Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
A Few More F Words
Capítulo 2: Primeros en saber
—Carajo —siseé, jalando a Bella hacia mí para darle un beso al venirme.
Ella jadeó mi nombre; tembló en mis brazos luego del tercer orgasmo que le di esta noche. Era viernes —bueno, técnicamente sábado— y Pequeña había pasado la noche en casa de mis padres. Por una vez sólo estábamos Bella y yo, así que aprovechamos la casa vacía.
Bella se separó de mi pecho luego de que se calmó para acurrucarse en mi costado y yo besé su sien. Se veía jodidamente preciosa… mejillas rojas, ligeramente sudada, y enormes ojos mirándome. Esta noche había sido maravillosa, especialmente luego del estrés que pasamos durante la semana con Sofía empezando la escuela y al tener que regresar a la rutina de siempre.
—Eres hermosa —dije, apartándole un mechón de cabello de la frente.
Ella me sonrió.
—Gracias. Yo… necesitaré un descanso —se rió suavemente y sonreí orgulloso.
—Sí, yo también.
Recargó la cabeza en mi pecho mientras le acariciaba la espalda baja. Nos quedamos acostados unos momentos, hablando de nada importante antes de bajar juntos. Se ajustó más la bata antes de abrir la nevera, sacó un bote de Ben and Jerry's y agarró dos cucharas.
—Helado después del sexo… qué bien —dije sonriendo y sentándome en la barra. Se sentó junto a mí y le quitó la tapa antes de comenzar a comer.
—Creo que sabe mejor así —se rió—. Es eso o de verdad se me antojaba Cherry Garcia, lo que significa que puedes agradecerle al bebé.
Sonreí poniendo la mano en su abdomen plano. Tomando en cuenta su último período estimaba que tenía unas seis semanas de embarazo. Su primera cita prenatal sería hasta dentro de dos semanas, así que todavía no podíamos estar seguros de nada. No me emocionaba tener que esperar tanto, pero sabía que la mayoría de los obstetras no veían a la mujer hasta que tenía ocho o diez semanas. Y tampoco era como si un ultrasonido fuera a mostrarnos algo concreto.
Es sólo que estaba muy emocionado por todo. Nunca antes había tenido la experiencia de un embarazo, así que esto era nuevo y… bueno, jodidamente aterrador. Me preocupaba que fuera a haber algo mal con el bebé o que algo le pasara a Bella. Demonios, ya hasta había repasado con ella los síntomas de un embarazo ectópico para asegurarme de que no estuviera experimentando ninguno de ellos.
—¿Todo está, ya sabes, bien? —pregunté.
Asintió sonriendo.
—Estoy bien, Edward. El increíble sexo que acabamos de tener no lastimó al bebé.
Me reí.
—Sí sabía eso. Sólo quería asegurarme de que te sintieras bien.
—En realidad estoy excelente, aunque… la casa se siente vacía sin Sofía.
Suspiré asintiendo. De verdad se sentía así. Recientemente no habíamos estado prestando a la niña, lo que significaba tener menos tiempo a solas, pero pasábamos más tiempo con nuestra hija. Esta noche fue la primera en meses que pasaba en casa de mis padres, y se sentía extraño no tenerla aquí. Extrañaba a mi pequeña. No hubo desastre en el baño, no hubo una historia para dormir, o un beso de buenas noches.
—Aunque supongo que deberíamos disfrutarlo —dijo Bella—. Quiero decir, en pocos meses tendremos que cuidar a dos niños. Volveremos a levantarnos a media noche para darle de comer, pañales con popó, llanto infinito… —se detuvo.
—Pero estamos listos para eso, ¿verdad?
Sonrió acariciándose el estómago.
—Sí. No puedo esperar para verte con otro bebé. Sabes, es por eso que me enamoré de ti. Tienes suerte de que la atracción siga allí —bromeó.
—Ja, buena ésa.
Soltó la cuchara y se lamió los labios antes de arrugar la nariz. Sus gestos eran bastantes simples —o quizá yo la conocía muy bien— y la nariz arrugada era el más obvio de todos. No mucho después corrió en dirección al bote de basura. No había pasado tantas veces, algo que agradecía inmensamente, pero si Bella no hubiera descubierto que estaba embarazada hace unos días, ahora sería bastante obvio con las nauseas.
