Reporte del Día Seis.

Los días primero de la semana (domingo) y el número seis en este diario de observación, han sido destinados como el día de descanso del equipo. A pesar de eso, Naranja se despertó a la misma hora, lleno de energía y ánimos, demostrando que no es una persona floja.

Otra cosa que resaltar de las primeras horas de la mañana es que Naranja cambió los fideos por cereal con leche. Sin embargo, antes de servirse la leche, Naranja observó con cuidado el envase (presumo que) buscando la fecha de caducidad. Creo que este es un indicio de evolución en el pensamiento y acciones de Naranja, quien pocas veces tiene la delicadeza de comprobar la frescura de los alimentos que consume.

Anduvo por la calle durante tres horas, mirando en las tiendas y contando su dinero cuando deseaba algo. Sin embargo, no compró absolutamente nada. Esta es una nueva y fascinante faceta de Naranja: es ahorrativo.

Lo he escuchado debatirse en voz alta si debe o no comprarse algún objeto con argumentos como "lo quiero" y luego "pero en realidad no lo necesito". Este nivel de madurez al realizar las compras pone a Naranja bajo una luz mucho más favorable.

También, durante este trayecto, fui testigo de las miradas furiosas, despreciativas y de odio que la mayoría de los ciudadanos le dirigían. Menos contadas excepciones, claro.

En su camino por el mercado, Naranja se ha encontrado con Negro. Se le ha quedado mirando antes de proseguir, no sin antes intentar provocarle. Negro no ha respondido a sus comentarios más que con un ligero, ligerísimo y casi indetectable, bufido.

Negro nunca bufa. Negro siempre está inalterable o, en caso de que demuestre su descontento, Negro siempre utiliza palabras con argumentos convincentes que apoyen su punto.

Que Negro haya bufado puede interpretarse de dos formas: está más fastidiado de lo que demuestra o se siente en confianza con su compañero como para revelarle una parte de él que no es tan perfecta como el resto de sus acciones.

Un hecho más que se desarrolló alrededor de Negro y que tuve la oportunidad de presenciar porque Naranja estaba cerca, fue una turba de chicas entre los once y dieciséis años que se abalanzaron contra él. Aunque en un principio estuve tentada a pensar que le harían daño, descarté la idea de inmediato; Negro no parece ser del tipo de chico que salga con varias mujeres a la vez. Eso se comprobó al ver los ceños relajados de las féminas y que ninguna ostentaba el título de ex-novia. La turba, entonces, se dirigía a Negro para, en una palabra: adorarlo.

Que un grupo de niñas persigan a un chico me parece preocupante, pero me parece más preocupante la falta de interés (a menos que fuera para escapar, aunque tampoco se le vio muy nervioso por ello) de Negro en guapas y saludables jovencitas que le ofrecían su compañía (y tal vez algo más).

Al ver esto, tuve que deslindarme durante unas cuantas horas de Naranja y perseguir a Negro un poco. Después de la turba, Negro se cruzó con cuarenta y siete mujeres más. Diecinueve de ellas eran réplicas de chicas de la turba (por su nivel de hormonas desesperadas), doce le mostraron algún tipo de preferencia de manera más sutil, nueve tan sólo le miraron unos segundos más de lo normal y el resto le ignoró por completo, ya fuera porque no les llamaba la atención o no estaban interesadas en niños de trece.

Por su parte, Negro ignoró a las cuarenta y siete. Incluida una jovencita de diecinueve años con un tremendo escote (y copa D, muy probablemente) que se le cruzó en frente. En lo único que mostró interés fue en su entrenamiento.

Regresé entonces con Naranja, al cual me costó un poco de tiempo encontrar, y le vi meditar sobre la cabeza del Cuarto Hokage. Esta vez, y a diferencia del primer día de vigilancia, Naranja sí meditaba y no dormía. Gritó que pronto se convertiría en el mejor y más grande hokage de todos los tiempos, y luego abandonó el monumento en favor del supermercado.

En la tienda de auto servicio, Naranja compró exactamente los mismos productos (aunque en cantidades diferentes) que Negro en el mercado. Añadió a ellos productos lácteos y una buena dotación de ramen instantáneo.

De igual manera, y reforzando mi teoría sobre la ahorratividad, Naranja se tomó su tiempo eligiendo y comparando entre marcas, calidad y precio.

Como otra muestra destacable de su paulatina pero inexorable evolución, Naranja limpió su refrigerador de los restos de alimentos pasados e introdujo los nuevos. Aunque no limpió el resto de su apartamento, mostrarse asertivo sobre la comida me parece digno de admirar. Sobre todo si hacemos una comparación del inicio del diario al día de hoy.

Observaciones finales: me parece realmente preocupante la falta de libido mostrada por Negro. Sugiero que se le aplique un examen médico completo y se compruebe que su proceso hormonal se está desarrollando con normalidad.