Capítulo 8.
Una semana después...
-¿Me pregunto quién lo habrá hecho? -preguntó una voz.
-Tuvo que haber sido un gran profesional. Porque por lo que ofrecían por ella...
-Tienes raazón... -dijo mientras reía.
-Azusa...-decía Ritsu-. Por favor, me duele verte así.
-Lo lamento... Pero es que... no puedo -intentó decir Azusa.
-Lo sé. Es difícil de creer, pero es la realidad.
-¿Cómo puedes actuar así de fría? ¿Acaso no te importa? -dijo Azusa recriminándole.
-¡Sí me importa! ¿Cómo puedes creer que no? Pero si nos ponemos solamente a llorar no servirá de nada, y a ella no le gustaría eso...
-Ritsu tiene razón Azusa, lo mejor será seguir adelante-dijo Mio-. Apuesto a que ella se alegraría que lo hiciéramos.
-¿Cómo podrías saberlo...? La conociste desde hace poco -dijo Azusa.
-En eso tienes razón. Pero no fue necesario mucho tiempo para ver qué tipo de persona era. Y sé que ella querría que siguiéramos adelante.
-¿Tú... crees? -preguntó Azusa.
-Claro-dijo Mio-. Lo que debemos hacer ahora es permanecer juntas, como el equipo que somos. ¿No lo crees Ritsu?
-Por supuesto. ¿Qué me dices Azusa? ¿Seguimos adelante?
-Está... está bien. Vámonos -dijo Azusa mientras se limpiaba las lágrimas y dejaba caer un cartel con un dibujo de Yui donde decía ''se busca'' y ponía en letras rojas atravesando el dibujo ''eliminada''.
Seis meses pasaron volando para las chicas. Que aún estaban a la espera de Yui, aunque re habían resignado al hecho de que estaba muerta en el fondo de cada una de ellas existía la esperanza de que ella estuviera viva, sobre todo Azusa, quien se había convertido en la más cercana a ella.
Las chicas a partir de ese momento siguieron juntas, no se separaban con nada. La tragedia de Yui les había hecho dar cuenta de lo valioso que era estar unidas en los momentos difíciles. Aunque todas habían cambiado un poco, sobre todo Azusa, ahora era una chica mucho más violenta de lo que era antes. Ritsu ahora era más reservada, se había convertido en el ''cerebro '' del grupo, por así decirlo. Mio no tuvo gran cambio la verdad así que no perderemos el tiempo hablando de ella. Las chicas ahora hacían todo tipo de trabajos sucios, eran el grupo más temido de la ciudad de Sven, y como el gobierno local iba desmoronándose poco a poco, no mucho habían hecho por intentar atraparlas. En cuanto el nombre de alguna del grupo era nombrado en los barrios bajos de Sven el miedo reinaba.
-¡Uff!-decía Ritsu-. Hombre, eso me animó un poco.
-¿En serio-dijo Azusa-. Yo me siento igual. Últimamente los tipos son cada vez más débiles.
-Azusa, pides demasiado -dijo Mio riendo.
-Mientes, sólo pido una pelea decente. No con unos débiles como estos.
...
-¿Segura que ya quieres irte? Creo que deberías quedarte un poco más -dijo un anciano.
-Yo le apoyo, ¿Acaso no estás herida? -dijo una mujer joven.
-Qué va. Ya estoy perfectamente-dijo mientras se preparaba para partir-. Además, ya habéis sido demasiado buenos conmigo y no podría seguir aprovechándome de eso.
-Tonterías, de hecho, has sido de gran ayuda -dijo el anciano riendo.
-Visitanos cuando quieras.
-Por supuesto. Estén esperando.
-Claro.
-Adiós a todos, y muchas gracias por todo.
-No hay de que. Que te vaya bien.
...
-Eso es algo muy difícil estos días... Como ahora te dedicas a aplastar a cada sujeto fuerte que aparece como que las personas no sienten mucha confianza en salir.
-¿En serio? No pensé que fueran tan pocos sujetos fuertes en esta ciudad -dijo Azusa mientras empezaba a caminar para salir del callejón.