Acaricié su espalda mientras agarraba una servilleta para dársela luego de que terminó.
—Quizá no fue una gran idea comer helado luego del sexo —dije, quitándole el cabello de los ojos.
Bufó, hizo puño la servilleta en su mano y la tiró a la basura.
—No, pero al menos eso fue más fácil que la comida china de ayer.
—Sí, probablemente deberías evitar lo picante por un tiempo. Ven, yo sacaré esto en lo que tú tomas un baño.
Asintió y sonrió un poco.
—Gracias, y espero que te me unas allá.
Besé su frente.
—Por supuesto, Mordelona.
Luego de sacar la basura encontré a Bella arriba en nuestro baño; estaba llenando la enorme tina con la mitad del bote de burbujas. Sólo sonrió y se quitó la bata, metiéndose en la tina.
—Aquí huele como la florería de mi madre —me reí entre dientes quitándome los pantalones.
—Encantador, ¿verdad?
—Claro, si así quieres llamarlo.
Se rió, se movió hacia adelante mientras yo me metía detrás de ella. Recargó la espalda en mi pecho y tomó mi mano, poniéndola sobre su estómago.
—¿Quieres otra niña? —preguntó.
—No importa. —Bien… quizá estaba inclinándome un poquito por un niño. Necesitaba reformar mi masculinidad después de todas las fiestas de té y juegos de casita en los que había participado. Aunque no quería decirlo en voz alta, porque estaba segurísimo de que si lo hacía terminaría con otra niña—. Siempre y cuando esté saludable, entonces estaré feliz.
—Yo sí quiero un niño. —Me miró poniendo su mano en un costado de mi cara—. Será igual de guapo que su papá, y estoy segura de que también será bastante encantador.
—Oh, ¿soy encantador?
—No, yo lo soy —se rió—. Admítelo. Tú también quieres niño.
Me encogí de hombros.
—No quiero echarme la sal.
—Su género ya ha sido decidido, doctor.
—Cierto, y ya hice una niña así que… de verdad sólo quiero que esté saludable. Creo que si sobreviví a Sofía, sobreviviré a otra niña. Aunque no te dejaré que la corrompas con mierdas de color rosa.
Rodó los ojos antes de recostar la cabeza en mi hombro.
—Te veías deslumbrante con ese tutú.
Moví mis labios en su cuello, chupándolo con suavidad.
—Siempre me veo deslumbrante.
Ladeó más la cabeza, dejándome subir y bajar por su mandíbula. Mi mano bajo por su estómago, me moví entre sus piernas, las cuales ella separó más para mí. Moví mi pulgar contra su clítoris, y sonreí ante el jadeo que se le escapó. Metí dos dedos en ella, disfrutando de la calidez que me rodeaba.
—Eres jodidamente perfecta, ¿lo sabías? —pregunté mordiéndole la oreja.
Gimió cuando mis dedos se movieron más rápido dentro de ella y mi pulgar hizo círculos sobre su clítoris. Llevó su mano a mi cabeza, agarrándome el cabello entre los dedos. Mi otra mano acunó su pecho para rozar su pezón.
No tardé mucho en sentirla apretarse alrededor de mis dedos.
—Edward —gimió sin aliento, empujando su cuerpo contra mi mano y moviéndose conmigo. Mi nombre siguió saliendo de sus labios, junto con unos cuantos Dioses y otras maldiciones. Mi esposa era malditamente perfecta, y podría pasarme toda la noche escuchándola.
El baño terminó hecho un desastre cuando terminamos, pero decidimos preocuparnos por eso el día siguiente. Bella y yo nos acostamos y terminamos durmiendo hasta las nueve, algo prácticamente nunca antes visto. Me levanté dejando a Bella sola en la cama. Estaba exhausta, así que no quise despertarla cuando no tenía por qué hacerlo. El primer trimestre de cualquier embarazo era exhaustivo, añádele tener que cuidar a una hiperactiva niña de cinco años y el trabajo; ella tenía todo el derecho de quedarse en cama hasta la hora que se le diera su regalada gana.
