarse, escribiendo.

Esperó a que Temari se agachara con intensiones de recogerlo para luego retroceder un paso y, usando una de sus garras como si se tratara de un lápiz, escribió en las cenizas:

"No me llamó Kei, ese me lo pusiste."

A pesar que deseaba dejar todo explicado de una vez entendía que la información podía llegar ser abrumadora y la semilla de la duda que aquel hombre implantó jugaba en su contra. Temari podría creerle, pero no confiar en él de nuevo.

La miró durante un momento, estaba asombrada de la forma tan clara como estaba escrito el mensaje o quizás lo estaba por lo familiar que debía de resultarle su letra. Sus ojos nuevamente delataban lo que el resto de su rostro no transmitía, ella ya sabía quién era pero necesitaba que se lo confinaran.

De esa manera colocó su verdadero nombre en medio de las cenizas de las flores. Una simple palabra que cambiaría por completo el rumbo de sus vidas.