-Es verdad, no queda más nadie que valga la pena -dijo Ritsu detrás de Azusa.
-No se puede hacer nada. ¿Qué tal si nos mudamo...-Azusa dejó de hablar ya que a la salida del callejón tropesó con un sujeto.
-¿Ehh?-dijo el sujeto-. ¿Pero qué demonio te pasa enana?
-Enana... -murmuraron Ritsu y Mio esperando lo que se avecinaba.
-¿Me has escuchado? ¿O es que acaso no puedes oírme desde ahí abajo?
-Oye... ¿Esa no es...? -dijo otro de los sujetos al que iba a su lado.
-¡Demonios! ¡Sí es ella! ¡Oye! ¡Tío!
-Te estoy hablando enana.
-¡Tío!
-¡¿Qué! -respondió enfadado.
-¿No sabes quién es ella acaso?
-No, no sé quién es ella. Ilústrame -dijo con sarcasmo.
-Es Azusa. La temida Azusa tío -dijo aterrado.
-¿...Qué? -respondió el otro estupefacto.
-Ella misma -dijo. El otro sujeto se giró lentamente para encarar a Azusa.
-¿Cómo... me has llamado? -dijo Azusa furiosa mientras crujía sus puños.
-Bueno, esto... verás -intentaba explicar el otro.
-Supongo que sabes qué pasará, ¿verdad? -dijo Azusa.
-Ahí viene de nuevo... -dijeron Ritsu y Mio.
-¡Por favor! ¡Perdónome! -decía el sujeto mientras suplicaba, de nada le valía a esas alturas-. ¡Nooo! -fue lo último que dijo el sujeto antes de quedar inconciente a causa de los golpes de Azusa, los compañeros de este huyeron.
-Vámonos -dijo Azusa.
-Sí, sí -dijeron ambas.
...
-¿No crees que te pasaste con ese tipo Azusa? -dijo Ritsu.
-¿En serio? Yo creo que fui muy blanda.
-No, no lo fuiste -dijo Mio riendo.
-¿Ahora qué hacemos? -dijo Ritsu.
-¿Tú qué propones Azusa? -dijo Mio.
-...
-¿Azusa? -dijo Mio acercándose a esta.
-¡¿Eh?! ¡¿Qué sucede?! -exclamó esta sorprendida.
-¿Qué te sucede? -dijo Ritsu mientras miraba en dirección donde estaba mirando Azusa.
-No es nada... sólo estaba mirando.
-Estabas mirando eso, ¿cierto? -dijo Ritsu.
-Es difícil de aceptar, lo sé. Yo estoy igual que tú.
-¿En serio?
-Claro, aún no me lo creo.
-Tienes razón... Será mejor que nos vayamos.
-Así es. Vámonos, Mio.
-Está bien -dijo Mio mientras dejaban atrás un viejo cartel deonde se veía el dibujo de Yui, el cartel estaba a punto de caerse sólo por lo viejo que estaba. Los carteles de Azusa y Ritsu no estaban, ya habían dejado de ser buscadas.
Las chicas caminaron sin dirigirse la palabra. Cada una estaba en su propio mundo, pensando en sus problemas. Vivían alquiladas en un hotel, consiguiendo dinero de cualquier manera, a veces sólo tenían que acercarse a las personas y estas mismas se lo daban. Así estuvieron durante un rato hasta que...
-Oh, lo siento -dijo Azusa al tropesar con alguien.
-No, te pido yo disculpas, estaba distraída -dijo la otra persona.
-¿Esa voz...?-dijo Azusa-. ¡¿Tsumugi?!
-Hola Azusa -dijo sonriendo.
-¿EH? ¿Tsumugi? -dijo Ritsu asombrada.
-¿Quién es Ritsu? -preguntó Mio susurrándole.
-Es una vieja amiga-contestó-. La conocimos hace un tiempo, y el día en que conocimos nos metimos en un pequeño problema por así decirlo-dijo Ritsu recordando aquél día con nostalgia-. Cielos... qué día ese -dijo suspirando.
-Ya veo... -dijo Mio mientras se quedó mirando fijamente a Tsumugi.
-¿Sucede algo? -dijo Tsumugi al notar la mirada de Mio.