Bajé para hacer café y no molestarla. Mientras esperaba que se despertara, adelanté un poco del trabajo que había traído a casa y disfruté no tener que ver caricaturas. El silencio era hermoso y sin tener aquí a Pequeña para distraerme, terminé rápidamente mi trabajo. Claro que después de que cerré mi laptop y guardé mis cosas, mi celular comenzó a sonar.
Era mamá, así que respondí rápidamente, aunque antes de que pudiera decir algo, Pequeña habló:
—¡Hola papi!
—Hola corazón —dije—. ¿Nana sabe que tienes su teléfono?
A veces era un poco extraño la habilidad que tenía Sofía para tomar los celulares y usarlos mejor que la mayoría de los adultos. Yo tuve que ponerle una jodida contraseña al mío para mantenerla lejos de él, pero al parecer cuatro ochos no eran muy difíciles de adivinar y terminé con una foto de su ojo como fondo de pantalla.
—Uh-huh, ella me dijo que te llamada —dijo—. Vamos al cine, ¿bien?
—Tienes que pedirle permiso, corazón —escuché que decía mamá.
—Oh, ¿podemos id al cine, papi? ¿Pod favod?
Me reí entre dientes y asentí para mí.
—Sí, ¿puedo hablar con Nana?
—¡Gdacias! —gritó antes de que mamá tomara el teléfono.
—Vimos un comercial y nos rogó, Edward —se rió mamá—. Están pasando El Rey León de nuevo en cines. No creí que te importara, pero no estaba seguro de qué planes tenían hoy.
—Está bien —dije, sirviéndome otra taza de café—. En realidad no tenemos planes, si ustedes quieren llevarla, no hay problema.
—¡Perfecto! ¿Y por qué no vienen a cenar tú y Bella, y luego se la llevan?
En realidad eso sonaba jodidamente genial. Bella tendría otra noche libre de cocinar, eso significaba que podría pasar todo el día relajándose.
—Le preguntaré a Bella cuando se despierte, pero suena bien por mí. Gracias por quedarse con Sofía anoche. ¿Se portó bien?
—¡Por supuesto! Ella y Pawpaw tuvieron un juego muy intenso de escondidas, luego vimos Enredados y comimos helado mucho después de su hora de dormir.
Sonreí para mí. Probablemente mi niña todo lo que tuvo que hacer fue batirle las pestañas a papá para que le diera helado cuando debería estar durmiendo. Siempre hacía todo lo que su única nieta quería.
—Parece que hizo lo mismo que Bella —dije—. Sólo avísame a qué hora nos quieren ahí, ¿de acuerdo?
—Lo haré. Te veo más tarde. Te quiero.
—También te quiero, mamá. Adiós.
Luego de colgar el teléfono miré hacia las escaleras y encontré a Bella bajándolas. Vio la taza de café en mi mano e hizo un puchero. Intenté no reírme.
—No creo que debas tomar café si yo no puedo —dijo, caminando hacia mi brazo estirado. Alzó la cabeza y la besé.
—Puedo poner una jarra de descafeinado.
Entrecerró los ojos.
—No es divertido.
Mientras ella agarraba una botella de agua del refrigerador, yo escondí mi diversión y saqué la caja de Cheerios para ella. Le conté de la oferta de mamá cuando comenzó a comer y, por supuesto, estuvo de acuerdo. Todavía no le decíamos a nadie sobre el embarazo y prometí que no soltaría la sopa durante la cena porque..., bueno, sería yo el que lo haría.
Pasamos el día en la casa y la ayudé a lavar la ropa, viendo entre ratos viejas películas de mierda que ella amaba. En realidad yo terminé tomando una siesta durante una. Fue todo un paraíso.
—Necesitamos hacer la tarea de Sofía de la terapia para el habla mañana —me recordó Bella al sentarse a mi lado en el sofá y se movió en mi costado mientras la envolvía con mi brazo.
Asentí.
—Sí, la ayudaré antes de la cena.
Aunque siempre intentábamos hacer que Pequeña pronunciara el sonido de la R, no estaba pasando. A mí me parecía que ese error en la pronunciación era jodidamente adorable, pero sabía que si no la hacíamos hablar correctamente ahora, sería más difícil cuando fuera más grande. Afortunadamente la escuela tenía un terapeuta del habla y ella estaba dentro del programa. Tenía sesiones de media hora dos veces a la semana, y hasta ahora decía que era divertido. Además, la maestra les daba calcomanías a los niños. Las calcomanías eran como cocaína para Pequeña.
—Y tú tienes que estar el siguiente viernes en la escuela para el día de la profesión —dijo—. Tienes la mañana libre, ¿verdad?
Mi mirada en blanco la hizo agrandar los ojos. De hecho se me había olvidado.
—La dejaré libre.
—¡También dijiste eso el año pasado pero no pudiste! Edward, lo prometiste.
—Ahí estaré. —Apreté mi agarré en ella y besé su sien—. Deja de estresarte, ¿de acuerdo? Estoy bastante seguro de que no tengo nada programado, así que sólo entraré tarde.
—¿Al menos te aseguraste de tener el dieciocho libre para mi cita prenatal?
—Sí, eso sí lo hice. ¿Ves? No soy tan malo… sólo un poco. —Sonreí.
La esquina de su boca se alzó ligeramente.
—Sí, sólo un poco malo. Lo lamento. Estoy… agotada, supongo. Aunque sí te olvidaste del día de la profesión así que puedo enojarme contigo.
Asentí.
—Síp, ¿entonces tendré que sufrir viendo otra película?
—No, pero sólo porque tengo que bañarme. Quizá esta noche te dé unas nalgadas —se rió.
—No estoy seguro de que me gusten esas cosas, pero si termina en sexo, le daré una oportunidad.
Rodó los ojos sonriendo.
—No, últimamente has obtenido bastante. Creo que la cosa que está dentro de mí quitándome cada gramo de energía es prueba de eso.
La única razón por la que no lloré fue porque eventualmente sus hormonas se enloquecerían y pronto estaría montándome. Esperaba con ansias eso… junto con las bubis que ya parecían estar más llenas.
Pequeña corrió rápidamente a nosotros cuando llegamos a casa de mis padres y entramos. La cargué en mis brazos, besé su mejilla mientras ella me abrazaba el cuello antes de irse con Bella.
—Te extrañé, corazón —dijo Bella, tomando su mano cuando nos guió a la sala.
—También te extdañé, mami —dijo Sofía—. Adivina qué vi hoy. ¡El Dey León!
—¿Oh, en serio? ¡Apuesto a que estuvo increíble!
Pequeña asintió con fuerza.
—¡Sí! ¡Nana y Pawpaw me llevadon y fue taaan incdeíble! ¡También me compdadon un vaso especial! ¡Mida!
Lo agarró del sofá enseñándonoslo a Bella y a mí. Papá me dijo que se portó bien y que no hizo berrinche cuando se negaron a comprarle más dulces. Sólo diré que ésa no fue una hazaña pequeña.
—Voy a ver si tu mamá necesita ayuda con la cena —dijo Bella cuando me senté en el sofá y Sofía se subió a mi regazo—. Me alegra que te divirtieras, cariño.
Pequeña me contó más de su noche con mis padres, mirando a papá para confirmar todo. Él estaba sonriendo, asentía y añadía detalles que ella olvidaba.
—Voy con mamá —dijo Pequeña bajándose de mi regazo.
—De acuerdo, pero no te le atravieses —dije.
Cuando ella desapareció en la cocina, papá y yo hablamos un poco de mi trabajo. Todavía no me nombraban jefe de cirugía en Forks, pero parecía ser una posibilidad inequívoca en los próximos dos años. El Doctor James se retiraría pronto, dejándole su puesto al actual jefe de cirugía, el Doctor Aro Valente.
—¿Cómo va la clínica? —pregunté.
Papá tenía un trabajo de medio tiempo en una clínica gratuita en la ciudad, ha estado ahí desde que se retiró hace años. En realidad él y mamá donaban un montón de dinero allí cada año, así que trabajaba cuando quería. No era algo que yo quisiera hacer, pero él lo disfrutaba. Yo no me podía imaginar fuera de la sala de operaciones.
Sonrió.
—Va muy bien. El hospital me pidió que la dirigiera, pero rechacé la oferta. Me he acostumbrado a tener tiempo libre para poder pasarlo con mis nietos.