-¡Atrás! -exclamó mientras abrazaba a Ritsu.
-¡¿Eh?! -exclamó la rubia desorientada.
-Mio, tranquila-dijo Ritsu-. A ella le atraía, bueno, otra persona...
-Sí...-dijo Tsumugi-. Trágico, ¿verdad?
-¿Ya lo sabes? -preguntó Azusa.
-Así es... Aún no lo creo. ¿Cómo fue?
-Bueno... -dijo Azusa.
-Creo que...-dijo Tsumugi-. Sería mejor si fuéramos a beber algo, ¿no crees?
-Está bien.
Las cuatro amigas se pusieron en marcha en busca de algún sitio donde pudieran hablar. Una vez allí Azusa se dispuso a contarle todo a Tsumugi. Desde la desviada que tomaron hasta que Ritsu salió herida y tuvieron que marcharse. Tsumugi sólo escuchaba con atención cada palabra que decía Azusa, alguna lágrimas lograron escaparse de sus ojos. Ya cuando acabó de relatar la historia.
-Ya veo...-dijo Tsumugi mientras se limpiaba las lágrimas-. Siempre protegiendo a los demás, ¿no crees?
-Mucho... Yo aún no puedo aceptarlo, a pesar de que ha pasado tanto tiempo.
-Si no hubiera sido tan impulsiva-decía Ritsu indignada-. Hubiéramos podido hacer algo -dijo a la vez que le dio un golpe a la mesa.
-No es tu culpa Ritsu-dijo Tsumugi-. Pero eso de que fuera la hija no deseda del rey y la hermana de la reina es un poco...
-¿No lo crees? -preguntó Azusa.
-No es eso. Sólo digo que es un poco fuerte, toda esa información así de golpe.
-Tienes razón, cuando lo escuché por primera vez me quedé sorprendida de eso. Yui era totalmente diferente a la reina que tenemos hoy.
-Es verdad, pero no podemos hacer nada -dijo Tsumugi mientras se levantaba.
-¿Ya te vas? -dijo Azusa.
-Así es, estoy aquí por unos negocios, pero me escapé para despejar la mente.
-Espero no haberte indispuesto con tu trabajo -se disculpó Azusa.
-Tranquila. Hasta luego chicas -se despidió.
-Hasta luego -respondieron todas.
Cinco días pasaron desde que las chicas se encontraron con Tsumugi y habían tenido esa pequeña charla. Había sido bueno encontrarse con ella, daba un aire diferente al que se habían acostumbrado. Ahora habían vuelto a la rutina de siempre, de pelea en pelea y consiguiendo dinero fácil.
-Oye-dijo hablándole a un vendedor-. He oído que aquí hay una tal Azusa, ¿es cierto?
-Sí-respondió-. Pero ten cuidado, esa chica es muy violenta, todos le temen. Y se enoja más cuando la llaman enana.
-¿En serio? -preguntó riendo.
-Así es. Una vez vi cómo uno la llamó de ese modo y el pobre terminó todo golpeado.
-Ya veo, gracias por todo.
-¿Ya te vas? -preguntó el vendedor.
-Sí, pero antes de irme. Dame una bolsa de manzanas rojas.
-En seguida.
-Gracias.
...
-¿Qué les suceden a estos sujetos? -decía Azusa al ver que estaba rodeada de maleantes.
-Así que tu eres Azusa... Te has ganado una buena niña.
-¿Qué queréis? -preguntó.
-¿Sabes acaso cuánto pagan en la calle por derrotarte? Tu cabeza vale mucho, y mis muchachos y yo cobraremos ese dinero.
-Maldito... -dijo Azusa.
-¿Ehhh? ¿Intimidando a una pobre niña entre tantos hombres? ¿No os parece un poco injusto? -dijo una voz mientras comía una manzana.
-''¡Esa voz...!'' -pensó Azusa.
-¿Eh? ¿Y tú quién diablos eres maldita?
-Yui...sama... -dijo Azusa atónita.
-Buenas, Azusa -dijo Yui sonriendo.
Y hasta aquí el capítulo de hoy, hasta luego.