Tardó un tiempo, y unos cuantos intentos fallidos, para que Rosalie y Emmett concibieran de nuevo, pero finalmente tuvieron otro bebito en diciembre pasado. Su nombre era Felix y Sofía lo adoraba, esperaba que eso significara que se ajustaría bien a su nuevo hermano cuando llegara el momento. Aunque no estaba seguro porque solía ponerse celosa si Bella cargaba mucho tiempo a Felix. El bebé nuevo sería un enorme cambio y aunque estaba emocionado, me preocupaba por mi pequeña. En cuanto pudiéramos decirle a la gente, planeaba pedirle consejos a Rose. Ben hizo la transición muy bien.
Cuando mamá salió a decirnos que la cena estaba lista, papá y yo nos dirigimos al comedor. Todavía no había visto a mamá, así que la abracé rápidamente y le agradecí por invitarnos. Por supuesto, la cena estuvo jodidamente deliciosa, platicamos sobre nuestras vidas y lo que había estado pasando. Pequeña estaba emocionada por contarles a mis padres sobre sus nuevos amigos en la escuela.
—Estaba muy asustada el primer día —dije, tomando mi vaso—. Pero cuando la recogí volvió a ser ella misma, y me contó que no podía esperar para regresar.
—Hice muuuchos amigos nuevos —dijo Pequeña—. ¡Es divedtido! Y la clase de mami está en la puedta de al lado y tuvimos el lonche juntas y jugué con ella en el decdeo.
Bella asintió sonriendo.
—Su maestra dice que es muy buena en clase. Estamos orgullosos de ella.
Pequeña sólo sonrió, metiéndose otra cucharada de los macarrones con queso caseros de mamá a la boca.
Mientras comíamos miré a Bella que junto a mí soltaba su tenedor. Oh, mierda. Tomé su mano y la apreté ligeramente, ella me vio con una mueca.
—Um, permiso —dijo, empujando hacia atrás su silla.
Se apresuró en salir de la habitación directo al baño, y rápidamente la seguí. Le sostuve el cabello mientras ella vaciaba la cena, disculpándose entre espasmos. Supuse que podríamos hacerlo pasar como gastroenteritis, pero puede que mis padres se dieran cuenta.
—¿Estás bien? —le pregunté, ayudándola a levantarse del piso.
Asintió limpiándose la boca con una toallita.
—Lo lamento. No pude evitarlo.
Besé su frente y sacudí la cabeza.
—Está bien, Bella. Diremos que es una infección estomacal, ¿de acuerdo?
—Quizá deberíamos decirles. No me gusta mentir.
—Pero puede que Sofía escuche algo si les decimos esta noche. No quiero que ella lo sepa aún.
Dudaba que hubiera problemas con el embarazo, pero no quería que Pequeña supiera y luego pasara algo. Quiero decir, se estimaba que uno de cada cuatro embarazos terminaba en aborto, y Sofía era demasiado pequeña para entenderlo.
—Yo tampoco —dijo—. Entonces… ¿infección estomacal? ¿Crees que tu papá se lo crea?
—Creo que de quien debemos preocuparnos es de mamá —me reí en voz baja.
Cuando Rosalie convocó a una cena familiar para decirnos que estaba embarazada de nuevo, apenas logró sacar las palabras de su boca antes de que mamá dijera que lo sabía. Al parecer mamá no sólo era una encantadora de bebés, sino también una de úteros.
—Mierda —maldijo—. ¡Probablemente ya lo sabe!
—Al menos yo no solté la sopa. —Sonreí.
Me golpeó el pecho y me miró mal.
—No es divertido, Edward. Necesito la botella de enjuague bucal de mi bolso.
Al salir del baño Bella se dirigió a la entrada por su bolso mientras que yo regresé al comedor. Claro que todos los ojos estaban en mí esperando una explicación. Carajo, apestaba en mentirles a mis padres.
—Creo que Bella se está enfermando con algo —dije, poniendo el plato de Bella sobre el mío—. Deberíamos irnos.
—¿Está bien? —preguntó papá con el ceño fruncido de preocupación.
Asentí.
—Sí, sí, probablemente es gastroenteritis. Llegaremos a la farmacia de camino a casa y compraremos algo de medicina. Estoy seguro de que estará bien.
—Entonces deberíamos quedarnos con Sofía esta noche —dijo mamá, se puso de pie y tomó los platos de mis manos—. No quiero que se enferme también.
Papá asintió.
—De hecho, puede que eso sea lo mejor.
—No, estaré bien —dijo Bella, regresando al comedor—. No me siento tan mal. Lamento haber arruinado la cena.
—Nada de eso —dijo mamá—. No puedes evitar sentirte enferma. En serio, no tenemos problema en quedarnos con Sofía otra noche.
—¿Puedo quedadme? —preguntó Pequeña sonriendo.
Miré a Bella rogándole que inventara una razón para llevarnos a Sofía a casa. No quería mentirles a mis padres y que se tuviera que quedar con Pequeña por eso.
—¿Por qué no vas a lavarte las manos y jugar con tus juguetes un ratito? —preguntó Bella—. Necesitamos hablar con Nana y Pawpaw.
—Pedo quiedo quedadme.
—Tal vez —dije—. Ve arriba y hablaremos de eso.
Asintió, se bajó de la silla y se fue a la habitación que mis padres tenían para ella. Bella y yo nos sentamos mientras que mamá y papá nos veían de cerca. De repente mamá sonrió viendo a Bella.
Bueno, no tardó tanto.
—Por qué no les dices, Edward —dijo Bella mirándome.
De acuerdo, estaba malditamente emocionado de compartir las noticias y aunque hubiera sido mejor esperar, esto resultó bastante bien. Sonreí apretando la mano de Bella.
—Bella está embarazada. Todavía es pronto, pero estamos seguros.
El chillido que salió de mi madre casi me hace sangrar los oídos.
—¡Oh Dios mío! ¿En serio? —preguntó.
Asentí.
—Tiene más o menos seis semanas. Su primera cita prenatal es hasta dentro de dos semanas, así que es sólo una suposición. Íbamos a esperar hasta después de la cita para contarles.
—Sólo queríamos asegurarnos de que todo estuviera bien —dijo Bella.
—Bueno, nauseas siempre es una buena señal —dijo papá sonriendo—. Felicidades. Estoy muy feliz por los dos.
—¡Sí! ¡Es maravilloso! —dijo mamá poniéndose de pie. Le dio la vuelta a la mesa con papá, nos pusimos de pie y mamá abrazó a Bella con fuerza, besando su mejilla.
Tomé la mano de papá y me jaló a un abrazo.
—Vas a ser papá de nuevo, hijo.
—Sí, no puedo esperar —dije asintiendo.
—¡Otro bebé! —dijo mamá, lanzando sus brazos a mi cuello mientras papá abrazaba a Bella—. ¡Oh, estoy tan emocionada!
—Ambos lo estamos —dijo papá—. Supongo que Sofía no sabe.
Sacudí la cabeza.
—Vamos a esperar hasta después de la cita para decirle a ella y a todos los demás. Perdón por, ya saben, mentirles.
Mamá rodó los ojos.
—Ni lo hiciste bien. Lo sospeché cuando Bella corrió al baño.
—Claro que sí —me reí.
—Quiero una foto del ultrasonido, ¿entendido? —pidió y papá asintió—. Bella, si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en pedirla, ¿de acuerdo?
Bella sonrió.
—Gracias Esme.
—¿Pero en general te sientes bien? —pregunto papá.
Ella asintió.
—Sí. Quiero decir, estoy cansada, pero las nauseas no han sido tan horribles, nada parecido a los cuentos de terror que me contó Rosalie. Estoy muy emocionada.
—Por supuesto, querida. Estamos aquí para ambos si necesitan cualquier cosa.
—Sólo díganlo —agregó mamá.
Sabía que mis padres estarían contentos por nosotros, así que estaba jodidamente feliz por haberles dicho antes de lo planeado. Hacía todo mucho más real. No tuve esta oportunidad con Pequeña, pero estaba bastante feliz de poder experimentarlo todo con Bella y no con Kate, aunque sí desearía haber estado antes con Sofía.
Éste era otro capítulo nuevo en nuestras vidas y planeaba disfrutar de cada momento.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus reviews!
Siguiente actualización: 1 de febrero
